Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

Mostrando entradas con la etiqueta Los Flamencos Años Veinte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los Flamencos Años Veinte. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de febrero de 2015

Los Flamencos Años Veinte (IV). Llegan Rebollo, Isidro y Rengel desde Huelva

He recibido, mediante el conducto del correo privado, quejas de algunos de ustedes por el desorden que parece reinar en este mi cuadernillo-diario de memorias flamencas. No hay hilo conductor alguno y, por el contrario, abundan algo de lo que yo enseñaba a los alumnos de mis clases de Matemáticas con el nombre de "las discontinuidades de salto". Pues, bueno, que tienen toda la razón del mundo, pero ¿qué arreglo hay si no sé hacer otra cosa? Ya lo avisé, nada más abrir este blog y sigue figurando en su cabecera, que se traza únicamente de "retazos" de mis memorias.  

Aún así, de vez en cuando inicio "series" con vocación de continuidad. Una de ellas apareció el día 6 de diciembre de 2014 con título que principiaba así: Los Flamencos Años Veinte (I)... Se trataba de rebatir la idea que algunos teóricos del flamenco habían intentando imbuirnos a la gente de mi generación en el sentido de que en los años veinte "se cargaron el flamenco" . Mi idea era totalmente la contraria: los años veinte del siglo también veinte fueron grandiosos para el Flamenco y la discografía lo probaba. En esta primera entrega me apoyé en Joaquín El Cojo de Málaga. Más adelante, el día 11 de enero de 2015 publiqué Los Flamencos Años Veinte (II)... donde la figura era Manuel El Carbonerillo. Recordando a Bernardo el de los Lobitos, el día 18 de enero les brindé Los Flamencos Años Veinte (III)... Y aquí seguimos con ganas de prolongar el tema. Pero hoy no voy a basarme en un solo cantaor sino en una trinidad con el denominador común de haber nacido en la provincia de Huelva: Rebollo, Isidro y Rengel.

Conocedores y recreadores de los fandangos locales de su tierra, estos cantaores irrumpen en la Sevilla de los años veinte aportando sus fandanguillos. Aunque fonográficamente se les adelantó el sevillano Manuel Centeno (véase nuestra entrada del día 24 de enero de 2015), fueron ellos los que pusieron de moda el cante del fandanguillo y, a la postre, los que provocaron el nacimiento de los llamados "fandangos naturales" o "fandangos personales" cuando Manuel Torre, Cepero, Vallejo, el Gloria o Marchena se decidieron a cantar los aires llegados de Huelva.

También dominaban otros estilos de cantes (de Rengel, por ejemplo, se dice que era un gran solearero) pero en la Historia han quedado como los grandes difusores del fandango huelvano. Vamos a recordarlos poniendo aquí su voz:

1) José Rebollo Piosa (Pepe Rebollo) nació en Moguer (Huelva) en 1895 y murió en Sevilla en 1938.

Ya lo escuchamos en el Museo del Fandango acompañado por Ramón Montoya en una grabación de 1929. Escuchemos otros fandangos, también de 1929 pero esta vez acompañado por Manolo de Badajoz:

De nuevo con Ramón Montoya lo escuchamos en una media granadina:

2) Francisco Barrera García (Paco Isidro) nació en 1896 en Huelva, ciudad en que murió en 1960.

Acompañado por Niño Ricardo en 1928, ya lo oímos en nuestro Museo. Del mismo año y con el mismo guitarrista, escuchamos unos de sus fandangos más populares:

Con Manolo de Badajoz, lo escuchamos ahora en un cante por tarantas:

3) Antonio Rengel Ramos (Antonio Rengel) nació en Huelva en 1904. Murió en Sevilla en 1961.

Ya escuchamos a Rengel en nuestro Museo en una grabación de 1929 con Niño Ricardo. Seguimos con los fandangos. Del mismo año y también con Ricardo, son éstos:

Y también este cante por serranas con el que nos despedimos por hoy:

domingo, 18 de enero de 2015

Los Flamencos Años Veinte (III). Bernardo el de los Lobitos

Después de repasar nuestros artículos
seguimos recordando a cantaores que dieron brillo y categoría a la década 1921-1930. Nacido en Alcalá de Guadaira (Sevilla) el día 6 de enero de 1887, José Álvarez Pérez, Bernardo el de los Lobitos, empezó a cantar siendo niño en Sevilla, ciudad a la que se había trasladado su familia. Al llegar los años veinte ya era figura consolidada, moviéndose en el entorno del emperador del cante don Antonio Chacón.

Su voz, limpia y cargada de sentimiento, quedó fijada para la posteridad en placas que grabó en 1923 con Ramón Montoya. Volvió a hacerlo en 1929, esta vez acompañado por Niño Ricardo. Entre 1925 y 1936 fue asiduo en los espectáculos de Ópera Flamenca junto a las mejores figuras de la época, tal como nos muestran estos carteles de Granada, Córdoba y Cartagena.

  

En los oscuros años cuarenta apareció su nombre en alguna turné, pero su actividad estuvo más ligadas a las fiestas privadas del madrileño Villa Rosa. A partir de 1954 el gran público flamenco lo "descubre" por su presencia en la Antología de Hispavox, donde nos muestra algunos cantes en desuso. Participa en la Antología de Orfeón (1957) junto al guitarrista Perico el del Lunar, el mismo que tocó para la de Hispavox. Se incorpora al tablao Zambra y junto a otros artistas del mismo (Juan Varea, Rafael Romero y el propio Perico el del Lunar) participa en varios registros discográficos entre 1959 y 1961.
.   
Cuando llega la invasión del neoclasicismo y el mairenismo, su nombre es respetado y su cante es elogiado por los exégetas de la época, los mismos que despotricaban contra la Ópera Flamenca y los años veinte ignorando tal vez que Bernardo había sido figura importantísima en el período 1921-1936. La ignorancia de algún que otro flamencólogo tomó como único aval, especie de "certificado de calidad", su participación en la referida Antología de Hispavox.

En 1968, un año antes de su muerte, se publican grabaciones con Manolo el Sevillano pero sobre todo con Luis Maravilla. Con éste hizo un L.P. y varios E.P. para la marca Hispavox, discos en los que pudimos escucharle malagueñas, cantes de minas, alegrías, bulerías, pero sobre todo tres tandas de soleares y dos de seguiriyas en las que quedó de manifiesto su peculiar manera de entender el cante. En la contracubierta del vinilo de larga duración, José Blas Vega nos traía las palabras que había escrito un crítico:  


Era la ternura del cante, el Azorín de la copla flamenca. Cantaba con la delicadeza de un pájaro y con el sentimiento de un alma en pena. Ni más ni menos: un maestro

Esta ajustadísima y certera síntesis del cante de Bernardo fue copiada en varios libros sin que nadie se molestara en saber quien era el crítico que las había escrito. Se trataba de nuestro querido amigo el montillano Agustín Gómez y las había redactado en un guión radiofónico para uno de sus programas en Radio Popular de Córdoba.

Por mi parte, no tengo inconveniente en proclamar que Bernardo figura entre mis favoritos, favoritos. En mis cuadernos han aparecido grabaciones suyas a cuya escucha están ustedes invitados:  

1) La necesitaras tú. Fandangos con Niño Ricardo, 1929

2) Yo lo he visto en La Barrera. Cantes de Lucena con Perico el del Lunar, 1957

3) De la verde oliva. Tientos con Perico el del Lunar, 1961

4) Un veneno pá que yo muera. Granadinas con Luis Maravilla, 1968

Hoy les sugiero nuevas audiciones, restringiéndome a los Flamencos Años Veinte de los que estamos hablando:

5) Nunca le falta una pena. Minera de Basilio con Ramón Montoya, 1923

6) En el querer no hay locura. Soleares con Ramón Montoya, 1923

7) Un triste rancho. Milonga con Niño Ricardo, 1929

8) Fue culpa tuya, Sola y sin calor de nadie. Granadina y Fandango con Niño Ricardo, 1929

domingo, 11 de enero de 2015

Los Flamencos Años Veinte (II), El Carbonerillo

En un artículo del mes pasado nos oponíamos a la creencia, transmitida por los flamencólogos Ricardo Molina y Antonio Mairena, así como por sus seguidores los flamencólogos-poetas, de que en los años veinte del anterior siglo "se cargaron" el cante Flamenco. Por el contrario nosotros hablábamos de Los Flamencos Años Veinte. Y, recurriendo a la discografía hoy felizmente rescatada, poníamos como ejemplo del buen hacer flamenco durante aquella década a la figura de Joaquín El Cojo de Málaga. Decíamos que en sucesivas entregas traeríamos otros nombres...

En esas estamos y hoy me ha venido a la memoria el nombre de un sevillano nacido el 8 de febrero de 1906: se llamaba Manuel Vega García pero se le conoció como El Carbonerillo. Apareció cantando en público en 1918 a la vez que los dos Pepes (Pinto y Marchena) y, cuando llegó la eclosión de los fandangos personales, creó uno que nunca ha dejado de cantarse, que sigue contando con el asentimiento de afición y de cantaores de profesión. Cabe, en relación con lo que acabo de escribir, acordarse de que Calixto Sánchez, cuando ganó en 1980 el Primer Giraldillo del Cante, parece que inclinó a su favor la balanza del jurado interpretando unos fandangos del Carbonerillo, fandangos que fueron insistente y deliberadamente aplaudidos desde su palco de espectador por el entonces factotum del flamenco don Antonio Cruz García (Antonio Mairena) , según contamos en este cuaderno el día 9 de octubre de 2014. Aplausos del maestro Mairena que no dejan de ser contradictorios toda vez que, junto al poeta Ricardo Molina, había sido el autor de unos párrafos que ya habíamos traído a nuestro cuaderno el día 4 de febrero de 2013, en los que, refiriéndose a los creadores de los fandangos personales, podía leerse esta tan lapidaria como injusta frase:

Ni sus condiciones personales de cantaores ni su arte los hacen merecedores de un recuerdo.

Pienso, y esto es una simple conjetura mía, que Mairena se equivocó al actuar como escritor y flamencólogo pero que en su fondo de buen aficionado admiraba a Carbonerillo y a otros fandangueros, como se le escapó aquella noche sevillana de sus ostentosos aplausos.

Pero volvamos a nuestro personaje. Grabó en 1929 con el guitarrista Niño Ricardo. Hay que destacar que en algunas de esas grabaciones la persona que jaleaba era ni más ni menos que Pastora Pavón, Niña de los Peines. Después grabó con Miguel Borrull Hijo, Manolo Badajoz y Sabicas. Amarrado a la bohemia, acabó agarrando una tuberculosis, enfermedad de la que murió el 6 de abril de 1937 cuando contaba sólo treinta y un años. En nuestros cuadernos ya hemos escuchado su voz en dos tandas de fandangos:

1) Mi cariño te ofrecí, Fandangos con Niño Ricardo, 1929


No son suficientes. Merece la pena que sigamos oyendo a Manuel Vega García, fandanguero sí, pero no sólo fandanguero:

3) Fue tu ignorancia tan grande. Fandangos con Niño Ricardo, 1929


4) Con mi canastico en la mano. Taranta con Niño Ricardo, 1929


5) Me gusta a mí esa serrana. Soleares con Niño Ricardo, 1929


6) Como cosita propia. Seguiriyas con Niño Ricardo, 1929

sábado, 6 de diciembre de 2014

Los Flamencos Años Veinte (I). El Cojo de Málaga

El pasado día 26 de noviembre, Álvaro de la Fuente, coordinador del grupo Puente Genil con el Flamenco de Facebook, escribía lo siguiente:

Desde hace unos días una duda se me está haciendo obsesiva: ¿Los años 20 del siglo pasado se cargaron el arte flamenco? Me gustaría leer vuestras sinceras y argumentadas opiniones al respecto.

Hubo comentarios de Sergio García Sánchez, Antonio Ruiz Ramírez, Gregorio Valderrama, Faustino Núñez, Juan Iglesias, Fátima Franco, el propio Álvaro y un servidor de ustedes. Por ejemplo, escribí esto:

Álvaro, yo respondo a tu pregunta con otra. ¿Qué lecturas o qué datos te han llevado a esa "duda obsesiva"?

a lo que mi amigo pontanés contesta así

Bueno, opiniones en ese sentido de grandes aficionados de mi pueblo..., mucho mayores que yo y, por lo tanto, con más conocimientos y experiencias.

Posiblemente Álvaro se refiera a gente que estén, aproximadamente, en la misma generación biológica que yo mismo, generación a la que, consciente o inconscientemente, se nos "mal enseñó" la Historia del Flamenco. La versión "oficialista" partía de que el cante jondo estaba en trance de desaparición hacia 1922 y que un grupo de intelectuales (ya se sabe, Falla, Lorca y demás) convocaron el famoso Concurso de Granada para tratar de rescatarlo. No parece que lo consiguieran y lo que vino después fue para empeorar todo: la tan manoseada ópera flamenca, el fandanguilleo, el coupleteo, el gairerismo..., la ruina,  en fin. El cante declinaba hasta el renacimiento de los años cincuenta, con sus tres tópicos (La Antología de Hispavox, el libro Flamencología de González Climent, los Concursos Nacionales de Córdoba), lo que cristaliza, ya en los primeros sesenta, con la Llave de Oro y la instauración del mairenismo.

Pero no todo era oficialismo. Aunque de manera no coincidente, había gente que levantaban su voz y cuestionaban las doctrinas de Molina-Mairena y sus seguidores a los que yo suelo nombrar como los poetas flamencólogos. Es de justicia citar al viejo navarro don Arcadio de Larrea, al montillano Agustín Gómez y, ¿cómo no?, al madrileño José Blas Vega. Son seguidos por nuevos estudiosos e investigadores que poco a poco, con mucha dificultad, van mostrándonos otra versión, más real, de la Historia del Flamenco. Me olvidaré, y ellos me perdonarán mi error, de alguno que otro, pero quiero citar nombres como los de Eugenio Cobo, Ortiz Nuevo, Gerhard Steingress, José Gelardo, José Manuel Gamboa, Manuel Bohórquez, Antonio Barberán, Rodríguez Peñafuerte o Pérez Merinero, a los que hay que unir musicólogos como Guillermo Castro o Faustino Núñez, sin olvidarnos de expertos en discografía antigua tal cual lo fue el extremeño Yerga Lancharro y lo es hoy el incansable madrileño Carlos Martín Ballester.

A la vista de todo lo que ha avanzado la flamencología, se hace muy difícil de imaginar que en los años 20 nadie se cargara el flamenco. Estaban Antonio Chacón, Manuel Torre, Cayetano de Cabra, El Cojo de Málaga, José Cepero, Escacena, La Niña de los Peines... Se rescata al viejo Tenazas, a la vez que irrumpen con fuerza no ya el niño Caracol sino también Vallejo o Marchena. Yo más bien pienso que hay que hablar de
Los Flamencos Años Veinte.    

¿He dicho antes discografía antigua? Sí, su rescate y el uso de las nuevas tecnologías han permitido poner a nuestro alcance voces que hasta no hace mucho sólo podían escuchar algún que otro afortunado coleccionista. ¡Bendita digitalización! Y al llegarnos este precioso legado a los aficionados comunes, hemos comprobado cuánto y cuánto se grabó en aquella década.



Y nada de "pamplinerías", sino cantes de mucha enjundia flamenca ejecutados a la perfección por cantaores de primera fila. Se me agolpan en la memoria muchos nombres. Procuraremos ir dándole salida en sucesivas entregas al menos a varios de ellos. Por ejemplo, para hoy se me ocurre un nombre: ¿qué les parece Joaquín El Cojo de Málaga? Su voz ha aparecido con frecuencia en mis cuadernos y, como recordatorio, les invito a que usen los siguientes enlaces para escucharlo:



1) Rubia la mujer primera, Fandangos-Granaínas con Miguel Borrull, 1921

2) Viva Lorca y viva Murcia, Minera con Miguel Borrull, 1924

3) Lo menos noventa y nueve, Fandango con Miguel Borrull, 1925

5) Tranquilo estaba esperando, Saeta, 1927

Pero quiero añadir algunas grabaciones más por ver si después de oírlas alguien sigue pensando que en los años veinte "se cargaron el flamenco".

6) Toas las mañanas la llamo, Taranta con Miguel Borrull, 1921

7) Anda y cuéntale esas quejas, Soleares con Miguel Borrull, 1923


8) Qué dolor de mi mare, Seguiriyas con Miguel Borrull, 1923


9) A ti te llaman la diosa, Fandangos de Lucena con Miguel Borrull, 1928