Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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miércoles, 28 de marzo de 2018

Un homenaje a MIGUEL HERNÁNDEZ en 1967


El 28 de marzo de 1942 moría en la cárcel de Alicante el poeta Miguel Hernández, nacido en Orihuela 31 años antes. Sus libros fueron prohibidos por la censura franquista, si bien por los años sesenta era frecuente poder adquirirlos "de tapadillo" en ediciones bien argentinas, bien francesas. Hoy, cuando se cumplen 76 años de su desaparición, quiero dejar aquí noticia de un homenaje al poeta celebrado en la Universidad Complutense de Madrid en el año 1967.  


Fue programado por estudiantes de la Facultad de Ciencias en la que yo cursaba el último año de la Licenciatura en Matemáticas. Tenían anunciada su asistencia muchos intelectuales entre ellos el poeta sevillano Vicente Aleixandre, quien quería y admiraba mucho al poeta de Orihuela. Unos días antes el Rectorado publicó orden de suspensión del acto, pese a lo cual los organizadores seguían adelante. Llegado el día, la policía se plantó en la calle Wellingtonia a la puerta de la vivienda del poeta con orden de que no se moviera de su casa (lo mismo pasó con otros de los intelectuales que pensaban asistir). Aún así, el acto se celebró pero sólo con asistencia de estudiantes (y policías camuflados, claro), lo que provocó que en los días siguientes fueran expedientados (expediente que suponía la expulsión de la Universidad por uno o varios años) seis o siete de los organizadores.

Me echo a temblar al recordarlo porque en la "Cena de Fin de Carrera" de mi promoción, celebrada unos meses después, nuestro Decano me contó que mi nombre estaba inicialmente en la lista de los posibles expedientados porque se sabía de mi presencia en alguna de las reuniones para organizar el homenaje. Me borraron gracias a que varios de mis Catedráticos intercedieron por mí, dando informes positivos de mi persona. ¡Gracias, ilustres Maestros!




Termino poniendo una foto de Aleixandre visitando el nicho donde enterraron a Hernández y, aunque ya publicadas en este cuadernillo, los cuatro cantes que grabó Enrique Morente en 1971 con letras de nuestro poeta:





Andaluces de Jaén (Peteneras)

El niño yuntero (Malagueñas y Verdial)

Sentado sobre los muertos (Romance)


Nanas de la cebolla (Nanas)


jueves, 6 de noviembre de 2014

Unas "Nanas de la cebolla" y otras "Nanas de la cebolla"

Si ya es difícil hablar de objetividad en cualquier tema, ¿qué les voy a a decir cuando se debaten cosas sobre el arte flamenco? Intentas razonar que un determinado cante está mal hecho o que la voz de alguien es de todo menos musical, y al final sale uno que te espeta:
-Cuestión de gustos.
Y te añade eso tan manido de que "el libro de los gustos está en blanco". ¡Ea, qué le vamos a hacer! ¿Para qué debatir, entonces?

Pues yo sigo pensando que, aunque haya que ser muy fino al hilar razonamientos, siempre se puede encontrar un elemento más o menos objetivo que nos diga si algo está mejor o peor cantao.

Vámonos a las nanas, esas cancioncillas que se usan para dormir a los más pequeños. Decía Lorca que se cantaban en toda Europa y que, por supuesto, hay nanas específicas en cada una de las diversas regiones españolas. Nanas hispanas de las que indicaba que eran netamente populares y que, si entraban en las casas de la aristocracia o la alta burguesía, era a través  de las criadas y de las nodrizas. Copiemos sus bellísimas palabras:
El niño rico tiene la nana de la mujer pobre, que le da al mismo tiempo, en su cándida leche silvestre, la médula del país.
En particular, para las nanas andaluzas, antes que Lorca, se había señalado su naturaleza popular por parte de don Manuel de Falla al recogerlas para su obra "Suite Popular Española" (véase, a este respecto, lo que publicamos hace algún tiempo). Estas nanas glosadas por Falla nos recuerdan mucho a los cantes de trilla de las campiñas andaluzas. A unos y otros, cantos de trilla y cantos de cuna, les dio un barniz flamenco el alcalareño Bernardo el de los Lobitos cuando los publicó en la histórica Antología de Hispavox (1954). A mi entender, ese aflamencameinto, y ahora me refiero únicamente a las nanas, ganó muchísimos enteros en la voz de Enrique Morente cuando decidió tomar la melodía del Lobitos para musicar el poema "Las nanas de cebolla" del poeta Miguel Hernández. Fue en un disco de 1971 y la grabación ya la hemos puesto en este mismo blog (Usen este enlace para oírla). Y se me permitirá opinar que alcanzó su summun flamenco en la versión que hizo Camarón de la Isla para las "Nanas del caballo grande" de García Lorca, dicho lo cual vuelvo a Morente. En una grabación en directo, imagino que de los años noventa, acompañado en esta ocasión por ese gran músico llamado Rafael Riqueni, canta de nuevo las nanas de Hernández. Vamos a escucharlas:


¡Flamenquísimo Enrique! Sentimiento, expresión, buena música, inmejorable acompañamiento. Pero, mira tú que, como uno siempre anda curioseando cosas, me encuentro en las redes otras "Nanas de la cebolla". Con los inconvenientes de las grabaciones caseras que los aficionados solemos perdonar, las he descargado y aquí las tienen ustedes:


Con una introducción a la guitarra de Antonio Carrión, tenemos la voz de José Menese. Observamos que el de La Puebla abandona el modelo musical que, como hemos indicado, nos trajo Bernardo el de los Lobitos. Por el contrario adopta la melodía de la "Toná de trilla" que conocemos gracias al alosnero Paco Toronjo y que el propio Menese había usado para musicar unas letrillas de San de la Cruz. Lo siento, Pepe, pero tu versión, además de monótona, me parece flamencamente opaca. Pero, hombre, si hay momentos en que da la impresión de que ni siquiera encarrilas bien la letra.

Vuelvo a mis reflexiones del comienzo de este artículo. En este caso creo que sí hay elementos objetivos para comparar a estos cantaores que a sus veintisiete años se mostraban tal que así
en sendas fotos que publicara la revista Triunfo. Y afirmo, sin miedo a equivocarme, que lo que hace Morente con las "Nanas de la cebolla" es una auténtica "enmienda a la totalidad" respecto a lo que nos muestra Menese. ¡He dicho!

viernes, 3 de mayo de 2013

Homenaje Flamenco a Miguel Hernández

Uno entre varios de los apelativos con los que la Historia recordará a Enrique Morente sería el de Cantaor de los Poetas. En efecto, son muchos y muy relevantes los nombres: Miguel Hernández, Manuel y Antonio Machado, García Lorca, San Juan de la Cruz, Al Mutamid, Pedro Garfias, Nicolás Guillén, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, León Felipe, ... Pero toda cadena tiene un comienzo y, en el caso de Enrique, el primer eslabón se llamó Miguel Hernández. En este sencillo y humilde "cuadernillo de memorias" se ha contado cómo aconteció el acercamiento del cantaor granadino al poeta de Orihuela. La última entrega de esta historia se refería al recital de Enrique en el C. M. Isabel de España, a comienzos de 1970, como comprobarán en el siguiente enlace. ¿Qué pasó después?  Pues que el cantaor propuso a su casa discográfica (Hispavox) la posibilidad de grabar un disco en el que se incluyeran  cantes con letras de Miguel Hernández. Hispavox, cuyo portavoz para temas flamencos era el querido amigo Blas Vega, acepta y, ya en 1971, aparece en el mercado un L.P. de Morente cuyo título es
HOMENAJE FLAMENCO A MIGUEL HERNANDEZ


Se publicó en Méjico y en la contraportada llevaba un precioso texto del escritor Juan Ibáñez. Contenía siete registros, cuatro con temas de Hernández y tres con letras populares:

    Sentado sobre los muertos (Romance. Miguel Hernández. Guitarra: Parrilla de Jerez)
    El niño yuntero (Malagueñas. Miguel Hernández. Guitarra: Perico el del Lunar)
    Nanas de la cebolla (Nanas. Miguel Hernández. Guitarra: Perico el del Lunar)
    Aceituneros (Peteneras. Miguel Hernández. Guitarra: Perico el del Lunar)
    El carro de mi fortuna (Tientos. Popular. Guitarra: Parrilla de Jerez)
    Un veneno pá que yo muera (Granaínas. Popular. Guitarra: Perico el del Lunar)
    Dios te va a mandar un castigo (Bulerías por soleá. Guitarra: Parrilla de Jerez)

Casi a la vez se publica en España. La cubierta es la misma. En la contraportada sigue el texto de Juan Ibáñez y se añade otro de Manuel Ríos Ruiz. Pero hay cambios, apareciendo la grabación

    Con la raíz del querer (Soleares. Popular. Guitarra: Perico el del Lunar)

y desapareciendo las peteneras de los "Aceituneros". En los ambientes madrileños se decía que habían sido cosas de la "censura". Me extraña un poco porque aquella gente de la tijera, dependiente del ministro Fraga Iribarne, habían permitido el mismo tema en la voz de Paco Ibáñez, por ejemplo. Más: puestos a cortar, el tema del romance "Sentado sobre los muertos" les habría resultado muy apetitoso a los voraces del control. En fin, lo importante es que el disco se publicó.

En este cuaderno ya he publicado tres de las grabaciones con letra de Hernández:  Nanas de la cebolla el día 28 de marzo de 2012, El niño yuntero el 10 de septiembre de 2012 y recientemente la petenera de Aceituneros. Faltaba el romance. Aquí lo tienen:
Nosotros hemos acabado por hoy. Que ustedes vosotros disfrutéis de estos cantes.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Morente y Hernández en la Universidad (1970)

Para mi compadre Salvador de Toro

Hagamos un recordatorio: En otoño de 1969 se le sugirió a Enrique Morente, invitándolo a su lectura, que el poeta Miguel Hernández podía cantarse por flamenco. El granadino así lo entendió y a modo de ópera prima sonó su voz en el C. M. San Juan Evangelista cantando El Niño Yuntero. Siguió con la adaptación de otros poemas.

Aunque exiliados del mundo de los Colegios, la gente de La Hermandad seguíamos teniendo nuestros contactos y amistades. Varias colegialas del C. M. Isabel de España querían organizar un acto flamenco, recurrieron a nosotros y les dijimos que podíamos llevar a Enrique Morente y que, de paso, éste podría cantarnos cosas del poeta de Orihuela. Así se montó un recital en el cual el cantaor de Granada estaría acompañado a la guitarra por el hijo del cantaor Antonio Piñana, de igual nombre que su padre.

Hemos publicado recientemente el texto de presentación de dicho recital. Allí estaba en pleno la gente de La Hermandad (Salvador de Toro, Ortiz Nuevo, Gabrielito Vera, Paco Hidalgo...). Allí estaba el autor del texto, que lo leyó en su propia voz y que no era otro que este servidor de ustedes.

Enrique nos mostró que, a sus veintisiete años, era un cantaor en plena madurez, conocedor de los más exigentes moldes clásicos. Ejecutó diversos estilos y entre ellos unas peteneras con estrofas del poema "Aceituneros", tomado del libro Viento del Pueblo que Miguel Hernández publicara en 1937, en medio de aquella incivil guerra que padeció España. Vamos a oírlas en la grabación que Morente hizo un año después, acompañado en esta ocasión por Perico el del Lunar.


Hubo más cosas del poeta alicantino. En medio de unos cantes por alegrías, apareció esta estrofa
 La  juventud siempre empuja,
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.
sacada del poema "Llamo a la juventud" del libro antes citado. Curiosamente, este tema no lo mantuvo Morente en su repertorio posterior, cosa que sí hizo con los otros versos hernandianos a los que puso música en aquella época. Más curiosidades: en estas mismas alegrías Enrique alteró una sola palabra en una letra clásica para que ésta cambiase totalmente su sentido:
Yo pegué un tiro al aire,
cayó en la arena,
confianza contigo
no hay quien la tenga.
El granadino cantó así el tercer verso
confianza con Paco
Poca gente de entre el publicó captó quién era aquel Paco del que había que desconfiar. Acabado el acto se lo comenté a Enrique advirtiéndole de que se había expuesto demasiado. Él, con su ironía (yo diría socarronería) habitual me dice:
- Anda, ¿qué yo he cantao eso?, pues no me he dao ni cuenta.

En la presentación yo había invitado al público a que hubiese un coloquio tras el recital. Así fue y se prolongó bastante. Se habló de todo lo humano y hasta de lo divino. ¡Eran tantas las ganas que teníamos de expresarnos libremente...!

lunes, 29 de abril de 2013

Recuperando un texto de 1970

Si no fue la última semana de enero de 1970, fue la primera de febrero. Enrique Morente, acompañado a la guitarra por Antonio Piñana (Hijo) iba a dar un recital en el Colegio Mayor "Isabel de España" y en dicho acto se iban a cantar por vez primera y con moldes flamencos algunas letras del poeta Miguel Hernández. Conservo en mi archivo tres folios con el texto que, ante un salón de actos repleto hasta su máximo, leyó el presentador del acto.



Como no se leen muy bien, los transcribo a continuación:


Realmente yo estoy aquí para presentaros a Enrique Morente y Antonio Piñana, pese a lo cual me vais a permitir que no hable de ellos sino de cosas más generales.

Me interesa dejar claro dos cosas: el flamenco es un fenómeno típico de cultura popular y se ha dado en una geografía muy concreta -la andaluza-. Quiero decir que,  al menos históricamente hablando, los intelectuales no han hecho el flamenco ni los cantaores se han planteado nunca cuestiones profundas. El personaje flamenco ha sido siempre hombre del pueblo, ha expresado siempre sentimientos del pueblo y ha usado siempre el lenguaje del pueblo.

Por ello, si alguien quiere acercarse y conocer el flamenco, debe empezar por acercarse y conocer al hombre del pueblo andaluz. No basta con interesarse por una música y una canción más o menos exóticas ni  basta con la curiosidad, bien morbosa por cierto, de ver cómo se queja, cantando, el andaluz. No se pueden comprar las penas de un pueblo por quince pesetas ni siquiera por esos miles de duros que pagan los señoritos para que los flamencos les canten. La cosa requiere más seriedad!

Ciertamente, una de las características más sobresalientes del mundo espiritual andaluz del flamenco es la queja. Por supuesto, no la única. El andaluz se ha quejado en temas universales: la muerte y el amor sobretodo:

     Doblen las campanas,
     doblen con doló.
     Que me s'ha muerto la mare e mi arma
     e mi corazón.
                                                                                  Er queré quita er sentío,
                                                                                  lo igo por esperensia
                                                                                  porque a mí m´ha suseío.

Pero también se ha quejado de la vida. Quiero decir que se ha quejado de las circunstancias concretas en que se ha desenvuelto su propia vida: la cárcel, la persecución a los gitanos, el hambre y la pobreza, el dinero "ajeno", etc, etc:

    Te tengo comparaíta
    al cortijo del marqué:
    mucha tierra, mucha tierra
    y ni un grano que molé.
                                                                                 En el roar de la vía
                                                                                 van los ricos a caballo,
                                                                                 los del medio van a patas
                                                                                 y los probes arrastrando.
    Ya te lo he dicho, María,
    que en la casa e los probes
    dura poco la alegría.
                                                                                A la audensia van dos pleitos,
                                                                                una verdá, el otro no.
                                                                                La verdá perdió el juisio,
                                                                               qu´er dinero lo ganó.
    A unos los amarran por las manos,
    a otros los amarran por los pies
    y pá más martirio darnos,
    no nos daban de comé.
                                                                               Los geráis por las esquinas
                                                                               con velones y farol
                                                                               en alta voz se desían
                                                                               mararlo que es calorró.
    De madrugá,
    madrugá y trasnochar,
    subir y bajar la cuesta,
    ganar poquito jornal,
    eso a mí no me trae cuenta:
    yo a la mina no voy más!
                                                                              Gritaba un minero así
                                                                              en el fondo de la mina:
                                                                              en que soleá me encuentro,
                                                                              en mi compaña un candil
                                                                              y mi compañero muerto.

Esta queja no ha sido, desde luego, una protesta formal. El flamenco no ha sido un revolucionario. Simplemente al andaluz le han ocurrido cosas y él las ha expresado en su lenguaje, es decir, el cante flamenco.

Parece ser que el flamenco, al menos en las formas musicales conocidas, se gestó en el siglo XIX. No me interesa ahora hablar de su historia.. Quiero señalar únicamente un dilema que se le planteó: en principio se desarrollaba en comunidades cerradas, conservándose, por tanto, en su máxima pureza; al quererlo extender a núcleos más amplios corría el peligro de perder esa pureza; se conservaba puro a costa de no extenderse o se daba a conocer aún perdiendo pureza? De hecho se optó por la segunda solución. Hay, entonces, todo un largo proceso de pérdida de pureza, compensado, no obstante, por la creación de nuevos estilos que enriquecían su panorama y también por convertirse en patrimonio de todo el pueblo andaluz. Así se ha llegado hasta cerca de nuestros días: exactamente hasta los años cincuenta. Hay que señalar que en ciertos momentos (1930-1950) la degeneración del flamenco fue poco menos que alarmante. Se estaban perdiendo estilos fundamentales del cante y se explotaba la sentimentalidad de las gentes en su forma más epidérmica.

Por eso fue muy positivo el resurgir que tuvo a partir de los cincuenta y tantos. Libros, antologías discográficas, concursos nacionales, cantaores jóvenes que rompían con las formas en boga para buscar la continuidad del viejo cante. Hemos llegado a la actualidad en la que algunos hablan incluso de una nueva época de oro del cante. Esto habría que analizarlo. Particularmente encuentro las dos siguientes objecciones:
      1) Aunque muchos escritores han dedicado su atención al cante, es verdad que una buena parte de ellos se han dedicado a exaltar por exaltar, de una forma seudopoética, las maravillas del flamenco, olvidándose de su sujeto, es decir del hombre, y de los problemas concretos del pueblo andaluz. Creemos que algunos de estos escritores, a falta de una auténtica altura intelectual en su labor creadora, han tenido que recurrir a mal copiar la cultura de un pueblo que, paradójicamente, ha sido siempre analfabeto.
      2) De nuevo se cantan los estilos más antiguos del cante flamenco, pero este volver a la tradición se ha limitado a su aspecto formal. Quiero decir, por ejemplo, que se nos cantan las siguiriyas del Planeta, pero con la misma temática de aquella época. No! Si la cultura ha de ser dinámica, el cante que se haga hoy, ha de incorporar los problemas de hoy. Esta sería la vertiente que puede librar al flamenco de una posible momificación.

En esta línea se nos presenta Enrique Morente. Al mismo tiempo que cultiva las formas musicales más puras del flamenco, intenta ampliar su temática dando cabida en la misma a problemas actuales. Así, ha cantado al campesino andaluz, al emigrante, etc. En esta búsqueda de nuevos temas, ha tropezado recientemente con los textos de un poeta que, si bien no es andaluz, se adecua por su carácter de poeta populista al carácter del cante. Nos referimos a Miguel Hernández. En este recital Enrique Morente estrenará algunas letras del mismo. La validez o no validez de este intento, es algo que dejo a vuestro juicio, y sobre esto, y cualquier otro tema que afecte al cante, creo que podremos dialogar al final del acto.

Salvo algún párrafo donde el autor del texto muestra que estaba bajo la influencia del libro "Mundo y Formas del Cante Flamenco" de Ricardo Molina y Antonio Mairena (influencia que me consta superó poco después), estas líneas muestran a las claras por dónde iban las cosas en el Madrid de algunos inquietos aficionados de aquella época. Cuarenta y tres años después, yo las suscribo. Ustedes, ¿qué piensan?

lunes, 10 de septiembre de 2012

Diciembre de 1969: "El Niño Yuntero" sonó en el San Juan

El pasado 5 de junio les contaba que en noviembre de 1969 la gente de La Hermandad, ante la sospecha de que algunos de sus poemas pudieran cantarse por flamenco, habíamos regalado a Enrique Morente dos o tres libros de Miguel Hernández. El granadino captó enseguida y por sí solo esta posibilidad y a los muy pocos días me comentaba que estaba musicando "Las Nanas de la Cebolla", "El Niño Yuntero" y otros poemas del poeta de Orihuela.

Aunque éramos unos exiliados del C. M. San Juan Evangelista, manteníamos amigos y contactos en el mismo. Allí, los sábados por la tarde se celebraban tertulias y se me ocurrió que podrían invitar a Morente para participar en ellas. Me dijeron que sí, pero que tendría que compartir sesión con la poetisa Gloria Fuertes y que yo tendría que ser el moderador ese día. No recuerdo la fecha exacta aunque sí que fue sobre diciembre de 1969. La sala repleta de colegiales, todos mis amigos de La Hermandad presentes y Gloria, con su gracia, con su chispa, tomaba la palabra una vez y otra para contarnos sus historias y recitarnos sus poemas.


El reloj corría y no tuve más remedio que frenar un poquito a la buena de Gloria, recordándole que había otro invitado. Entró entonces en liza el cantaor de Graná. Se habló de tó y, en especial, de que el flamenco precisaba renovación. En su música y en sus textos. Salió a relucir el nombre de Miguel Hernández y Morente dijo que ya tenía cosas. Se le pidió una muestra y Enrique lo hizo con dos malagueñas y un verdial tomando las letras del poema "El niño yuntero",.

Fue la primera que en el San Juan, en su Sala de Música, sonó una voz flamenca en directo y fue la primera que lo hicieron por flamenco y para toda España los textos del poeta alicantino.

Dos años después publicó un disco con cantes del poeta. Del mismo tomamos el cante por malagueñas al que antes hemos aludido.

martes, 5 de junio de 2012

Morente leyendo a Hernández

Otoño de 1969. Debió de ser un fin de semana porque Ortiz Nuevo se encontraba entre nosotros en La Hermandad. Unos días antes yo había comprado, allí donde Pepe El Culturas, los dos libros del poeta Miguel Hernández que aparecen a la derecha. Le contaba a Ortiz, en presencia de Paco Gutiérrez porque éste se apuntaba a todas, que me había entretenido en subrayar algunas estrofas que bien podían cantarse como flamenco. Era pura intuición y, además, por aquellas fechas yo ignoraba que Hernández había sido aficionado y había tenido vivencias flamencas (véase mi artículo Miguel Hernández y El Niño de Fernán Núñez).
-¿Y si se lo comentamos a Enrique Morente?
Aquella misma noche nos fuimos en busca de Pepe el librero y le encargamos estos dos mismos libros y alguno más del poeta de Orihuela. Ya con ellos telefoneo al cantaor:
-Enrique, nos vemos en la Cervecería Alemana que vamos a llevarte un regalillo.
El día de la cita, le damos los libros con este escueto comentario:
-Sabemos que te gusta leer y esto seguro que te va a agradar.
Pasó muy poco tiempo y Enrique me llama:
-Andrés, que esto es mu bonico. Además, ¿sabes?, cuando leo algunos poemas hasta los cantiñeo como si fueran letras flamencas.
La semilla estaba echada y parece que germinaba. Todo transcurrió muy de prisa pero, como me gusta hacer artículos breves, ya seguiremos otro día.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Miguel Hernández en el recuerdo


Nacido en Orihuela el 30 de octubre de 1910, tal día como hoy, es decir, un 28 de marzo pero hace 70 años, moría en la cárcel de Alicante el poeta Miguel Hernández.

Unos meses antes, su esposa Josefina, que aparece junto a él en la foto, le había comunicado las dificultades por las que atravesaba para alimentar al hijo que les había nacido. Miguel le contestó con unas impresionantes Nanas de la cebolla, las cuales fueron musicadas muchos años después (1969-1970) por el cantaor Enrique Morente. Vamos a oírlas:


Morente no se limitó a las nanas. Basándose en la música de los viejos romances flamencos, hizo una versión del poema Sentado sobre los muertos. Usó la petenera para cantar el Andaluces de Jaén. Y más, las malagueñas de la Trini y el valiente fandango verdial fueron el soporte para El niño yuntero.

Por haberlo vivido en directo, otro día les contaré cómo surgió esto de que Morente cantara a Hernández. Por hoy, quede nuestro recuerdo y homenaje a aquel entrañable poeta.

domingo, 10 de abril de 2011

Miguel Hernández y el Niño de Fernán Núñez

Me llega la noticia de que una paisana mía, Carmen Garrido Ortiz, ha ganado el premio nacional de poesía Miguel Hernández, convocado por la fundación cultural que lleva el nombre del poeta, en su edición de 2011. ¡Enhorabuena, niña, y ánimo!



Un miembro del jurado, el profesor José María Balcells, de la Universidad de León, ha hecho alusión a la relación entre Orihuela y Fernán Núñez a través de la amistad del poeta con el "célebre cantaor" conocido como el Niño de Fernán Núñez, así como por alguna estancia veraniega de Ramón Sijé en mi pueblo.

Por mi parte, era conocedor de estos dos hechos, de los cuales voy a detenerme en el primero. María de Gracia Ifach, en su libro Miguel Hernández, el rayo que no cesa (Plaza y Janés, Esplugas de Llobregat, 1975) escribe lo siguiente:

(Manuel Molina) nos cuenta que, estando en el "Café Sevilla", actuaba un cantaor de flamenco que agotó el repertorio. Entonces pidió al poeta que improvisara "letras", lo que hizo rápidamente, adaptándolas el "artista" a sus tonadas. Le llamaban el "Niño de Fernán Núñez" y era de nombre verdadero Antonio García Escudero. El hecho fue muy comentado por la extraordinaria facilidad de Miguel para versificar sobre un tema elegido por él.

Curiosamente, unos años antes fui una de las personas que insinuó a Enrique Morente la posibilidad de meter en el flamenco textos del poeta levantino, insinuación que dio su fruto con el disco Homenaje Flamenco a Miguel Hernández (Hispavox, Madrid, 1971). Mi intuición de que Hernández fuese aficionado y conocedor del cante, se vio confirmada con el texto antes citado.



No voy a seguir hablando del poeta (para eso están las "gentes de letras"), pero sí del cantaor. Mi también paisano Pepe Antúnez en su libro Aproximaciones biográficas de cantaores de Fernán Núñez, editado por el Ayuntamiento en 2004, nos aclara que su nombre era Antonio García Espadero (no Escudero como señala Gracia Ifach) y que nació el 2 de marzo de 1908, aficionándose a los cantes de los Pavón, Torre, Vallejo, Centeno y otros. En 1924, recala en el pueblo la compañía de Pepe Marchena e invitan al niño Antonio García a salir al escenario, haciéndolo con un gran éxito. En 1928, se repitió lo mismo con Manuel Vallejo, con la diferencia de que esta vez el maestro decide contratarlo, dando así nacimiento al artista Niño de Fernán Núñez. Después trabajó en las compañías del Niño de la Huerta y con Dolores Jiménez (Niña de la Puebla). En 1933 conoce a la que sería su esposa, una bella mujer de Orihuela (Alicante), quedándose a vivir en este pueblo. Fue entonces cuando entabló amistad con Miguel Hernández, mientras que su actividad artística se ejercía por toda la zona levantina. Vivió la guerra del 36-39 como combatiente republicano, actuando esporádicamente con otros artistas flamencos. En 1944 vuelve, pero sólo por unos días, a su pueblo natal. En 1945 viaja a Barcelona para hacer diez grabaciones en "La voz de su amo". Acompañado por Niño Ricardo y Manolo de Badajoz, canta
tarantas, mineras, levantica, murcianas, malagueñas,
granaína, media granaína, verdiales, soleá, siguiriyas.
En esa misma ciudad canta con Valderrama, Varea y otros durante un par de años y en 1948 pasa a Madrid. Después de otra visita relámpago a nuestro Fernán Núñez, hacia 1951 se establece definitivamente en Orihuela, donde llegó a tener un empleo municipal. Muy popular y muy querido en aquellas tierras, murió en ellas el 20 de octubre de 1987.

Después de recoger los valiosos datos de Pepe Antúnez, no puedo acabar sino con otra curiosidad. Un día le comenté a Morente la anécdota de que Hernández hiciera letras para mi paisano, a lo cual me contestó que él había llegado a conocerlo y lo consideraba un gran cantaor.