Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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miércoles, 1 de mayo de 2013

Morente y Hernández en la Universidad (1970)

Para mi compadre Salvador de Toro

Hagamos un recordatorio: En otoño de 1969 se le sugirió a Enrique Morente, invitándolo a su lectura, que el poeta Miguel Hernández podía cantarse por flamenco. El granadino así lo entendió y a modo de ópera prima sonó su voz en el C. M. San Juan Evangelista cantando El Niño Yuntero. Siguió con la adaptación de otros poemas.

Aunque exiliados del mundo de los Colegios, la gente de La Hermandad seguíamos teniendo nuestros contactos y amistades. Varias colegialas del C. M. Isabel de España querían organizar un acto flamenco, recurrieron a nosotros y les dijimos que podíamos llevar a Enrique Morente y que, de paso, éste podría cantarnos cosas del poeta de Orihuela. Así se montó un recital en el cual el cantaor de Granada estaría acompañado a la guitarra por el hijo del cantaor Antonio Piñana, de igual nombre que su padre.

Hemos publicado recientemente el texto de presentación de dicho recital. Allí estaba en pleno la gente de La Hermandad (Salvador de Toro, Ortiz Nuevo, Gabrielito Vera, Paco Hidalgo...). Allí estaba el autor del texto, que lo leyó en su propia voz y que no era otro que este servidor de ustedes.

Enrique nos mostró que, a sus veintisiete años, era un cantaor en plena madurez, conocedor de los más exigentes moldes clásicos. Ejecutó diversos estilos y entre ellos unas peteneras con estrofas del poema "Aceituneros", tomado del libro Viento del Pueblo que Miguel Hernández publicara en 1937, en medio de aquella incivil guerra que padeció España. Vamos a oírlas en la grabación que Morente hizo un año después, acompañado en esta ocasión por Perico el del Lunar.


Hubo más cosas del poeta alicantino. En medio de unos cantes por alegrías, apareció esta estrofa
 La  juventud siempre empuja,
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.
sacada del poema "Llamo a la juventud" del libro antes citado. Curiosamente, este tema no lo mantuvo Morente en su repertorio posterior, cosa que sí hizo con los otros versos hernandianos a los que puso música en aquella época. Más curiosidades: en estas mismas alegrías Enrique alteró una sola palabra en una letra clásica para que ésta cambiase totalmente su sentido:
Yo pegué un tiro al aire,
cayó en la arena,
confianza contigo
no hay quien la tenga.
El granadino cantó así el tercer verso
confianza con Paco
Poca gente de entre el publicó captó quién era aquel Paco del que había que desconfiar. Acabado el acto se lo comenté a Enrique advirtiéndole de que se había expuesto demasiado. Él, con su ironía (yo diría socarronería) habitual me dice:
- Anda, ¿qué yo he cantao eso?, pues no me he dao ni cuenta.

En la presentación yo había invitado al público a que hubiese un coloquio tras el recital. Así fue y se prolongó bastante. Se habló de todo lo humano y hasta de lo divino. ¡Eran tantas las ganas que teníamos de expresarnos libremente...!

lunes, 29 de abril de 2013

Recuperando un texto de 1970

Si no fue la última semana de enero de 1970, fue la primera de febrero. Enrique Morente, acompañado a la guitarra por Antonio Piñana (Hijo) iba a dar un recital en el Colegio Mayor "Isabel de España" y en dicho acto se iban a cantar por vez primera y con moldes flamencos algunas letras del poeta Miguel Hernández. Conservo en mi archivo tres folios con el texto que, ante un salón de actos repleto hasta su máximo, leyó el presentador del acto.



Como no se leen muy bien, los transcribo a continuación:


Realmente yo estoy aquí para presentaros a Enrique Morente y Antonio Piñana, pese a lo cual me vais a permitir que no hable de ellos sino de cosas más generales.

Me interesa dejar claro dos cosas: el flamenco es un fenómeno típico de cultura popular y se ha dado en una geografía muy concreta -la andaluza-. Quiero decir que,  al menos históricamente hablando, los intelectuales no han hecho el flamenco ni los cantaores se han planteado nunca cuestiones profundas. El personaje flamenco ha sido siempre hombre del pueblo, ha expresado siempre sentimientos del pueblo y ha usado siempre el lenguaje del pueblo.

Por ello, si alguien quiere acercarse y conocer el flamenco, debe empezar por acercarse y conocer al hombre del pueblo andaluz. No basta con interesarse por una música y una canción más o menos exóticas ni  basta con la curiosidad, bien morbosa por cierto, de ver cómo se queja, cantando, el andaluz. No se pueden comprar las penas de un pueblo por quince pesetas ni siquiera por esos miles de duros que pagan los señoritos para que los flamencos les canten. La cosa requiere más seriedad!

Ciertamente, una de las características más sobresalientes del mundo espiritual andaluz del flamenco es la queja. Por supuesto, no la única. El andaluz se ha quejado en temas universales: la muerte y el amor sobretodo:

     Doblen las campanas,
     doblen con doló.
     Que me s'ha muerto la mare e mi arma
     e mi corazón.
                                                                                  Er queré quita er sentío,
                                                                                  lo igo por esperensia
                                                                                  porque a mí m´ha suseío.

Pero también se ha quejado de la vida. Quiero decir que se ha quejado de las circunstancias concretas en que se ha desenvuelto su propia vida: la cárcel, la persecución a los gitanos, el hambre y la pobreza, el dinero "ajeno", etc, etc:

    Te tengo comparaíta
    al cortijo del marqué:
    mucha tierra, mucha tierra
    y ni un grano que molé.
                                                                                 En el roar de la vía
                                                                                 van los ricos a caballo,
                                                                                 los del medio van a patas
                                                                                 y los probes arrastrando.
    Ya te lo he dicho, María,
    que en la casa e los probes
    dura poco la alegría.
                                                                                A la audensia van dos pleitos,
                                                                                una verdá, el otro no.
                                                                                La verdá perdió el juisio,
                                                                               qu´er dinero lo ganó.
    A unos los amarran por las manos,
    a otros los amarran por los pies
    y pá más martirio darnos,
    no nos daban de comé.
                                                                               Los geráis por las esquinas
                                                                               con velones y farol
                                                                               en alta voz se desían
                                                                               mararlo que es calorró.
    De madrugá,
    madrugá y trasnochar,
    subir y bajar la cuesta,
    ganar poquito jornal,
    eso a mí no me trae cuenta:
    yo a la mina no voy más!
                                                                              Gritaba un minero así
                                                                              en el fondo de la mina:
                                                                              en que soleá me encuentro,
                                                                              en mi compaña un candil
                                                                              y mi compañero muerto.

Esta queja no ha sido, desde luego, una protesta formal. El flamenco no ha sido un revolucionario. Simplemente al andaluz le han ocurrido cosas y él las ha expresado en su lenguaje, es decir, el cante flamenco.

Parece ser que el flamenco, al menos en las formas musicales conocidas, se gestó en el siglo XIX. No me interesa ahora hablar de su historia.. Quiero señalar únicamente un dilema que se le planteó: en principio se desarrollaba en comunidades cerradas, conservándose, por tanto, en su máxima pureza; al quererlo extender a núcleos más amplios corría el peligro de perder esa pureza; se conservaba puro a costa de no extenderse o se daba a conocer aún perdiendo pureza? De hecho se optó por la segunda solución. Hay, entonces, todo un largo proceso de pérdida de pureza, compensado, no obstante, por la creación de nuevos estilos que enriquecían su panorama y también por convertirse en patrimonio de todo el pueblo andaluz. Así se ha llegado hasta cerca de nuestros días: exactamente hasta los años cincuenta. Hay que señalar que en ciertos momentos (1930-1950) la degeneración del flamenco fue poco menos que alarmante. Se estaban perdiendo estilos fundamentales del cante y se explotaba la sentimentalidad de las gentes en su forma más epidérmica.

Por eso fue muy positivo el resurgir que tuvo a partir de los cincuenta y tantos. Libros, antologías discográficas, concursos nacionales, cantaores jóvenes que rompían con las formas en boga para buscar la continuidad del viejo cante. Hemos llegado a la actualidad en la que algunos hablan incluso de una nueva época de oro del cante. Esto habría que analizarlo. Particularmente encuentro las dos siguientes objecciones:
      1) Aunque muchos escritores han dedicado su atención al cante, es verdad que una buena parte de ellos se han dedicado a exaltar por exaltar, de una forma seudopoética, las maravillas del flamenco, olvidándose de su sujeto, es decir del hombre, y de los problemas concretos del pueblo andaluz. Creemos que algunos de estos escritores, a falta de una auténtica altura intelectual en su labor creadora, han tenido que recurrir a mal copiar la cultura de un pueblo que, paradójicamente, ha sido siempre analfabeto.
      2) De nuevo se cantan los estilos más antiguos del cante flamenco, pero este volver a la tradición se ha limitado a su aspecto formal. Quiero decir, por ejemplo, que se nos cantan las siguiriyas del Planeta, pero con la misma temática de aquella época. No! Si la cultura ha de ser dinámica, el cante que se haga hoy, ha de incorporar los problemas de hoy. Esta sería la vertiente que puede librar al flamenco de una posible momificación.

En esta línea se nos presenta Enrique Morente. Al mismo tiempo que cultiva las formas musicales más puras del flamenco, intenta ampliar su temática dando cabida en la misma a problemas actuales. Así, ha cantado al campesino andaluz, al emigrante, etc. En esta búsqueda de nuevos temas, ha tropezado recientemente con los textos de un poeta que, si bien no es andaluz, se adecua por su carácter de poeta populista al carácter del cante. Nos referimos a Miguel Hernández. En este recital Enrique Morente estrenará algunas letras del mismo. La validez o no validez de este intento, es algo que dejo a vuestro juicio, y sobre esto, y cualquier otro tema que afecte al cante, creo que podremos dialogar al final del acto.

Salvo algún párrafo donde el autor del texto muestra que estaba bajo la influencia del libro "Mundo y Formas del Cante Flamenco" de Ricardo Molina y Antonio Mairena (influencia que me consta superó poco después), estas líneas muestran a las claras por dónde iban las cosas en el Madrid de algunos inquietos aficionados de aquella época. Cuarenta y tres años después, yo las suscribo. Ustedes, ¿qué piensan?

martes, 27 de noviembre de 2012

¡OLÉ! EL CANTE FLAMENCO EN LA UNIVERSIDAD

El título no es mío sino de un recorte de prensa del semanario "Discóbolo" de fecha 14 de febrero de 1970. En esta publicación madrileña se decía que
En el corto espacio de quince días se han dado en la Universidad de Madrid seis recitales de cante Flamenco, Los cantantes que los han hecho han sido José Menese y Enrique Morente a razón de tres cada uno de ellos.
El mismo día, Paco Almazán se refería también a estos recitales en la revista Triunfo. Nos concreta que los de Menese fueron en la Escuela de Ingenieros Industriales, en el Club de Amigos de la Unesco y en el C. M. Isabel de España. Los de Morente se celebraron en los Colegios Mayores San Juan Evangelista, Alfonso el Sabio e Isabel de España. Así fue y servidor de ustedes asistió a varios de ellos e incluso tuvo algo de protagonismo en un par de ellos.

No recuerdo como surgió la propuesta de que Morente cantara en el San Juan, donde a finales de 1969 ya estuvo en una Tertulia. Como quiera que fuere, Enrique me pidió que yo actuara de presentador a lo cual accedí muy gustosamente. Pero hubo problemas: cuestiones familiares me reclamaron en mi Fernán Núñez natal para esas mismas fechas. Se me ocurrió (¡bendita ocurrencia!) sobre la marcha pedirle a José Luis Ortiz Nuevo que me sustituyese. Se lo comuniqué a Morente advirtiéndole de que el acto ganaría con ese cambio. Les estoy hablando de la primera vez en toda su vida en que el Poeta de Archidona iba a hablar en público sobre temas flamencos. Llegó a redactar un texto, que no logro encontrar en mi archivo pero no pierdo la esperanza de hallarlo, también ópera prima de quien luego tantísimo ha escrito sobre flamenco. A mi vuelta a Madrid mis amigos de La Hermandad me contaban que el recital, incluida la presentación de Ortiz, había sido todo un éxito. Dos parejas de artistas: el veterano Juan Varea acompañado por Perico el del Lunar (Hijo) y Enrique Morente con la guitarra del holandés Humberto el Paíllo. Dejo para otra ocasión el hablarles del otro recital en el que tuve parte y lo hago invitándoles a que ustedes disfruten de una petenera a la manera de La Niña de los Peines grabada por Varea y Perico en 1971.