Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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martes, 1 de diciembre de 2015

PEDRO LAVADO, un cantaor metido a tabernero

Envío a Juan Lavado Cosano.

Pedro Lavado Rodríguez, Puente Genil (Córdoba), 1932-1998, fue un personaje flamenco cien por cien. Como cantaor, se dio a conocer al alcanzar el Premio por Serranas en el 2º Concurso Nacional de Córdoba (1957-58-59). Por esa misma época hizo su primera grabación con una Liviana-Serrana-Seguiriya incluida en un disco colectivo de título Juerga Flamenca, si bien aparece con un nombre (Pedro de Puente Genil) que no volvió a usar en lo sucesivo. Podemos oirla enlazando con el blog Corrala del Cante del buen amigo Daniel Pino: pulse aquí.

Se ennovia con la lucentina Josefa López Rojas con la que se casa en 1956. Se establecen en esta ciudad cordobesa y allí le van naciendo sus hijos, siete en total aunque los más chicos vieron la luz en Puente Genil a donde marchó la familia hacia 1965. Pedro canta allá donde le llaman. En 1964 es reclamado por la Peña Juan Breva de Málaga para participar con dos registros en una grabación colectiva de la casa Hispavox. Uno de ellos fue publicado en nuestro artículo ¿Bandoqué? y Zángano. Le acompañaba Melchor de Marchena con el cual realizó otras grabaciones para la marca RCA. Aparece esporádicamente por los Madriles, tal como lo contamos en nuestro artículo De cómo Mairena me quitó a Camarón , Participa en concursos, por ejemplo en éste: Concurso de Cante en mi pueblo (1966). También lo hace en Montalbán de Córdoba en 1970 o en el Nacional de Córdoba, donde en 1971 es premiado por Granaínas y Fandangos de Lucena. Algo después participa en la serie televisiva Rito y Geografía del Cante Flamenco.

De nuevo en su pueblo, Pedro monta un bar de nombre Los Amigos del Cante al que acudían (acudíamos) aficionados de todos los pueblos cercanos, así como de Córdoba capital. Buen vino, buen tapeo y, si se encartaba, algún ratito de cante. Recuerdo, como anécdota, que Pedro a veces era reacio a los números a la hora de cobrar y te hacía la cuenta "a voleo", eso sí contando de cinco duros en cinco duros. Así, un día te decía "dame 35 duros" y otro por las mismas consumiciones te cobraba "25 duros", con lo cual lo mismo pagabas de más que de menos sin que el cliente rechistara porque de allí siempre te marchabas a gusto.





Con frecuencia, Pedro organizaba cenas flamencas, como la anunciada en este cartel de enero de 1968 donde actuarían Fosforito ("el mejor cantaor de todos los tiempos") y Paco de Lucía ("el maestro de la guitarra"). Por supuesto, el local siempre se le quedaba pequeño.  



Les decía antes lo de que Pedro cobraba algunas veces a voleo. No les exagero, miren este cartel de otra cena, ésta en 1970. Delante del nombre de cada cantaor (Curro de Utrera, Antonio Ranchal...) va poniendo la tapa a servir (Jamón Tacos, Queso del Mejor...), pero lo curioso es el final cuando pone:
YO PASARÉ LA MANO Y SEGÚN VEA SACARÉ O NO EL POTAJE
¡Qué tabernero con más clase! ¡Qué pena que un desgraciado accidente acabara con él!



Acompañado por el veterano tocaor Rafael Muñoz "El Tomate", vamos a escucharlo en un par de cantes grabados en 1971 con motivo de su premio en el Nacional de Córdoba: Granadina y Zánganos de Puente Genil.

martes, 20 de octubre de 2015

Escuchando malagueñas de Francisco Lema (FOSFORITO)

Con tu venia, Javier.

El amigo Javier Osuna nos deleitaba hace muy poco con una entrada en su blog Los fardos de Pericón (1512) a cerca de la histórica figura del cantaor gaditano Francisco Lema (Fosforito). Imagino que todos ustedes la habrán visto, pero, de no ser así, antes de seguir leyéndome a mí, es preciso que pulsen aquí. ¿Ya han terminado de leer y han disfrutado del texto que nos ofrece el amigo Osuna?

¡Ea!, pues ahora a mí me da por acordarme de mis comienzos profesionales cuando en el curso 1967-1968, recién licenciadito en Ciencias Matemáticas, la Universidad Complutense de Madrid me contrató como "Profesor Ayudante de Clases Prácticas". Mi misión era asistir a las clases magistrales del geómetra y catedrático don Germán Ancochea Quevedo e inmediatamente que éste acababa, salir a la pizarra a exponer "casos prácticos" de la teoría explicada por el maestro.




Repitiendo aquella experiencia, y una vez que Javier ha impartido su clase magistral, acudo yo (como si su "Ayudante de Clases Prácticas" fuera) a ampliar con ejemplos cómo pudo ser la música de este malagueñero insigne que fue Fosforito (al que, por cierto, vemos en la foto de la izquierda con bata de trabajo en el local donde cuidaba de sus gallos de pelea).



Todos nos quejamos de que su voz no fuera grabada, viviendo como vivió una época en la que muchos sus contemporáneos sí que lo hicieron, algunos con menos fama y reconocimiento que el gaditano. Una pena, pero así fue, con lo cual no nos queda otro remedio que acudir a los que grabaron malagueñas asignadas a su autoría.

El propio Fosforito decía en una entrevista que una de las letras preferidas en su repertorio era ésta:

Si de ti pudiera vengarme
bien sabe Dios que lo hiciera;
pero es mi querer tan grande,
que lo pienso, me da pena
y lloro lágrimas de sangre.

Pues miren que esa letra la grabó en 1914 el cantaor conocido como El Niño Ríos acompañado a la guitarra por Nicolás Domínguez. Debe suponerse que sería una versión fiel a la del propio Fosforito porque ambos artistas compartieron carteles hacia 1903 según nos cuenta Javier Osuna. Vamos a escucharla:


Fernando el de Triana nos contaba que Fosforito tenía dos malagueñas: una corta y otra larga. Iniciaba su cante con la primera y solía usar la letra:

Ar campo me via llorá
donde no me vea la gente;
porque me haces pasá
las fatigas de la muerte,
y no te pueo orviá.

 Tras hacer unas pequeñas notas de temple, salía con su malagueña grande:

Desde que te conocí
mi corazón llora sangre;
 yo me quisiera morir,
 porque mi pena es muy grande
 y así no puedo vivir.

Esta es la malagueña que grabó en 1964 Diego El Perote, ya muy mayor, por lo que su grandeza quedó muy simplificada, según nos indica Jorge Martínez Salazar en el trabajo de Osuna. No voy a insertarla porque ya lo hizo el amigo Javier. Sobre la primera letra, Fernando el de Triana contaba que se había hecho muy popular  y que todo el mundo la canturreaba. Sin embargo, Martínez Salazar nos dice que

En ningún disco antiguo hemos escuchado esta copla, por lo que durante años supusimos que esta malagueña se hallaba perdida, y ello a pesar de que poseíamos desde mucho tiempo atrás un disco del Niño de Cabra con la malagueña en cuestión, sólo que en su título se adjudicaba a Chacón, atribución que en un principio dimos por buena. Fue en 1983 cuando volvimos a escuchar este cante en una grabación de Alfredo Arrebola con idéntica melodía y letra que la malagueña contenida en el disco del mencionado Niño de Cabra, pero esta vez adjudicada ya a Fosforito.

Adjudicación que hubo que dar por buena porque, atribuida a Fosforito ya la había grabado El Niño de las Marianas en 1912 junto a la guitarra de Ramón Montoya. Vamos a oírla:


No conozco la versión de Cayetano Muriel aunque sí la de Alfredo Arrebola. Añadiré por mi parte que esa malagueña fue grabada con igual letra y melodía que El Niño de las Marianas por el cantaor y guitarrista Telésforo del Campo en el año 1915. En cuanto a la letra Al campo me voy a llorar, puede que no se grabara en pizarra pero desde luego que debió de transmitirse oralmente. Escuchen, primeros años setenta, a Pedro Lavado, acompañado por Merengue de Córdoba, haciendo la malagueña de Fosforito:


Sí parece cierto que estas bellísimas malagueñas de Francisco Lema han sido poco cantadas si las comparamos con las del Mellizo, Antonio Chacón, El Canario o La Trini. Yo animaría a las nuevas hornadas de artistas flamencos a que le prestaran su atención.

Y para acabar mi clasecilla de hoy les dejo con la versión de la malagueña de Fosforito de un experto en la materia.. Juan Valderrama acompañado por Luis Calderito:

sábado, 20 de septiembre de 2014

Tonadas campesinas (XVI). Trilleras de "la vestía"

Cuando yo era nene nos enseñaban en la escuela que la provincia de Córdoba se dividía en dos comarcas, Sierra y Campiña, separadas por el río Guadalquivir. Conforme éste baja hacia el mar, la Sierra estaba a su derecha y la Campiña a su izquierda. Demasiado simple si tenemos en cuenta que dentro de esa campiña se encuentran todas esas zonas agrestes que modernamente hemos aprendido a nombrarlas como Sierras de la Subbética, o que en la llamada sierra está la muy extensa Meseta de los Pedroches. Podría haber alguna unidad en cada una de esas dos mitades cordobesas en lo referente a la lengua y algún que otro rasgo de tipo cultural, pero en lo netamente geográfico, nada de nada.

La Campiña propiamente dicha parte de Córdoba ciudad y une su término municipal con los de La Rambla, Santaella, Puente Genil, Aguilar de la Frontera y Montilla, incluyendo otras poblaciones, de término más reducido, como Fernán Núñez, San Sebastián de los Ballesteros, Montalbán, Monturque o Moriles. Zona de cereal y otros cultivos de secano, de olivares y viñedos, donde domina el latifundio de las grandes cortijadas. Hasta la llegada de la maquinización (1955 a 1965 aproximadamente) tales cortijos daban bastante trabajo a los llamados "temporeros", en mayor o menor cantidad según las épocas del año (Les invito a que lean lo que publiqué hace un par de meses, para lo cual sólo tienen que utilizar el siguiente enlace). Los obreros se veían obligados a dormir en los propios cortijos y solo cada cierto tiempo iban al pueblo para cambiarse de ropa. En Fernán Núñez se decía que ese día "jolgaban" (holgaban), pero en Puente Genil era el día de "la vestía" (la vestida). Dejemos que sea un cantaor de La Puente quien nos hable de estas cosas y las ilustre con su voz. Se trata de Pedro Lavado y lo hizo en un programa de Rito y Geografía del Cante Flamenco que producía y emitía Televisión Española en los primeros años setenta.


Precioso cante por trilleras, como también lo es la segunda letra:
De esta vara no pasa
que yo me case
Stoy harto de estar mozo,
falta me hace.
Sólo una observación al bueno de Pedro: exagera al decir que eso de la "vestía" ocurría unos setenta u ochenta años atrás. No, como he señalado más arriba, esta situación existió hasta entrados los años sesenta, época en la cual los campos se despoblaron y vino la triste diáspora hacia Madrid, Cataluña o el País Vasco, cuando no a Holanda, Alemania o Suiza. 

viernes, 1 de agosto de 2014

Tonadas campesinas (VIII). Temporeras de la Campiña de Córdoba

Pagos de Lucena, de Aguilar, de Cabra, de Montilla...! Se fue dejando la Serrana jirones de su capote de monte en vuestras viñas, en vuestros olivos; pero jirones chiquitos, porque las manos que a él se asieron ni fueron duras, ni porfiadas.

¡Lucena! En tu seno, más blanco que la nieve, oí el el airoso cantar que llamáis las Temporeras.

Yo anduve por tus calles y tus campos a caza de ellas.

Sabedor de que en este pedazo de tierra existió un cante, patrimonio de las gañanías, con el que acompañaban su trabajo en la besana, fui de Ceca en Meca sin poder atraparlo. Tal que cual gañán, salmodiaba, trincado a su manera, un cante sin color ni estilo propio, mixto del de la Trilla y la Taranta. Tenía tanto más interés en dar con las Temporeras, cuanto que sospechaba fuera el lazo de unión entre Trilleras y Caleseras, pues al ceñirse al paso desigual de la yunta de mulos en la era, no participaría ni del rechinante fragor de las diligencias ni de la galbana de la era agostiza.

Por matar la tarde, fui a la casa de un amigo, hidalga y acogedora, de señoril fachada y portalón que achata el peso de un escudo de armas de ampulosos labrequines, tallado en piedra.

El zaguán, recién regado, dibuja con menuditos guijos una cruz calatraveña; al fondo, una puerta de cuarterones patinosos que luce en su centro, y en él reluce un pomposi aldabón de "oro de Lucena".

¡De oro se me llenó la mano cuando llamé!

Después del consabido: "Gente de paz", me colé por el patio de mi amigo, detrás de cuyo nombre se atropellan qué sé yo cuántos apellidos ilustres.

Este amigo mío lo es también de la tradición, de la heráldica y de la zambra.

Le expuse mi desencanto, y, tras de hacer memoria, con ese reposo con que en los pueblo se hace memoria, dijo:

-¡Tal vez Perrilleja, quizá Tenazo!...

En el patio trasero de la casa hay una parra umbrosa, y bajo ella abre su bocaza fría un pozo de brocal enjalbegado, sobre el que florecen macetitas de albahaca, macecitas de espliego.

Una moza, guapa y limpia, que se llama Araceli, nos trae, en bandeja de cobre, unas copas grabadas con la cruz de Calatrava, y una botella con el marbete de Mora, llena de solera, de las "Bodegas de Nuestro Padre Jesús". Al descorcharla nos acaricia con un olor a manzana, a florecillas de la sierra; luego canta en las copas en las copas con gorgoritos de jilguero.

Esperamos, y, ya el sol traspuesto, se entró por el patizuelo el ansiado
Perrilleja, acompañado del aperador de mi amigo. Ambos sabían las Temporeras, y como araban en el mismo olivar, quise escucharlas al día siguiente en el mismo salsero donde se sazonaron.

Al olivar de "Los Dorados" me encaminé, y en él oí este cante, tan característico, y que me enorgulleció encontrar, porque se acoplaba. como preveía, al lugar designado en la escala que hemos recorrido.

Inicia el gañán la copla cantando un verso, y, al terminarlo, otro lo recoge, anunciando su decisión con un "Voy", y así se turnan hasta que uno grita : "¡Fuera!", y remata la estrofa. Más moderno es que la termine el que la comienza; verdad que tampoco abundan los que saben cantarla. Así, es indiscutible , pierde el matizado que le da la variedad de voces y la alegría de los gritos que piden la voz.


Dan escolta a este cante en la besana el piar de las pipitas, que brincan en los camellones del surco recién abierto, y lo aroma el fuerte vaho que sale de la tierra herida y que huele a búcaro.

Luego, cuando el sol traspone y los calados de los olivos transparentan la amoratada luz del crepúsculo; cuando las campanas y campanitas del pueblo cercano llenan la campiña tocando la oración; libre la yunta del arado que quedó en el surco, apuntando con el timón al lucero que afanoso parpadea en el horizonte; al emprender el apero la vuelta al caserío, llevando cada yunta, a lomo, el gañán que la gobierna, riman las Temporeras con el alegre trotecillo de la querencia, más vivas, confundiéndose casi con un Fandango.

La tierra, con la llovía,
ha tomao mejor tempero;
y esto lo agradece el amo,
los gañanes y el apero.

El Sota trae una yunta
de dos mulas alazanas,
que ellas solitas s´atreven
con toíta la besana.

Tós los mulos del cortijo
de don Juan Manué Carrasco,
no le llegan a los míos
a las coronas del casco.


Foto de la ciudad de Lucena y sus alrededores para ilustrar esta larga cita tomada del libro De Cante Grande y Cante Chico que escribiera el prolífico malagueño José Carlos de Luna allá en el año 1926, si bien nosotros hemos usado una reedición fechada en 1942. Aquí se nos describen por vez primera (que nosotros sepamos) los cantes de arar, los cantes de besana de la Campiña de Córdoba, cantes nombrados en nuestra tierra como temporeras. De la Campiña, sí. Domingo Manfredi Cano, seguidor en muchas cosas de José Carlos de Luna nos dejó escrito en su libro Geografía del Cante Jondo (1955, después reeditado en 1963), en un epígrafe dedicado a la Temporera, lo siguiente::

Es un cante de gañanías. Su situación geográfica podría deslindarse con una circunferencia que teneindo su centro en Cabra, de Córdoba, encerrase dentro de ella a todos los pueblos y tierras comprendidos entre Castro del Río, Fernán Núñez, La Rambla, Baena, Montilla, Doña Mencía, Aguilar, Montuque, Lucena, Priego, Puente Genil, Rute, etcétera.

Vuelve a repetir cosas del libro del malagueño y, al final, añade un par de letras:

Las uvitas de tu parra
están diciendo comerme,
pero los pámpanos dicen
que viene el guarda, que viene.

Los surcos de mi besana
están llenos de terrones,
y tu cabeza, serrana,
está llena de ilusiones,
pero de ilusiones vanas.


Tres comentarios a estos testimonios escritos:

1) En el relato de José Carlos de Luna aparece el personaje de Perrilleja. Creemos que será el mismo que nosotros conocíamos a través de una saeta popular lucentina.

2) Las letras que nos ofrecen uno y otro escritor son cuartetas o quintetas pero de versos octosílabos. Es decir, estrofas adaptables al cante por fandangos, al que alude Carlos de Luna al final de su texto. ¡Curioso!, igual que ocurría con el Canto del Güeyero de los canarios. También igual que ocurría con los cantos de arar de Málaga, tanto en la versión flamenca de El Niño de Bonela como en la grabación que la acompañaba, en la cual, por cierto, se hace la letra de Los surcos de mi besana, recordada por Manfredi. Versos octosílabos, rara avis en el mundo de las tonadas campesinas donde domina la estrofa de la seguidillan. Más aún: hay otra variedad de cantos de besana, como son las Pajaronas de Bujalance que sí usan la copla de seguidillas. Es decir, sin salir de la provincia de Córdoba, hay dos modalidades de cantes de besana: las Pajaronas de Bujalance y las Temporeras de la Campiña, con un punto común y es que se trata de cantos dialogados, pero una diferencia grande en cuanto a la métrica usada.

3) ¿No les suena de algo una de las letras que anota Carlos de Luna? Me refiero a la de Tós del mulos del cortijo... Agustín Gómez, siempre tan pespicaz, nos señala que esta letra de Temporera la hacía Antonio Ranchal como Carcelera. Sí, muy extraño lo de conjuntar cárcel con besana. Yo llego incluso a sospechar que lo que el cantaor lucentino grabó como Carceleras estaba más cercano a las tonadas campesinas que a lo que los flamencos conocen como tonás, martinetes, etcétera. Merece la pena que la oigamos:



En la bibliografía flamenca, tan dada a copiar lo ya escrito por otros, hablando de temporeras, se repite una y otra vez lo dicho por José Carlos de Luna y Manfredi Cano, con la honrosa excepción de Agustín Gómez que en su libro otras veces citado Cantes y Estilos del Flamenco, nos habla también de las pajaronas, de los cantos de arar malagueños y de las temporeras de Montefrío (Granada), a las que nosotros dedicaremos una entrada en breve.

Afortunadamente en Córdoba, nos quedó una prueba grabada en los años setenta de lo que fue la temporera que hoy comentamos. Primero en disco (con la firma RCA) y luego en una intervención en TVE, programa "Rito y Geografía del Cante Flamenco", el cantaor de Puente Genil Pedro Lavado nos dejó su testimonio. Reproducimos lo que cantó y dijo para TVE:


Ya ven que la descripción del cante coincide con la apuntada por Carlos de Luna en 1926. ¿Y la letra?

Aperaor del apero,
no me dejes el cornejal,
que mis mulas son nuevas
y me van a marear.

Pues mire usted por donde, y acabo, me encuentro una copla parecida en el folk-lore de la provincia hermana de Murcia:

Las penas que pasa un perro
cuando le cortan el rabo,
las mesmas que paso yo
en cá cornijal que saco.

lunes, 10 de marzo de 2014

Pedro Lavado cantando nanas

Envío a su hijo Paco al que nombra en este cante.

Entrañable personaje este Pedro Lavado, cordobés de Puente Genil, tabernero y cantaor. Cantaba de todo, pero nosotros vamos a recordarlo con unas nanas de corte campesino en las que le acompaña el guitarrista Merengue de Córdoba:






En este cante, Pedro nombra a varios de los hijos que tuvo (Pedro, Juan y Paco). Aquí lo vemos con ellos y con su mujer en fotos que hice en 1970.

Posdata. Ayer, 7 de agosto de 2014, murió en accidente su hijo Pedro Lavado López. Descanse en paz junto a su padre.

martes, 9 de abril de 2013

¿Bandoqué? y Zángano

En el breve transcurso de la historia del Cante Flamenco, parece que ahora, más que nunca, están de moda las "etiquetas". Asistimos a un recital y el cursi erudito de turno que se ha sentado al lado nuestro nos suelta:
- Ésta es la variante número tal del estilo por lo que sea que creó Perico el de los Palotes.
Un pasito más y los entendíos acabarán poniéndole "código de barras" a cada cante que se escuche. Esta fiebre vino con la época del Neoclasicismo Flamenco de los años sesenta, que tan bien estudiado fue por el maestro Agustín Gómez, y desde luego no se caracterizó por el rigor.

Éste, unido a los métodos analíticos, vino más tarde con el trabajo que en su día publicaron Luis y Ramón Soler sobre las Soleares y las Seguiriyas, así como el más reciente de Rafael Chaves y Norman Kliman sobre los Cantes Mineros. Son obras impagables y clarificadoras aunque no en todo tengamos por qué estar de acuerdo con sus conclusiones.

Pero yo hoy voy a referirme a un "etiquetaje" de los aludidos años sesenta. Voy a la marca "Bandolá" o "Cante Abandolao" que pusieron en circulación los de la Peña Juan Breva de Málaga para aludir a una serie de fandangos incorporados al flamenco que provenían de los verdiales folk-lóricos presentes en Jaén, Almería, Málaga, Granada, Sur de Córdoba y Serranías de Cádiz. No me la recuerden, por favor, porque ya me sé la manida historia de no sé qué instrumento llamado "bandolina" o algo parecido que se usaba en tiempos pretéritos. Tampoco me digan, aunque eso está escrito en la red, que el nombre proviene de que en algunas de sus letras se mientan a los "bandoleros". La cuestión fue que bajo ese nombre metieron muchos cantes del Breva, de Frasquito Yerbabuena, las jaberas y los jabegotes, las rondeñas tanto las asociadas a Jacinto Almadén como a Rafael Romero, los zánganos y todos los cantes de Lucena. Eso no sería grave pero sí lo fue, en mi opinión de aficionao de base, el ponerle a todo la "denominación de origen" malagueña. ¿Ignoraban, por ejemplo, que en pleno siglo XIX muchos de esos fandangos se nombraban como granadinas? ¿Ignoraban también que en el repertorio de Silverio y sus seguidores figuraban los fandangos lucentinos  que se asocian a la memoria de Dolores la de la Huerta?

Vamos a parar un poquito y a vamos a sentir cante:


Ya han oído: Melchor de Marchena acompañando al entrañable Perico Lavado en una verdial lucentina y en un zángano de su Puente Genil natal. ¿Dónde apareció esta grabación? Pues en un vinilo E. P.


cuyo título pueden ver, publicado en 1964. ¿Con qué etiqueta? En la contracubierta del disco se lee literalmente: "Bandolá" y zángano. Ya ven... Y yo digo ¿Bandoqué?

viernes, 6 de abril de 2012

Viernes Santo en Puente Genil (1970)

En el curso 1969-1970 yo vivía en Madrid. Allí me había hecho amigo de Paco Almazán, que escribía sobre flamenco en la revista "Triunfo". Cuando llegó la Semana Santa yo me vine para mi Fernán Núñez natal. La mañana del Jueves Santo me telefonea Almazán y me dice que está en Córdoba y que quería conocer Baena y Puente Genil. Acompañado otros amigos míos, lo recogimos y nos fuimos en mi coche para Baena donde, como es sabido, se desarrolla una de las Semanas Santas más singulares de toda Andalucía. Apuramos hasta la noche, dormitamos unas horas en el mismo coche y nos encaminamos a Puente Genil. Había que llegar con tiempo para ver salir al Nazareno del Calvario y oír la famosa diana. Así fue y ya con la procesión en la calle propuse que nos fuésemos a buscar la taberna de los "Amigos del Cante".

Cuando llegamos aún estaba cerrada pero, después de aporrear varias veces en la puerta, aparece su dueño el cantaor Pedro Lavado, a quien yo conocía y había tratado desde años atrás, y que ya ha aparecido en otros artículos de este blog. Hechas las presentaciones, Pedro nos desayunó a base de cafés y copas de aguardiente, con algún dulce propio de la época. Charlábamos mientras que hacíamos tiempo hasta que el Nazareno y su Virgen pasaran por su calle. Salió a saludarnos su esposa y nos dijo que estaba atendiendo a los niños. También que estaba preparada para cantar alguna saeta. Cercanas ya las imágenes, nosotros nos salimos a la calle para coger sitio en la acera. Al poco, en su balcón, aparece el matrimonio y su numerosa prole.



La lluvia, que llevaba acechando toda la mañana, hizo acto de presencia. A pesar de ello, cantó Pedro y cantó su mujer, estupenda saetera. ¡Qué pena que no llevábamos ningún magnetofón! Sólo una máquina fotográfica que, pese a los paraguas, permitió captar a Pedro Lavado cantándole a la Virgen. Hace, ahora, cuarenta y dos años. Sirva este articulillo como homenaje y recuerdo del cantaor de la Puente.

sábado, 18 de junio de 2011

Concurso de Cante en mi pueblo (1966)



En la Feria Real de mi pueblo, celebrada en honor de la Virgen del Tránsito (15 de agosto), siempre había algún acto relacionado con el flamenco o con la copla. Y, como añadidura un "concurso" de cante que se desarrollaba sin mayores formalidades: acudía sobre la marcha quien quería y cantaba lo primero que se le ocurriera, lo que de vez en cuando derivaba en situaciones próximas a lo "chusco". Don Juan Moreno Luna, gran aficionado, decía que había que poner un poquito orden. Así se hizo en 1965 con un "I Concurso Provincial de Cante Flamenco". Se celebró en la explaná del Huerto de las Fuentes y de aquella noche se grabaron en mi memoria algunas actuaciones como las de Manuel Segovia "El Ciego de Almodóvar" o las de "Cristobitas de Santa Cruz".


En 1966 se repite convocatoria como pueden ver en el cartel adjunto. Curiosamente su redacción le fue encargada a un jovencillo Andrés Raya, cuyo nombre me suena de algo. Lo mismo que le encargaron la presentación de los cantaores finalistas y en esa labor podemos verlo en foto que también se adjunta. ¿Quiénes fueron los ganadores? No les miento si les digo que no sabría nombrarlos. Imagino que en los archivos del Ayuntamiento constarán por algún lado y si lo averiguo, ya lo contaré.


Lo que sí recuerdo es que de nuevo oímos al "Ciego de Almódovar". Que cantó maravillosamente bien por martinetes el cordobés Rafael López Recio, de cuya amistad me honro desde aquella noche hasta hoy. Y que entre los ganadores hubo dos seguros: Bernardo Benjumea, trabajador del campo afincado en el pueblo aunque nacido en la localidad sevillana de Herrera en 1919, que era un experto en todo pero sobre todo en los cantes malagueños. El otro era Pedro Lavado, de Puente Genil, nacido en 1932, ya premiado en Córdoba en 1959, que nos dejó más que satisfechos con sus serranas y soleares. Ambos salieron a cantar ya fuera del concurso e hicieron cantes que no estaban en las bases: Benjumea se lució con unas espléndidas jaberas y Lavado nos mostró diversas variantes del fandango de Lucena.



Entre el público, además de Don Juan Moreno que era parte del Jurado, estaban Manolo del Rosal y Juan Velasco, los mismos que unos meses después promovieron la fundación de la Peña "El Mirabrás". Seguro que la próxima vez que nos juntemos me ayudarán a refrescar mi cada vez más flaca memoria. Mientras tanto, les dejo con esta grabación que años después hizo Lavado con "Merengue de Córdoba".

miércoles, 20 de abril de 2011

De cómo Mairena me quitó a Camarón

En la primavera de 1968, me nombraron Subdirector del Colegio Mayor "San Juan Evangelista" de Madrid. Don Jesús Cobeta Aranda, el Director, me dice que era costumbre que cada directivo novel debía dar una cena para agasajar a los veteranos en el equipo, costumbre que no dejaba de ser curiosa. No tuve dificultad en montar el acto: iríamos a cenar pescadito frito y otros platos andaluces a la taberna “Los Camborios”, en una paralela a Gran Vía entre Santo Domingo y Plaza de España, bar que montó mi cuñado el abogado Cipriano Crespo; a continuación, en la misma taberna tendríamos una pequeña fiesta flamenca.

Para su organización recurrí al gitano Paco Valdepeñas al que conocía por su amistad con mi cuñado. Me habló de llevar a un guitarrista y a un cantaor, recién llegado a Madrid, del que todo el mundo hablaba y del que se esperaba mucho. Imaginen que les estoy hablando de Camarón de la Isla. Pues claro que sí: mi toma de posesión iba a ser una auténtica campanada.

Yo soñaba con que llegara el día, pero, he aquí, que desplazados todos a la taberna, aparece el de Valdepeñas un poco alterado:

-Andrés, que no va a ser posible. Que a Camarón se lo ha llevao, pá escucharlo cantar, Antonio Mairena que anda por Madrid pá hablar con el Conde Montarco, ese de Cultura Hispánica, de unas Reuniones de Flamenco que quieren organizar.

-Pero tú no te preocupes porque te traigo a un “cateto” de cerca de tu pueblo que anda estos días por aquí. Canta divinamente y te va gustar.

No se me iba el cabreo hasta que me dijo el nombre del cantaor sustituto: Pedro Lavado. ¡Dios mío!, el cantaor de Puente Genil al que yo ya conocía de años atrás y al que había oído cantar tanto en su pueblo como en el mío.

La cena salió muy bien y los cantes de Perico por soleares de Córdoba, serranas, malagueñas y fandangos de Lucena fueron sorprendentes. Entre uno y otro, Valdepeñas cantaba y bailaba por bulerías con un arte y una gracia de marca propia. Mis invitados volvieron al Colegio y yo seguí la fiesta, junto a mi cuñado y algún colegial como mi paisano Antonio Luna “El Cumaco” que se me adosaba siempre. Cuando dejamos Los Camborios era de día y yo acerqué a Pedro Lavado hasta Ciudad Lineal, donde paraba en casa de un pariente.

Pena que perdí a Camarón, pero alegría porque reencontré a Lavado. Después de todo, para conocer al de la Isla, había mucho tiempo por delante, tal como ocurrió después cuando lo oí por primera vez en mi vida cantar en el Tablao “Torres Bermejas”.