Soy Andrés Raya y nací en Fernán Núñez, campiña de Córdoba (España).
Desde chico me aficioné al Cante Flamenco, llegando a ser una de mis pasiones.
Este blog recoge retazos de mis memorias.
Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.
No hace mucho tiempo, en uno de esos muros, tabiques o como quiera que les llamen la gente de Facebook, se hablaba de artistas femeninas del mundo de la copla que habían hecho incursiones en el Cante Flamenco, algunas con bastante acierto. A este respecto salieron a relucir dos nombres. Gracia de Triana, la cual goza de toda mi admiración y he hablado de ella varias veces en mis cuadernos(1), y, en segundo lugar, La Niña de Antequera, de la que yo recordaba que sonaba mucho en los aparatos de radio de mi niñez.
Me propuse, entonces, dedicar un artículo a la malagueña, si bien, repasando mi archivo me encontré con muy pocos datos y sólo alguna que otra grabación suya(2). Tuve que acudir a las redes y a varios de los amigos que tengo en ellas, gracias a lo cual pude escribir el párrafo que sigue.
La Niña de Antequera fue el nombre artístico de María Barrús Martínez, nacida en la calle Palomos de la malagueña ciudad de Antequera en el año 1920. La familia se trasladó a la provincia de Jaén (unos me dicen que a Huelma, otros que a Cambil) y allí, con sólo 12 años, dio a conocer sus excelentes cualidades canoras, llegando a profesionalizarse hasta alcanzar plena popularidad antes de sus 30 años con el espectáculo Sol Andaluz en el teatro sevillano de San Fernando. Triunfa también en el Price de Madrid y recorre varias veces España entera con los espectáculos de canción y cante flamencos al uso en los años cincuenta y sesenta. Recibió galardones como la Banda del Estrellato o la Medalla al Mérito Artístico, siéndole entregada ésta por Pepe Marchena. Fue compañera de todos los que en aquellos años eran alguien en el mundillo flamenco: Manuel Vallejo, Pepe Marchena, El Niño de la Huerta, La Niña de la Puebla, Luquitas de Marchena, Canalejas de Puerto Real, Manuel Centeno, El Sevillano, Rafael Farina, Porrina de Badajoz, Antonio Molina, Juanito Valderrama, etc., etc., llegando a coincidir incluso con Camarón de la Isla. Estableció su vivienda habitual en Sevilla, donde se casó y tuvo un hijo y tres nietos.
En agosto de 1972 trabajaba en un espectáculo de nombre Los Famosos, con Juanito Valderrama, Juanito Maravilla, Hermanos Valderrama y Manolo Alegría entre otros. El día 29 de ese mes tenían que actuar en Palma del Río (Córdoba) y, desde su casa sevillana, sobre las 6 y media de la tarde, María partió hacia allí en su automóvil, acompañada de Manolo Alegría, con tan mala suerte que fueron arroyados por un camión. Ella salió despedida de su asiento y resultó aplastada en el tórax por su propio coche. Trasladada a una casa de socorro, nada se pudo hacer y falleció a los 20 minutos de su ingreso. Tenía 52 años de edad, en plena madurez vital y artística.
Vayamos ahora a sus discos. Fue muchísimo lo que grabó como copla aflamencada, muchas veces con orquesta y otros con sólo guitarra. No voy a entrar en esas grabaciones y me limitaré a señalar que entre ellas hubo una muy popular, titulada Mi perro, que la gente de mi quinta seguro que recuerda. También grabó cosas estrictamente flamencas, acompañada, por lo general, por dos guitarristas sevillanos: cuando no tocaba Antonio Peana, es porque lo hacía Pepe Martínez. No fue larga en repertorio y los estilos más jondos (tonás, seguiriyas, soleares) ni los tocaba. Su voz la inclinaba hacia otras cosas: milongas, colombianas, serranas rematadas con el verdial granadino, alegrías, granadinas y fandangos, muchos fandangos. Llama la atención que, siendo de la provincia de Málaga, no solía cantar por malagueñas. Por el contrario, era una magnífica tarantera, lo que podría explicarse por su crianza en tierras de Jaén. En fin, pasemos a escuchar estata selección que he preparado para ustedes:
01) Soleá y Alegrías (Linares ya no es Linares), año 1959, con Antonio Peana:
02) Colombiana (De la alegre Andalucía), año 1960, con Antonio Peana:
03) Fandangos (Dicen que a río revuelto), año 1962, con Antonio Peana:
04) Milonga y Fandango (Glosa a La Giralda), año 1962, con Antonio Peana:
05) Alegrías de Córdoba (De Córdoba la llana), año 1963, con Antonio Peana:
06) Taranta (El candil se me apagó), año 1965, con Antonio Peana:
07) Granadina (Una rosa yo corté), año 1966, con Pepe Martínez:
08) Guajiras (Levántate Juan Valdés), año 1967, con Pepe Martínez:
09) Alegrías (La goleta), año 1968, con Pepe Martínez:
10) Serranas y Verdial (Entre flores silvestres), año 1968, con Pepe Martínez:
11) Taranta (Paco El Herrero), año 1969, con Pepe Martínez:
12) Fandangos (Tiene que llegar el día), año 1969, con Pepe Martínez:
(1) Pueden consultar al respecto los siguientes artículos:
José Losada Caraballo nació el día 2 de mayo de 1912 en el pueblo sevillano de Aznalcóllar, localidad de la que tomó el nombre artístico de El Niño de Aznalcóllar, reducido, con el paso de los años a Pepe Aznalcóllar. Con trece años de edad (como en la foto de la izquierda) ya cantaba en público llegando a actuar junto a las mayores figuras de la época incluido el jerezano don Antonio Chacón, Con 16 entró en los estudios de grabación. De 1929 concretamente son estos fandangos que grabó con la guitarra de Niño Ricardo. Entrada la década de los treinta, Pepe está presente en todo tipo de eventos flamencos, llegando a ser uno de los participantes del famoso Certamen Nacional de Cante Flamenco celebrado en 1936 en el madrileño Circo Price. El estallido de la incivil guerra del 36-39 le coge en Almería, de gira con la compañía de La Niña de la Puebla, grupo que habría de disolverse al ser requisado por los milicianos el autocar en que viajaban, propiedad de la misma Dolores Jiménez. Pepe no regresa a su pueblo ni siquiera a su provincia natal por miedo a ser represaliado y se traslada a Cartagena. En la posguerra, esta figura emergente del Flamenco queda eclipsada, teniendo que esperar a 1955 para reaparecer, de nuevo con la Niña de la Puebla, y ahora también junto a Antonio El Sevillano, siendo anunciado como coloso de los fandangos.
En efecto, mermadas sus facultades en relación a su primera época, en la que hacía fandangos siguiendo la línea de Cepero o del Carbonerillo, aparece un Aznalcóllar con un fandango personalísimo, casi hablado, de un lirismo y una belleza sorprendentes. Fandango que ha sido su legado (Pepe murió en Madrid el día 13 de junio de 1973) y que hoy en día lo siguen incorporando a su repertorio las nuevas hornadas de cantaores. Yo les invito a que escuchen dos tandas de sus fandangos. En una está acompañado, como en la foto de la derecha, por Antonio Piñana Hijo. En la otra, a su exquisita voz se une la exquisita guitarra de Pepe Martínez.
José Martínez León (Pepe Martínez, Sevilla, 1923-1984) se introdujo en en el mundo de la guitarra por iniciativa de su propia madre, Isabel León, cantaora y saetera. Sus primeros pasos en el arte los dio por la muy flamenca Alameda de Hércules. En Madrid llega a conocer a Ramón Montoya y siguió su escuela. Grabó como acompañante con los artistas más relevantes de su época, aunque, después de una salida a Francia y Reino Unido donde dio conciertos como solista, se inclinó más por esta actividad. Su guitarra está llena de musicalidad y su expresión siempre es de dulzura. Vamos a oírlo en dos estilos: soleares y tarantas.
No deja de llamar la atención el hecho de que en muchas ocasiones los artistas del género flamenco rematen su cante con algún tipo de fandango. Eso fue muy frecuente en el primer cuarto del siglo XX cuando se ejecutaban cantes mineros y levantinos en general. Escacena y La Niña de los Peines lo hacían habitualmente. Esa costumbre se perdió, aunque la retomaron los cantes por malagueñas: Varea, Rafael Romero, Enrique Morente... Hicieron buena siembra porque en la actualidad parece que se ha convertido en algo de obligado cumplimiento enlazar la malagueña con una tanda de lo que han dado en llamar "cantes abandolaos". Curiosamente, tanto en lo que decíamos de principios del siglo XX como en lo que decimos de hoy mismo, uno de los fandangos más frecuentes era y es el de Lucena en sus diversas variantes.
Lo que ignoran los aficionados jóvenes es que también hubo una época en que se remataba con un fandango de tipo verdial, granadino en general, nada más y nada menos que el cante por serranas. Les traigo dos muestras:
Ya lo han oído, La Niña de Antequera con el guitarrista sevillano Pepe Martínez. Ignoro la fecha de esta grabación, pero sí les digo que en 1971 se registró esta otra con la guitarra de Manolo Sanlúcar y el cante de La Niña de la Puebla.