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domingo, 27 de noviembre de 2016

1929: Los flamencos homenajean a los poetas MANUEL y ANTONIO MACHADO

¡Buenos poetas los dos hermanos! Les hablo de Manuel Machado Ruiz (Sevilla, 1874-Madrid, 1947) y Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875-Colliure, 1939), los mayores de los hijos de don Antonio Machado y Álvarez (Demófilo), el pionero en la difusión escrita de nuestros Cantes Flamencos. Grandes poetas, digo, que también se dedicaron, con firma conjunta, a escribir obras de teatro, una de ellas dedicada al flamenco, tema que tan bien conocían. Me refiero a La Lola se va los Puertos, que fue estrenada en el madrileño Teatro Fontalba el 8 de noviembre de 1929, figurando en su reparto la famosa Lola Membrives, Ricardo Puga, Luis Roses, Esperanza Ortiz y Amparo Astort (1).

La obra debió de caer bien entre los profesionales del flamenco, tanto que el día 27 de noviembre, hace hoy 87 años, le ofrecen en el Hotel Ritz un agradecido homenaje a los dos hermanos. El acto quedó fijado en esta foto que es una auténtica joya:
Bien arropados don Manuel y don Antonio por gente, entre otros, como Isabelita de Jerez, Mariquilla Ortega, Manolo de Badajoz, Guerrita, Ramón Montoya, Angelillo, Perico el del Lunar, Rengel, El Tupa, Acha Rovira, El Niño del Museo o Juanito Mojama (2). Con todos ellos les dejo, despidiéndome hoy con mis mejores saludos.


(1) Como tal obra teatral se siguió representando en múltiples ocasiones. En 1947 fue llevada al cine bajo dirección de Juan de Orduña y la participación de Juanita Reina, Manuel de Luna, María Isbert y Conrado Sanmartín. En 1993 vuelve a las pantallas, esta vez dirigida por la cordobesa Josefina Molina y Rocío Jurado, Paco Rabal y Sancho Gracia en el reparto. Por supuesto en libro existen muchas ediciones y entre las últimas debe estar la que yo mismo promoví en 1989 con un estudio/prólogo de Ortiz Nuevo y sello editorial de Virgilio Márquez.  

(2) Casi  todos los nombrados son tan conocidos que no precisan presentación. Mariquilla Ortega debe ser una cantaora, gaditana, de la misma saga que Caracol, que llegó a grabar con Manolo de Badajoz. Del Tupa lo ignoramos todo. Acha Rovira es el nombre artístico de Esmeraldo Acha, bailaor bilbaíno que emigró a Buenos Aires donde le nació un hijo que, con el mismo remoquete de Acha Rovira, triunfó como torero.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Algunas anotaciones en torno a "Demófilo", II (Su esposa e hijos)

Tal como reza en esta placa de auténticos azulejos sevillanos, colocada en diciembre de 2014 en la casa número 11 de la calle Orilla del Río (hoy calle Betis y número 47) del arrabal de Triana, en dicha casa nació doña Ana Ruiz Hernández el día 28 de febrero de 1854. Eso pone aunque en realidad había nacido el 25, tal como consta en su partida de bautismo, el cual sí se celebró en ese día 28. Su padre Rafael Ruiz, de oficio marinero y con negocio propio (al parecer la familia regentaba una pastelería), era de Ávila y su madre Isabel Hernández había nacido en la murciana localidad de Totana.

Cuentan que allá por el año 1873 un grupo de delfines habían llegado, río arriba, desde Sanlúcar hasta Sevilla. Los sevillanos se lanzaron en masa a las márgenes del río para poder avistarlos y fue en ese día y con tal motivo cuando el joven abogado Antonio Machado vio por primera vez a la trianera Ana Ruiz  Se conocieron, se enamoraron y enseguida llegó la boda, concretamente el día 22 de mayo de 1873 (aunque ya apareció en otra ocasión en este cuaderno, pongamos una foto de la feliz pareja). Instalados en la misma vivienda que los padres del novio, fueron viniendo los hijos:

Manuel (1874-1947)
Antonio (1875-1939)
José (1879-1958)
Joaquín (1881-1955)
Francisco (1884-1950)
Cipriana (1885-1900)

los cuatro primeros nacidos en Sevilla y los dos más jóvenes en Madrid. Hemos puesto a nuestra derecha un óleo fechado en 1879 en el que la abuela Cipriana Álvarez pinta a su nuera Ana con el pequeño Antonio y el recién nacido José, óleo que refleja la felicidad con que vivía la familia Machado por aquellos años.

Poco hay que decir que el lector no sepa de sus dos primeros hijos, los poetas Manuel y Antonio Machado. José fue dibujante y escritor. Joaquín (del que no he logrado encontrar ninguna foto), fue periodista. Francisco, también poeta, opositó para funcionario de justicia y llegó en la república a dirigir la cárcel para mujeres de Madrid. La pobre niña Cipriana enfermó de muerte demasiado pronto.


Muerto el padre (1893), muerto el abuelo Antonio (1896), muerta la pequeña (1900) y nuerta la abuela Cipriana (1904), doña Ana se queda a vivir en casa de su hijo José.  En la foto de al lado podemos a José con sus esposa y tres hijas, a su madre y su hermano Antonio que estaba de visita. 


Cuando llegó la rebelión militar del 18 de julio de 1936, Manuel estaba en Burgos visitando a la familia de su esposa Eulalia. Es detenido y liberado posteriormente gracias al apoyo de otros literatos. Pero quedó en zona rebelde y, temeroso, llegó a colaborar con los aparatos de propaganda de aquellos que a la postre ganaron la incivil guerra del 36-39. Por el contrario, Antonio puso todo su saber y prestigio al servicio de la República. Cuando el gobierno legal decidió dejar Madrid para trasladarse a Valencia, igual hicieron los otros cuatro hermanos Machado y su madre doña Ana. José y Joaquín se exilaron y llegaron a establecerse en Chile sin volver jamás a España. Francisco anduvo exiliado por Europa pero volvió, gracias a las gestiones de su hermano Manuel,  y fue readmitido como funcionario, si bien sin que le respetaran la alta escala que había alcanzado en su primera etapa. 

Lo que pasó con Antonio y con la madre también es historia muy contada: travesía a pie de los Pirineos camino de Francia, travesía que doña Ana creía que hacían para ir a su Sevilla (Antonio, ¿Llegaremos pronto a Sevilla?, nos contó Corpus Vargas que la anciana preguntaba al hijo). Llegada al pueblo francés de Colliure donde, muy enfermo, Antonio muere el 22 de febrero de 1939. Manuel se entera por la prensa y prepara inmediatamente su viaje para Francia. Cuando llegó, doña Ana (día 25 de febrero de 1939) también había muerto.

sábado, 5 de octubre de 2013

Cuando los flamencos enmiendan a los poetas

Envío al gaditano Antonio Barberán.

Muchos poetas cultos se han acercado al mundo de la copla flamenca, unas veces con éxito, otras (tal vez la mayor parte de ellas) sin pena ni gloria.

 Para mí quien mejor ha logrado diluirse en el alma popular hasta el punto de que muchas de sus letras las cantan los flamencos y muchos de ellos las tienen como anónimas, ha sido don Manuel Machado, el primogénito de ese fértil recopilador de coplas que fue don Antonio Machado y Álvarez "Demófilo". Aunque no toda, su obra flamenca apareció en el libro titulado Cante Hondo, editado en 1912. Cuentan que la tirada se agotó en Madrid el mismo día de su publicación. Después no ha dejado de reeditarse. Por ejemplo, lo hizo, bajo responsabilidad de "Ediciones Demófilo", en 1980 con prólogo de un tal Andrés Raya.

Porque, claro, los poetas cultos, como no podía ser de otra manera, usan los llamados "cultismos" y he aquí que éstos se muestran como "asperezas" a la hora de convertirse en letras populares. Siempre he defendido que las letras flamencas tradicionales, las que van resistiendo el paso de los años y si cambian es para mejor, son como los cantos rodados que arrastran nuestros ríos. Se han limado aristas las cuales se sustituyen por lisuras que hacen que la copla sea natural,  canónica como acostumbran a decir los matemáticos. Y es el uso y abuso de cultismos el culpable de que muchos poetas hayan fracasado al quererse mostrar como "copleros". Demasiadas aristas, piensa el cantaor.

No es el caso de Manuel Machado, cuyas letras en general son aceptadas por los flamencos sin tener que tocarle ni una coma. Pero no siempre. Miren esta bellísima seguiriya:
Negra está la noche,
sin luna ni estrellas...
A mí me alumbraban los ojitos garzos
de mi compañera.
¿Garzos?, pero, ¿qué dice usted don Manuel? Usted rehuye lo de "ojitos negros" porque poco pueden alumbrar en la "negra noche". Hay que acudir a unos ojos garzos, es decir, azulados, y lleva usted razón. Pero al cantaor, lo mismo que al aficionado común, no le cuadra bien eso de "garzos". Y por esa razón, don Antonio Mairena en su monumental álbum Historia del Cante Gitano Andaluz (Columbia, 1966), dentro de una tanda de seguiriyas de Triana y con la guitarra de Melchor de Marchena, incluye esa letra pero "enmendada". Vamos a oírla:


Que sí, que repetimos que poco pueden alumbrar unos ojos negros en una negra noche, pero a los flamencos les suena mejor y eso es lo que hay.

Addenda: No deja de llamar la atención que en los créditos del álbum citado no aparezca para nada el nombre de Manuel Machado, cuyas coplas son usadas en varios registros del mismo. Es cierto que don Manuel deseaba que la gente cantara sus coplas sin acordarse del autor, pero, bueno, sabiendo como sabía Mairena y su asesor en este álbum, el cultísimo poeta Ricardo Molina, que la autoria era de Machado, no les hubiera costado ningún trabajo haberlo citado.