Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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martes, 5 de abril de 2016

Esa panaderita tiene tres nombres

Envío a Gregorio Valderrama


Ya sé que a muchos aficionaos al cante lo único que les llega a su fibra sensible es la música, el sonío. La letra, el texto cantao, les da igual.

Pues vale, amigos míos, pero habemos otros aficionaos que, además de la melodía con que nos los dicen, nos interesamos por los textos que, a la vez, nos trasmiten. O sea, que pensamos de otra manera. Y, en mi caso, me pasa que cuando escucho ciertas coplas, me intereso por su origen, por su expansión...

Por eso, invito a los que me leen, a que sigan haciéndolo y atiendan a lo que hoy, pensando en confiteras y en panaderas, pensando en los nortes y en los sures, se me ha ocurrido ante una audición que luego podran escuchar.

Saben ustedes que por aquí abajo, o sea, por esta nuestra Andalucía, debió de haber una confitera que con su oficio buscaba quereres
Señora Mariquilla,
la confitera,
a mí me daba dulces
pá que la quiera
cantaban en Cádiz, aunque, según lo que cantaban en Córdoba, más bien era ella la solicitada
Mariquilla Francisca
la confitera,
yo le compraba dulces
pá que me quiera.

¡Bonitas letras, una y otra! Pero he aquí que, por allá arriba, por esos nortes que tiene España, hubo otra mujer de similar oficio, ahora panadera que no confitera, que mereció el honor de ocupar sitio en el coplerío popular. No sabemos su nombre (¿Dolores tal vez?), pero he aquí que la vemos citada en una canción del folk-lore local del zamorano pueblo de Aliste.
¡Esa panaderita
tiene tres nombres:
panadera, borracha
y amiga de hombres.
¡Ay que panadera!,
¡ay que panaderita!,
el alma me lleva.
Dime, panaderita,
cómo anda el trato,
con la harina muy cara
y el pan barato.
¡Ay que panadera!,
¡ay que panaderita!,
el alma me lleva.
Aquí no aclaran de dónde era esa panaderita. En otro pueblo de Zamora, Sagallos, eran más explícitos y cantaban tal que así:
A la entrada de Asturias
y a la salida,
hay una panadera, 
mucho me mira.
¡Ay que panadera!,
¡ay que panaderita!,
el alma me lleva.
Esa panaderita
 va por ahí
yo la llamo y la llamo,
no quieé venir.
¡Ay, que panadera!
La panadera madre, 
me debe un bollo.
por no verle la cara
se lo perdono.
¡Ay, que panadera!
La panadera madre,
 tiene tres nombres:
panadera, borracha
 y amiga de hombres
¡Ay, que panadera!
Total que la panadera era asturiana y la copla bajó de Asturias hasta Zamora. Pero bajó mucho más. En un cilindro del cantaor sevillano El Mochuelo, registrado en 1899 junto al guitarrista Manuel López y con el título de Aires Montañeses, podemos oír esto:



¡Ya ven!, en medio de otras coplas aparecen estos versos:
A la entrada de Oviedo
y a la salida
hay una panadera,
¡cómo me mira!
Y la panaderita
tiene tres nombres,
jugadora, borracha
y amiga de hombres.
¡Ay qué panadera!,
¡ay qué panaderita!,
el alma me lleva.
Al Mochuelo debieron de gustarle porque hay otras dos grabaciones suyas en las que los repite. Nuestro cantaor hasta es más duro con la rapaza que las gentes de Zamora: no se conforma con llamarla "panadera, borracha y amiga de hombres" sino que la nombra como "jugadora, borracha y amiga de hombres".

Buceador frecuente en el mundo de las letras empleadas por los flamencos, la verdad es que yo he encontrado muy pocas en las que se hable en términos ofensivos, o casi, de las mujeres. Aunque algunos opinen lo contrario (véase mi artículo ¿El Flamenco notario del machismo andaluz?), en general pienso que nuestros copleros han tratado con respeto y hasta con veneración a la mujer. Lo del Mochuelo, para mí, es una excepción notable. Tanto que a algún letrista, posiblemente del sur, se le ocurrió enmendar a los asturianos y colocar en clave positiva a la panadera de marras. Lo comprobamos oyendo estas pretendidas caleseras que aparecían en el documental Cantes del Campo publicado hace poco en este mismo cuaderno.



Viene a decir Jacinto Almadén:
¡Ay, una panadera
cuando me mira!
Esa panaderita
me ofrece un bollo,
por no sufrir al verla
yo se lo tomo. 
Esa panaderita
tiene tres nombres:
panadera y bonita,
María Dolores.
O sea, enmienda a la totalidad para las versiones anteriores.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Hablando de livianas, El Mochuelo nos trae una sorpresa.

Mira que uno es precavido y, cuando hace unos días, en mi artículo Del cante de la Liviana y de su estrofadecía en referencia a las grabaciones discográficas del cante por livianas
Que yo recuerde y salvo sorpresas que siempre pueden surgir, no fue grabada antes de los años 50,
presumía que iba a ser pillado, tal como ocurrió de inmediato. En efecto, el gran experto en temas flamencos (y generoso amigo) Ramón Soler Díaz me escribe para decirme que había sido grabada en la muy temprana fecha de 1902 (¿o 1907?). Además, no como cante de introducción, afirmación que nos hemos creído casi todos desde Pepe el de la Matrona hasta hoy, sino como remate de un par de seguidillas gitanas (o sea, lo que ahora llamamos seguiriyas).

¿Quién lo hizo? Pues no podía ser otro que el cantaor sevillano Antonio Pozo Rodríguez, El Mochuelo (1868-1937), personaje cuya extensísima discografía está pendiente de una recopilación exhaustiva para ponerla al alcance de los aficionados y sobre todo de los estudiosos que quieren saber como fue la transición del flamenco decimonónico al del siglo XX. Para labores como ésta debiera de estar el Instituto Andaluz de Flamenco (IAF), digo yo, y no para acciones "dirigistas" o para que su directora acuda allá donde puedan hacerle una foto. Pero bueno, oigamos al Mochuelo. Mostramos en primer lugar la Liviana por separado:
Esta es la letra que hace:
A San Agustín tú vayas,
por Dios te vean
aquellos angelitos
de la Alamea.
Bueno, como me consta que hay lectores a los que no les gusta que las grabaciones se mutilen, volvemos a oírla pero ahora con las dos seguidilllas gitanas que la preceden:
(Nos comunica el buen amigo Gregorio Valderrama que el guitarrista es Joaquín El Hijo del Ciego).

También Ramón Soler me recuerda que en 1959 Antonio El Chaqueta dejó una grabación de las livianas:
Hace tres letras: las dos primeras (Ventanas a la calle y De quién son esos machos) son idénticas a las que grabó El Matrona en 1954 e idéntico es el aire campero que les imprime, pero en la tercera:
Una vez me dijiste
que me querías,
dijeron toa la gente
que tú eras mía.
señala Ramón que Chaqueta se acerca más a la seguiriya, acercamiento que de hecho se dio por obra y gracia de don Antonio Mairena, pero ese es otro tema del que hace tiempo quería escribir y que finalmente lo haré un día de éstos.

lunes, 20 de abril de 2015

¿Rondeñas de Ronda? (I)

Tan bella es la ciudad, que decir "rondeña" nos hace pensar en la malagueña localidad de Ronda. Así parece haberlo asumido la flamencología en bloque desde los años cincuenta del siglo XX: rondeña de Almadén, rondeña de Romero o, más recientemente, rondeña de Morente

Sin embargo, el nombre de rondeña para un estilo de cante provenía del siglo XIX y se siguió usando en las primeras décadas del XX sin aludir a lugar alguno. Por ejemplo, se han aireado últimamente unas "rondeñas anónimas". Lo hacen Rafael Chaves y Norman Kliman  en su impagable libro Los Cantes Mineros y nos ofrecen una muestra sonora, la contenida en la segunda letra de esta grabación que hiciera en 1911 Pepe el de la Matrona:


Aire de fandango, con letra de minas (Morente la usó muchos años después para su minera del Morato) que a su vez complementa a una taranta. Estos autores sugieren que muchos fandangos que a la postre han tomado nombre propio (zánganos, jabegotes y verdiales) pudieron estar englobados en tiempos anteriores en el nombre genérico de "rondeñas". Más: nos hablan de "rondeñas de arriería" porque eran los arrieros los que las iban llevando de un lado a otro de la geografía andaluza. Hipótesis con muchos visos de ser cierta, que cuadra perfectamente con el hecho de que la "rondeña del Negro" ya citada desde la época de Silverio, fue grabada por Antonio El Mochuelo en 1906, junto a una jabera, y al oírla pudimos comprobar que se se asemeja mucho a una variante de lo que después hemos dado en llamar fandangos de Lucena Por favor, repasen este enlace y después oigan esta otra grabación, ahora de 1907 y con la guitarra de El Hijo del Ciego, donde El Mochuelo repite la pareja jabera-rondeña, siendo la segunda letra un fandango que oscila entre Granada, Lucena y Málaga:

¿Rondeña de Ronda? Vámonos a 1928 y escuchemos lo que con el nombre de rondeña nos dejó el gran Manuel Torrre:


¡Vaya, pero si esto es lo que ahora llamamos taranto! Es que en la época de la pizarra se rotulaba muy a la ligera, piensan y lo han dejado escrito algunos flamencólogos. Pues no lo sé, pero el Torre fue pertinaz y un año después volvió a grabar su otra rondeña, tan repetida luego, aquella de ¿Dónde andará mi muchacho? Y, si seguimos avanzando en el tiempo, nos encontramos enseguida con que Ramón Montoya rotuló como rondeña su famosa composición que recuerda inevitablemente el toque que se sigue para los cantes de minas. ¿En qué quedamos? Un nuevo salto en el tiempo (ahora no sabría precisar la fecha de esta grabación) y escuchamos a Carmen Amaya y Sabicas estas "rondeñas":
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¿Seguimos? Claro que seguiremos, pero por hoy ya vale.

martes, 3 de junio de 2014

Pasas más hambre que...

Encuentro en las redes estas rotundas y sabias frases del académico Pérez Reverte. Sagrada profesión la de los maestros en cuyas manos está el futuro del país. Sagrada pero maltratada por los poderes públicos, no sólo en sus menguados sueldos, de lo que seguiremos hablando más abajo, sino en no potenciar su etapa de formación. Así había sido históricamente hasta la llegada, durante la Segunda República Española,  del llamado "Plan Profesional", promovido por el ministro Marcelino Domingo (1884-1939), con el cual los estudios de magisterio alcanzaron un alto nivel. La pena fue que la mayor parte de los maestros formados en dicho plan tuvieron que optar tras la guerra del 36-39 entre el exilio o verse despojados de sus plazas.

En la posguerra, la preparación académica de nuestros maestros se volvió a devaluar. Por ejemplo, en mi época de bachillerato (Seis cursos rematados con el año de Preuniversitario) se accedía a las Escuelas de Magisterio con sólo los cuatro primeros cursos mientras que para otras carreras se precisaban los siete. Así fue hasta la llegada en 1971 de la "Ley de Educación"  de Villar Palasí (1922-2012). Los futuros maestros ya deben tener los mismos requisitos que cualquier otro aspirante a los estudios universitarios. Las viejas "escuelas normales" se integran en las universidades en calidad de "Escuelas Universitarias", si bien su título no llegaba a Licenciatura (cinco años) sino que se quedaba en Diplomatura (tres años). El nivel de nuestros maestros subió considerablemente y, además, hubo un factor decisivo: se potenció la figura del "acceso directo" (creada unos años antes) mediante la cual los alumnos de mejor nota media de cada promoción se incorporaban al cuerpo de magisterio sin tener que pasar la correspondiente oposición. Este incentivo hizo que alumnos muy brillantes en lugar de matricularse en alguna Licenciatura lo hicieran en la Escuela de Magisterio, dispuestos a dejarse el pellejo pero asegurarse el puesto de trabajo. No hablo de oídas porque durante bastantes años ejercí como Catedrático de Matemáticas en la Escuela Universitaria de Magisterio de la Universidad de Córdoba. Por mis aulas pasaron alumnos, algunos de los cuales habían cursado hasta seis asignaturas de matemáticas, por los que pondría la mano en el fuego asegurando que habrán sido unos buenísimos maestros.

En esas estábamos hasta que surge el primer gobierno del ahora rico nuevo llamado Felipe González, incluyendo a José María Maravall (1942) como Ministro de Educación   Éste, a su vez, llevaba como número dos en su Ministerio a un conocido personaje: Alfredo Pérez Rubalcaba (1951), al cual según mi entender se le debe un considerable retroceso en lo que a los estudios de magisterio se refiere. Tan "social-listos" políticos debieron de pensar que aquello del acceso directo no era igualitario y se lo cargaron de un plumazo. Por tanto, potenciales maestros de gran nivel intelectual ya no acuden a las Escuelas de Magisterio sino que se van directamente a las Facultades o a las Escuelas Técnicas. Pero no es sólo esto. Rubalcaba y sus consejeros deciden potenciar los aspectos pedagógicos y sicológicos frente a las asignaturas de contenidos académicos superiores. Se llega al gran disparate de "hay que enseñar cómo se enseñan las matemáticas" a la vez que se iban suprimiendo las asignaturas de matemáticas a secas. Como yo decía en aquellos años a los defensores de las corrientes que primaban el didactismo: "Queréis convertir la didáctica de las matemáticas en la didactica del conjunto vacío". Consecuente con mis ideas y comprendiendo que mis conocimientos matemáticos no iban a ser usados, pedí traslado y me volví a las enseñanzas técnicas que eran en las que yo un día lejano (1971) gané por oposición libre mi puesto de catedrático.

Podría pensarse que en la actualidad se ha revalorizado la formación de los futuros maestros por cuanto las escuelas universitarias han pasado a Facultades de Educación y en ellas se imparte una "carrera de grado" de igual nivel académico que las restantes titulaciones universitarias. ¡Ojalá sea así!, aunque yo soy pesimista al observar que dichas facultades están dominadas por pedagogos y sicólogos con sus acólitos los "didactas" en que han derivado los antiguos "profesores de contenidos"..

Mi visión pesimista no es óbice para que me una al deseo de Pérez Reverte. Ahora más que nunca deberíamos mimar, tanto académica como económicamente, a nuestros futuros maestros.

He dicho "económicamente", porque con tanta congelación y supresión de pagas extras podríamos retornar a épocas históricas en que era usual la frase
Pasas más hambre que un maestro
Aún se decía en mi nlñez, si bien en aquellos años el hambre estaba bastante generalizada

Porque, dirán ustedes que qué hago yo hablando de estas cosas en un blog que se supone de memorias flamencas. Me explico: ayer, a la vez que me topo con la cita de Pérez Reverte con la que he iniciado este artículo, estaba ordenando mi discografía y me aparece la antítesis del deseo del académico, es decir me aparece esta alusión a las penurias de nuestros maestros:


(Tanguillos grabados en 1910. Canta El Mochuelo y toca la guitarra Joaquín El Hijo del Ciego)

domingo, 2 de febrero de 2014

El Mochuelo: Jabera y Rondeña

Ya dijimos que en 1930 fue grabada la Jabera por el cantaor madrileño El Chato de las Ventas. Un año antes, la había grabado El Chata de Vicálvaro. Nos quedaba otra grabación mucho más antigua: la del sevillano Antonio Pozo Millán, conocido como El Mochuelo. Lo hizo en 1906 con el guitarrista Manuel López, dentro de una tanda de dos fandangos que el llama Jabera y Rondeña:



Detalle curioso: el arranque de la Jabera nos recuerda y mucho al del cante de La Caña. Pero, ¿qué me dicen de la aquí llamada Rondeña? ¿No estamos, como nos ocurrió con la segunda Granadina de El Canario Chico, ante un fandango de Lucena? Escuchen atentamente y opinen.

(En 1907, con distintas letras y ahora con el guitarrista Joaquín El Hijo del Ciego, El Mochuelo volvió a registrar de nuevo la pareja Jabera y Rondeña).