Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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martes, 29 de septiembre de 2020

¿Granadinas nuevas?

Entre jubilación y confinamientos, tengo perdida la memoria de los días festivos, lo mismo me da un domingo que un jueves, un sábado/sabadete que un lunes/resacoso. Pero hoy es San Miguel y esa fecha no puedo olvidarla porque en mi niñez y en mi pueblo era día de holgar todo el personal del campo, incluídos zagales y mozalbetes, día en que las mozuelas en edad de merecer se recluían en casa porque en la calle se exponían a que más de uno le tocara el culo y otras partes del cuerpo femenino, esas que actúan como potentes imanes para los ojos y las manos de los chavalones, día en que aparecían los primeros vendedores de nueces, día del final del año agrícola, o sea, del año natural.

Algunos amigos me dicen que cuándo voy a dejarme de tanto pasado y me piden que ponga mi atención en los eventos consuetudinarios que acontecen en la rua, como ironizaba el gran Juan de Mairena, o sea, don Antonio Machado Ruiz. Sí, hombre, yo estoy al tanto de lo que pasa en la calle, si bien debo aclarar que mi calle es el mundillo de la afición flamenca. Y en esa calle me he enterado de que Israel Fernández (cantaor que me gusta mucho y en el que tengo esperanza de que mantenga el cante cante) acaba de sacar un disco titulado Amor; disco que he recibido de inmediato del amigo Eugenio Sánchez, el super aficionado de Alcalá de Henares). Lo he escuchado una vez y lo volveré a escuchar bastante en estos días hasta madurar mi opinión sobre esta novedad discográfica.

Y digo madurar porque estoy en duda, a la cual he llegado escuchando a mis amigos con los que habitualmente mantengo charlas y debates sobre el Flamenco. A varios de ellos no acaban de convercerle las pretendidas novedades musicales del cantaor manchego, sus renuevos. Los renuevos, digo yo, que a principio de los años setenta pedían a voces algunos tratadistas de la cosa como podían ser Paco Almazán, José Luis Ortiz Nuevo y un tal Andrés Raya, viajero siempre en el vagón de cola del tren de la flamencología, renuevos que aportaron Camarón de la Isla y Enrique Morente, iconos uno y otro para las generaciones cantaoras que vinieron después de ellos.

En concreto, decía uno de mis tertulianos, la granadina sonaba muy a nuevo, a lo cual otro contesta que sí, pero la novedad no es tal porque ya estaba en unas granadinas de El Niño de la Rosa Fina de Casares.  Yo voy a poneros ambas granadinas y os dejo que cada uno saque sus propias conclusiones, si bien, para que se orienten, les señalo que el presunto parecido está en los dos primeros tercios del cante de Israel comparados con los que hace Rosa Fina en la segunda de sus letras.











martes, 2 de julio de 2019

Maldito día 2 de julio (III)

¡Maldito día 2 de julio!,
es una expresión que sale de mi boca cada año cuando el calendario me indica la llegada de dicho día. Bueno, no en todos los años de mi vida sino en los que van desde 1993 en adelante. Y lo maldigo porque ese día, en 1992, se fue a los cielos José Monge Cruz, Camarón de la Isla. Esta fecha fue el eje de dos escritos de mi cuaderno, los de fechas:

Señalé al final de mi segundo escrito que en esa misma fecha habían fallecido Tomás Pavón (1954), Paco Toronjo (1998) y Antonio El Arenero (2004). Es decir, que el adjetivo maldito se nos queda muy corto para este diíta. 

Estamos en 2019 y la mejor manera de honrar la memoria de los cuatro nombrados es escuchar sus voces. A eso  vamos

Tomás Pavón-Niño Ricardo, 1927 (Seguiriya, Se te logró el gusto)






Camarón de la Isla-Tomatito, Festival de Ceuta, 1983 (Soleares, Dicen los sabios doctores)







Paco Toronjo-Ramón de Algeciras, 1975 (Fandangos de Juan María, Rosa qué bonita eres)




Antonio El Arenero-Manolo Domínguez, Peña El Mirabrás, 1987 (Soleares alfareras, Tiro el plato y la comía)







Córdoba, 2 de julio de 2019.

lunes, 6 de mayo de 2019

ENRIQUE MORENTE hace camino al andar

Nacido el 25 de diciembre de 1942, el cantaor granadino Enrique Morente graba su primer álbum en solitario en 1967. Lo hizo con la casa Hispavox acompañado a la guitarra por Félix de Utrera con el escueto título de Cante Flamenco. En 1969, con igual sello pero con la guitarra de Niño Ricardo, publica sus Cantes del Flamenco Antiguo. De nuevo con Hispavox, contando con las guitarras de Parrilla de Jerez y Perico el del Lunar Hijo, aparece en 1971 su Homenaje Flamenco a Miguel Hernández.

Más de una vez he afirmado en público que, si Enrique Morente no hubiese vuelto a grabar después de estos tres discos(*), dejaba ya una obra suficiente para que la historia lo considerara como uno de los mejores cantaores de su generación. Que Enrique podría haber encauzado su carrera artística "repitiendo", si acaso con nuevas letras, lo que ya nos había mostrado. Esto no sería de extrañar: montones de cantaores, y entre ellos algunos muy relevantes, pasaron su vida cantando (bien los que cantaban bien, mal los que cantaban mal) los cantes con que un día pasado se dieron a conocer, con el único cambio que aquel que la edad provoca en sus gargantas.

Los que conocimos y tratamos a Enrique en la época de sus primeros discos, sabíamos de su afición insaciable, de su curiosidad por otras artes, especialmente por la poesía, de su inquietud e indagación de nuevos sonidos, lo que lo convertía en la persona adecuada para encabezar una renovación del Flamenco tradicional, tanto en temas como en ecos sonoros. Así ocurrió y en los años 1972-73-74 Enrique llevaba a sus recitales, además de los textos de Miguel Hernández, temas de Lorca y otros poetas, a la vez que presentaba unos fandangos de su creación y muchas variantes personales por seguiriyas, tangos, alegrías.

Todo ese material sirvió para un nuevo disco en 1975 cuyo título lo tomó Enrique prestado del poeta Antonio Machado Ruiz:
Se hace camino al andar
Siguió con el sello Hispavox, cuya sección flamenca dirigía un viejo amigo de Enrique y nuestro: el sabio flamencólogo José  Blas Vega. Como presentación iba un texto de José Luis Ortiz Nuevo que en esos años trabajaba como colaborador de Pepe Blas.   


Como guitarristas intervienen Luis Habichuela, Manzanita y Amador. Los cantes eran:
Tangos de Morente, Seguiriyas de Morente, Fandangos de Graná, Soleares, Tientos de Morente, Taranto, Alegrías, Fandangos de Morente, Mineras.
Ya ven ustedes, hasta cuatro cantes en los que el de Granada aporta sus personales versiones, aunque también en los otros cantes las pinceladas morentianas son palpables.


Una curiosidad es que esos fandangos de Morente habían sido grabados unos meses antes por su gran amigo Camarón de la Isla (a uno y otro pueden oírlos pulsando este enlace: Morente y Camarón). Dejamos que ahora puedan ustedes escuchar otros cortes de este disco:

Seguiriyas de Morente (Voces doy al viento), con Manzanita


Taranto (Minerico barrenero), con Manzanita y Luis Habichuela


Soleares (Lloré más que Jeremías), con Manzanita y Luis Habichuela


Alegrías (Sale el sol), con Manzanita y Amador

Tientos de Morente (Yo seré como la mimbre), con Manzanita y Luis Habichuela

Esto, amigos míos, sí es renovación flamenca: se parte, como es el caso de Enrique, de un conocimiento del flamenco clásico y se hacen aportaciones sin salirse de él. Es tan evidente, dirán ustedes, que me podría haber ahorrado el escribirlo. Pero la cuestión es que en este 2019, y desde unos años para acá, se están llamando renovaciones a auténticos mamotretos sonoros como los de un llamado Niño de Elche y ha aparecido una muchacha llamada Rosalía que hace toda clase de músicas de las que llaman reggaeton, trap y otras cosas de las que me declaro absolutamente ignorante, mezclando con ellas algunos remedos de temas flamencos. Además, cantaoras nacidas en el flamenco como Rocío Márquez lleva unas derivas que cada día la apartan del árbol de lo jondo.

Apariciones y actuaciones como las de las personas que he nombrado siempre han existido. Ha habido, por ejemplo, canción aflamencada o rock flamenco, pero estos subgéneros jamás se han considerado parte del flamenco como hoy pretenden, con las cosas de la Márquez, Rosalía o Niño de Elche, ciertas firmas discográficas y ciertos medios de prensa (El País, por citar al más importante). Y, lo que es gravísimo, estas figuras (de lo que sea) han participado en eventos tan importantes La Bienal de Sevilla o La Noche Blanca del Flamenco en Córdoba: nuestras autoridades usando dinero público para presentar como flamenco lo que no lo es ni por asomo. Y personajes ligados a la llamada Flamencología (Gómez Gufi, Francis Mármol, Juan Verjillos, Pedro G. Romero, Antonio Zoido, José Luis Ortiz Nuevo o Faustino Núñez) alabando a estos seudo renovadores y, a veces, poniéndolos a la altura de Enrique Morente o de Camarón de la Isla. Hasta en la red social Facebook encontramos gente que, a la manera de los novelescos caballeros medievales, se baten un día y otro con todo el que ose cuestionar a los falsos flamencos (muchos pensarán, está claro, en Antonio Villarejo Perujo).

Esperemos que esto sea una fiebre pasajera. Por nuestra parte, en días siguientes, seguiremos repasando, como hecho hoy, la discografía flamenca de Morente.      


(*) Dejo aquí sus cubiertas:

lunes, 2 de julio de 2018

Maldito día 2 de julio (II)

Uso para este artículo el mismo título que usé el día 2 de julio de 2012. Se cumplían entonces 20 años (26, por tanto, en el día de hoy) de la muerte en Badalona de José Monge Cruz, Camarón de la Isla. Lloré aquel día porque, desde la primera vez que oí la voz del gaditano, quedé prendado de su arte, como prendado sigo y seguiré hasta que el Buen Dios tenga a bien ponerle fin a mis días.


Al día siguiente me acerqué al puesto de prensa de mi zona y comprobé como el nombre del cantaor estaba prácticamente en toda la prensa andaluza y nacional. En especial, me llamó la atención El País, diario de moda entre la progresía pero que yo no solía comprar. Foto en portada, editorial y hasta tres páginas del periódico dedicadas al de la Isla, muchas firmas y entre ellas la de su gran amigo Enrique Morente. Les pongo el texto del granadino para que ustedes puedan leerlo:





Por supuesto, si no en El País, en otros periódicos y, si no ese día, en los siguientes, otros muchos artistas flamencos dedicaron toda suerte de recuerdos a Joseíto Monge.  A modo de ejemplo, les transcribo lo que dijo Juan Peña El Lebrijano:


He convivido con él por festivales 14 o 15 años, pueblo a pueblo juntos, vistiéndonos en los mismos camerinos. Era muy inteligente, muy fino y muy agudo, nunca le escuché hablar mal de ningún compañero. Muy silencioso pero con una personalidad muy fuerte, que arrasaba. Pero también era dulce, de caramelo cantando. Camarón deja una grandeza de corazón y lo sentimos pero no hablamos. Empezaremos a llorar como niños.

Y llorando seguimos muchos porque a diario seguimos oyéndolo. Les pido que hoy me acompañen en dos audiciones





Con Manolo Brenes, en 1967, cantando por Seguiriyas en la Venta de Vargas, cuando Camarón iniciaba su popularidad:









Con Tomatito, en 1992, cantando unas Soleares por Bulerías, en su último concierto, celebrado en el madrileño Colegio Mayor San Juan Evangelista:







Nota: Si a la muerte de Camarón unimos las de Tomás Pavón (1954), Paco Toronjo (1998) y Antonio El Arenero (2004), todas en un 2 de julio, el título de mi artículo está más que justificado.

martes, 19 de diciembre de 2017

El penúltimo concierto de CAMARÓN

Envío al amigo Eugenio Sánchez con mi agradecimiento.

Es sabido que el último concierto que dio Camarón de la Isla fue en el Colegio Mayor San Juan Evangelista el día 25 de enero de 1992. Al mismo me referí en mi artículo Maldito día 2 de julio y recuerdo, hablando de Camarón, que escribí:
Cuentan que casi no tenía fuerza para llegar al escenario, pero llegó. Sacó ánimo ni se sabe de dónde pero cantó por soleá, por bulerías, por tangos, por tarantas y cartageneras, cantó por fandangos.

Lo que le pasaba al cantaor y la forma en que llegó al escenario nos lo contó muy bien Carlos Marcos en el  diario El País en su edición del 24 de noviembre de 2010. Al leerlo, nos enteramos de que Camarón y Tomatito llegaron a Madrid procedentes de la ciudad francesa de Nimes donde habían ofrecido otro concierto el día anterior, o sea, el que fue su penúltimo concierto en vida. ¿Qué cantaría Joseíto para la afición francesa? Pues, miren por donde, ese grandísimo aficionado y coleccionista que es Eugenio Sánchez, hace unos meses me sorprendió con el regalo de una grabación hecha aquel día. Aunque con distintas letras, Camarón desarrolló los mismos cinco estilos de cante que ofreció al público del San Juan Evangelista: tangos, soleares, taranta y cartagenera, bulerías y fandangos, todos ellos con el gusto exquisito y "requeteflamenco" al que nos tenía acostumbrados el cantaor de San Fernando. Con la venia de Eugenio, les pongo dos de esos cantes:

Soleares (Se lo pedí a Jesús mío)


Taranta y cartagenera (Soy del Reino de Almería, Los pícaros tartaneros)


Y así, con la miel en la boca y tratándose de las fechas en que estamos, permítanme desearles

¡FELIZ NAVIDAD, PROSPERIDAD Y SALUD EN EL 2018!


(Nota: Habrán observado que en los últimos meses he publicado muy poco. No sé si en el año entrante tendré pocas o ningunas ganas para seguir. En cualquier caso, no olviden que en Córdoba, si me buscan, siempre tendrán ustedes a un amigo).

martes, 4 de noviembre de 2014

Homenajeando a El Cojo Peroche

Cuando en los años 70 la discográfica "Hispavox" puso en circulación la serie de vinilos llamada "Cantaores Gaditanos" no podía imaginar la aceptación que iba a tener un corte incluido en el volumen 4. Éste estaba dedicado al cantaor Manolo Vargas. el cual estaba acompañado por el guitarrista Andrés Heredia, pero he aquí que como final del mismo, como regalo a la mejor afición, podemos oír unas bulerías en la voz de El Cojo Peroche. ¿Quién era este personaje? Hijo del Peroche, un pescaero gaditano que pregonaba su mercancía por flamenco, hermano del citado Manolo, Antonio Vargas Gómez (!924-1973), aunque desconocido fuera de su tierra, era muy popular en los círculos flamencos de La Tacita de Plata. Reclamado en todas las buenas fiestas, con su media lengua , se canturreaba lo mismo por bulerías, que por alegrías o por soleá.

Un buen día le montaron una fiesta en la que estaban presentes el pianista Felipe Campuzano y los guitarristas Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar y Félix de Utrera  Y le hicieron cantar al bueno de Antonio, y lo acompañaron el pianista y los tres de la guitarra, y lo dejaron grabado. Es lo que luego apareció en el disco de su hermano Manolo como he dicho más arriba. ¿Lo oímos?



Como decía al principio, esta grabación fue muy bien acogida, muy celebrada en todos los mentideros flamencos. Pasados unos años, el sin par Joseíto Monje, Camarón de la Isla, quiso homenajear a Peroche. Juntó a sus amigos Paco de Lucía y Tomatito, y nos dejó esta delicia:

miércoles, 9 de julio de 2014

Tonadas campesinas (VII): Los cantos de escarda de Arcos



Temporeras podría ser el término genérico para referirse a los cantos de los trabajadores eventuales (o temporeros) del campo, la gran mayoría porque en cualquier cortijo andaluz los fijos se contaban con los dedos de media mano. Por aquí, Córdoba y su campiña, llamábamos temporeras a los cantos de arar, pero he aquí que en mi afán de coleccionista (y gracias a mi amigo cacereño Pedro Delgado) me hago con una grabación rotulada como Temporeras de Arcos. Cuando las oigo, compruebo que no van ligadas a la labor del arado sino al de la escarda. Se trata de una especie de trovo donde un escardador y una escardadora intercalan sus coplas. Una auténtica preciosidad, en mi opinión, ejecutada por Piconero de Arcos y Fabiola Pérez, Vamos a escucharla.


Otro día escribí que los cantos campesinos traspasan la línea del folk-lore para adentrarse en el flamenco cuando los ejecutan no ya la gente llana sino los cantaores o cantaoras. En este caso está muy claro que tanto Piconero como Fabiola lo son y por eso estas temporeras nos suenan muy aflamencadas, Yo llego más lejos, ¿están inspirados en alguna cantiña de Cádiz?, o, lo que también es posible, ¿alguna cantiña tomó prestada la melodía de estas temporeras? Escuchen y traten de establecer parecidos.


Posdata y addenda: El anterior artículo se publicó inicialmente el día 30 de noviembre de 2013 en el blog El cante nuestro de cada día que posteriormente decidí cerrar y eliminar, integrando todas sus entradas en este Flamenco en mi memoria. Nada más publicarse hubo comentarios:

1) Pedro Delgado me dice:

Tú, como siempre, buscándole cinco pies al gato y lo digo en sentido laudatorio. Yo con mi oído nulo (hablo en singular porque el izquierdo sólo me sirve para acumular cera) para distinguir diferencias o similitudes no soy el más indicado para opinar del asunto. Pero el intercambio de piropos entre Piconero de Arcos y Fabiola Pérez, "La Fabi" es una delicia que me cautivó desde el primer momento que la escuché. Gracias por sacarla a la red. Saludos flamencos desde Cáceres.

Mi respuesta fue:

Gracias, Pedro, como siempre. Cuando yo apunto el posible parecido con alguna cantiña, efectivamente voy detrás del quinto pie del gato. Lee lo que le escribo al amigo Álvaro en el siguiente comentario. Saludos cordobeses.

2) Álvaro de la Fuente había escrito:

Qué interesante Andrés¡¡¡¡¡ Desconocía absolutamente estas melodías. Su parecido melódico con algunas cantiñas está clarísimo; para mí, esas cantiñas se basaron en estos cantes campesinos, ya que por lo general estas formas musicales son anteriores al arte flamenco. Un prueba más de como los cantos folklóricos campesinos influyeron en la configuración del cante flamenco. Siempre se ha hablado de su influencia en las tonás, seguiriyas o malagueña incluso. Pues, parece que las cantiñas tampoco escaparon a su influencia...

Y yo le respondí:

Creo, Álvaro, que no hay que correr tanto. Tendrían que acreditarnos la posible antigüedad de estos trovos. Sospecho que pueden ser más modernos y que se hayan inspirado en las cantiñas. No quiero nombrar a nadie, pero hablar de Arcos es hablar de un afamado flamencólogo que suele estar detrás de algunos estilos "cuneros" del precioso pueblo gaditano. "Temporeras de Arcos", "Bamberas de Arcos", "Tonás de quintos de Arcos"... No sé, no afirmo nada pero me autoconcedo el beneficio de la duda.

3) Al día siguiente escribe de nuevo Pedro Delgado:

Sí señor. Prudente y precavido. Yo recuerdo ahora mismo, así de pronto, unas "Seguiriyas de Arcos" que grabó el Lebrijano con el título de "Un rayo cayó". Si no las conoces me lo dices y te las mando.

Mi respuesta:

Creo que sí debo tener ese cante pero ahora no lo localizo porque aún no he puesto orden en la discografía dispersa que tengo de Juan. La espero. Mira a ver si si viene autor de la letra y si hay alguna alusión al Nitri. Gracias, Pedro. Saludos.

Así quedó la cosa. ¿Qué creen ustedes? ¿Estas Temporeras de Arcos son preflamencas o postflamencas?

jueves, 20 de septiembre de 2012

Camarón se acuerda de La Repompa

Nuestro Joseíto Monge, nuestro Camarón de la Isla, siempre tuvo fama de "ratoncillo" que roía en otros artistas hasta hacer suyas las cosas de los demás. Agustín Gómez en su libro De Silverio al Flamenglish lo dice muy bien:

Camarón ha sido un buscador de tesoros olvidados a los que ha sabido dar lustre y vida nueva con su propia expresión; a veces esos tesoros ocultos han sido tan actuales como él mismo. Bastaba que Camarón levantara su voz en ellos para que se convirtieran en oro. (...) Lo que Camarón explicaba entonces era el arte de aprender y olvidar luego, el arte de deformar las formas una vez aprendidas. No hay más creación, ni mejor manera de hacer tradición.  

Con otras palabras, lo confirmaba el propio cantaor según recogió José L. Ortiz Nuevo:

... y muchos me dicen que soy mu ratonero y yo digo que bueno, que le voy a hacer y entonces escuchaba una cosa, por ejemplo una soleá, escuchaba un tercio y yo lo hacía, y cuando yo sabía que lo hacía bien, que sabía cómo iba, le buscaba otra forma de hacerlo, porque a mí no me ha gustado nunca cantar igual .

Efectivamente, Camarón aprendió de todos y mejoró a muchos. Eso es ser artista y no simple intérprete. A veces homenajeó a sus maestros en su propia discografía como fue el caso de la Perla de Cádiz o de Antonio el Chaqueta. Otras no, pero somos nosotros, los aficionados, los que detectamos algunas de las fuentes donde bebió el de la Isla.


Precisamente anoche, ordenando la discografía de Camarón, me detuve oyendo unas bulerías incluidas en su álbum "Viviré" publicado en 1984 con el acompañamiento a la guitarra de Paco de Lucía y de Tomatito. Se trata de un tema de Antonio Humanes titulado "Tres luceros". Una auténtica joya estas bulerías. Hacia la mitad de las mismas, oímos estos versos:



Y después que te fuiste queó,
gitanita mía, mucho lo nuestro,
y tó el mundo te recuerda
con mucha alegría,
porque tu ausencia la siente
toíta Andalucía,
y los gitanos en las bodas
bailamos por ti, cantamos por ti,
ay gitanita tan buena y tan guapa,
qué gitanita si estuviera aquí.


¿Se acuerdan ustedes de las bulerías aquellas de "En los tiempos del rey Faraón" que hacía Enriqueta Reyes, la Repompa? Ahí las tienen recreadas por José Monge. Escúchenlas y disfruten.

lunes, 2 de julio de 2012

Maldito día 2 de julio

Como anuncio de la cercana Navidad, el Buen Dios nos hizo un regalo trayendo a este mundo, allí en la gaditana Isla de San Fernando y siendo un día 5 de diciembre de 1950, a un gitanito rubio que respondió al nombre de José Monge Cruz, aunque la historia lo recordará por su alias de Camarón de la Isla.


La desgracia y el mal fario se cebaron en él y, recién cumplidos los cuarenta y un años, nuestro Joseíto se vio "herío de muerte". En enero de 1992 da su último recital público. Fue en mi querido Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid. Cuentan que casi no tenía fuerza para llegar al escenario, pero llegó. Sacó ánimo ni se sabe de dónde pero cantó por soleá, por bulerías, por tangos, por tarantas y cartageneras, cantó por fandangos.


Con frecuencia he dicho que es cierto que Camarón revolucionó la bulería y el tango, que (pese a lo que últimamente ha dicho un importante cantaor) conocía y desarrollaba muy bien los cantes clásicos de seguiriyas y soleá, pero que, para mi sensibilidad, donde estaba más "sembrao" era en los cantes mineros y sobre todo en el fandango. Escuchen, cómo ejecutó este estilo, acompañado a la guitarra por Tomatito, en el citado recital del San Juan.


Unos meses después, un fatídico 2 de julio de 1992, José se nos fue a la Gloria. Hoy se cumplen 20 años.

viernes, 7 de octubre de 2011

Morente y Camarón

Dejando de lado a los mayores y ciñéndome a los cantaores nacidos desde 1940 en adelante, no cabe duda, al menos para mi sensibilidad de aficionado, de que las dos figuras más importantes que ha dado el Cante Flamenco han sido el granaíno Enrique Morente y el isleño Camarón: un payo y un gitano, como ocurriera anteriormente con Marchena y Caracol, con Chacón y Manuel Torre, con Silverio y El Mellizo. Cantaores con muchas cosas en común: afición desmedida, conocimiento de los moldes clásicos, buen gusto hasta rebosar, ausentes de prejuicios y por ello innovadores, libres y por ello polémicos...



Fui testigo del respeto que uno y otro se profesaban como artistas y de la amistad que les unía. Hacia 1970, el tablao Zambra solía cerrar bastante antes que Torres Bermejas. Desde el primero, alguna que otra noche, acompañando a Rafael Romero, Varea y Morente, nos íbamos a escuchar al de la Isla. No formábamos parte del público sino que nos pasaban a una "cantina", contigua al escenario, desde la que veíamos y escuchábamos mejor que los de la primera fila, con el añadido a nuestro favor de que sólo pagábamos las consumiciones que hiciéramos y a precio de los que trabajaban en la casa. ¡Suerte para mí el ir acompañado de artistas! Acabada la función, solíamos pasear por Callao y la Gran Vía, ya acompañados de Camarón, de Enrique de Melchor y otros.

¿Se influyeron mutuamente? Dada la permeabilidad de ambos, yo creo que sí, pero era difícil detectar influencias concretas porque cada uno poseía una personalidad tan fuerte que al escuchar a Morente sólo se pensaba en Morente y al escuchar a Camarón volvía a ocurrir lo propio. No obstante, he leído por ahí que fue Camarón el que tomó cosas prestadas del granadino, pero no al revés. Pudiera ser que sí, al menos en lo que se refiere a las músicas propiamente dichas. Hay un ejemplo claro que vamos a mostrar.

En 1975, Camarón publica su disco "Arte y Majestad", en el cual, con la guitarra de Paco de Lucía y letra de Antonio Sánchez, hace estos fandangos


El mismo año, unos meses después, aparece "Se hace camino al andar" de Enrique Morente. Con las guitarras de Luis Habichuela y de Manzanita, y con temas populares, lo oímos también por fandangos


¡Vaya por Dios, ambos hacen el mismo cante y, además, con una melodía desconocida hasta entonces! Pero la cuestión estaba clara: el de Graná los etiquetó como "Fandangos de Morente" y nadie dudó de ello pues efectivamente eran de su creación. Enrique me comentó alguna vez que estaba muy orgulloso de que Joseíto Monge hubiese grabado sus cantes, como indicio de que no serían tan malos como algunos críticos de la época, enemigos de toda innovación, aseguraban.

sábado, 1 de octubre de 2011

Camarón: La leyenda del tiempo

(Recupero unas líneas que escribí el 22 de diciembre de 1979 a raíz de la publicación, unos meses antes, del disco “La leyenda del tiempo” de Camarón de la Isla. Un poquito atrevidas para aquel momento, pero el paso de los años creo que me ha dado la razón en mis apreciaciones...)


Delicias, encantos de un verdadero flamenco...
¡Pobres de los puristas! Dicen que por estas canciones han excomulgado a CAMARON. A Camarón, el Camaroncillo frágil, tenue, el tierno Camarón. ¡Pobres de los puristas! Ellos se lo pierden.
Pierden, sí, las delicias, el encanto de un verdadero flamenco. Pierden la voz más genuínamente andaluza desde que nos abandonó (Dios, ¿por qué nos los vas arrebatando?) el de la voz de enhebro, el Caracol (Manuel Ortega). Pierden la moruna guitarra de esa plantita madura que se autodice Tomatito. Pierden el sitar de Gualberto (¡qué hermosura de nanas!), las vocecillas de Manoli, las delicadas palmas de Bollito...
Porque, vamos a ver, ¿quién se atreve a decir que el flamenco está terminado, que es construcción acabada?, ¿cómo es que dicen que Morente, que Lebrijano, que Camarón dejan de ser flamencos cuando, según ellos, rompen el molde e intercalan otros elementos musicales?
Sí, para su desgracia, esos llorones existen: son los impenitentes mairenistas (su maestro lo dijo: “el cante está hecho”), los seguidores de la frialdad aflamencada, o, mejor, el flamenco en frío. “Esto es así porque así lo cantó fulanillo y porque a mí la incorpórea razón me lo dictó”. ¡Qué sinrazón eso de la incorpórea razón!
Este disco, por el contrario, tiene cuerpo de razón y razón con cuerpo. Obra colectiva de, imagino yo, unos cuantos pasaos, con su estelar figura, sí, pero colectiva creación: venenos, bollitos, pachones, manolis, tomatitos, lorcas y villalones resucitados, coral griega con un camaroncillo de portavoz. Andaluza, flamenca creación viva...
Sobremanera me ha impresionado esa “nana”. ¡Ay si algún que otro mairenista que yo me sé hubiese conseguido en toda su vida la mitad de este cante!
Camarón, niño Monge, ¡gracias por este regalillo!


Han pasado los años y la tecnología ha cambiado una barbaridad. Ahora, puedo poner a disposición de ustedes la "Nana del Caballo Grande". Oíganla quienes no la conozcan...

miércoles, 20 de abril de 2011

De cómo Mairena me quitó a Camarón

En la primavera de 1968, me nombraron Subdirector del Colegio Mayor "San Juan Evangelista" de Madrid. Don Jesús Cobeta Aranda, el Director, me dice que era costumbre que cada directivo novel debía dar una cena para agasajar a los veteranos en el equipo, costumbre que no dejaba de ser curiosa. No tuve dificultad en montar el acto: iríamos a cenar pescadito frito y otros platos andaluces a la taberna “Los Camborios”, en una paralela a Gran Vía entre Santo Domingo y Plaza de España, bar que montó mi cuñado el abogado Cipriano Crespo; a continuación, en la misma taberna tendríamos una pequeña fiesta flamenca.

Para su organización recurrí al gitano Paco Valdepeñas al que conocía por su amistad con mi cuñado. Me habló de llevar a un guitarrista y a un cantaor, recién llegado a Madrid, del que todo el mundo hablaba y del que se esperaba mucho. Imaginen que les estoy hablando de Camarón de la Isla. Pues claro que sí: mi toma de posesión iba a ser una auténtica campanada.

Yo soñaba con que llegara el día, pero, he aquí, que desplazados todos a la taberna, aparece el de Valdepeñas un poco alterado:

-Andrés, que no va a ser posible. Que a Camarón se lo ha llevao, pá escucharlo cantar, Antonio Mairena que anda por Madrid pá hablar con el Conde Montarco, ese de Cultura Hispánica, de unas Reuniones de Flamenco que quieren organizar.

-Pero tú no te preocupes porque te traigo a un “cateto” de cerca de tu pueblo que anda estos días por aquí. Canta divinamente y te va gustar.

No se me iba el cabreo hasta que me dijo el nombre del cantaor sustituto: Pedro Lavado. ¡Dios mío!, el cantaor de Puente Genil al que yo ya conocía de años atrás y al que había oído cantar tanto en su pueblo como en el mío.

La cena salió muy bien y los cantes de Perico por soleares de Córdoba, serranas, malagueñas y fandangos de Lucena fueron sorprendentes. Entre uno y otro, Valdepeñas cantaba y bailaba por bulerías con un arte y una gracia de marca propia. Mis invitados volvieron al Colegio y yo seguí la fiesta, junto a mi cuñado y algún colegial como mi paisano Antonio Luna “El Cumaco” que se me adosaba siempre. Cuando dejamos Los Camborios era de día y yo acerqué a Pedro Lavado hasta Ciudad Lineal, donde paraba en casa de un pariente.

Pena que perdí a Camarón, pero alegría porque reencontré a Lavado. Después de todo, para conocer al de la Isla, había mucho tiempo por delante, tal como ocurrió después cuando lo oí por primera vez en mi vida cantar en el Tablao “Torres Bermejas”.

viernes, 18 de febrero de 2011

Aficionado ecléctico pero camaronero

Como aficionado he sido totalmente ecléctico, es decir, he tomado cosas buenas de todas las escuelas. Por ejemplo, por citar tres vigentes en los años sesenta y setenta: las de Caracol, Marchena y Mairena. De todas formas, un día un amigo me dijo, relativo al cante, aquello de que si te fueras a una isla y te permitieran un solo libro, ¿cuál te llevarías? ¿Sólo un cantaor?, no, no es posible. Mi amigo insistió y no tuve más remedio que hacerle esta confesión:

Hay un cantaor con el que bastantes noches sueño que ha vuelto a este mundo: Camarón de la Isla, Joseíto el Niño Monge... Dios se lo llevó en 1992. Para mí sigue igual de presente.