Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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domingo, 7 de junio de 2015

Mairena, Lucía y la desmemoria de algunos






En la carpeta del vinilo de larga duración (L. P.) de Antonio Mairena titulado Cantes en Londres y La Unión, con firma de Francisco Vallecillo, a la sazón Director del Departamento de Flamenco de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, podemos leer lo siguiente:


La Cara B, reproduce una grabación hecha en La Unión (Murcia) el 16 de febrero de 1974, fecha que puede tenerse como histórica para el flamenco, cuando en ocasión memorable de unos homenajes que se rindieron en la ciudad minera, se produjo a legendaria conjunción de los dos Maestros, Antonio Mairena y Paco de Lucía, de la que quedó esta reliquia que ahora se pone en las manos del aficionado.

Efectivamente, ambos recogían reconocimientos cuando pidieron a Paco de Lucía que tocara algo. Dijo que no podía, que había dejado la guitarra en Madrid. Le ofrecieron varias y tomó la del guitarrista local Antonio Fernández. Alguien del público pidió que cantara Mairena. Éste accedió y de ahí salieron las dos grabaciones (soleares y bulerías) a las que alude Vallecillo. Por mi parte, dejo aquí, para disfrute de ustedes, la que contiene las soleares:

Esta confluencia de dos grandes figuras ha sido muy pregonada por los adalides del mairenismo como acto único e irrepetible. ¿Único? Ustedes me harán el favor de mirar el cartel anunciador de la II Cata Flamenca de Montilla (Córdoba), celebrada el día 21 de agosto de 1971. Comprobarán que estaban anunciados, entre otros, Antonio Mairena, Melchor de Marchena, Camarón y Paco de Lucía. Estaba claro que Melchor sería el que acompañara a Mairena, pero cuando llegó el día resulta que el guitarrista de Marchena no apareció por allí. No recuerdo qué guitarrista lo sustituyó pero resulta que cuando salió a cantar Antonio Mairena lo hizo acompañado por Paco de Lucía. Fui testigo presencial y guardo como recuerdo de aquella noche la firma de Mairena en uno de sus discos y las de Camarón y Paco en el segundo L. P. que acababan de publicar. Las pedí en Casa Palop, sede de la Peña El Lucero, organizadora del evento, a donde acudí como invitado junto a los artistas y peñistas una vez finalizado el acto público. Esa noche montillana sí fue la primera vez que Mairena y Lucía actuaron juntos.

Pero, dirán ustedes, ¿qué pasó con Melchor? Pues resulta que para ese mismo 21 de agosto en el gaditano pueblo de Bornos habían programado su Primera Berza Flamenca poniendo a Manolo Caracol como cabecera de cartel. Poco usual en los festivales, don Manuel se trajo a su guitarrista preferido, o sea a Melchor de Marchena, trabajador además de plantilla en el tablao Los Canasteros, propiedad de Caracol. Contratado antes por Montilla que por Bornos, Melchor no tuvo opción sino la de acompañar a su patrón. Desairado Mairena (por cierto no era la primera vez como pueden ver en este enlace), ¿no será esa la razón por la cual el mairenismo olvidó la noche montillana para exaltar la de La Unión ocurrida tres años después? 

viernes, 23 de agosto de 2013

El neochaconismo discográfico: Pepe de Algeciras

Todo cuanto hemos leído en referencia a don Antonio Chacón por parte de los flamencos que llegaron a conocerlo no son sino alabanzas para el jerezano. Sin embargo, con el nacimiento por los años cincuenta de esa pretendida ciencia que dieron en llamar Flamencología, aparecen gentes como el desigual Domingo Manfredi que llegaron a cuestionar su figura. Después, el tándem Ricardo Molina-Antonio Mairena se encargaría en su libro de desdibujar el papel que nuestro cantaor ha jugado en la historia del flamenco: lo rebajan y lo limitan a creador e intérprete de los estilos levantinos (granaínas, malagueñas, cantes de minas...), junto a algún cante menor como ese de los caracoles. Sus acólitos en el uso de la pluma siguieron ignorando la grandeza de Chacón y todavía no hace tantos años de que el laureado poeta Caballero Bonald dijera de él que era poco menos que un coplero.

Libros al margen, la figura de Chacón seguía siendo inamovible para los artistas (excepto, claro, para Mairena y algunos, que no todos, de los mairenistas). Sus cantes se seguían haciendo y se seguían grabando. Pero, ¿todos sus cantes? La verdad es que no: se recordaban sus estilos levantinos, sus caracoles, algunos de sus tientos y su versión de la caña, transmitida a través del Niño de Cabra. Hubo que esperar al doble álbum Homenaje a D. Antonio Chacón publicado en 1977 con la voz de Enrique Morente y la guitarra de Pepe Habichuela. Este disco y la biografía de Chacón escrita por Pepe Blas Vega, nos restituyeron la obra chaconiana en todo su esplendor y en toda su extensión.

Una vez sentado esto, pecaríamos de injustos si nos olvidamos de dos de los hijos del algecireño Antonio Sánchez. Nos referimos a José y Francisco Sánchez Gómez (nacidos en 1945 y 1947), hijos también de la portuguesa Lucía Gómez. Hablamos de los Chiquitos de Algeciras, cantaor uno y guitarrista el otro. Ya eran artistas en 1959 y llegaron a grabar recién iniciada la década de los sesenta. Lo hizo Hispavox que llegó a comercializar tanto en España como en Francia hasta tres vinilos tipo E. P. de los niños de Algeciras. En 1963 hacen una recopilación que se publica en el formato L. P., justo el que yo poseo.


Doce cantes: soleares (3), seguiriyas (2), malagueñas (2), tientos (2), tarantos, serrana y una tanda de cantes sin guitarra (debla, martinete, toná). ¡No está mal para dos adolescentes! De lo que vino después, ¿qué les voy a contar? ¿Quién no conoce la obra de Pepe de Algeciras, luego mutado en Pepe de Lucía, y no digamos la de su hermano Paco?

Vamos a lo nuestro que es oír el cante. Aquí tienen una de las concepciones que don Antonio Chacón tenía del cante por tientos:


Y más: seguiriyas en el más puro estilo del maestro de Jerez.

martes, 8 de enero de 2013

De la autoría de algunas letras flamencas

Se cuenta que cierto poeta, que llegó a ser considerado importante flamencólogo, cuando a finales de los años cincuenta acompañó al estudio de grabación a un joven cantaor, hoy muy reconocido, se adjudicó una letra por soleá que en realidad había sido escrita por otro. Un día se encontraron ambos y el segundo le dice:
-Pero, hombre, ¿cómo se te ocurre firmar esa letra si tú sabes que es mía?
Respuesta del flamencólogo:
-Bueno, tampoco es para tanto. ¿Qué mal da? Son sólo unos cuantos versos.

Acabo de publicar en mi blog "Cantando por Fandangos" la versión personal que de este estilo flamenco hizo Rafael El Tuerto. Por favor, escuchen la letra:
Enfermo en un santo hospital,
si tú por casualidad
llegas a enterarte algún día
que yo me encontraba enfermo
en un santo hospital,
y no te dé reparo y ven
y pregunta por mi mal,
que eso había sío a causa
de nuestro querer.


Ya ven que Rafael está escasito de facultades. De él se decía que más que cantaor era maestro de cantaores, que sus cantes llegaron a Antonio Carmona "El Rubio" y a Juan el de la Vara, a Porrinas de Badajoz y al mismísimo Camarón de la Isla. Claro que sí. Oigamos al de San Fernando:


Caray con el niño, ¡qué manera de mejorar todo lo que tocaba! La misma melodía y la misma letra que hacía El Tuerto, pero ¡vaya diferencia! Hemos dicho "la misma letra". ¿Quién sería el autor de la misma? Si nos vamos al disco de Camarón, aparecido en 1970 con la marca Philips, el autor dice ser Francisco Sánchez, ya saben ustedes, ese grandísimo tocaor conocido como Paco de Lucía. Su padre, Antonio Sánchez, fue amigo del Tuerto que, aunque nacido en Sevilla, se estableció en su tierra de Algeciras. Paco pudo efectivamente darle al Tuerto la letra que luego usó Camarón. Pero la historia no acaba aquí y ahora enlazo con la anécdota que contaba al principio del poeta-flamencólogo: la grabación del Tuerto se hizo para Hispavox con la guitarra de Félix de Utrera, no se sabe en qué año, aunque sí sabemos que en esta ocasión la firma no es de Francisco Sánchez sino de Ópalo, letrista que apareció con mucha frecuencia en las grabaciones de Hispavox durante aquellos años (1966 a 1980 más o menos). ¿Estamos ante un nuevo caso de Qué mal da. Son sólo unos cuantos versos? Vaya usted a saber, aunque uno, que a veces no puede evitar el ser un poco maliciosillo, se plantea hasta la posibilidad de que ninguno de los dos firmantes fuese el verdadero autor de la letra.