Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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miércoles, 2 de marzo de 2016

Tonadas campesinas (XVIII): Arrieras de Dalías

Envío a mi amigo almeriense Alejandro Reyes.

Hace un tiempo llegué a publicar en este cuadernillo hasta 17 entradas referidas a las Tonadas campesinas. Un poco más y me redacto una monografía sobre tan apetecible tema..., pero, ¡qué va, iluso de mí! Hace unas semanas leí en el Facebook que en la Universidad de Sevilla se había presentado una tesis doctoral sobre los cantos campesinos en Torredelcampo (Jaén). ¡Caray! con estos universitarios de ahora, ¡cómo aprietan!, ¡cómo suben el listón más y más! Seguro que todo cuanto yo escribí se quedaría en una nota a pie de página al lado de la sapiencia de los sesudos doctores que se forman en nuestras universidades. ¡Vivir para ver!

Pero, bueno, tampoco es para acomplejarse. A mí, hijo de labraores y criao en esas cortijadas de la Campiña Cordobesa, el tema me atraía mucho y por eso le presté mi atención, indagué algunas cosas y clarifiqué otras. Había temas que me quedaron por tocar como los cantos asociados a la aceituna o al oficio de la arriería. Ciñéndome al segundo centro de interés, me preguntaba a mí mismo: ¿existen cantos propios de los arrieros? Que éstos cantaran, es casi seguro. ¿Cómo, si no, entretener sus travesías, a veces de muchos kilómetros y horas? De hecho hay autores que señalan que los arrieros fueron auténticas correas de trasmisión de cantes de una comarca andaluza a otra. Pero, insisto, ¿había un canto propio de su oficio? Puede que haya existido y se haya perdido, cosa que afortunadamente no ocurrió con las labores de la siembra, siega y trilla, y hasta nosotros han llegado muestras de tales tonadas.

Rastreo por la discografía y resulta que sí, que el término arrieras aparece al menos en dos ocasiones: una ligada a la localidad almeriense de Dalías y otra al pueblo gaditano de Arcos de la Frontera. Vamos hoy a interesarnos por esas arrieras almerienses y dejemos para otro día las de Arcos.

Hay un cantaor que ya apareció en este cuaderno y también en nuestro Museo del Fandango, Manuel Ribera Ruiz, Manolo de la Ribera, nacido en Adra (Almería) en 1912 y del cual no tenemos más datos biográficos (¿qué espera el Instituto Andaluz del Flamenco, o sea el IAF, para hacer un inventario contrastado y fiable de nuestros artistas?). Escuchémosle este cante que hace junto a Enrique de Melchor:
Una preciosidad, ¿no les parece? Musicalmente estamos ante unos fandangos de corte verdial muy similares a otros que se han cantado y se cantan por la Alpujarra almeriense. Pero, ¿dónde están las arrieras salvo en la letra que nos habla de las mulas transportando las uvas de Dalías hasta el muelle de la capital?  Efectivamente, la arriería ha sido un tema literario para el de la Ribera y nada más.

miércoles, 15 de julio de 2015

Jugando con los erróneos números de la flamencología oficial

Haciendo una consulta en el libreto que acompaña al álbum discográfico de la Antología de Hispavox (firmado por el profesor Tomás Andrade de Silva y que yo conservo con los autógrafos que me dedicaron Pericón de Cádiz, Pepe el de la Matrona y Rafael Romero), observo que se señala la edad de cada cantaor en el año en que fuera redactado. Como quiera que hay tanta inexactitud en las fechas de nacimiento de nuestros cantaores se me ocurre que haciendo uso de la evidente igualdad

Año de nacimiento + Edad según libreto = Año de escritura del libreto

podríamos averiguar uno de estos tres datos siempre que conozcamos los otros dos. ¡Vaya!, pues tomemos el año de nacimiento de cada cantaor según los datos del DEIF, de Blas Vega y Ríos Ruiz, y tomemos la edad que nos indica el libreto. De ser ciertos unos y otros datos, tendríamos que llegar en todo caso a un mismo resultado para el año de escritura, pero miren ustedes lo que nos encontramos:
 
Pepe el de la Matrona: 1887 + 76 = 1963
Bernardo el de los Lobitos: 1887 + 65 = 1952
Jacinto Almadén: 1899 + 53 = 1952
Pericón de Cádiz: 1901 + 50 = 1951
El Niño de Málaga: 1907 + 48 = 1955
Rafael Romero: 1910 + 42 = 1952
El Chaqueta: 1918 + 33 = 1951
Jarrito: 1925 + 27 = 1952

¡Qué barbaridad!, ¡ni las escopetas de plomillos de las casetas de la feria de mi pueblo fallaban más! ¿Se equivoca el DEIF?, ¿se equivoca el libreto de Hispavox? Seguramente los dos, pero tiendo a pensar que el segundo lo hace en mayor proporción. Dicho libreto lleva un copyright de 1958, pero nos consta que su contenido se redactó en algún año anterior que a la vista de nuestros cálculos no hay manera de averiguar. Todo esto que les cuento no tendría más valor que el de las puras anécdotas, pero la cosa es más grave ya que nos encontramos la prueba de la poca seriedad con que se han tratado los datos de nuestros artistas.

La Junta de Andalucía se atribuyó funciones como la conservación y revalorización del Flamenco. Y digo yo, ¿para cuándo un catálogo serio y contrastado de nuestros artistas? Si existe, que lo den a conocer. Si no existe, que lo creen de inmediato. ¿O es que el IAF (Instituto Andaluz del Flamenco) sólo está para que su directora se apunte a las fotos de la prensa?

Nosotros, a lo nuestro: escuchar cante. Les dejo con las portentosas soleares que hizo Pepe el de la Matrona para la comentada antología.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Un seguiriyero llamado PEPE MARCHENA

Envío a mi amigo Antonio Beltrán, de Málaga. También para Curro López en su Montalbán de Córdoba.
Envío que hago extensivo a Faustino Núñez, real flamenco de Vigo. 

Vamos a ver, ¿ustedes-vosotros, conocéis a un seguiriyero que se llamó Pepe Marchena? Que sí, hombre, que sí, el mismo de "los cuatro muleros" y de aquello de "era un jardín sonriente", el que le puso un fandango a la mitad de los pueblos andaluces, el famoso tarantero, el que creó una media granadina que él mismo adjudicó a su padre Juan Perea, el de las milongas y vidalitas, el rey indiscutible de las guajiras, el que nos legó las novedosas colombianas. Ídolo de masas en sus mejores tiempos, artista denostado hasta la saciedad por los teóricos neo-puristas que surgieron en los años cincuenta, maltratado por los "flamencólicos" que se unieron al llamado "Neoclasicismo Flamenco", o sea, lo que otros han dado en llamar el "Mairenismo".

Con frecuencia se ha dicho de él que desconocía o que no practicaba lo que Falla consideraba en 1922 como cantes jondos: saetas, tonás, serranas, seguiriyas, polos, cañas y soleares. Que las desconocía es falso puesto que también es falso el que no practicara estos estilos. Ahí está el recuerdo que nos legaron viejos aficionados que lo escucharon cantar esos estilos jondos, además de otros muchos. Pero sobre todo, ahí está su discografía, la cual por cierto, está pidiendo a voces que se la ordene, que se la complete (¿Para cuándo, doña María Ángeles Carrasco, directora de ese casi fantasmal Instituto Andaluz del Flamenco que crearon los políticos del Gobierno Andaluz?). Limitándome a la que yo poseo y aún a sabiendas de que está muy incompleta, me encuentro con estupendos ejemplos de todos los cantes que Falla añoraba.

Hoy, me ha dado por juntar todas las seguiriyas que tengo en mi archivo cantadas por Pepe Marchena. Me salen nueve grabaciones, las mismas que voy a ofrecerles a continuación, siguiendo un orden cronológico, procediendo hacia atrás, es decir, de las más recientes a las más antiguas.


1) Años setenta, con Benito de Mérida en TVE: A mí me duele hasta el alma


2) Año 1963, con Paquito Simón: Qué quejío más grande

3): Año 1963, con Paquito Simón: A los montes de Armenia

4) Año 1930. Con Pepe de Badajoz: Delante de mi mare

5) Año 1929. Con Ramón Montoya: En aquel rinconcito dejadme llorar

6) Año 1928. Con Niño Ricardo: Siempre por los rinconcitos


7) Año 1927. Con Miguel Borrull Hijo: Qué dolor de mi mare


8) Año 1927. Con Carlos Verdeal: Son tan grandes mis penas

9) Año 1924. Con Ramón Montoya: Hasta el alma me duele


Ahí ha quedado eso. Ahora que cada uno saque sus propias conclusiones.