En mi artículo del pasado 16 de febrero comencé nombrando el Fandango de Facinas, una suerte de fandango con toque verdial adaptado por Flores El Gaditano a partir de los fandangos chacarrá de la comarca de Tarifa. Sin embargo, ese día de lo que hablé fue de los fandangos chacarrá que se cantan en las localidades cordobesas de Rute y de Iznájar, un fandango folk-lórico de igual nombre que el de Tarifa del que hablamos tres días después, o sea, el día 19 de febrero.
Volvemos hoy al fandango que interpretó Flores y lo hacemos usando un libro(1). En la página 282, el autor, Juan Rondón, dice:
Volvemos hoy al fandango que interpretó Flores y lo hacemos usando un libro(1). En la página 282, el autor, Juan Rondón, dice:
-Sería bueno también, Flores, si te parece, contar algo sobre ese fandango campero, al parecer de finales del siglo XVIII, que tú exhumaste del folklore de la zona, aflamencándolo musicalmente, y que se llama, o tú llamaste, de Juan Palillos.
A lo que inmediatamente responde don Florencio Ruiz Lara:
Las letras de fandangos que yo grabé en Hispavox, siendo director José Blas Vega, las compuse expresamente para la grabación, pero el estilo, o sea la música, era la que hacía Juan Palillos, aunque yo le puse más extensión en los tercios y más cadencia, para darle al fandango más rigor flamenco, porque con el ritmo de "chacarrá" resultaba pobre de música.
Para aquellos que no la conozcan, aquí les dejo la grabación a que alude Flores. Le compaña a la guitarra Félix de Utrera:
Además del fandango de Almería, de bello y gracioso ritmo, traemos otro fandango también bailable de gran rareza y antigüedad: el de Facinas a tribuido a Juan Palillo. Las noticias que he podido recoger, por tradición, dicen que los padres de este cantaor eran oriundos de Vélez-Málaga y llegaron a las campiñas de Facinas y Tarifa a finales del siglo XVIII. Juan Palillo creó un fandango que llegó a ser popular en su época y era muy solicitado para cantar en las fiestas del "chacarrá" de esas tierras gaditanas. El apodo de Palillos le venía de que se acompañaba sus fandangos al compás de palillos fabricados por él mismo, consistente en dos tablillas de madera. o bien dos lascas de piedra pizarrosa, que metidas entre los dedos de la mano derecha, y en un movimiento rítmico con el aire del "chacarrá", daban un repiqueteo de verdaderas castañuelas.
Flores el Gaditano, intérprete de estos fandangos y gran aficionado a la búsqueda de cantes remotos, ha conseguido sacar del anonimato estos fandangos camperos, quizás de los más antiguos y difíciles de la tierra del "chacarrá" andaluz.
Como es fácil de comprobar, lo dicho por Blas Vega coincide casi literalmente con lo que años después Flores le contó Juan Rondón, según hemos recogido más arriba. Ni el texto de Blas ni el fandango de Flores debieron de pasar desapercibidos para el flamencólogo Aurelio Gurrea Chalet(2) quien se despachó a gusto en 1992 con el desabrido texto que hemos colocado a nuestra derecha.
¡Vaya por Dios, querido amigo Pepe Blas, qué ingenuo que fuiste y qué listillo resultó el Gaditano! Aunque también cabe el pensar que quien se pasó de entendío fue el señor Gurrea, porque yo me coloco en la portería de aficionado al flamenco, escucho a Flores y no detecto que me haya colado gol alguno. Por el contrario, reconozco su capacidad creadora (capacidad de la que nadie puede dudar después de repasar su curriculum artístico-flamenco). ¿No será que este tipo de cantaores estaban excomulgados por los puristas de la cosa flamenca, los mismos que llenaban páginas y páginas alabando la labor cantaora de otros muchos que no pasaron de repetir, muy dignamente pero repetir al fin, lo que otros habían creado? Para mí, Flores, como el almeriense Manolo de la Ribera, como Canalejas de Jerez y otros cantaores, marginales y marginados a partir de la instauración del neoclasicismo en el flamenco, son más dignos de admiración que los discípulos de discípulos que gozaron de la aquiescencia de la flamencología oficial.
¡Vaya por Dios, querido amigo Pepe Blas, qué ingenuo que fuiste y qué listillo resultó el Gaditano! Aunque también cabe el pensar que quien se pasó de entendío fue el señor Gurrea, porque yo me coloco en la portería de aficionado al flamenco, escucho a Flores y no detecto que me haya colado gol alguno. Por el contrario, reconozco su capacidad creadora (capacidad de la que nadie puede dudar después de repasar su curriculum artístico-flamenco). ¿No será que este tipo de cantaores estaban excomulgados por los puristas de la cosa flamenca, los mismos que llenaban páginas y páginas alabando la labor cantaora de otros muchos que no pasaron de repetir, muy dignamente pero repetir al fin, lo que otros habían creado? Para mí, Flores, como el almeriense Manolo de la Ribera, como Canalejas de Jerez y otros cantaores, marginales y marginados a partir de la instauración del neoclasicismo en el flamenco, son más dignos de admiración que los discípulos de discípulos que gozaron de la aquiescencia de la flamencología oficial.
(1) Juan Rondón Rodríguez, Charlas con Flores el Gaditano, Grafisur, Tarifa (Cádiz), 2003
(2) Ya dijimos en el artículo dedicado al chacarrá de Tarifa que este autor había dedicado tres artículos a este tipo de fandango publicados en la revista Aljaranda del Ayuntamiento de Tarifa.

