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viernes, 3 de marzo de 2017

FLORES EL GADITANO: Del "Chacarrá" al Fandango de Facinas

En mi artículo del pasado 16 de febrero comencé nombrando el Fandango de Facinas, una suerte de fandango con toque verdial adaptado por Flores El Gaditano a partir de los fandangos chacarrá de la comarca de Tarifa. Sin embargo, ese día de lo que hablé fue de los fandangos chacarrá que se cantan en las localidades cordobesas de Rute y de Iznájar, un fandango folk-lórico de igual nombre que el de Tarifa del que hablamos tres días después, o sea, el día 19 de febrero.

Volvemos hoy al fandango que interpretó Flores y lo hacemos usando un libro(1). En la página 282, el autor, Juan Rondón, dice:

-Sería bueno también, Flores, si te parece, contar algo sobre ese fandango campero, al parecer de finales del siglo XVIII, que tú exhumaste del folklore de la zona, aflamencándolo musicalmente, y que se llama, o tú llamaste, de Juan Palillos.

A lo que inmediatamente responde don Florencio Ruiz Lara:



-Ah, sí, ese fue un estilo de Chacarrá de la parte de Facinas y Tarifa que yo grabé para Hispavox. Aprendí ese estilo de fandangos cuando empecé a buscarme la vía como cantaor de flamenco. Me habló de él un hombre ya mayor que frecuentaba el cabaret El Pasaje Andaluz y nos daba fiestas, y algunas veces nos cantaba ese estilo de chacarrá. Y me dijo que lo había aprendido de su padre, que a su vez lo había escuchado a un cantaor llamado Juan Palillos y oriundo de Vélez-Málaga, pero que se había criado en las campiñas de Facinas. El apodo de "palillos" le venía porque se hacía compás al cantar metiéndose entre los dedos dos lascas de piedra muy finas y repiqueteaba el compás del "chacarrá" con una maestría extraordinaria.
Las letras de fandangos que yo grabé en Hispavox, siendo director José Blas Vega, las compuse expresamente para la grabación, pero el estilo, o sea la música, era la que hacía Juan Palillos, aunque yo le puse más extensión en los tercios y más cadencia, para darle al fandango más rigor flamenco, porque con el ritmo de "chacarrá" resultaba pobre de música.

Para aquellos que no la conozcan, aquí les dejo la grabación a que alude Flores. Le compaña a la guitarra Félix de Utrera:


Ignoro la fecha exacta en que hizo esta grabación pero sí sé que en el mercado salió en 1982 incluida en la Magna Antología del Cante Flamenco, con sello de Hispavox y dirección de José Blas Vega, firmante, además, del extenso libreto que la acompaña. En dicho libreto nuestro amigo Pepe se refería al fandango de Flores en estos términos:

Además del fandango de Almería, de bello y gracioso ritmo, traemos otro fandango también bailable de gran rareza y antigüedad: el de Facinas a tribuido a Juan Palillo. Las noticias que he podido recoger, por tradición, dicen que los padres de este cantaor eran oriundos de Vélez-Málaga y llegaron a las campiñas de Facinas y Tarifa a finales del siglo XVIII. Juan Palillo creó un fandango que llegó a ser popular en su época y era muy solicitado para cantar en las fiestas del "chacarrá" de esas tierras gaditanas. El apodo de Palillos le venía de que se acompañaba sus fandangos al compás de palillos fabricados por él mismo, consistente en dos tablillas de madera. o bien dos lascas de piedra pizarrosa, que metidas entre los dedos de la mano derecha, y en un movimiento rítmico con el aire del "chacarrá", daban un repiqueteo de verdaderas castañuelas.
Flores el Gaditano, intérprete de estos fandangos y gran aficionado a la búsqueda de cantes remotos, ha conseguido sacar del anonimato estos fandangos camperos, quizás de los más antiguos y difíciles de la tierra del "chacarrá" andaluz.

Como es fácil de comprobar, lo dicho por Blas Vega coincide casi literalmente con lo que años después Flores le contó Juan Rondón, según hemos recogido más arriba. Ni el texto de Blas ni el fandango de Flores debieron de pasar desapercibidos para el flamencólogo Aurelio Gurrea Chalet(2) quien se despachó a gusto en 1992 con el desabrido texto que hemos colocado a nuestra derecha.


¡Vaya por Dios, querido amigo Pepe Blas, qué ingenuo que fuiste y qué listillo resultó el Gaditano! Aunque también cabe el pensar que quien se pasó de entendío fue el señor Gurrea, porque yo me coloco en la portería de aficionado al flamenco, escucho a Flores y no detecto que me haya colado gol alguno. Por el contrario, reconozco su capacidad creadora (capacidad de la que nadie puede dudar después de repasar su curriculum artístico-flamenco). ¿No será que este tipo de cantaores estaban excomulgados por los puristas de la cosa flamenca, los mismos que llenaban páginas y páginas alabando la labor cantaora de otros muchos que no pasaron de repetir, muy dignamente pero repetir al fin, lo que otros habían creado? Para mí, Flores, como el almeriense Manolo de la Ribera, como Canalejas de Jerez y otros cantaores, marginales y marginados a partir de la instauración del neoclasicismo en el flamenco, son más dignos de admiración que los discípulos de discípulos que gozaron de la aquiescencia de la flamencología oficial.    


(1) Juan Rondón Rodríguez, Charlas con Flores el Gaditano, Grafisur, Tarifa (Cádiz), 2003

(2) Ya dijimos en el artículo dedicado al chacarrá de Tarifa que este autor había dedicado tres artículos a este tipo de fandango publicados en la revista Aljaranda del Ayuntamiento de Tarifa.

domingo, 19 de febrero de 2017

El Fandango "chacarrá" de Tarifa

Sin duda el fandango chacarrá que se cantaba y que se conserva en el sur de la provincia de Córdoba, allá donde los municipios de Rute y de Iznájar(1), es un cante antiguo. Presumo que cuando menos tan antiguo como lo sean los fandangos almerienses de Cuevas de Almanzora, los jienenses de La Hiruela o de Castillo de Locubín, los granadinos de La Peza y Güejar-Sierra, los gaditanos de la zona de Tarifa, y,  por supuesto, tan antiguo como los que en la provincia de Málaga se nombran como verdiales de los Montes, de Almogía o de Comares.

Todos ellos son derivaciones del primitivo fandango arábigo-andaluz trasmitido por los moriscos que sobrevivieron en las serranías de lo que había sido el Reino de Granada una vez que éste pasó a control cristiano. Quiero decir con esto que nunca he visto claro eso de que surgieron en alguna comarca malagueña y de allí fue exportado a otras provincias (los que así lo afirman ponen hasta el vehículo: los arrieros que repartían por doquier la fruta y otros productos malagueños).

Hemos nombrado al fandango de Tarifa y, añadimos ahora, observamos que se le denomina con el mismo nombre de chacarrá usado en Córdoba. Campesino, festero y bailable como su homónimo cordobés (en realidad como todos los fandangos nombrados más arriba), su hábitat se extendía por los lugares de Guadalmesí, El Lentiscal, Tahivilla, Valdevaqueros, Los Porros, Betis, El Chaparral, Las Caruelas, Facinas y, por descontado, Tarifa pueblo. Llegaba incluso a términos municipales próximos como Vejer de la Frontera o Zahara de los Atunes.

Sin duda, entre Iznájar y Tarifa hay un buen trecho, tanto que se hace extraño que ambos sitios usen el mismo término para su fandango particular, término por otra parte muy poco usual: chacarrá. En las redes hemos encontrado un artículo titulado El "Chacarrá" de Iznájar, firmado por Antonio Quintana Jiménez, vecino ese pueblo cordobés. En dicho artículo se nos dice lo siguiente:

Curiosamente no hace muchas décadas el nombre de nuestro fandango, chacarrá, fue trasplantado al área de Tarifa (Cádiz). Según se cuenta, en los años 40, poco después de terminada la contienda española, unos militares de este terreno que visitaron la zona, que llegaron a casarse con tarifeñas y se afincaron allí, aplicaron el nombre iznajeño de "chacarrá"a los fandangos de la zona.

Es decir, según el señor Quintana el término habría sido acuñado en tierras cordobesas y de ellas exportado en los años cuarenta del siglo XX a las tarifeñas. Aurelio Gurrea Chalet, flamencólogo con residencia en Estepona (Málaga), dedicó hasta tres artículos(2) a la glosa y estudio del fandango tarifeño. En el primero de ellos parece que Gurrea confirma la tesis de Quintana Jiménez en el sentido de que el nombre de chacarrá fuera aplicado al fandango de Tarifa en los citados años cuarenta por parte de unos militares que anduvieron arreglando caminos y pistas para emplazamiento de cañones. Pero Gurrea no dice en ningún momento que esos militares fuesen naturales de Iznájar. Por el contrario, indica que chacarrá surgió como onomatopeya del sonido producido por los instrumentos que acompañaban a su cante (ya se sabe, además de la guitarra, se hacía percusión con las castañueñas, platillos, panderetas, almirez, botellas de aguardiente, cucharas..., los mismos instrumentos y utensilios que en otras comarcas fandangueras, salvo la malagueña donde sus pandas suelen añadir el violín).

De ser cierto lo que nos dice Aurelio Gurrea, ¿qué pasó?, ¿la palabra surgió en Tarifa y la copiaron los iznajeños y los ruteños?  Personalmente carecemos de argumentos y de medios para tomar posición, así que, dejémoslo así: ambos chacarrás, el cordobés y el gaditano, existen y siguen vivos. Eso es lo importante.

Como ilustración de este fandango tarifeño, les invito (y así me despido por hoy) a escuchar un par de grabaciones:

Grupo Almadraba, 1983


Agrupación Nuestra Señora de la Luz, 1994


(1) A ellos ya nos referimos en el artículo del pasado 16 de febrero. Pulsen aquí para consultarlo.

(2) El Chacarrá 1, 2 y 3, publicados en 1992 en los números 4, 5 y 6 de la revista Aljaranda editada por el Ayuntamiento de Tarifa.

jueves, 16 de febrero de 2017

Los fandangos chacarrá, una reliquia cordobesa del folclore de Andalucía

Aunque este blog se planteara como retazos de mis memorias flamencas, lo preflamenco también tiene hueco en él y por eso aparece de vez en cuando.

Desde la primera vez que escuché el llamado Fandango de Facinas a nuestro decano cantaor Flores El Gaditano, tuve curiosidad por el origen de este cante situado en el borde que separa lo folk-lórico de lo flamenco. ¿Habría sido llevado hasta la gaditana zona de Tarifa por los verdialeros malagueños? No, no fue así y el propio Flores nos contó su historia, que dejamos para otro día, diciendo que era una adaptación personal del chacarrá, una suerte de fandango que se cantaba por los pueblos de su comarca. Señalemos solamente que el nombre, no la melodía, de esa pieza folk-lórica de la zona del Campo de Gibraltar parece que fue importado desde la provincia de Córdoba en los años cuarenta del siglo pasado. Por tal razón, vamos a dejar de momento a Cádiz y nos vamos para mi tierra cordobesa.  


Los fandangos chacarrá son una modalidad más de los fandangos verdiales existentes por todo el antiguo Reino de Granada, bastante más extenso que la actual provincia de Málaga de la cual, según afirman (interesadamente, claro) algunos, proceden todos estos géneros de fandangos. Estos viejos estilos, nombrados como chacarrá, se cantaban y bailaban en pueblos, aldeas y cortijadas de una zona que podría tener su centro en el lugar conocido como Fuente del Conde y que incluiría parte de las tres provincias de Córdoba, Málaga y Granada. Se hacía como celebración de fiestas señaladas, siendo la Navidad una de ellas. En tales fechas el chacarrá se mezclaba con otros cantos llamados de aguilando (precioso arcaísmo del término castellano aguinaldo). Sus letras solían ser tradicionales aunque muchas veces se improvisaran en forma dialogada entre dos o más poetas, que es el término con que se denominan en esta zona a los troveros.

Quizás donde más se oían y mejor se hayan conservado los fandangos chacarrá sea en dos términos municipales cordobeses:

1) Rute, pueblo famoso por sus anises y dulces navideños, incluye aldeas como Llanos de Don Juan, Palomares, La Hoz, Zambra (donde suele celebrarse un importante festival flamenco cada verano), Nacimiento de Zambra y Las Piedras. En esta última se sigue bailando el chacarrá, como vemos en la foto adjunta. El grupo Coros y Danzas San Rafael dejó grabados en 1981 estos fandangos nombrados como chacarrá de Rute:



2) Iznájar, donde el río Genil remansa sus aguas en un bellísimo pantano, cuenta entre otras con las aldeas de Lorite, Los Pechos, Adelantado, Los Juncares, Ventorros de Balerma, Cruz de Algaidas o, la ya citada más arriba, Fuente del Conde. En todas ellas se cantaba y bailaba cada vez que llegaba, como ya hemos indicado, una fiesta señalada, además de en bodas, bautizos y otras reuniones familiares. Ha sido un hijo de Iznájar, llamado Virgilio Molina López, quien se ha preocupado de mantener vivos los chacarrá locales. En 1996, y en un programa de Canal Sur, el grupo promovido por Virgilio, nos dejó esta muestra: