Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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domingo, 1 de febrero de 2015

Los fandanguillos de Almodóvar

Abro la página XXX del libro titulado YYY, cuyo autor es ZZZ, y me encuentro con lo siguiente:

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FANDANGUILLOS DE ALMODÓVAR

A más de gran estilista del cante jondo, el Niño de Marchena (José Tejada) es entusiasta investigador de cantos olvidados, que merced a él renacen para las generaciones presentes y venideras.
Entre los cantos que incorporó a su repertorio hay dos fandanguillos de Almodóvar. No se trata del pueblo así llamado, sino de la vega del río Almodóvar, que nace en la Sierra de la Sima, cruza la comarca de Algeciras y desemboca en la laguna de la Janda, junto a la cual se dio la batalla que luego se llamó de Guadalete, que abrió la Península a los invasores sarracenos.
El Niño de Marchena denomina a estos fandangos de modo sugestivo: "En los lagos de Almodóvar" y "Aires de la Sierra de Almodóvar".
El de la Laguna tiene escaso interés musical. Sus letras dicen:

En el agua cristalina
que llevaba un arroyuelo
se reflejaba la imagen
de tu cara tan divina,
y al verla me tiré al suelo.

Cuando alguien a ti te quiera
como yo a ti te he querío
-aunque sea una cualquiera-,
dispón del corazón mío
aunque de pena me muera.

El serrano tiene más empaque, letra y música, y es más clásico, más fandango.
Canto de contrabandista o de salteador, de huido a la Sierra por sabe Dios qué delito; porque la sangre moza se calienta en la rivalidad y los celos, la navaja está pronta y la Justicia castiga al que se la toma por su mano.

Yo vivo en la serranía
por culpa de una serrana;
y tengo por compañía 
a mi jaca la Sultana,
que es mi mayor alegría.

La jaca acompaña al huido en sus correrías por riscos y breñas y le consuela del mal pago de la causante de que ese hombre se perdiera por haber castigado por su mano a quien verdad le decía, creyéndole difamador.

La gente me aconsejaba
que yo a ti no te quisiera;
pero no me figuraba
que tanta razón tuviera
el que mal de ti me hablaba.

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En efecto, el río Almodóvar va a parar a un embalse-laguna para unirse después al río Guadalete, todo ello cerca de la localidad de Facinas, la cual, por cierto, tiene una modalidad de fandango que nos dio a conocer Flores el Gaditano. Pero, oigamos a Pepe Marchena, junto a Ramón Montoya (1934) en sus fandangos de los lagos de Almodóvar:



Exquisitos, como todo lo de Marchena, pese a que al autor del libro le parezcan de "escaso interés musical".



Del mismo año 1934 y de nuevo con Ramón Montoya, nos vamos a la Sierra de Almodóvar:



Si no se han percatado ustedes, vuelvan a escuchar esta grabación y comprueben como en su comienzo Pepe Marchena dice literalmente "Aires de la Sierra de Almodóvar de Córdoba", detalle que debió de pasar desapercibido al señor
ZZZ = Hipólito Rossy
al escribir lo que escribió en la página XXX  = 243 de su libro
YYY = Teoría del Cante Jondo.
Sí, el cordobés pueblo de Almodóvar del Río, además de quedar abrazado por nuestro padre-río Guadalquivir y dejar a su izquierda, conforme bajamos, a la Campiña de Córdoba, tiene una agreste sierra compartida con los municipios de Posadas y de Hornachuelos. Lo que no tiene la localidad cordobesa, ni tampoco la vega gaditana del río Almodóvar, es fandango propio como parece que creyó el reconocido musicólogo Hipólito Rossy. Marchena no investigó nada, simplemente dio "nombres sugestivos" a sus creaciones fandangueriles, con melodías que fue repitiendo en otras grabaciones con distintos, pero igualmente sugestivos nombres. En otra ocasión ya señalamos un error similar al que hoy comentamos, refiriéndose a los fandanguillos de Osuna. Menos mal que don Hipólito no siguió tirando de las investigaciones de cantos olvidados debidas al Niño de Marchena. Nos habríamos encontrado, por ejemplo, con fandanguillos del valle de la pena, de la ribera de Cazorla, de Fuente Palmera, de la sierra de Alcázar, de la campiña de Andújar, de la sierra de Baena y un larguísimo etcétera que incluiría a los fandanguillos de de los montes de Zoco el Hamma. ¿Qué habría puesto Rossy en su libro sobre tan enigmáticos fandangos?

sábado, 15 de octubre de 2011

Sanlúcar por malagueñas

Para Porverita

(Aclaro a quien acceda por primera vez a este artículo que ha cambiado el título Sabicas por malagueñas por el de Sanlúcar por malagueñas, habiéndose cambiado también un vídeo del pamplonica por otro del gaditano. La explicación la encontrarán leyendo los comentarios que lo acompañan. Cometí un error y estoy tratando de remediarlo).

Hipólito Rossy en su Teoría del Cante Jondo viene a decir que hay tres tipos malagueñas: la corrida o verdial, la de cante y la instrumental. De esta última escribe en la página 233:

La instrumental ha corrido el mundo entero en viaje triunfal y sigue triunfando dondequiera que se oye. No hay guitarrista de cualquier país que no toque algo de malagueña instrumental, y existen multitud de ediciones y discos gramofónicos que la reproducen, estando también en el repertorio de todas las compañías de ballets.

La verdad es que uno, tan de pueblo, no sabe a qué malagueña se refiere Rossy, salvo que hable de esa maravillosa composición que hizo el canario-cubano Ernesto Lecuona y, en fin, de cosas similares a ésta. Pero, digo yo, ¿qué tiene esto que ver con el Cante Jondo al que dedica su libro?

Claro que las malagueñas flamencas e instrumentales sí que existen: son las que han compuesto nuestros guitarristas de concierto. Escuchen ésta de Manolo Sanlúcar donde se aunan la malagueña para cante y la verdial.

miércoles, 5 de octubre de 2011

El fandanguillo de Osuna según Hipólito Rossy






En la página 245 del libro Teoría del Cante Jondo (1966) el musicólogo Hipólito Rossy (Sevilla, 1897; Barcelona, 1975), nos dice lo siguiente:



El Niño de Marchena ha salvado del olvido al fandanguillo de Osuna. Su melodía no es gran cosa, por más que el citado artista la colme de adornos, pero sus letras tienen una ingenuidad y una ternura que lo hacen merecedor de ser recordado.

Malherido.
Una mañana encontré
 a un pájaro malherido,
 y después que lo curé,
 en un árbol le hice un nido
 y en el nido lo dejé.

Otra letra, recordada por el Niño de Marchena, es del mismo tenor.

Porque no podía volar,
vi a un pajarillo temblando
 porque no podía volar,
y me decía piando:
"Llévame a la mare mía
 porque me estará buscando".

 Este fandanguillo debe ser de principios de este siglo. Por haber pasado largas temporadas en Osuna durante mi niñez, tengo de él un vago recuerdo, hacia 1906, como de una novedad de aquellos días, en los que oía sus coplas en boca de todos los habitantes del pueblo aficionados al cante, que lo eran en muchedumbre.

Su autor sería, de seguro, cualquier gañán de cortijo que encerrara en su rudeza un alma de artista -poeta y músico- y unos sentimientos delicados que le aproximan al Santo de Asís.

Dejamos a Rossy de momento y empezamos por oír estos fandangos que Marchena rotula como Cante de la campiña de Osuna.


Pero, antes de que se nos vaya la memoria sonora, oigamos esto otro.


Como verán ustedes se trata de los mismos cantes. ¿Del siglo XVI o de principios del XX?, ¿de La Roda o de Osuna? Ya se sabe que el Maestro de Maestros solía fantasear, y mucho, al etiquetar sus propias creaciones. Aquí la prueba es palpable. Me quedo, entonces, con la duda de si don Hipólito era un ingenuo. O, ¿tal vez?, un poco fantasioso también: las letras que adjudica a un gañán casi franciscano son de un tal H. Montes, que colaboró frecuentemente con Marchena y debieron de ser escritas en los años 30 del siglo XX.

Pensarán ustedes que me estoy volviendo un tanto iconoclasta. ¡Bueno! La verdad es que, al iniciar este blog, me proponía contar retazos de mis vivencias. Pues bien, lo que hoy les he contado, lo pensé desde la primera vez que leí el texto del señor Rossy. Es la tecnología actual la que nos permite comunicar esas vivencias de forma tan clara y fehaciente.