Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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martes, 26 de marzo de 2019

Antonio Villarejo, sepa usted que los jóvenes flamencos también entienden de quejíos



Antonio Villarejo Perujo es un Ingeniero Agrónomo nacido a mediados del siglo XX en el seno de una familia de labradores en el malagueño pueblo de Cuevas del Becerro, próximo a la ciudad de Ronda. Titulación y herencia familiar, le han llevado a dedicar su vida al campo y de manera especial a la ganadería, llegando a montar una factoría de elaboración de quesos de cabra comercializados bajo el nombre de Rey Cabra.




Cursó su carrera entre las Escuelas de Agrónomos de Córdoba y de Madrid. En la primera cuajó como aficionado al Arte Flamenco, llegando a promover varios recitales de cante. A uno de ellos, en el que cantaba El Lebrijano, pude asistir porque me cogió de paso por mi ciudad. Cuando Antonio se marchó a Madrid, se hizo residente del Colegio Mayor San Juan Evangelista. Allí ya funcionaba el Club de Música, promovido por el almeriense Alejandro Reyes Domenech-Rodríguez, y Villarejo se integra en él con la función de organizar recitales flamencos.


Buscaba por Madrid a las mejores figuras y lograba convencerlos para que acudieran a cantar en el Colegio por la módica cantidad de 5000 pesetillas. De esta forma, por el salón de actos del San Juan fueron desfilando todos aquellos que eran alguien en el mundillo Flamenco. Cuando Antonio acabó sus estudios y volvió a su tierra, esta labor tuvo continuidad y podemos afirmar que el Colegio se convirtió en un templo sagrado del cante, destacando la presencia frecuente de dos figuras irrepetibles: Camarón y Enrique Morente.


Debo añadir que Antonio Villarejo también ejerció la crítica flamenca en prensa, concretamente en el desaparecido diario Informaciones de Madrid, quedando en su haber la última entrevista concedida por el genial Pepe Marchena.

De vuelta a su pueblo malagueño, Antonio se dedicó, como hemos señalado arriba, a ejercer su profesión de Agrónomo en sus propias tierras. Tan intensa debió de ser su dedicación que Villarejo dejó de lado su faceta de aficionado flamenco. A instancias mías, apareció por Madrid el 17 de octubre de 2008, en un recital de Enrique Morente y Pepe Habichuela presentado por cuatro viejas glorias del estudiantado entre las que estaba él y estaba yo, precisamente los dos colocados a derecha e izquierda de Habichuela en la foto del lateral.

Pasaron 6 o 7 años de este evento y un buen día nuestro Antonio Villarejo aparece por las redes queriendo hablar de Flamenco. Le di la bienvenida y lo presenté en foros donde se trataba el tema. A las pocas semanas detecté que venía con unas ideas de renovación un tanto extremas. Por ejemplo, recuerdo que redactó un documento sobre concursos flamencos en los que se exigiría a  cada aspirante presentar un cante de su creación. ¡Por Dios!, eso era desconocer del todo el terreno que Antonio había dejado de pisar casi 40 años antes. En ese afán renovador estaba cuando amaneció en el firmamento flamenco el fenómeno Rosalía. A Villarejo le vino como anillo al dedo para explayar su visión de un nuevo flamenco en el que la catalana jugaría papel de primerísima figura. Tal fue su fijación rosaliana que lo apartó de mi amistad y hoy por hoy jugamos en equipos con más rivalidad que la histórica entre Sevilla y Betis.

La cosa es que mi viejo amigo Antonio no está solo en este empeño de considerar como cantaora a la cantante Rosalía. Él secunda a gente famosa en este mundillo como pueden serlo la cantaora Rocío Márquez o los flamencólicos Faustino y su Guitarra, Ortiz el Viejo, etc. En la actualidad parece que mucha de esta gente defiende un cante más de fiesta que el añejo cante jondo. Y afirman que eso es lo que busca la juventud actual. "Las nuevas generaciones son alérgicas al sufrimiento", viene a decir Villarejo hablando de la nacional fiesta de toros y, saltando enseguida al flamenco, dice que los jóvenes esperan  que el flamenco les "traiga más luz y menos quejío".

Como es natural, los aficionados de siempre (ahora nos llaman de todo) sabemos que eso es falso y que el Flamenco se sigue sustentando en el dolor y el gozo, en la pena y la alegría. ¿La gente joven?  Creo que los que predicen la muerte del quejío debieran de oír cosas como éstas:


1) El Boleco, 17 años (Fandangos)





2) El Toto Hijo, 22 años (Soleares de Alcalá)





3) Ángeles Toledano, 23 años (Soleares)





4) Belén Vega, 24 años (Tarantas de Linares)






5) Enrique Afanador, 34 años (Malagueñas del Mellizo)








6) Alicia Morales, 37 años (Seguiriyas)






Sí, debieran de oír estas muestras y tantas otras similares que son cantes de hoy hechos por gente joven de hoy. ¿Quién se atreve a decir que el quejío va a perderse? Lo que sí que debiera de perderse definitivamente es la manía de los moderneros talibanes de la flamencólicofilia de querernos hacer que comulguemos con ruedas de molino pretendidamente flamencas como las de las siguientes grabaciones:



7) Rocío Márquez, 33 años (El último organito)






8) Niño de Elche, 33 (Soledad de la Pereza)







9) Rosalía, 25 años (Disputa, De aquí no sales)




lunes, 2 de julio de 2018

Maldito día 2 de julio (II)

Uso para este artículo el mismo título que usé el día 2 de julio de 2012. Se cumplían entonces 20 años (26, por tanto, en el día de hoy) de la muerte en Badalona de José Monge Cruz, Camarón de la Isla. Lloré aquel día porque, desde la primera vez que oí la voz del gaditano, quedé prendado de su arte, como prendado sigo y seguiré hasta que el Buen Dios tenga a bien ponerle fin a mis días.


Al día siguiente me acerqué al puesto de prensa de mi zona y comprobé como el nombre del cantaor estaba prácticamente en toda la prensa andaluza y nacional. En especial, me llamó la atención El País, diario de moda entre la progresía pero que yo no solía comprar. Foto en portada, editorial y hasta tres páginas del periódico dedicadas al de la Isla, muchas firmas y entre ellas la de su gran amigo Enrique Morente. Les pongo el texto del granadino para que ustedes puedan leerlo:





Por supuesto, si no en El País, en otros periódicos y, si no ese día, en los siguientes, otros muchos artistas flamencos dedicaron toda suerte de recuerdos a Joseíto Monge.  A modo de ejemplo, les transcribo lo que dijo Juan Peña El Lebrijano:


He convivido con él por festivales 14 o 15 años, pueblo a pueblo juntos, vistiéndonos en los mismos camerinos. Era muy inteligente, muy fino y muy agudo, nunca le escuché hablar mal de ningún compañero. Muy silencioso pero con una personalidad muy fuerte, que arrasaba. Pero también era dulce, de caramelo cantando. Camarón deja una grandeza de corazón y lo sentimos pero no hablamos. Empezaremos a llorar como niños.

Y llorando seguimos muchos porque a diario seguimos oyéndolo. Les pido que hoy me acompañen en dos audiciones





Con Manolo Brenes, en 1967, cantando por Seguiriyas en la Venta de Vargas, cuando Camarón iniciaba su popularidad:









Con Tomatito, en 1992, cantando unas Soleares por Bulerías, en su último concierto, celebrado en el madrileño Colegio Mayor San Juan Evangelista:







Nota: Si a la muerte de Camarón unimos las de Tomás Pavón (1954), Paco Toronjo (1998) y Antonio El Arenero (2004), todas en un 2 de julio, el título de mi artículo está más que justificado.

martes, 19 de diciembre de 2017

El penúltimo concierto de CAMARÓN

Envío al amigo Eugenio Sánchez con mi agradecimiento.

Es sabido que el último concierto que dio Camarón de la Isla fue en el Colegio Mayor San Juan Evangelista el día 25 de enero de 1992. Al mismo me referí en mi artículo Maldito día 2 de julio y recuerdo, hablando de Camarón, que escribí:
Cuentan que casi no tenía fuerza para llegar al escenario, pero llegó. Sacó ánimo ni se sabe de dónde pero cantó por soleá, por bulerías, por tangos, por tarantas y cartageneras, cantó por fandangos.

Lo que le pasaba al cantaor y la forma en que llegó al escenario nos lo contó muy bien Carlos Marcos en el  diario El País en su edición del 24 de noviembre de 2010. Al leerlo, nos enteramos de que Camarón y Tomatito llegaron a Madrid procedentes de la ciudad francesa de Nimes donde habían ofrecido otro concierto el día anterior, o sea, el que fue su penúltimo concierto en vida. ¿Qué cantaría Joseíto para la afición francesa? Pues, miren por donde, ese grandísimo aficionado y coleccionista que es Eugenio Sánchez, hace unos meses me sorprendió con el regalo de una grabación hecha aquel día. Aunque con distintas letras, Camarón desarrolló los mismos cinco estilos de cante que ofreció al público del San Juan Evangelista: tangos, soleares, taranta y cartagenera, bulerías y fandangos, todos ellos con el gusto exquisito y "requeteflamenco" al que nos tenía acostumbrados el cantaor de San Fernando. Con la venia de Eugenio, les pongo dos de esos cantes:

Soleares (Se lo pedí a Jesús mío)


Taranta y cartagenera (Soy del Reino de Almería, Los pícaros tartaneros)


Y así, con la miel en la boca y tratándose de las fechas en que estamos, permítanme desearles

¡FELIZ NAVIDAD, PROSPERIDAD Y SALUD EN EL 2018!


(Nota: Habrán observado que en los últimos meses he publicado muy poco. No sé si en el año entrante tendré pocas o ningunas ganas para seguir. En cualquier caso, no olviden que en Córdoba, si me buscan, siempre tendrán ustedes a un amigo).

martes, 13 de septiembre de 2016

Poetas para el Flamenco. JUAN REJANO

Envío a Leonardo Velasco, Álvaro de la Fuente y Miguel Ángel Jiménez, paisanos del poeta Juan Rejano.

A finales de junio de 1976, la profesora Aurora de Albornoz publicaba un artículo en la revista Triunfo en el que hablaba del poeta Juan Rejano (Puente Genil -Córdoba-, 20-10-1903; México, 04-07-1976). Cuatro semanas después, en la misma revista, Víctor Márquez Reviriego nos volvía a hablar de él, esta vez para comunicar su muerte cuando el poeta se preparaba para volver de su largo exilio. Desconocido en España para la gran mayoría, con muchos libros publicados pero todos en México, confieso que era la primera vez que yo oía hablar de este hombre.

Poco tiempo pasó cuando dos jóvencillos universitarios de la rama de Lengua, Esteban Díaz y Miguel Ángel Toledano, se habían hecho con los libros del poeta pontanés y habían elaborado una extensa antología del mismo. Vinieron a mí para que la publicara en Ediciones Demófilo, cosa que acepté después de una lectura del original con la que disfruté mucho. El recordado psiquiatra y escritor Castilla del Pino me puso al habla con las hijas de Rejano, que vivían en Málaga, allá nos fuimos mi compadre Salvador de Toro y yo, firmamos contrato de edición y en marzo de 1977 ya estaba en librerías el volumen Juan Rejano, poesías.  

El libro fue muy bien acogido por la prensa y yo conservo recortes en los que se cita publicados en Diario Córdoba, El Correo de Andalucía, ABC, El País, Informaciones, Diario de Menorca, La Estafeta Literaria y varios más. Se presentó en Córdoba (Salón de Actos de la Caja Provincial de Ahorros), en Sevilla (Club Gorca) y se presentó en Madrid. Esto último ocurrió en Madrid, el día 22 de abril de 1977, en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, dentro de los actos de su II SEMANA DE ANDALUCÍA. Se planteó como un Homenaje Nacional y su convocatoria fue firmada por importantísimas figuras de la cultura española, de las cuales señalamos unas cuantas: Jorge Guillén, Rafael Alberti, José Luis Cano, Juan Bernier, Carlos Castilla del Pino, Rosa Chacel, Fernando Quiñones, Blas de Otero, Francisco Yndurain, Rafael Lapesa... Tras la lectura de abundantes telegramas de adhesión al homenaje, el acto fue abierto por el entonces colegial Miguel Ángel Toledano. La presentación del libro, propiamente dicha, corrió a cargo de  doña Aurora de Albornoz. Recitaron poemas los actores Juan Diego y Rosa Vicente. Bueno, se me olvidaba, también intervino, como presidente de Ediciones Demófilo, el cordobés Andrés Raya. La verdad es que en aquella tarde me encontré muy a gusto en un Colegio Mayor que diez años antes tanto había representado para mí. Acabé mi intervención con vivas a Rejano, al Colegio Mayor y, ¿cómo no?, rematé con un sentido y eufórico ¡Viva Andalucía Libre!.

Y se preguntarán ustedes a qué vienen estas historias en un cuadernillo de memorias flamencas. Pues trataré de justificarme. Juan Rejano nació en Puente Genil, tierra de mucho cante, y yo aseguraría que lo conoció desde pequeño. En su exilio mexicano, se acordaba de su tierra y lo hacía con estrofas idénticas  a las que los flamencos usan para cantar por soleá, por malagueñas, por fandangos, por livianas o serranas. Rejano, como en su momento hicieran Augusto Ferrán, Juan Ramón Jiménez o Manuel Machado, quiso escribir coplas y bien que lo consiguió. Coplas que aparecen por toda su obra, aunque de manera más abundante en su libro de 1944 titulado El Genil y los olivos. Otras canciones. Veamos algunos ejemplos:

En Loja eres la mañana,
el mediodía en la Puente, 
la tarde en Écija llana.

¡Aldea del Palomar!
Un ribera de huertas
y cuatro casas de cal.

Aquel olivo tenía
cien años en cada rama
y en la raíz una espina.

Los que van por el camino
se paran a ver mi llanto
a la sombra del olivo

En el agua, una alameda;
en la alameda, un jardín;
en el jardín una niña,
como la que yo perdí.
¡Ay, que nunca más la vi!

¿Por qué te llaman Estepa,
si eres como una paloma
en vuelo, junto a la sierra?

Yo también voy cantando,
rumbo al olvido
para que el hombre tenga
paz en su nido.
Hasta las penas
vestidas de esperanza
van por mis venas.

A veces glosaba las letras populares como lo prueba este fandango lucentino:

Entre Córdoba y Lucena
hay una laguna clara
Canta la copla 
por el olivar.
Llevaban
a la laguna
mis ojos su pena amarga
y las lágrimas salían
deslumbradas.
Al verme llegar, se abría 
el agua
y brotaban de su fondo.
los olivares de plata.
¡Laguna 
de tierra llana,
donde lloraba mis penas
cuando de ti me acordaba!

otras se acordaba de los pregoneros, como aquel de las piñas (*)

En la esquina
el vendedor.
Una voz con cascabeles
y un burrito de algodón.
-Niños y niñas,
¡llorad por piñas!
El pregón 
sube por la calle arriba.
Las puertas se llenan
de llantos y risas.
-¡Madre,
yo quiero una piña!
Cuando se aleja la voz,
algarabía
de gritos.
Sonríe el sol.

Sí, Juan Rejano, debe figurar en la relación de poetas cantados por los flamencos. Desde aquí animo, sobre todo a los jóvenes valores de Córdoba y su campiña, a que lean sus libros y canten sus textos. Claro que, como me contaba el pasado 23 de julio el amigo Leonardo Velasco, ya ha habido cantaores que han usado textos de Rejano. Vamos a escucharlos:

1) Alfredo Arrebola, en 1998 y con la guitarra de Andrés Cansino, cogió una estrofa del libro El Genil y los olivos y la adaptó para cantarla como serrana:

2) Vicente Soto, en el año 2006 acompañado por el guitarrista José María Molero, grabó por colombianas un texto tomado del libro El oscuro límite.


En fin, esto es cuanto puede deciros un simple aficionado al flamenco sobre el poeta Juan Rejano. En octubre, días 14 y 15, se celebra el XXXVIII Congreso Internacional de Arte Flamenco, precisamente en Puente Genil. Está prevista una ponencia de título Poesía y Literatura en el Flamenco: Juan Rejano, a cargo del flamencólogo y profesor jienense José Luis Buendía. Acudan ustedes, atiendan y aprendan. 


(*) Viejo debe ser ese pregón pues Rejano se exiló en 1939 y no volvió a pisar España. Yo lo oí en mi niñez (años cuarenta) en Fernán Núñez y el cantaor Juli Córdoba, natural de Cabra lo conocía y lo dejó grabado según pueden comprobar usando este enlace.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Morente y Hernández en la Universidad (1970)

Para mi compadre Salvador de Toro

Hagamos un recordatorio: En otoño de 1969 se le sugirió a Enrique Morente, invitándolo a su lectura, que el poeta Miguel Hernández podía cantarse por flamenco. El granadino así lo entendió y a modo de ópera prima sonó su voz en el C. M. San Juan Evangelista cantando El Niño Yuntero. Siguió con la adaptación de otros poemas.

Aunque exiliados del mundo de los Colegios, la gente de La Hermandad seguíamos teniendo nuestros contactos y amistades. Varias colegialas del C. M. Isabel de España querían organizar un acto flamenco, recurrieron a nosotros y les dijimos que podíamos llevar a Enrique Morente y que, de paso, éste podría cantarnos cosas del poeta de Orihuela. Así se montó un recital en el cual el cantaor de Granada estaría acompañado a la guitarra por el hijo del cantaor Antonio Piñana, de igual nombre que su padre.

Hemos publicado recientemente el texto de presentación de dicho recital. Allí estaba en pleno la gente de La Hermandad (Salvador de Toro, Ortiz Nuevo, Gabrielito Vera, Paco Hidalgo...). Allí estaba el autor del texto, que lo leyó en su propia voz y que no era otro que este servidor de ustedes.

Enrique nos mostró que, a sus veintisiete años, era un cantaor en plena madurez, conocedor de los más exigentes moldes clásicos. Ejecutó diversos estilos y entre ellos unas peteneras con estrofas del poema "Aceituneros", tomado del libro Viento del Pueblo que Miguel Hernández publicara en 1937, en medio de aquella incivil guerra que padeció España. Vamos a oírlas en la grabación que Morente hizo un año después, acompañado en esta ocasión por Perico el del Lunar.


Hubo más cosas del poeta alicantino. En medio de unos cantes por alegrías, apareció esta estrofa
 La  juventud siempre empuja,
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.
sacada del poema "Llamo a la juventud" del libro antes citado. Curiosamente, este tema no lo mantuvo Morente en su repertorio posterior, cosa que sí hizo con los otros versos hernandianos a los que puso música en aquella época. Más curiosidades: en estas mismas alegrías Enrique alteró una sola palabra en una letra clásica para que ésta cambiase totalmente su sentido:
Yo pegué un tiro al aire,
cayó en la arena,
confianza contigo
no hay quien la tenga.
El granadino cantó así el tercer verso
confianza con Paco
Poca gente de entre el publicó captó quién era aquel Paco del que había que desconfiar. Acabado el acto se lo comenté a Enrique advirtiéndole de que se había expuesto demasiado. Él, con su ironía (yo diría socarronería) habitual me dice:
- Anda, ¿qué yo he cantao eso?, pues no me he dao ni cuenta.

En la presentación yo había invitado al público a que hubiese un coloquio tras el recital. Así fue y se prolongó bastante. Se habló de todo lo humano y hasta de lo divino. ¡Eran tantas las ganas que teníamos de expresarnos libremente...!

martes, 27 de noviembre de 2012

¡OLÉ! EL CANTE FLAMENCO EN LA UNIVERSIDAD

El título no es mío sino de un recorte de prensa del semanario "Discóbolo" de fecha 14 de febrero de 1970. En esta publicación madrileña se decía que
En el corto espacio de quince días se han dado en la Universidad de Madrid seis recitales de cante Flamenco, Los cantantes que los han hecho han sido José Menese y Enrique Morente a razón de tres cada uno de ellos.
El mismo día, Paco Almazán se refería también a estos recitales en la revista Triunfo. Nos concreta que los de Menese fueron en la Escuela de Ingenieros Industriales, en el Club de Amigos de la Unesco y en el C. M. Isabel de España. Los de Morente se celebraron en los Colegios Mayores San Juan Evangelista, Alfonso el Sabio e Isabel de España. Así fue y servidor de ustedes asistió a varios de ellos e incluso tuvo algo de protagonismo en un par de ellos.

No recuerdo como surgió la propuesta de que Morente cantara en el San Juan, donde a finales de 1969 ya estuvo en una Tertulia. Como quiera que fuere, Enrique me pidió que yo actuara de presentador a lo cual accedí muy gustosamente. Pero hubo problemas: cuestiones familiares me reclamaron en mi Fernán Núñez natal para esas mismas fechas. Se me ocurrió (¡bendita ocurrencia!) sobre la marcha pedirle a José Luis Ortiz Nuevo que me sustituyese. Se lo comuniqué a Morente advirtiéndole de que el acto ganaría con ese cambio. Les estoy hablando de la primera vez en toda su vida en que el Poeta de Archidona iba a hablar en público sobre temas flamencos. Llegó a redactar un texto, que no logro encontrar en mi archivo pero no pierdo la esperanza de hallarlo, también ópera prima de quien luego tantísimo ha escrito sobre flamenco. A mi vuelta a Madrid mis amigos de La Hermandad me contaban que el recital, incluida la presentación de Ortiz, había sido todo un éxito. Dos parejas de artistas: el veterano Juan Varea acompañado por Perico el del Lunar (Hijo) y Enrique Morente con la guitarra del holandés Humberto el Paíllo. Dejo para otra ocasión el hablarles del otro recital en el que tuve parte y lo hago invitándoles a que ustedes disfruten de una petenera a la manera de La Niña de los Peines grabada por Varea y Perico en 1971.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Diciembre de 1969: "El Niño Yuntero" sonó en el San Juan

El pasado 5 de junio les contaba que en noviembre de 1969 la gente de La Hermandad, ante la sospecha de que algunos de sus poemas pudieran cantarse por flamenco, habíamos regalado a Enrique Morente dos o tres libros de Miguel Hernández. El granadino captó enseguida y por sí solo esta posibilidad y a los muy pocos días me comentaba que estaba musicando "Las Nanas de la Cebolla", "El Niño Yuntero" y otros poemas del poeta de Orihuela.

Aunque éramos unos exiliados del C. M. San Juan Evangelista, manteníamos amigos y contactos en el mismo. Allí, los sábados por la tarde se celebraban tertulias y se me ocurrió que podrían invitar a Morente para participar en ellas. Me dijeron que sí, pero que tendría que compartir sesión con la poetisa Gloria Fuertes y que yo tendría que ser el moderador ese día. No recuerdo la fecha exacta aunque sí que fue sobre diciembre de 1969. La sala repleta de colegiales, todos mis amigos de La Hermandad presentes y Gloria, con su gracia, con su chispa, tomaba la palabra una vez y otra para contarnos sus historias y recitarnos sus poemas.


El reloj corría y no tuve más remedio que frenar un poquito a la buena de Gloria, recordándole que había otro invitado. Entró entonces en liza el cantaor de Graná. Se habló de tó y, en especial, de que el flamenco precisaba renovación. En su música y en sus textos. Salió a relucir el nombre de Miguel Hernández y Morente dijo que ya tenía cosas. Se le pidió una muestra y Enrique lo hizo con dos malagueñas y un verdial tomando las letras del poema "El niño yuntero",.

Fue la primera que en el San Juan, en su Sala de Música, sonó una voz flamenca en directo y fue la primera que lo hicieron por flamenco y para toda España los textos del poeta alicantino.

Dos años después publicó un disco con cantes del poeta. Del mismo tomamos el cante por malagueñas al que antes hemos aludido.

lunes, 2 de julio de 2012

Maldito día 2 de julio

Como anuncio de la cercana Navidad, el Buen Dios nos hizo un regalo trayendo a este mundo, allí en la gaditana Isla de San Fernando y siendo un día 5 de diciembre de 1950, a un gitanito rubio que respondió al nombre de José Monge Cruz, aunque la historia lo recordará por su alias de Camarón de la Isla.


La desgracia y el mal fario se cebaron en él y, recién cumplidos los cuarenta y un años, nuestro Joseíto se vio "herío de muerte". En enero de 1992 da su último recital público. Fue en mi querido Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid. Cuentan que casi no tenía fuerza para llegar al escenario, pero llegó. Sacó ánimo ni se sabe de dónde pero cantó por soleá, por bulerías, por tangos, por tarantas y cartageneras, cantó por fandangos.


Con frecuencia he dicho que es cierto que Camarón revolucionó la bulería y el tango, que (pese a lo que últimamente ha dicho un importante cantaor) conocía y desarrollaba muy bien los cantes clásicos de seguiriyas y soleá, pero que, para mi sensibilidad, donde estaba más "sembrao" era en los cantes mineros y sobre todo en el fandango. Escuchen, cómo ejecutó este estilo, acompañado a la guitarra por Tomatito, en el citado recital del San Juan.


Unos meses después, un fatídico 2 de julio de 1992, José se nos fue a la Gloria. Hoy se cumplen 20 años.

domingo, 11 de marzo de 2012

Primera crisis en el San Juan Evangelista (1969)

Para Alejandro Reyes y todos cuantos viven la actual crisis del San Juan Evangelista

Desde que el Colegio se refundó en el curso 1966-67 su principal problema fue la viabilidad económica. Tanto que hubo que pedir ayuda. A ella acudió la Caja de Ahorros de Ronda. Dos de sus miembros (Don Juan de la Rosa padre e hijo) pasaron a formar parte del Patronato del Colegio a la vez que incluyeron a éste dentro de su Obra Social. De hecho esto supuso que la Caja se hacía dueña del Colegio, cosa que se ha mantenido hasta nuestros días si bien ahora la entidad se llama Unicaja. Hasta nos mandaron un Administrador, de nombre curiosamente coincidente con un político famoso en aquella época: José Solís. Era un hombre ya mayor que pasó a ocupar una de las habitaciones de invitados. Resulta que era aficionado al cante con lo cual el señor Solís y yo hicimos buenas migas.

En la confianza de que el Colegio quedaba bien apuntalado al menos en su economía, don Jesús Cobeta planea su retirada para octubre de 1969. También lo harían porque estaban a punto de casarse el Subdirector General Jesús Sebastián Audina y Tomás Mingot Jiménez, Subdirector de la Primera Comunidad. Unos meses antes lo había hecho Alfonso Sabán Gutiérrez, el cual fue sustituido como Sudirector de la Tercera Comunidad por Frutos Barbero Sánchez, al que todos nombrábamos como "Tito" (a quien vemos a nuestra izquierda en foto actual). Total, para el curso venidero, sólo quedábamos en el equipo de gobierno Tito y yo. Hubo consenso para que él fuese el próximo Director y para que la Subdirección General recayera en mí. Como Subdirectores de Comunidad entrarían Manuel Núñez Encabo (sí, el mismo que un 23 de febrero, años después, acababa de ser llamado a votar cuando irrumpió en el Congreso el coronel Antonio Tejero), Francisco Gutiérrez Carbajo y, si la memoria no me falla, José Luis Sagredo Ruiz.

Pero la económica no fue la única crisis que nos trajo el curso 1968-1969. Hubo otra de mayor calado. Los mandamases del Régimen llevaban muy mal la creciente politización de muchos colegiales y no soportaban las actividades culturales que, para los censores al uso, eran claramente "actos subversivos". La actividad de los grupos de teatro independiente, de la que he hablado otro día, fue la gota que hizo rebosar el vaso. Fuera como fuera, querían acabar con esta situación. La DGS (Dirección General de Seguridad) presionaba al Rectorado para que éste, a su vez, presionara a la dirección del Colegio y a los nuevos patronos de la Caja de Ronda. La presión fue tan fuerte que el Rectorado amenazó con el cierre, salvo que hubiese un "cambio radical" en el equipo directivo. A los rondeños no les quedó otra alternativa que recurrir a la Congregación Salesiana, conocida de ellos por tener un famoso colegio en la bella ciudad del Tajo. El proyectado equipo de Gobierno del que hablé más arriba, no llegaría a tomar posesión y, a partir de julio, la dirección se entregaría a varios sacerdotes salesianos.

El más perjudicado por el cambio era Tito, licenciado en Ciencias Políticas, que estudiaba para ingresar en el cuerpo diplomático y que no tenía oficio ni beneficio alguno. La Caja lo compensaría ofreciéndole la gerencia de un hospital que tenían en Ronda y allí, efectivamente, acabó en el mes de octubre.

De mí ni echaron cuentas, ni yo abrí la boca para reclamar nada. Poco menos que con un simple "si te ví, no me acuerdo" salí del colegio a finales de junio de 1969. Cargué mis pocas pertenencias en un coche que había comprado dos meses antes y me fui a pasar unos días con una de mis hermanas que vivía en Madrid. El trayecto lo hice llorando. Nada más llegar a su casa, me fui al tocadiscos de mi cuñado y me puse a oír estas Soleares de Córdoba:


jueves, 8 de marzo de 2012

El teatro llega al San Juan (1968-1969)

Envío al actor Rafael Álvarez "El Brujo", entonces colegial en el San Juan.

El curso académico 1968-1969 nos trajo al "San Juan Evangelista" el uso habitual de su salón de actos. Ya he contado que el director don Jesús Cobeta, clásico en todo, lo bautizó como el "Corral de Comedias". El propio nombre invitaba a convertirlo en un "escenario teatral", tal como ocurrió al menos en los primeros años de su vida. Más adelante, con la creación del "Club de Música", las actividades musicales se alternaban con las teatrales e incluso cobraron mayor relevancia. Tanto que hasta se le cambió el nombre a la sala y hoy es conocida como "Auditorio Jesús Cobeta".

Pero volvamos a 1968. En ese año nacieron en Madrid muchos grupos de "teatro independiente", alternativa al teatro comercial al uso. Entre ellos figuraba el TEI (Teatro Experimental Independiente), bajo dirección de José Carlos Plaza, y lo hizo, con la obra "El Verano" del autor alemán Weingarten, en diciembre sobre el escenario (fundamental para este tipo de teatro en su momento) del C. M. "San Juan Evangelista", según podemos leer en la red.


También por aquellas fechas nació el grupo Tábano, escisión del TEM (Teatro Estudio de Madrid), que desde el primer día utilizó nuestro local como si fuera propio. En él ensayaban y en él estrenaban. Recuerdo que uno de los principales miembros de este grupo era el actor extremeño Juan Margallo, famoso después, a quien vemos a la derecha en foto reciente. Trabajador infatigable, alma del grupo, salvo dormir, solía hacer su vida (comida, tertulia, cena) entre nosotros, confundido con un colegial más.

Por el colegio, durante el curso 1968-1969, pasaron otros grupos cuyo nombre lamento no recordar. En todo caso, se trataba de un teatro bastante politizado. Creo que fue en la obra "El juego de los dominantes", del TEI, donde uno de los personajes parodiaba, muy sibilinamente claro, al entonces Jefe de Estado. Si el colegio ya era un "hervidero" en lo político, la actividad teatral subió el termómetro unos pocos grados más.

Por mi parte, pueblerino llegado desde las provincias del Sur, estaba deslumbrado con todas aquellas "novedades", aunque mi centro de interés, Matemáticas aparte, seguía siendo el flamenco. Mis salidas a los tablaos eran frecuentes y mi colección de discos no paraba de aumentar. En una y otra cosa se iban mis pequeños ingresos, pues, como subdirector, en el colegio tenía comida y cama gratis. Con uno de aquellos discos les dejo. La Niña de los Peines, con la guitarra de Melchor de Marchena, canta por bulerías:

sábado, 3 de marzo de 2012

Dos "topos" en el San Juan (1968-1969)

Dedicado a todos los universitarios que conocieron las cárceles de aquellos años.

El Colegio Mayor "San Juan Evangelista" es conocido en los ambientes madrileños como "El Johnny". Nunca me gustó ese apelativo y por eso procuro no usarlo. Yo recuerdo otro bastante extendido en los primeros años de su refundación: "San Juan de la Hoz y el Martillo". La razón es tan simple como la constatación de que por aquellos tiempos el colegio fue sede de muchos estudiantes activistas de la izquierda. No, no se piense que el P.C.E. de Santiago Carrillo estaba detrás de todo aquello. La mayoría de estos colegiales eran independientes y los que militaban en algún grupo eran de ideología trotskista, cuando no maoísta. Su lucha se desarrollaba en la correspondiente facultad y varios de ellos hubieron de pasar por los calabozos de la entonces llamada "Dirección General de Seguridad" (D.G.S).

Es sabido que la citada Dirección tenía gente matriculada en los centros más conflictivos (Económicas, Filosofía, Derecho, Ciencias...) sin más misión que la del "chivateo", es decir, el seguimiento de todos los presuntamente "peligrosos".Y nuestro Colegio no se libró: en el curso 1968-1969 nos colocaron dos "topos". Levantaron sospechas en otros colegiales porque casi nunca iban a su facultad pero sí cogían habitualmente el metro con dirección al centro de Madrid. Decidieron seguirlos y, efectivamente, comprobaron que iban a la misma Puerta del Sol y se colaban, como Pedro por su casa, por las puertas de la D.G.S. Por fin, una mañana, los "espías de los espías" se plantaron en su habitación y les dijeron claramente que sabían que trabajaban para la policía. Esto debía de ser cierto porque los dos salieron ese día del colegio con intención de abandonarlo. Se marcharon con lo puesto y, pasada una semana, el director don Jesús Cobeta me llama y me dice:

-Andrés, esta noche te toca guardia. Me han llamado de la policía para comunicarme que los muchachos esos que se fueron el otro día volverán a una hora en que la gente ya ande durmiendo para llevarse sus cosas. Como son de tu Comunidad, deberás acompañarlos.

Acudieron sobre las tres de la madrugada junto a un agente de la secreta. Recogieron todo y no volvimos a saber de ellos. Pero no quiero acabar esta historia sin referirles que al día siguiente nos dio por mirar su expediente y nos encontramos con la sorpresa de que su solicitud de ingreso en el colegio venía acompañada de una "recomendación" de un alto cargo del Rectorado de la Complutense. Sin duda, la gente de la D.G.S. estaba en todo.

En mi espera de aquella noche, como siempre, yo oía flamenco en mi habitáculo. Me acordaba de los varios colegiales que estaban detenidos y por eso escuché una y otra vez este cante por carceleras del lucentino Antonio Ranchal:

miércoles, 22 de febrero de 2012

Mi segundo curso en el San Juan (1967-1968)

En mi primer año como colegial del San Juan mi actividad flamenca se redujo a escuchar mis discos, asistir a algún recital en otros colegios mayores y a salidas esporádicas a las tabernas de ambiente andaluz. De esto último ya conté algo en este cuadernillo (La corbata del Roni).

Al año siguiente, curso 1967-1968, empecé a frecuentar algunos tablaos: "Los Canasteros", con la fortuna de que alguna vez escuché al propio Manolo Caracol, "Las Brujas", donde conocí a Terremoto y al Perlo de Triana entre otros, "El Duende", local en el que actuaba un joven Lebrijano. De otros tablaos no recuerdo bien el nombre, salvo de uno que visité con frecuencia: "Las Cuevas de Nemesio". Por aquel entonces actuaba allí un cantaor por el que yo sentía debilidad: Porrina de Badajoz. Y los Hermanos Toronjo que cada noche hacían su ronda por los cantes de Huelva. Mi compañera habitual en todas estas visitas a los templos del cante era María la Austriaca, más enamorada del flamenco que de sus compatriotas Mozart o Beethoven.


Las obras seguían en el Colegio pues aún estaba sin terminar el bloque donde irían las viviendas para el director y para el subdirector general, los cuales, mientras tanto, ocupaban sendas habitaciones de colegiales. Los subdirectores de comunidad eran más afortunados pues cada uno, en la planta par de la suya, tenía un pequeño apartamento: dormitorio, cuarto de baño y despacho. En el bloque en obras también estaban previstas varias habitaciones para invitados, todo ello en la planta sótano. Más arriba irían la zona administrativa, la biblioteca y la sala de música. Y lo más importante: el salón de actos.




Es decir, el Colegio carecía de infraestructuras para posibles actividades culturales. Pero esto no era óbice para que dichas actividades se celebrasen desde el primer día de apertura. Fíjense, por ejemplo, que el comedor era usado para sesiones de "teatro leído" y de alguna conferencia, si bien éstas solían celebrarse en los vestíbulos de las comunidades donde para sentarte tenías que llevar la silla de tu propia habitación. La mayoría de ellas eran organizadas por los propios colegiales. Por mi parte propicié un "Cursillo de Lógica Matemática", a cargo de mi querido catedrático el jesuíta don Alberto Dou, e invité al profesor Fernández Viñas, recién llegado de París, para que nos hablase del más moderno "Análisis Matemático". También, como ya he referido en otro artículo de este blog, hice dos sesiones de audiciones comentadas de cante flamenco.

En mayo de 1968 se nos casa Andrés Esteban, el subdirector de la segunda comunidad. Para su sustitución, don Jesús Cobeta, que en medio de algún andamio ya se había trasladado a su vivienda como director, hizo una ronda de entrevistas y consultas con varios de los colegiales que ya éramos licenciados. Para sorpresa de todos (la mía más aún) el designado fui yo. Más adelante me atreví a preguntarle por su decisión y me contestó lacónicamente: "Fuiste el más sincero y, además, me criticaste". En mi artículo De cómo Mairena me quitó a Camarón, dejé narrada la forma en que celebré mi toma de posesión.

También por el final de curso se abrió, sin estar acabado del todo, el salón de actos que el propio director bautizó como "Corral de Comedias", pero de ello hablaremos otro día. Hoy he nombrado a Porrina. Con el gitano de Badajoz les dejo. Ejecuta una taranta y le acompaña a la guitarra Antonio de Córdoba.

lunes, 20 de febrero de 2012

Mi llegada al refundado San Juan Evangelista


A la memoria de don Jesús Cobeta Aranda.

Por los primeros años sesenta del pasado siglo el Colegio Mayor San Juan Evangelista tenía su sede en la calle Écija del madrileño barrio de Argüelles. Uno de sus directivos, el abogado aragonés don Jesús Cobeta Aranda, funcionario del entonces llamado Instituto Nacional de Previsión, tuvo la idea de una "ampliación" consistente en la construcción, dentro de los terrenos de la Ciudad Universitaria, de un edificio capaz de albergar a más de cuatrocientos colegiales. Esta cantidad, cuando en aquellos años el colegio de máxima cabida tenía ciento y pico plazas, no era la única novedad. Se instauraría, por primera vez en la historia de los colegios mayores, una serie de "autoservicios" en el comedor, lavandería, etcétera, todo ello con la intención de abaratar la mensualidad en unos tiempos en que la estancia en un colegio mayor era privilegio de ricos junto a algunos becarios que tenían que dejarse el pellejo para mantener una nota media muy alta. Más novedades: libertad de horarios para entradas y salidas, reserva de un porcentaje de plazas para titulados que preparaban oposiciones o que buscaban su primer empleo.

Un edificio, véanlo ustedes, con sótano y seis plantas. En las impares, todas las habitaciones eran individuales, en las segunda, cuarta y sexta, la mitad seguían siendo individuales y la otra mitad eran dobles. Unas y otras eran de corte "franciscano", mínimas pero capaces de albergar un lavabo, armario, cama, mesa de estudio y estante-librería para cada colegial. Sin duda los arquitectos se lucieron al diseñarlas. En cada planta había varias zonas de duchas y sanitarios de uso común. Cada dos (primera-segunda, tercera-cuarta, quinta-sexta) se llamaría una "comunidad" y tenía un vestíbulo para actividades colectivas y un par de aulas de estudio.

El equipo directivo tendría a la fuerza que ser más numeroso que lo habitual: director, subdirector general y un subdirector por cada una de las tres comunidades.

Se fue haciendo la obra y, con vistas al curso académico 1966-1967, se anunció la apertura del nuevo edificio. Todo un éxito en la convocatoria pues se cubrieron todas las plazas. Con un dato muy significativo: pidieron entrar como colegiales muchos licenciados y muchos alumnos del último año de licenciatura. A título de ejemplo, les diré que de los que ese año íbamos a cursar el quinto curso de Ciencias Matemáticas solicitamos y fuimos admitidos hasta seis estudiantes. En mi opinión, y usando el símil de los viticultores, aquello creó "solera" desde el primer momento.

Aún en obras, el Colegio se abrió el 1 de noviembre de 1966. Allí nos recibió un equipo directivo todo él procedente del colegio de la calle Écija: don Jesús Cobeta como director, Jesús Sebastián como subdirector general y, nombrados de abajo hacia arriba, Tomás Mingot, Andrés Esteban y Alfonso Sabán, como subdirectores de comunidad.

Allí fui yo a parar a la habitación 314. En mi mochila llevaba muchos libros de matemáticas (también de poesía y de tema flamenco), un tocadiscos y algunos discos. Y cuando en mis horas de estudio yo daba golpes y golpes a la matemática hasta desentrañar la belleza de sus teoremas, me entretenía en oír cosas como ésta a mi casi paisano Fosforito:

viernes, 16 de septiembre de 2011

Cuando este aficionado conoció a Morente (Julio de 1968)

Corría el invierno de 1968 y yo vivía en el C. M. San Juan Evangelista de Madrid. Un día, curioseando discos en Galerías Preciados, las de verdad, las de la calle Preciados, me topé con uno que me llamó la atención:

CANTE FLAMENCO, Hispavox, 1967
Enrique Morente con Félix de Utrera

Malagueñas (2), soleares (2), siguiriyas (2), la caña, el mirabrás, martinetes, fandangos de Frasquito Hierbabuena y cantes mineros de Pedro el Morato.

Lo compré de inmediato y cuando lo oí despacio me causó muy buena impresión: una voz nueva, pero que sonaba muy antigua. Se lo comento a otro cordobés, Ingeniero Agrónomo de Castro del Río, y me dice:

-Morente, claro, el que canta en el Tablao Zambra.

Este dato me lo confirmó don Jesús Cobeta, el director, que aunque maño era muy respetuoso con el cante y visitaba alguna que otra vez dicho tablao. Yo me propuse acercarme para conocer personalmente al cantaor, pero fueron meses de mucho ajetreo (por ejemplo, en mayo me hicieron Subdirector del Colegio como ya he narrado en otra ocasión) y lo fui dejando. Llegaron las vacaciones y me vine a mi pueblo para estar con mis padres.

No obstante, en julio tenía preparado un viaje a París (no quería perderme, aunque fueran las huellas, aquel famoso mayo del 68). Hice noche en Madrid y aproveché para acercarme a Zambra. Acabado el espectáculo, yo mismo me presenté a Morente. Creo que desde el primer momento entramos en sintonía. Después de nuestra charla, le dije que me iba para París, pero que a la vuelta volvería a visitarlo.

La cosa fue así de simple. Nada de fantasiosas historias que se han contado por ahí diciendo que unos colegiales del San Juan nos colamos en Zambra para contratar a Morente… Fui yo solo y con la única intención de conocer en persona a un cantaor que me había cautivado con su primer disco.

Claro que volví a visitarlo y que a lo largo del curso académico 1968-69 gasté mis escasos ahorros en aquel tablao divino. Entablé amistad con Morente, pero también con Juan Varea, Rafael Romero y el guitarrista Pedro el del Lunar, Pepe El Culata, Pericón de Cádiz y Rosita Durán. Hasta me gané el respeto del más que serio Sr. Casares, dueño del establecimiento. El propio Enrique me introdujo en los ambientes que él frecuentaba: Peña El Charlot, Cervecería Alemana y sobre todo Casa Gayango, donde me hice amigo del insigne don José Núñez “Pepe el de la Matrona”. Me puso en contacto con el librero Pepe Blas Vega, el catedrático don Elías Terés o el escritor Francisco Almazán. Creo que jamás en mi vida he sacado mayor rentabilidad a algo tan sencillo como fue la compra de aquel disco en Galerías.

Les dejo con la exquisita "Malagueña de Chacón" incluída en el mismo.

lunes, 30 de mayo de 2011

La corbata del Roni

Cuando en el curso 1966-67 llegué al C. M. San Juan Evangelista, ¿había colegiales aficionados al flamenco? Casi seguro que sí, pero yo los desconocía salvo a uno: un gaditano muy gracioso, que estaba terminando alguna Ingeniería Superior. No me acuerdo de su nombre, pero sí de su mote: El Roni. Tampoco recuerdo como nos conocimos, pero el hecho es que salíamos algunos fines de semana a las tabernas de ambiente andaluz: “Sherry” y "Los Camborios", a la derecha de la Gran Vía conforme se subía desde la Plaza de España, “Los Jiménez” y “La Vendimia Jerezana” en la calle Barbieri (la misma donde Caracol tenía su tablao "Los Canasteros), o “La Venta de Don Jaime” en Alberto Aguilera. Siempre encontrábamos gente con la que hablar de flamenco y esporádicamente escuchar a alguno que se atrevía con los cantes. Esto era más frecuente en la citada Venta, donde el propio dueño, Jaime, de la zona de los Puertos, se cantiñeaba muy bien.

No había dicho antes que El Roni era muy alto y ancho, tirando a gigantón, vamos. Hacíamos curiosa pareja porque yo, como saben quienes me conocen, siempre fuí bajito y delgadillo. Un sábado noche, volvíamos de nuestras correrías un poco chispados y, a la entrada del Colegio, un guasón me suelta:

-Coño, Andrés, si pareces la corbata del Roni.

Acabó su carrera y se marchó del Colegio. No he vuelto a tener noticias suyas, pero sigo conservando mi mejor recuerdo para este gaditano buen aficionado y buena gente.

martes, 3 de mayo de 2011

Primera Audición Flamenca en el San Juan




Hace unos días, Alejandro Reyes, Presidente del "Club de Música y Jazz" del Colegio Mayor "San Juan Evangelista" de Madrid, me remitía el siguiente telegrama que, a su vez, le había enviado la Señora Ministra de Cultura:




A PROPUESTA DE LA MINISTRA DE CULTURA Y PREVIA DELIBERACIÓN DEL CONSEJO DE MINISTROS EN SU REUNIÓN DEL VIERNES 8 DE ABRIL DE 2011, S.M. EL REY HA TENIDO A BIEN OTORGAR AL CLUB DE MÚSICA Y JAZZ SAN JUAN EVANGELISTA, LA MEDALLA AL MÉRITO EN LAS BELLAS ARTES EN SU CATEGORÍA DE ORO, CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN DEL AÑO 2010. MI MÁS CORDIAL ENHORABUENA, UN AFECTUOSO SALUDO. ÁNGELES GONZÁLEZ SINDE.

Esta noticia debe alegrarnos a todos los aficionados porque entre las actividades de este club la segunda en importancia, después del Jazz, ha sido el Cante Flamenco. En efecto, a lo largo de 40 años han pasado por él casi todos nuestros artistas. Fundamentalmente Morente, que lo hizo en muchas ocasiones, y Joseíto El Camarón que dio allí el último concierto de su vida, unos meses antes de que en julio de 1992 nos abandonara.

Pero lo que yo les voy a contar hoy pertenece a la "prehistoria" de este club. En el año académico 1967-1968, segundo de vida del nuevo San Juan Evangelista, el Colegio aún carecía de todo tipo de instalaciones complementarias. Por ejemplo, no existía la Sala de Música ni había tocadiscos, ni altavoces, ni ná de ná. Aún así, recuerdo que invitamos al compositor Luis de Pablo a que nos hablara de su obra; así lo hizo en el vestíbulo de la planta cuarta y, para mostrarnos una pequeña ilustración, llevó un disco que tuvimos que reproducir en un tocadiscos de mi propiedad. ¡Tiempos heroicos y colegiales sedientos de cultura...! Yo me acordé de las "Audiciones comentadas" que presenté en cursos anteriores y de las que ya se ha hablado en este blog. Amplié mi guión y la cosa dio para dos sesiones. El "pinchadiscos" en esta ocasión era un jovencito, malagueño de Archidona, que arrastraba de su niñez hambre de todo lo andaluz. Les estoy hablando de José Luis Ortiz Nuevo, que por aquellas fechas recibió el apodo de "El Poeta". Se lo puso el hoy famoso actor de teatro Rafael Alvarez "El Brujo", mote que a su vez recibió de Ortiz. Rafael fue uno de los colegiales que siguió con mucho interés la audición, como lo fueron Miguelito Romero "El Moro de Melilla", el cartagenero Leoncio Sánchez o el malagueño Daniel Muriel. También el cacereño Francisco Gutiérrez Carbajo que hoy posee algunas publicaciones sobre flamenco, pero que por aquel entonces estaba aún completamente en ayunas, el murciano y matemático Gabriel Vera, el ingeniero y novelista Paco Hidalgo, de Llerena (Badajoz), el castellonense Luis Florit "El Portero del Infierno" o mi inseparable paisano Antonio Jesús Luna "El Cumaco", así como otros cuyos nombres no recuerdo.

Después de estas audiciones, mi habitación (la 314) era el foco al que acudían uno y otro para oír mis discos y leer mis libros, sobre todo Ortiz Nuevo que en poco tiempo se comió todo y, además, no se empachó. La verdad es que logré aglutinar un grupo de nuevos aficionados que en años posteriores dio bastante de sí. Pero de eso se hablará más adelante.