Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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martes, 5 de junio de 2012

Morente leyendo a Hernández

Otoño de 1969. Debió de ser un fin de semana porque Ortiz Nuevo se encontraba entre nosotros en La Hermandad. Unos días antes yo había comprado, allí donde Pepe El Culturas, los dos libros del poeta Miguel Hernández que aparecen a la derecha. Le contaba a Ortiz, en presencia de Paco Gutiérrez porque éste se apuntaba a todas, que me había entretenido en subrayar algunas estrofas que bien podían cantarse como flamenco. Era pura intuición y, además, por aquellas fechas yo ignoraba que Hernández había sido aficionado y había tenido vivencias flamencas (véase mi artículo Miguel Hernández y El Niño de Fernán Núñez).
-¿Y si se lo comentamos a Enrique Morente?
Aquella misma noche nos fuimos en busca de Pepe el librero y le encargamos estos dos mismos libros y alguno más del poeta de Orihuela. Ya con ellos telefoneo al cantaor:
-Enrique, nos vemos en la Cervecería Alemana que vamos a llevarte un regalillo.
El día de la cita, le damos los libros con este escueto comentario:
-Sabemos que te gusta leer y esto seguro que te va a agradar.
Pasó muy poco tiempo y Enrique me llama:
-Andrés, que esto es mu bonico. Además, ¿sabes?, cuando leo algunos poemas hasta los cantiñeo como si fueran letras flamencas.
La semilla estaba echada y parece que germinaba. Todo transcurrió muy de prisa pero, como me gusta hacer artículos breves, ya seguiremos otro día.

sábado, 19 de mayo de 2012

Pepe "El Culturas"

Mis amigos en la afición flamenca me van a permitir que hoy hable de un personaje que, como su mote indica, estaba ligado al mundo de la cultura aunque para nada al flamenco. Terminaba la década de los sesenta cuando todas las noches montaba su tingladillo de librero ambulante allá por la acera derecha, conforme bajábamos hacia la Plaza de España, de la calle Princesa, un par de esquinas antes de llegar a la de Marqués de Urquijo. La clientela ya se puede suponer que eran los universitarios que tanto frecuentábamos el barrio de Argüelles. Una exposición mínima en una mesita y unos cajetones de cartón (su almacen) debajo de la misma. Generalmente vendía por encargo:
-Pepe, necesito que me busques la "Residencia en tierra" de Neruda.
Al día siguiente volvías, metía la mano en sus cajas, disimuladamente te ponía el libro en tu bolsillo y te cobraba:
-Setenta pesetas, por ser tú.
Naturalmente se trataba de libros prohibidos por la censura de la época, generalmente editados por "Losada" de Buenos Aires.
Gracias a este Pepe mucha gente de mi generación pudimos leer no sólo a Neruda sino también a César Vallejo, Nicolás Guillén, Pedro Garfias, León Felipe, etcétera, así como parte de la obra de Antonio Machado, Miguel Hernández o García Lorca. Su nombre volverá a aparecer en este blog.
Mientras tanto, amigos lectores, les dejo que escuchen unas inigualables granadinas de corte chaconiano que Morente había aprendido a través de Bernardo el de los Lobitos