Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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domingo, 12 de diciembre de 2021

Carta a MORENTE, once años después...

Querido Enrique: Once años han pasado desde que decidiste subir a cantarles soleares, malagueñas, tarantas, alegrías, etc., al Buen Dios y a su corte celestial. Aquí no solamente no se te olvida sino que tu nombre sigue estando en la boca de los buenos aficionados. Tu obra ha fructicado y el personal ha entendido tu mensaje de respeto a la tradición , al clasicismo, a la vez que a la búsqueda de nuevos ecos que enriquezcan el caudal del río Flamenco. Pero, además, se habla mucho de tu calidad humana. Fuiste maestro del cante y maestro de hombría de bien.


Hablando de otra cosa, entre mis muchos papeles ha salido esta foto que acabo de insertar. Fue en aquel verano en que yo pasé por Granada con dos amigas gallegas y tú nos llevaste a una cueva del Sacromonte donde  querías oír a un guitarrista joven, sobrino de Victorino de Pinos Puente (tú, como siempre, apoyando a la juventid). A la mañana siguiente fuimos a la Alhambra y al Generalife y en él aparecemos junto a María Rosa, una de mis amigas.

Abrazos muy fuertes. 


miércoles, 17 de noviembre de 2021

El "tú" vs "el rey"

Ayer participé en una charla a dos en la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba. Mi compañero era el cantaor y estudioso David Pino, actual director de la cátedra. Lo pasé muy bien porque yo disfruto cuando desgrano mis vivencias y mis conocimientos sobre Flamenco. Al llegar a casa me acordé que tenía abandonado y mudito mi blog de memorias, así que me propuse volver a él. Pues, nada, aquí andamos de nuevo. 

Lo que les voy a contar debió de ocurrir en algún año del entorno del 1970. En uno de los teatros cercanos a la Puerta del Sol de Madrid había una compañía en la que intervenía  el cantaor Juan Peña, El Lebrijano. Le comenté a Enrique Morente que me apetecía verlo y quedamos al día siguiente para asistir juntos. Pues bien, en un momento de aquella representación Juan cantaba el clásico "Mirabrás", pero iniciándolo así:
A mí que me importa que tú me culpes
si el pueblo es grande...
Aquello nos extrañó y al acabar la función nos fuimos a los camerinos a saludar a Lebrijano. Me faltó tiempo para preguntarle el por qué de ese "tú" sustituyendo al "el rey" habitual de la copla. Y me explica:
-¿Qué querías, que me trincaran y me llevaran preso? Fíjate tú que hoy en el palco de honor estaba el Príncipe de España, el Juan de Carlos de Borbón y su Sofía.
Enrique y yo nos reímos con la explicación de Juanito y un rato después nos íbamos los tres a tomar unas copas por aquellas inolvidables y encantadoras del centro histórico de Madrid.

domingo, 13 de diciembre de 2020

13 de diciembre: 10 años sin MORENTE

 Querido Enrique: No te puedes imaginar cuánto se te recuerda entre los que seguimos en el "valle de lágrimas", cada día más y ya se habla del "morentismo", te dedican congresos de estudio y publican libros sobre tu persona.

Cuando escribo esto estoy oyendo las seguirillas que hiciste con Rafael Riqueni en 2006 en el Festival de Jazz. Las mismas que estaba oyendo cuando me comunicaron tu marcha. Las mismas que pongo a continuación para que te escuchen mis lectores. Un abrazo muy fuerte, amigo.


martes, 29 de septiembre de 2020

¿Granadinas nuevas?

Entre jubilación y confinamientos, tengo perdida la memoria de los días festivos, lo mismo me da un domingo que un jueves, un sábado/sabadete que un lunes/resacoso. Pero hoy es San Miguel y esa fecha no puedo olvidarla porque en mi niñez y en mi pueblo era día de holgar todo el personal del campo, incluídos zagales y mozalbetes, día en que las mozuelas en edad de merecer se recluían en casa porque en la calle se exponían a que más de uno le tocara el culo y otras partes del cuerpo femenino, esas que actúan como potentes imanes para los ojos y las manos de los chavalones, día en que aparecían los primeros vendedores de nueces, día del final del año agrícola, o sea, del año natural.

Algunos amigos me dicen que cuándo voy a dejarme de tanto pasado y me piden que ponga mi atención en los eventos consuetudinarios que acontecen en la rua, como ironizaba el gran Juan de Mairena, o sea, don Antonio Machado Ruiz. Sí, hombre, yo estoy al tanto de lo que pasa en la calle, si bien debo aclarar que mi calle es el mundillo de la afición flamenca. Y en esa calle me he enterado de que Israel Fernández (cantaor que me gusta mucho y en el que tengo esperanza de que mantenga el cante cante) acaba de sacar un disco titulado Amor; disco que he recibido de inmediato del amigo Eugenio Sánchez, el super aficionado de Alcalá de Henares). Lo he escuchado una vez y lo volveré a escuchar bastante en estos días hasta madurar mi opinión sobre esta novedad discográfica.

Y digo madurar porque estoy en duda, a la cual he llegado escuchando a mis amigos con los que habitualmente mantengo charlas y debates sobre el Flamenco. A varios de ellos no acaban de convercerle las pretendidas novedades musicales del cantaor manchego, sus renuevos. Los renuevos, digo yo, que a principio de los años setenta pedían a voces algunos tratadistas de la cosa como podían ser Paco Almazán, José Luis Ortiz Nuevo y un tal Andrés Raya, viajero siempre en el vagón de cola del tren de la flamencología, renuevos que aportaron Camarón de la Isla y Enrique Morente, iconos uno y otro para las generaciones cantaoras que vinieron después de ellos.

En concreto, decía uno de mis tertulianos, la granadina sonaba muy a nuevo, a lo cual otro contesta que sí, pero la novedad no es tal porque ya estaba en unas granadinas de El Niño de la Rosa Fina de Casares.  Yo voy a poneros ambas granadinas y os dejo que cada uno saque sus propias conclusiones, si bien, para que se orienten, les señalo que el presunto parecido está en los dos primeros tercios del cante de Israel comparados con los que hace Rosa Fina en la segunda de sus letras.











miércoles, 19 de febrero de 2020

ORTIZ NUEVO, usted no es el albacea del legado de ENRIQUE MORENTE

Cuando hace tres o cuatro años se dio a conocer la cantante Rosalía como presunta cantaora de flamenco, una de las primeras personas de cierto relieve en el mundillo de lo jondo que la recibió con todo tipo de elogios fue José Luis Ortiz Nuevo. La piropeaba y la defendía frente al numeroso grupo de aficionados que la considerábamos como una invasora carente de la expresividad que caracteriza a nuestro arte. En ese empeño sigue cual medieval caballero batallando por la dueña de sus desvaríos.


Recientemente ha dado una conferencia en el Taller de Músics de Barcelona bajo el título
La Rosalía: más flamenca no pué sé
Fue a las 12 horas del martes día 21 de enero de 2020. Parlamentó durante una hora y media y al día siguiente en Diari Ara en castellano Xavier Cervantes nos dio crónica que pueden ustedes leer pulsando en este enlace


¡Vaya, y nosotros sin enterarnos de nada! ¡Es que somos unos puristas irredentos, sordos y ciegos ante lo nuevo!

Después de este bolo, nuestro hombre, al que algunos nombran como El Poeta de Archidona, es entrevistado por la revista La Famenca. Lean, lean por favor:


¿No estaré soñando?, ¿cómo un flamencólogo de su nombradía puede hablar así? Mejor disco del XXI, revolucionaria como en 1910 lo fuera la Niña de los Peines, constructora de un mundo musical contemporáneo partiendo de dos manifestaciones básicas del flamenco como son la bulería y la bulería, envidiada por quienes la cuestionan porque ella ha triunfado en muy poco triempo, ganando mucho dinero y careciendo de origen andaluz, etc. Y de pronto el habitualmente manso Ortiz, látigo en mano, se pone a fustigar a personajes como José Mercé, Farruquito y Miguel Poveda.

Hasta aquí, todo este affaire del enamoramiento del Poeta, de la defensa cuasi medieval de la muchacha de Sant Esteve Sesrovires, la conferencia y la entrevista, únicamente me han producido risa. ¿Qué podíamos esperar de un personaje que desde unos años hacia acá se presenta en muchos escenarios como un cómico del flamenco? ¡Una gracieta más de quien ha jugado a mosquear al personal!

Pero la cosa no queda ahí. Le nombran a Estrella Morente, la hija mayor de Enrique, y nuestro hombre suelta esto:
Cómo es posible que desde que murió su padre no haya hecho ninguna aportación seria al flamenco contemporáneo con el conocimiento profundo, la garganta prodigiosa y la belleza que ella tiene. ¡Que lo tiene todo! ... ¡Cómo es posible que siendo hija de quien es esté muda y haciendo galas como si fuera Rocío Jurado! ... Aunque suene a reprimenda, me da mucho coraje que una artista de la envergadura de Estrella Morente vaya camino de convertirse en su madurez en un revival de la copla española del siglo XX cuando ella tendría que estar abriendo puertas en el siglo XXI.
¡Pobre Estrella! Claro que no se queda sola porque seguidamente Ortiz la toma con Arcángel:
(Incluyo a Arcángel en esta crítica contundente) porque fue uno de los artistas jóvenes más queridos por Morente y ha hecho cosas importantes, detalles saludables, con las Voces Búlgaras y la Accademia del Piacere, siguiendo el camino del maestro ... El flamenco que representan ellos (Estrella y Arcángel) está ausente, caduco y sólo mira al pasado.
¿Cómorrr? ¿Es usted el albacea de la herencia de Enrique Morente por un casual? Dígame, don José Luis, ¿en qué notaría esta guardado ese mandato? No, usted no es nada de eso, usted lo ha soñado en la modorra de alguna siesta cervecera. Usted, con sus palabras, cae en la mayor de las contradicciones:
el gran crítico de los talibanes del mairenismo, se convierte en el mayor talibán del morentismo.


Nota: Por razones que no vienen a cuento ser explicadas, este artículo, publicado el 19 de febrero pasado,  ha estado unos días quitado del público. 

lunes, 27 de enero de 2020

"Juro que" con el FLAMENCO no acaban ni ROSALÍA ni sus palmeros flamencólicos

Sí, yo, Andrés Raya, cordobés de Fernán Núñez, de no sé cuantísimos años de edad, sano según los médicos al menos en lo que a mi cerebro afecta, 
juro que con el FLAMENCO no acaban ni Rosalía ni sus palmeros flamencólicos.
Y lo digo a pesar de que a la señorita Rosalía Villa Toabella le entreguen toda suerte de trofeos y se vea regalada por los aplausos de numeros públicos de numerosos escenarios en numerosos países, incluída esta España viva, esta España muerta. Y, como entre aficionados al Flamenco estamos, también lo digo a pesar de que la defiendan y piropeen algunos de esos personajes, cuyo papel en el Flamenco nunca ha definido nadie, que hemos dado en llamar flamencólogos, aunque yo prefiero usar el término de flamencólicos que inauguró mi desaparecido amigo el cantaor Enrique Morente Cotelo en una entrevista concedida a Paco Almazán para la Revista Triunfo (28 de noviembre de  1970) de la cual, como prueba de lo que digo, les muestro un trocillo.


A todo esto, ustedes dirán que a qué viene esto en mi cuaderno de Memorias Flamencas. Lo aclaro: cuando pensábamos que la tal doña Rosalía, después de dos discos en los que invadió terrenos que le eran ajenos y nos echó a pelear a la afición sobre si se trataba de música flamenca o no lo era, le dio por cantar de to y en tos los laos, triunfando en toda suerte de plazas, algún ingenuo como yo creyó que se iba de nuestras lindes, que nos dejaba en paz escuchando lo que siempre hemos oído y esperamos hacer hasta que el Buen Dios nos llame a cuentas. Pero no ha sido así y la fiera (más que Lola Flores pienso yo) ha vuelto con un vídeo donde canturrea a su parchosa, pastosa y gangosa manera una suerte de tangos flamencos acompañada la guitarra por Joselito Acedo. El título es "Juro que" y el texto  (cuyo autor no acabo de saber quién es), graciosillo y macarrilla, dice así:

Que ya lleva mi niño preso
más de cuatrocientos días,
lo tenía agarrao en la cama
al llegar la policía.
Ni un beso pude darle
de despedida y eso me arde.
Juro que, juro que, juro que, juro que
el tiempo que tú entres dentro
yo te esperaré.
Y en una carta te digo:
el primer día de permiso
lo vas a pasar conmigo.
Bolso Gucci, diamante y marfil,
que todito lo empeño
pa poderte sacar de ahí,
que si no sales tú, entro yo,
atraco un banco esta noche
y que me lleven a prisión.
Juro que, juro que, juro que...

¡Ojú, mi arma!, hasta los bolsos Gucci salen a relucir en este poemilla donde lo que no nos aclaran es por qué la policía tuvo que llevarse a "su niño". ¿Es esto válido?, ¿un poema así para flamenco donde estamos acostumbrados a preciosas coplas de amor, desamor, fiesta, madres, hospitales y cementerios? Pues sí, ¿por qué no? Hace cincuenta años el citado Paco Almazán le planteaba estas dudas a ese cantaor que conocemos como Manolo Caracol y éste se expresaba así (Triunfo, 8 de agosto de 1970)
   

Tangos, ¿de Cádiz, Jerez, Triana, Granada, Málaga, Linares, Badajoz?, ¿asociados a algún o algunos nombres propios? Más de un despistao ha publicado que son de La Repompa pero la verdad nos la regala uno de los flamencólicos que sirven de palmeros a la diva catalana. Lean lo que escribía en Facebook don Faustino Núñez Núñez, ese "hombre a una guitarra pegado" como le llama mi amigo Virgilio Márquez:


Perfecto, don Faustino, si bien se le ha colao al final lo de "¡Y no me pagan por esto eh!", que sin ser tan mal pensao como otros, enseguida nos trae a la memoria aquello de
Excusatio non petita, accusatio manifesta.
Cuentan que la susodicha cantatriz Rosalía fue alumna del gallego Núñez y de ahí viene su devoción hacia ella. Pero, ahora que hablo de devoción, tengo que citar a uno de los flamencólicos más flamencólico de todos los flamencólicos, ese viejo conocido mío que responde al nombre de don José Luis Ortiz Nuevo. Lleva años dedicándole piropos, comparándola hasta con Nuestra Señora Doña Pastora Pavón, preparando conferencias para decir poco menos que
Rosalía, ¿y tú me preguntas qué es el cante?, el cante eres tú,
emulando al gran Bécquer, que por algo al referido flamencólico lo llaman El Poeta. Lo suyo con Rosalía es casi enfermizo, es que la adora, la idolatra y yo creo que alguna que otra noche le dedica sus oraciones. Vean una de sus últimas boutades publicada (también en Facebook)


Pero, señor Ortiz, ¿nos está usted diciendo que Rosalía nos devuelve a la época de las rondeñas, jotillas, vitos, parrandas y seguidillas corraleras o bíblicas?, ¿se tendrá que vestir Rosalía a la manera en que lo hacen las gentes de las serranías malagueñas para formar sus pandas y cantar, y bailar vardiales? Después, ¿tendremos que esperar a un Planeta, una María Borrico, un Lázaro Quintana, un Antonio El Fillo, un Nitri?, ¿nacerá un Silverio que los juntará a todos y les dirá que sus gritos podían generar negocio?,  ¿volverán músicos natos como El Mellizo y sus dos grandes discípulos Fosforito y Antonio Chacón? No sigo, don José Luis, sólo espero que despierte de ese sueño, de ese sopor al que voluntariamente se entrega y asuma la realidad. Le juro que con el Flamenco, ustedes no acaban.


Posdata: Si alguien hubiera por esos rincones que aún no haya oído los tangos de la cantatriz Rosalía, aquí están en su versión official.


          

viernes, 13 de diciembre de 2019

MORENTE, 9 años llorando su ausencia

Ayer tarde, rebuscando en las redes fotos de Enrique Morente, me encontré con ésta en la que parece estar de ensayos con el tocaor Rafael Riqueni. En efecto, preparaban un festival cerca de Madrid que por cuestiones climatológicas no llegó a celebrarse según nos cuenta Manuel Montaño en su blog Flamenco Gráfico. Fue el día 18 de julio del año 2010, es decir, unos meses antes de su marcha a los Cielos ocurrida el 13 de diciembre, hace hoy exactamente 9 años.

Años en los hemos llorado su ausencia a la vez que hemos arrimado nuestro hombro, uno más entre los de sus muchos amigos, para que su obra  brille cada día más, empeño que creo se va consiguiendo porque el nombre de Morente es hoy reverenciado por todos y, de manera muy especial, por la juventud flamenca.

Es cierto que también hay quienes usan su nombre en vano sin querer aceptar que de Morente han cogido su espíritu libre y creador pero no el conocimiento y respeto que Enrique tenía de nuestros clásicos.

Y ya que tenemos la foto de estos dos incuestionables figuras, vamos a oírlos en una composición por seguirillas que presentaron en el Festival de Jazz de Vitoria del año 2006.

lunes, 6 de mayo de 2019

ENRIQUE MORENTE hace camino al andar

Nacido el 25 de diciembre de 1942, el cantaor granadino Enrique Morente graba su primer álbum en solitario en 1967. Lo hizo con la casa Hispavox acompañado a la guitarra por Félix de Utrera con el escueto título de Cante Flamenco. En 1969, con igual sello pero con la guitarra de Niño Ricardo, publica sus Cantes del Flamenco Antiguo. De nuevo con Hispavox, contando con las guitarras de Parrilla de Jerez y Perico el del Lunar Hijo, aparece en 1971 su Homenaje Flamenco a Miguel Hernández.

Más de una vez he afirmado en público que, si Enrique Morente no hubiese vuelto a grabar después de estos tres discos(*), dejaba ya una obra suficiente para que la historia lo considerara como uno de los mejores cantaores de su generación. Que Enrique podría haber encauzado su carrera artística "repitiendo", si acaso con nuevas letras, lo que ya nos había mostrado. Esto no sería de extrañar: montones de cantaores, y entre ellos algunos muy relevantes, pasaron su vida cantando (bien los que cantaban bien, mal los que cantaban mal) los cantes con que un día pasado se dieron a conocer, con el único cambio que aquel que la edad provoca en sus gargantas.

Los que conocimos y tratamos a Enrique en la época de sus primeros discos, sabíamos de su afición insaciable, de su curiosidad por otras artes, especialmente por la poesía, de su inquietud e indagación de nuevos sonidos, lo que lo convertía en la persona adecuada para encabezar una renovación del Flamenco tradicional, tanto en temas como en ecos sonoros. Así ocurrió y en los años 1972-73-74 Enrique llevaba a sus recitales, además de los textos de Miguel Hernández, temas de Lorca y otros poetas, a la vez que presentaba unos fandangos de su creación y muchas variantes personales por seguiriyas, tangos, alegrías.

Todo ese material sirvió para un nuevo disco en 1975 cuyo título lo tomó Enrique prestado del poeta Antonio Machado Ruiz:
Se hace camino al andar
Siguió con el sello Hispavox, cuya sección flamenca dirigía un viejo amigo de Enrique y nuestro: el sabio flamencólogo José  Blas Vega. Como presentación iba un texto de José Luis Ortiz Nuevo que en esos años trabajaba como colaborador de Pepe Blas.   


Como guitarristas intervienen Luis Habichuela, Manzanita y Amador. Los cantes eran:
Tangos de Morente, Seguiriyas de Morente, Fandangos de Graná, Soleares, Tientos de Morente, Taranto, Alegrías, Fandangos de Morente, Mineras.
Ya ven ustedes, hasta cuatro cantes en los que el de Granada aporta sus personales versiones, aunque también en los otros cantes las pinceladas morentianas son palpables.


Una curiosidad es que esos fandangos de Morente habían sido grabados unos meses antes por su gran amigo Camarón de la Isla (a uno y otro pueden oírlos pulsando este enlace: Morente y Camarón). Dejamos que ahora puedan ustedes escuchar otros cortes de este disco:

Seguiriyas de Morente (Voces doy al viento), con Manzanita


Taranto (Minerico barrenero), con Manzanita y Luis Habichuela


Soleares (Lloré más que Jeremías), con Manzanita y Luis Habichuela


Alegrías (Sale el sol), con Manzanita y Amador

Tientos de Morente (Yo seré como la mimbre), con Manzanita y Luis Habichuela

Esto, amigos míos, sí es renovación flamenca: se parte, como es el caso de Enrique, de un conocimiento del flamenco clásico y se hacen aportaciones sin salirse de él. Es tan evidente, dirán ustedes, que me podría haber ahorrado el escribirlo. Pero la cuestión es que en este 2019, y desde unos años para acá, se están llamando renovaciones a auténticos mamotretos sonoros como los de un llamado Niño de Elche y ha aparecido una muchacha llamada Rosalía que hace toda clase de músicas de las que llaman reggaeton, trap y otras cosas de las que me declaro absolutamente ignorante, mezclando con ellas algunos remedos de temas flamencos. Además, cantaoras nacidas en el flamenco como Rocío Márquez lleva unas derivas que cada día la apartan del árbol de lo jondo.

Apariciones y actuaciones como las de las personas que he nombrado siempre han existido. Ha habido, por ejemplo, canción aflamencada o rock flamenco, pero estos subgéneros jamás se han considerado parte del flamenco como hoy pretenden, con las cosas de la Márquez, Rosalía o Niño de Elche, ciertas firmas discográficas y ciertos medios de prensa (El País, por citar al más importante). Y, lo que es gravísimo, estas figuras (de lo que sea) han participado en eventos tan importantes La Bienal de Sevilla o La Noche Blanca del Flamenco en Córdoba: nuestras autoridades usando dinero público para presentar como flamenco lo que no lo es ni por asomo. Y personajes ligados a la llamada Flamencología (Gómez Gufi, Francis Mármol, Juan Verjillos, Pedro G. Romero, Antonio Zoido, José Luis Ortiz Nuevo o Faustino Núñez) alabando a estos seudo renovadores y, a veces, poniéndolos a la altura de Enrique Morente o de Camarón de la Isla. Hasta en la red social Facebook encontramos gente que, a la manera de los novelescos caballeros medievales, se baten un día y otro con todo el que ose cuestionar a los falsos flamencos (muchos pensarán, está claro, en Antonio Villarejo Perujo).

Esperemos que esto sea una fiebre pasajera. Por nuestra parte, en días siguientes, seguiremos repasando, como hecho hoy, la discografía flamenca de Morente.      


(*) Dejo aquí sus cubiertas:

jueves, 13 de diciembre de 2018

Y la Mezquita de Córdoba se llenó de Flamenco

A la memoria de Enrique Morente, fallecido en Madrid hace hoy ocho años

Es sabido que, a mediados de los años sesenta, Enrique Morente recorrió varios países europeos participando como actor-cantaor en la versión musical de la famosa comedia española La Celestina. Ésta fue compuesta por el alemán Armin Janssen para la compañía de José y Susana. De entonces proviene la amistad de Enrique con este músico, el cual castellanizó su nombre pasando a firmar sus obras como Antonio Robledo

Bien entrados los años ochenta, el siempre inquieto Morente pensó en hacer un flamenco sinfónico. Elaboró un boceto, se fue en busca del músico alemán y entre ambos le dieron forma a lo que se llamaría
Fantasía de Cante Jondo para Voz Flamenca y Orquesta,
con cuatro movimientos rotulados como 
Seguiriyas, Fandangos, Zambra, Tangos-Bulerías.
La obra iba dedicada al alcalde madrileño don Enrique Tierno Galván, el cual no pudo disfrutarla ya que falleció unos meses antes de su estreno. Éste tuvo lugar en el Teatro Real de Madrid el 16 de mayo de 1986 y lo  ejecutó la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la dirección de Luis Izquierdo.

Conocedores de este evento madrileño, los amigos cordobeses de Enrique quisieron que la obra viniese a nuestra ciudad. El entonces Concejal de Cultura, el recordado amigo José Luis Villegas Zea (Córdoba,1954-2009), hizo todas las gestiones, consiguiendo que el cabildo catedralicio autorizara la celebración del concierto en el inigualable recinto de la MEZQUITA. Así ocurrió en la noche del 25 de abril de 1987. Morente estuvo arropado por la Orquesta Ciudad de Córdoba, dirigida por don Luis Bedmar y con el compositor Antonio Robledo al piano.


No sé qué aforo se había calculado pero la verdad es que estuvo al completo, con un público entregado al que también Morente y los suyos se entregaron. Al día siguiente el Diario Córdoba hacía crónica que acababa con estas palabras: "La ovación final fue realmente de gala, con todo el público puesto en pie". No exageraba el periódico pues yo mismo, asistente junto a mi compadre Salvador de Toro, pude presenciarlo.



Ignoro si se hizo grabación de aquella noche. La obra si apareció en disco en 1995, incluyendo además Alegro Soleá, composición también de la pareja Antonio Robledo-Enrique Morente. Tomados de este cedé, les dejo a ustedes que escuchen los cuatro mismos movimientos que pudimos oír en la Mezquita:










Nota: En el tercer movimiento Enrique canta el poema Yo poeta decadente, del muy flamenco don Manuel Machado.

lunes, 2 de julio de 2018

Maldito día 2 de julio (II)

Uso para este artículo el mismo título que usé el día 2 de julio de 2012. Se cumplían entonces 20 años (26, por tanto, en el día de hoy) de la muerte en Badalona de José Monge Cruz, Camarón de la Isla. Lloré aquel día porque, desde la primera vez que oí la voz del gaditano, quedé prendado de su arte, como prendado sigo y seguiré hasta que el Buen Dios tenga a bien ponerle fin a mis días.


Al día siguiente me acerqué al puesto de prensa de mi zona y comprobé como el nombre del cantaor estaba prácticamente en toda la prensa andaluza y nacional. En especial, me llamó la atención El País, diario de moda entre la progresía pero que yo no solía comprar. Foto en portada, editorial y hasta tres páginas del periódico dedicadas al de la Isla, muchas firmas y entre ellas la de su gran amigo Enrique Morente. Les pongo el texto del granadino para que ustedes puedan leerlo:





Por supuesto, si no en El País, en otros periódicos y, si no ese día, en los siguientes, otros muchos artistas flamencos dedicaron toda suerte de recuerdos a Joseíto Monge.  A modo de ejemplo, les transcribo lo que dijo Juan Peña El Lebrijano:


He convivido con él por festivales 14 o 15 años, pueblo a pueblo juntos, vistiéndonos en los mismos camerinos. Era muy inteligente, muy fino y muy agudo, nunca le escuché hablar mal de ningún compañero. Muy silencioso pero con una personalidad muy fuerte, que arrasaba. Pero también era dulce, de caramelo cantando. Camarón deja una grandeza de corazón y lo sentimos pero no hablamos. Empezaremos a llorar como niños.

Y llorando seguimos muchos porque a diario seguimos oyéndolo. Les pido que hoy me acompañen en dos audiciones





Con Manolo Brenes, en 1967, cantando por Seguiriyas en la Venta de Vargas, cuando Camarón iniciaba su popularidad:









Con Tomatito, en 1992, cantando unas Soleares por Bulerías, en su último concierto, celebrado en el madrileño Colegio Mayor San Juan Evangelista:







Nota: Si a la muerte de Camarón unimos las de Tomás Pavón (1954), Paco Toronjo (1998) y Antonio El Arenero (2004), todas en un 2 de julio, el título de mi artículo está más que justificado.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Un homenaje a MIGUEL HERNÁNDEZ en 1967


El 28 de marzo de 1942 moría en la cárcel de Alicante el poeta Miguel Hernández, nacido en Orihuela 31 años antes. Sus libros fueron prohibidos por la censura franquista, si bien por los años sesenta era frecuente poder adquirirlos "de tapadillo" en ediciones bien argentinas, bien francesas. Hoy, cuando se cumplen 76 años de su desaparición, quiero dejar aquí noticia de un homenaje al poeta celebrado en la Universidad Complutense de Madrid en el año 1967.  


Fue programado por estudiantes de la Facultad de Ciencias en la que yo cursaba el último año de la Licenciatura en Matemáticas. Tenían anunciada su asistencia muchos intelectuales entre ellos el poeta sevillano Vicente Aleixandre, quien quería y admiraba mucho al poeta de Orihuela. Unos días antes el Rectorado publicó orden de suspensión del acto, pese a lo cual los organizadores seguían adelante. Llegado el día, la policía se plantó en la calle Wellingtonia a la puerta de la vivienda del poeta con orden de que no se moviera de su casa (lo mismo pasó con otros de los intelectuales que pensaban asistir). Aún así, el acto se celebró pero sólo con asistencia de estudiantes (y policías camuflados, claro), lo que provocó que en los días siguientes fueran expedientados (expediente que suponía la expulsión de la Universidad por uno o varios años) seis o siete de los organizadores.

Me echo a temblar al recordarlo porque en la "Cena de Fin de Carrera" de mi promoción, celebrada unos meses después, nuestro Decano me contó que mi nombre estaba inicialmente en la lista de los posibles expedientados porque se sabía de mi presencia en alguna de las reuniones para organizar el homenaje. Me borraron gracias a que varios de mis Catedráticos intercedieron por mí, dando informes positivos de mi persona. ¡Gracias, ilustres Maestros!




Termino poniendo una foto de Aleixandre visitando el nicho donde enterraron a Hernández y, aunque ya publicadas en este cuadernillo, los cuatro cantes que grabó Enrique Morente en 1971 con letras de nuestro poeta:





Andaluces de Jaén (Peteneras)

El niño yuntero (Malagueñas y Verdial)

Sentado sobre los muertos (Romance)


Nanas de la cebolla (Nanas)


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Un desconocido recital de ENRIQUE MORENTE

El curso académico 1972-1973 era el segundo de mi exilio dorado en Galicia, ejerciendo mi Cátedra de Matemáticas en la Escuela de Ingeniería Técnica Naval de la ciudad del Ferrol. Unos meses antes me hicieron "director a la fuerza", aunque las autoridad académica de Santiago de Compostela lo entendía de otra forma:

- Mire, señor Raya Saro, según la legislación vigente, el director se elige por votación entre los catedráticos. En esa Escuela es usted el único catedrático, luego el único posible candidato y a la vez el único votante posible. Es decir, ¡más democrática no puede ser su elección!

No tuve más remedio que aceptarlo y poner mi empeño en hacer mi labor lo mejor posible. Al margen de lo estrictamente académico les contaré que la Escuela tenía un magnífico salón de actos, de mucho aforo y con cabina y pantalla para proyectar cine, Esta circunstancia fue aprovechada por ciertas fuerzas muy activas (léase PCE en la clandestinidad y grupos similares) que me propusieron  crear un cine-club para los sábados. Allí empezó mi sufrir semanal, esperando a que desde el Gobierno Civil de La Coruña me llegara la autorización una vez que yo les comunicaba el título a proyectar. Varias veces nos hicieron cambiar de película (por ejemplo con "el acorazado Potemkin", aunque ya que teníamos la cinta la veíamos en sesión privada un grupillo de 10 o 15 personas). Pues bien, un buen día me viene alguien de las citadas fuerzas y me propone celebrar un concierto con algunos de los integrantes del grupo de canción gallega llamado Voces Ceibes. No tuve que preguntarle que quiénes eran, pues tuve ocasión de conocerlos en Salamanca en 1969 cuando acudí con Enrique Morente a un Festival de Canción de los Pueblos Ibéricos, según les conté a ustedes el día 13 de diciembre de 2016, o sea, hace hoy exactamente un año. Me acordaba de algunos de los miembros de este grupo de canción protesta que se mostraban como la versión galega de aquella Nova canció catalana: Benedicto, Xerardo Moscoso, Vicente Araguas, Miro Casabella... Efectivamente, me confirma mi interlocutor que vendrían dos: Benedicto y otro que no recuerdo. Sobre la marcha se me ocurre ampliar el cartel de ese posible evento:

- ¿Y si hacemos una especie de hermanamiento gallego-andaluz? Yo puedo llamar a Madrid para que mi amigo Enrique Morente se acerque por aquí. Él ya conoce a los Ceibes.

No sabría decir qué fecha se fijó para este concierto, pero fue un sábado de aquel invierno-primavera de 1973. Con mucha ilusión iniciamos los preparativos. Y, claro, entre ellos estaba la solicitud de aprobación al Gobierno Civil. La hice puntualmente, hablé con algún funcionario diciéndole que sería un hermosos acto, que blá, blá, blá. Pero la respuesta no llegaba (lo cual era costumbre en aquel Gobierno coruñés, que apuraba para aprobar o suspender hasta el día inmediato o incluso al día de celebración del acto). Me llegó la respuesta la tarde de antes y, para mi disgusto me dicen que sólo autorizaban la intervención del cantaor flamenco. Me junto con mis interlocutores y se habla de suspender el acto, ante lo cual yo les advierto que Morente y su guitarrista ya tenían billete de avión y que yo había quedado en ir al aeropuerto de Santiago para recogerlos el sábado por la mañana, así que su recital debiera de mantenerse.

Acompañado de mi buena amiga ferrolana Teresa Echevarría, nos plantamos en Lavacolla y allí recogimos a Enrique, a Manzanita que venía con su guitarra y a Juanito Martínez, el sevillano dibujante-caricaturista, amigo inseparable de Enrique. Nos acercamos a la ciudad de Compostela donde dimos unos paseos y vimos algún monumento. Me queda como testimonio único una foto que les hice a los cuatro.

De vuelta a Ferrol y un rato antes de la hora del recital llegamos a mi Escuela y me encuentro con la sorpresa de que no llegaban a treinta las personas que esperaban ante el salón de actos. Comprendí enseguida que los habituales asistentes a las sesiones de cine-club, ante la prohibición que había caído sobre los cantantes gallegos, habían optado por quedarse en su casa. ¿Qué hacemos ahora, me dijo uno de mis amigos personales? La bombillita se me encendió y llamé al conserje que estaba de guardia y le dije que abriera la Sala de Profesores y llevaran algunas sillas más para que todos los presentes tuvieran su asiento.

Así fue como, en tan académico recinto, Morente y Manzanita dieron un recital de unos 50 minutos, uno a uno muy densos. Escuchamos cantes mineros, alegrías, tientos-tangos, malagueñas, soleares... Todos con moldes y letras muy clásicos(*).

Al acabar, casi todos los asistentes nos fuimos de tabernas por Ferrol, tomando tazas de vino ribeiro y mucho marisco. Ya tarde, los llevé a mi vivienda de aquel curso: un apartamento mínimo junto a la playa de Valdoviño, a unos 10 kilómetros de Ferrol. Tenía un dormitorio con dos camas chicas donde dormimos Enrique y yo. Manzanita y Juanito tuvieron que compartir un sofá.cama que había en el saloncito. A la mañana siguiente, viaje a Santiago y a su aeropuerto para que los tres volvieran a Madrid. 

Si he elegido este día para contar esta historia, desconocida para los habituales exégetas de Enrique, es en su honor, en su recuerdo, para que el de Granada sepa que, siete años después de su marcha a los cielos, sigue vivo en el corazón de todos los amigos que fue sembrando aquí, en este valle de lágrimas.


(*) Ya se pueden imaginar ustedes que, dadas las circunstancias y presumiendo que entre los asistentes (como era habitual en aquella época) habría algún que otro chivato, yo advertí a Enrique de que procurara no usar letras o cualquier otra cosa que pusieran en alerta a los comunicantes de la oficialidad. Les diré también que los organizadores del cine-club no volvieron a pasar por mi despacho, con lo que aquella actividad desapareció de la Escuela. 

martes, 13 de diciembre de 2016

13 de diciembre de 2016, carta a ENRIQUE con algunas fotos viejas

Querido amigo Enrique: No puedes ni imaginarte la cantidad de veces que sales nombrao en las redes sociales que tan de moda se han puesto, algunas para mal pero casi todas para bien, que esto no es como en aquellos tiempos en que tenías más contrarios que el rey moro en las Castillas. Y libros de todas clases que hablan de tí, algunos todavía sin publicar como esas conversaciones que me he enterado que te traes con tu "viejo" amigo, ese que se llama Ortiz el Nuevo. Y fotos, ¿qué te voy a contar de fotos?, cantando, callao, caminando por las callejuelas de Granada, sentao en tu sillón, solo, acompañao. De éstas, Morente en compaña, las hay por docenas, ¿queó alguien que no se retratara con el maestro Morente, como te nombra ahora el personal ?

Pues mira, de golpe se me han venío a la cabeza unas fotos que en su día se me olvidaría mandártelas y que por eso nadie ha reparao en ellas. ¿No te acuerdas de aquel otoño de 1969 cuando en la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca montaron un "Festival de Canción de los Pueblos Ibéricos"? Al contrario del gobierno de ahora que nos tiene olvidaos, aquellos buenos estudiantes si sabían que uno de esos "pueblos ibéricos" se llama ANDALUCÍA y te llamaron para que tú cantaras en su nombre. Te cogiste de guitarrista a Humberto Wilkes (Payo Humberto se llama ahora) y allá que nos fuimos en mi cochecito Seat 850. Nos acompañaba el arquitecto Alfredo Vera, el hermano de Gabrielito, que quería aprovechar para tomar fotos de los monumentos salmantinos. También vino otro habitante de "La Hermandad" que se apuntaba a todas las guerras del mundo, hubiera bombardeos o no. Y fue que nos paramos a mitad de camino pá tomar un bocadillo con vino tinto.

Tú, con la boca llena, escuchando a Humberto.

Humberto tocando las palmas (a lo peor pá quitarse el frío).

Dándole de beber al sediento.

Ea, Enriquito, amigo, ahí las tienes pá que tu mujer Aurora las guarde, como tú nos contabas que hacía antiguamente con grabaciones tuyas en directo, que las metía en una caja de zapatos. Cucha, ¡qué casualidad que yo las tenía guardás precisamente en una de esas cajas desde hace más de cuarenta años!

Un abrazo muy fuerte de tu siempre amigo
Andrés Raya.

domingo, 13 de noviembre de 2016

MORENTE cantando a COHEN

El viernes día 11 nos despertamos con la triste noticia de la muerte de Leonard Cohen,  poeta y cantante,  nacido en Montreal el 21 de septiembre de 1934. Unas horas después supimos que en realidad había muerto el lunes (o sea, el 7 de noviembre de 2016) en su casa de Los Ángeles (Estados Unidos) y que ya había sido enterrado en Canadá en su ciudad natal.

Hace años, en uno de mis encuentros con mi amigo Enrique Morente, éste me habló de él y me recomendó que buscara sus discos. La verdad es que ya lo había oído pero en una sola canción incluida en un vinilo colectivo (1) y me bastaron las palabras de Enrique para que buscara tres o cuatro álbumes del cantante canadiense. No me decepcionaron y desde entonces he sido amante y seguidor de su música.

Cuando el día 21 de octubre de 2011 le entregaron el premio Príncipe de Asturias de las Letras, Leonard Cohen hizo un discurso precioso. A muchos nos sorprendió esto que contó: Estaba preparando su viaje a España para recoger el premio y ...

Mientras hacía el equipaje, cogí mi guitarra. Tengo una guitarra Conde (2) que está hecha en el gran taller de la calle Gravina, 7, en España. Es un instrumento que adquirí hace más de 40 años. La saqué de la caja, la alcé, y era como si estuviera llena de helio, era muy ligera. Y me la acerqué a la cara, miré de cerca el rosetón, tan bellamente diseñado, y aspiré la fragancia de la madera viva. Ya saben que la madera nunca llega a morir. Y olí la fragancia del cedro, tan fresco como si fuera el primer día, cuando la compré. Y una voz parecía decirme: «Eres un hombre viejo y no has dado las gracias, no has devuelto tu gratitud a la tierra de donde surgió esta fragancia». Así que vengo hoy, aquí, esta noche, a agradecer a la tierra y al alma de este pueblo que me ha dado tanto. Porque sé que un hombre no es un carnet de identidad y un país no es solo la calificación de su deuda.

Ustedes saben de mi profunda conexión y confraternización con el poeta Federico García Lorca. Puedo decir que cuando era joven, un adolescente, y buscaba una voz en mí, estudié a los poetas ingleses y conocí bien su obra y copié sus estilos, pero no encontraba mi voz. Solamente cuando leí, aunque traducidas, las obras de Federico García Lorca, comprendí que tenía una voz. No es que haya copiado su voz, yo no me atrevería a hacer eso. Pero me dio permiso para encontrar una voz, para ubicar una voz, es decir, para ubicar el yo, un yo que no está del todo terminado, que lucha por su propia existencia. Y conforme me iba haciendo mayor comprendí que con esa voz venían enseñanzas. ¿Qué enseñanzas eran esas? Nunca lamentarnos gratuitamente. Y si uno quiere expresar la grande e inevitable derrota que nos espera a todos, tiene que hacerlo dentro de los límites estrictos de la dignidad y de la belleza.

Y entonces ya tenía una voz, pero no tenía el instrumento para expresarla, no tenía una canción.

Y ahora voy a contarles muy brevemente la historia de cómo conseguí mi canción.

Porque era un guitarrista mediocre, aporreaba la guitarra, solo sabía unos cuantos acordes. Me sentaba con mis amigos, mis colegas, bebiendo y cantando canciones, pero en mil años nunca me vi a mí mismo como músico o como cantante.

Pero un día, a principios de los 60, estaba de visita en casa de mi madre en Montreal. Su casa está junto a un parque y en el parque hay una pista de tenis y allí va mucha gente a ver a los jóvenes tenistas disfrutar de su deporte. Fui a ese parque, que conocía de mi infancia, y había un joven tocando la guitarra. Tocaba una guitarra flamenca y estaba rodeado de dos o tres chicas y chicos que le escuchaban. Y me encantó cómo tocaba. Había algo en su manera de tocar que me cautivó. Yo quería tocar así y sabía que nunca sería capaz.

Así que me senté allí un rato con los que le escuchaban y cuando se hizo un silencio, un silencio apropiado, le pregunté si me daría clases de guitarra. Era un joven de España, y solo podíamos entendernos en un poquito de francés, él no hablaba inglés. Y accedió a darme clases de guitarra. Le señalé la casa de mi madre, que se veía desde las pistas de tenis, quedamos y establecimos el precio de las clases.

Vino a casa de mi madre al día siguiente y dijo: «Déjame oírte tocar algo». Yo intenté tocar algo, y él dijo: «No tienes ni idea de cómo tocar, ¿verdad?». Yo le dije: «No, la verdad es que no sé tocar». «En primer lugar déjame que afine la guitarra, porque está desafinada», dijo él. Cogió la guitarra y la afinó. Y dijo: «No es una mala guitarra». No era la Conde, pero no era una guitarra mala. Me la devolvió y dijo: «Toca ahora». No pude tocar mejor, la verdad.

Me dijo: «Deja que te enseñe algunos acordes». Y cogió la guitarra y produjo un sonido con aquella guitarra que yo jamás había oído. Y tocó una secuencia de acordes en trémolo, y dijo: «Ahora hazlo tú». Yo respondí: «No hay duda alguna de que no sé hacerlo». Y él dijo: «Déjame que ponga tus dedos en los trastes», y lo hizo «y ahora toca», volvió a decir. Fue un desastre. «Volveré mañana», me dijo.

Volvió al día siguiente, me puso las manos en la guitarra, la colocó en mi regazo, de manera adecuada, y empecé otra vez con esos seis acordes –una progresión de seis acordes en la que se basan muchas canciones flamencas–. Lo hice un poco mejor ese día. Al tercer día la cosa, de alguna, manera mejoró. Yo ya sabía los acordes. Y sabía que aunque no podía coordinar los dedos para producir el trémolo correcto, conocía los acordes, los sabía muy, muy bien.

Al día siguiente no vino, él no vino. Yo tenía el número de la pensión en la que se hospedaba en Montreal. Llamé por teléfono para ver por qué no había venido a la cita y me dijeron que se había quitado la vida, que se había suicidado. 

Yo no sabía nada de aquel hombre. No sabía de qué parte de España procedía. Desconocía porqué había venido a Montreal, porqué se quedó allí. No sabía porqué estaba en aquella pista de tenis. No tenía ni idea de porqué se había quitado la vida. Estaba muy triste, evidentemente.

Pero ahora desvelo algo que nunca había contado en público. Esos seis acordes, esa pauta de sonido de la guitarra han sido la base de todas mis canciones y de toda mi música. Y ahora podrán comenzar a entender las dimensiones de mi gratitud a este país.

Todo lo que han encontrado de bueno en mi trabajo, en mi obra, viene de este lugar. Todo lo que ustedes han encontrado de bueno en mis canciones y en mi poesía está inspirado por esta tierra.

 Y, por tanto, les agradezco enormemente esta cálida hospitalidad que han mostrado a mi obra, porque es realmente suya, y ustedes me han permitido añadir mi firma al final de la página. 

Volvamos a mi conversación con Morente para añadir que me había dicho que estaba interesado en grabar alguna cosa de Cohen. Así ocurrió y cuando en 1996 salió al mercado su monumental álbum titulado Omega (3) nos encontramos conque cuatro de los trece temas registrados llevaban música de Leonard Cohen. Naturalmente, Enrique los canta en lengua castellana para lo que se valió del traductor catalán, especialista en Cohen, Alberto Manzano. Con tales temas os dejo hasta otra día.

1) Pequeño vals vienés
2) Manhattan
3) Sacerdotes
4) Hallelujah nº 2


(1) Sea trata del disco Poetas en Nueva York, editado en 1986, donde se recogen textos de García Lorca musicados por diversos canta-autores. Cohen participaba con la canción Take this walz, versión del poema Pequeño vals vienés.

(2) Se refiere al taller que había montado el constructor de guitarras Domingo Esteso, dos de cuyos discípulos y sobrinos, Faustino y Mariano Conde, continuaron su labor, a su vez mantenida por Felipe Conde, hijo de Mariano. De ese taller han salido guitarras para Manolo de Huelva, Melchor de Marchena, Sabicas, Niño Ricardo, Paco de Lucía, Rafael Riqueni y muchos guitarristas flamencos más a los que se unen artistas de otros géneros como Regino Sáinz de la Maza, Ad Di Meola, Bob Dylan, John Williams, Cat Stevens o el propio Leonard Cohen.

(3) Obra hecha en colaboración con el grupo de rock Lagartija Nick. Aparecen guitarristas como Isidro Muñoz, Cañizares, Tomatito, Montoyita o Vicente Amigo. La familia Morente interviene como segunda voz, coros o palmas.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Morente y su troupe: Ronda de Tonás

Abrazos para Aurora Carbonell y sus hijos Estrella, Soleá y Enrique.

Recuerdo que en muchos de aquellos grandes festivales flamencos de los años sesenta y setenta era costumbre cerrarlos con una ronda de tonás. Pasados los años, ya en el siglo XXI, observamos como Enrique Morente, siempre transgresor, altera cierre con entrada y, junto a la troupe (entre ellos su hijo José Enrique) que suele acompañarlo, pone como primer número de sus recitales una ronda de esos añejos cantes sin guitarra que genéricamente llamamos tonás. Así lo hizo en un concierto, del que ya habíamos hablado en otra ocasión, ofrecido en Montilla el día 27 de febrero de 2010. Aquí tienen la grabación que le hicimos aquella noche:


Fue la última ocasión en que escuché a mi querido amigo cantando en persona, pues, como es sabido, unos meses más tarde, concretamente el día 13 de diciembre (hace hoy cinco años) se nos marchó al Cielo de los Flamencos. ¡Cómo te echamos de menos, Enrique!   

Nota: La foto que hemos puesto arriba no fue hecha en Montilla sino en Ogíjares (Granada) en otro concierto de Enrique durante el verano de 2010. Su autor es Antonio Fajardo.

martes, 9 de junio de 2015

Serrat y Morente, machadianos irredentos. El que suscribe, irredento refractario de la tele.

Reconozco que una de mis manifiestas deficiencias ha sido la poca o nula atención que he prestado a lo largo de mi vida a eso que llamamos "la televisón". Aunque haya ganado cientos de horas que dedicar a la lectura o a la audición de música, he podido perderme cosas interesantes, pese a lo cual, no me arrepiento de nada.

Sí, me perdí alguna que otra emisión de mi interés, si bien ahora, con estos líos de los ordenadores y del Youtube, es posible su recuperación. Tal me ocurre con el vídeo que les pongo a continuación. Corría el año 1998 y en no sé qué cadena ni en qué programa, aparecían dos de nuestros cantautores más importantes, machadianos irredentos ambos, buenas gentes en el sentido bueno de la palabra: Joan Manuel Serrat y Enrique Morente. El texto, los famosos Cantares del poeta don Antonio Machado Ruiz. Aquí quedan:

martes, 12 de mayo de 2015

1967: MORENTE, cantaor del futuro



Les hablaba el pasado 11 de abril, de un posible libro que se me quedó en el baúl de los proyectos cuando di por concluida mi etapa como editor. En él se recogían materiales de González Climent escritos entre 1949 y 1951, pero, a modo de apéndice, figuraba una entrevista-conversación entre el autor y el cantaor Enrique Morente realizada en 1967 en la que también intervienen José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz.


La entrevista en sí no la veo especialmente interesante. Encuentro a un Morente algo asustado o timorato, casi avergonzao porque en su niñez escuchaba a Valderrama o desafortunado en su visión (la de entonces, luego cambió) de Marchena. De todas formas, hay respuestas rotundas. Por ejemplo, en un momento dado viene a decirle don Anselmo que, suponiendo que sólo existieran dos líneas de cante (las siguiriyas, y las soleare), ¿en cual de ambos sectores se siente más de verdad? Enrique respondió así:

Bueno,. Hay momentos en que me toma "pa uno" y a veces "pa otro". Ahora le diré: yo creo que en el cante por siguiriyas hay que emplear más el corazón que la cabeza; y en el cante por soleares hay que llevar las dos cosas. Porque en el cante por soleá es muy difícil poner arte y luego la cabeza también, debido a esa actitud que lleva en el ritmo y eso. El cante por siguiriyas es otra cosa.Yo no creo que un estilo  sea más grande que el otro. Los dos son grandes e importantes.

La razón por la que traigo esta conversación a mi blog está en que, en un momento dado, el sagaz de don Anselmo, suelta sobre la mesa este envite

Permíteme jugar con las simplificaciones. Si bien Fosforito te lleva por lo menos diez años, creo que tú y Meneses pertenecen a su generación. Arrojo una fantasía: ¿sois vosotros tres los cantaores de punta en la España actual?

Ríos señala que no hay que olvidar a Terremoto. Climent lo acepta y ya tiene el cuadrilátero. A continuación, se produce este cruce de opiniones que copio para todos ustedes.

González Climent: Fosforito -sospecho y vosotros me lo confirmaréis o no- ya se ha definido. Su arte es inmenso y no cesa. Sin embargo, en él no caben mayores sorpresas en lo que le quede de vida profesional. Todo esto, repito, es muy relativo pero a la vez probable. Podrá profundizar lo suyo, pero poco creíble  que entregue novedades, crecimientos, averiguaciones (con ser uno de los cantaores del siglo que más se ha preocupado de dominar faústicamente todos los vericuetos del cante).

Ríos Ruiz: Entiendo perfectamente. No creo que Fosforito evolucione más en el cante. Y máxime como ahora, que lleva un tiempo afiliado a los cantaores que van en espectáculos más o menos organizados. Y tiene que cantar la mayoría de las veces para el baile de grupo, solistas o compañía. Esto lo va desvirtuando, al menos en la medida de la afición y dedicación que requiere el cante  v para seguir estudiando todas sus formas.

Ríos Ruiz: En el caso de Meneses hay posibilidades. Si Meneses se lo propone cabe la posibilidad de futuro, pero muy a la larga, por la sencilla razón de que hoy día lo hace todo confiado en su gran voz. Vale decir: en sus facultades. Agregado a ello, claro está, el conocimiento que tiene del cante. Por otra parte, Meneses, lo diré claramente -y no me preocupa que se publique- está demasiado autodirigido". Así, entre otras cosas, se le obliga a cantar esas "letras" que, aunque estén muy bien prefabricadas, no dejan de ser prefabricadas. También hay que considerar que Meneses, como el maestro Mairena, es un poco "frío". Necesita tiempo para entrar en asiento.

Ríos Ruiz: Terremoto no tiene futuro. Terremoto es un cantaor "cerrado" desde que empezó. Cerrado, o sea "hecho". Lo que pasa es que posee más duende que ningún otro cantaor. No solamente de ahora sino de hace mucho tiempo. Terremoto tiene en la voz un misterio, un duende tan grande que lo salva de toda imperfección formal, pues hay que reconocer que en algunos momentos no es muy ortodoxo, hace muchas "ligas". Pero repito que ese duende de su voz está por encima de todo esto. Y entonces, en un momento dado, acaba con cualquiera aunque luego a la larga le ganen el tirón. Pero esto del porvenir no le quita nada. Terremoto será cantaor siempre, incluso cuando no tenga voz. Su solo quejido es válido.

González Climent: Sin artimañas de sofista habría que concluir que el futuro pesa a favor de Enrique Morente, al menos en principio. Hablemos de esto con toda confianza aunque él esté aquí.

Ríos Ruiz: Enrique Morente, sí, tiene más perspectivas de futuro que los otros tres. Entre otras cosas porque desde que conocí a Enrique -hace ahora más de dos años- tengo la impresión, y estoy casi seguro, que es más aficionado que los otros. Por otra parte, Enrique es un muchacho que tiene una gran voz, mucho corazón cantando y mucha afición. Su voz se está haciendo e irá a mucho más. Si Dios le otorga tanta vida como a Pepe el de la Matrona, la profecía surge fácil... ahí está.

González Climent: Amigo Blas, súmate a la charla y dinos tu apreciación personal de Morente:

Blas Vega: En esto del flamenco Morente es un caso un poco excepcional porque está fuera de esas cosas con las que suele ir rodeado el ambiente del cante flamenco (crápulas, seudoidólatras, trajín, etc.). Se comenta la buena educación de Morente, su sensatez, su postura y, sobre todo, algo muy importante en los jóvenes cantaores que hoy han perdido el respeto hacia los maestros del cante. Cualquier joven tutea a Mairena, a Pastora, faltándoles simplemente el respeto. Enrique Morente, con más méritos y más valía que esos desenfadados aficionados sabe guardar el sitio frente a los maestros del cante.

Enrique Morente: Me parece que ya se han dicho demasiadas cosas buenas de mí. Es que somos amigos...

Blas Vega: Hay sobre todo un aspecto que yo veo interesante ver en él y en relación con el futuro del cante flamenco: tiene personalidad propia, personalidad creadora. Estábamos momificados, casi encadenados. Morente abre un camino interesantísimo que puede ser esencial para el futuro del cante.

González Climent: Así es. Personalmente cada vez crecen más mis temores respecto a la "momificación" de que hablas. A fuerza de haberse desempolvado estilos y maneras de cantes históricos o arcaicos -en esto me toca algo de responsabilidad-, todo puede terminar en un callejón sin salida. La "cristalización" es nuestro peor enemigo actual. Porque corresponde tener mucho cuidado al precisar hasta qué dosis está bien justificada esa recuperación de cantes. Al cante, en términos muy generales, hay que dejarlo seguir marchando con todos los peligros que ello acarree, porque no es cuestión de quedarnos con las soleares usuales de fulano o con las siguiriyas definitivas de zutano.

Blas Vega:  Además, esta personalidad como es la de Morente está aportada siempre respetando la tradición, que es lo realmente interesante.

¡Qué apreciaciones más justas las que se hacen tanto de Fosforito como de Terremoto! Dos personalidades hechas pero no expandibles. ¿Menese?, preso de sí mismo. Podría evolucionar -se señala- pero a la larga. En mi opinión así ha ocurrido, pero su evolución (insisto en que es mi opinión) ha sido a peor. Y Morente. ¡Qué visión de futuro tuvieron los tres! La historia les ha dado toda la razón.
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Nota final: Los que tengan acceso a los diversos números de la revista Candil, pueden leer en su integridad esta entrevista. Se publicó en el número 60 (Noviembre-Diciembre, 1988, páginas 28 a 33).