Primero, escuchen ustedes. Luego hablamos...
Sobre el segundo cante que nos hace el maestro Don Juan Valderrama, acompañado por el guitarrista Luis Calderito, no hay duda alguna: efectivamente es la malagueña de Fosforito (el histórico, claro).
Pero, ¿qué me dicen del primero, anunciado como "Rondeña de Lucena"? Por si no teníamos ya bastante lío con las rondeñas (¿del pueblo de Ronda?, ¿cante para rondar?, ¿las que popularizó Jacinto Almadén?, ¿las que hacía Rafael Romero?, ¿el taranto que Manuel Torre grabó con ese nombre?, ¿el toque para guitarra de Ramón Montoya?) viene ahora el veterano cantaor y echa más leña al fuego.
El toque, así como la entrada que hace el cantaor, no son sino de malagueña. De hecho todo el cante lo es, si bien el "molde musical" sigue siendo el de una de las variantes del Fandango de Lucena. ¿Entonces, en qué quedamos?
Les digo lo que yo pensé la primera vez que oí este cante, hace ya unos años: Don Juan, con su sabiduría ilimitada, nos enseña lo que debió de ocurrir en la segunda mitad del siglo XIX, cuando el Canario, el Perote, la Trini, Antonio Chacón, Fosforito y otros, partiendo de ciertos cantes por verdiales, quitándoles compás y añadiéndoles melodía, forjaron lo que hoy conocemos como malagueñas. Así de claro: aquí Valderrama crea ni más ni menos que una nueva malagueña. La pena, como diría mi amigo el gran crítico flamenco Agustín Gómez, es que directamente no le hubiera puesto el nombre de "Lucentina" o, digo yo, "Lucentina de Valderrama".