Que a uno no le gusten tós los cantes por igual, es natural. Los hay que me gustan mucho (Soleares, Seguidillas gitanas, Malagueñas, Tarantas, ...), los hay que me gustan (Fandangos, Guajiras, Tangos, Bulerías, ...), otros que me gustan poco (Milongas, Farrucas, Garrotines, Marianas, ...) e incluso hay cantes que no suelo frecuentarlos. Uno de ellos es el conocido como Caracoles, esa
cantiña conformada por varios cantables con diferentes medidas que, a modo de popurrí, fueron ordenados por Antonio Chacón,
según nos dice el maestro Faustino Núñez en su popular Flamencópolis.
Un cante cuyas letras suelen llevarnos a la capital de esta España mía, esta España nuestra. Ese Madrid tan cercano al cielo, donde nadie se siente forastero y menos que nadie los llegados desde el Sur, los andaluces que hacen relucir a una de sus calles más emblemática:
La gran calle de Alcalá,
cómo reluce
cuando suben y bajan
los andaluces,
cantaba Antonio Chacón y desde entonces cantan cuantos cantaores y cuantas cantaoras han seguido su senda. Salvo en contadas excepciones, repiten la letra de Chacón no solo en esta coplilla de entrada sino en las restantes estrofas. Y sobre todo repiten el esqueleto musical en su integridad. La Cantiña de los Caracoles se ha convertido, por ello, en un cante momificado y rígido. En muchísimos artistas se nota que lo cantan de una forma automatizada, con la voz forzada. Por eso a mí me aburre y cuando me llega un álbum nuevo, si contiene Caracoles, suelo saltarlo y ni lo escucho.
Pero, miren ustés por dónde, repasando la inagotable obra discográfica de La Niña de los Peines, reparo en una grabación de 1929 acompañada a la guitarra por Ramón Montoya. Hace el cante de don Antonio Chacón con una naturalidad y frescura muy propia de sus maneras cantaoras. Se permite, incluso, algún que otro quiebro y jueguecillos de voz, rompiendo así la rigidez que yo encontraba en otros intérpretes. Aquí la dejo y cá uno que saque sus personales conclusiones:
Pero, miren ustés por dónde, repasando la inagotable obra discográfica de La Niña de los Peines, reparo en una grabación de 1929 acompañada a la guitarra por Ramón Montoya. Hace el cante de don Antonio Chacón con una naturalidad y frescura muy propia de sus maneras cantaoras. Se permite, incluso, algún que otro quiebro y jueguecillos de voz, rompiendo así la rigidez que yo encontraba en otros intérpretes. Aquí la dejo y cá uno que saque sus personales conclusiones:

