Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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lunes, 19 de noviembre de 2018

¿Le apetece a usted escuchar algunas cositas de PERICÓN DE CÁDIZ?

Ayer, domingo 18 de noviembre, se me aparecieron algunos fantasmas del pasado. Puedo jurarles que no fue en un sueño sino en ese invento de Satanás que llamamos las redes; incluso uno de esos fantasmas pretendió entrar en mi casa a través de la telefonía, cosa que pude evitar "por las bravas", o sea, colgando mi aparato y callando así a quien pretendía romper mi intimidad.

Sea como fuere, este incidente trajo a mi memoria una Sociedad Anónima, justamente la hace tiempo desaparecida del mercado Ediciones Demófilo. Me fui hacia mi estantería y durante un rato disfruté mirando y acariciando todos los libros publicados bajo ese sello. Me dio por coger uno de ellos, sentarme en mi sillón de reposo y darle una breve relectura. Eran Las mil y una Historias de Pericón de Cádiz, recogidas y ordenadas por J. L. Ortiz Nuevo(*). Se trata, en mi opinión, de uno de los mejores libros del catálogo de las citadas Ediciones Demófilo. Flamenco que, mezclado con picaresca y gracia gaditana, conduce a un texto equiparable a los mejores títulos de la llamada Novela Picaresca de nuestro Siglo de Oro.

Como responsable principal que fui de esa editorial (desde su nacimiento a su desaparición), mantuve algunos intercambios epistolares con don Juan Martínez Vilches (Pericón de Cádiz). En mi casa guardo con cariño esas cartas en las que hay chispazos de su gracia natural. A modo de curiosidad, les muestro el cartón-modelo que usaba Pericón para felicitar la entrada de año. El mío lo recibí en diciembre de 1976.

Pero, como saben mis amigos, soy contrario a toda retórica hueca, a todas las peroratas largas. Sé que estoy entre aficionados y sé que a los aficionados nos gusta escuchar cantes. Ea, pues, ¡vamos allá, Pericón!

1) Fandangos (Lo lejos que estás de mí), 1973, con Félix de Utrera.

2) Malagueña del Mellizo (Hasta el mismo enterraor), Londres, 1961, con Andrés Heredia

3) Alegrías (Aunque te den más balazos), 1940, con Niño Ricardo.


4) Cantiñas (Te despierta un sudor frío), 1949, con Niño Ricardo.

5) Guajiras por Bulerías (Los españoles son tos), Londres, 1961, con Andrés Heredia.


6) Bulerías de Cádiz (Levántate Filomena), 1973, con Félix de Utrera.


7) Bulerías (El demonio como es tan travieso), con Andrés Heredia.

8) Soleares (Yo he mandao hacer un freno), Londres, 1961, con Andrés Heredia.


9) Seguidillas (Cambiaron los vientos), con Antonio Arenas.


¿Qué les ha parecido el recital? Para mí, con ese compás, esa gracia, esa dulzura, esos pellizquitos de Pericón, ha resultado ser un estupendo bálsamo para olvidar pesadillas.


(*) José Luis Ortiz Nuevo es uno de los más reconocidos e importantes flamencólogos de la actualidad. Con este libro, junto a las memorias de Pepe el de la Matrona, se estrenó (1975) como escritor de temas flamencos. ¡Buen comienzo! 

martes, 13 de septiembre de 2016

Poetas para el Flamenco. JUAN REJANO

Envío a Leonardo Velasco, Álvaro de la Fuente y Miguel Ángel Jiménez, paisanos del poeta Juan Rejano.

A finales de junio de 1976, la profesora Aurora de Albornoz publicaba un artículo en la revista Triunfo en el que hablaba del poeta Juan Rejano (Puente Genil -Córdoba-, 20-10-1903; México, 04-07-1976). Cuatro semanas después, en la misma revista, Víctor Márquez Reviriego nos volvía a hablar de él, esta vez para comunicar su muerte cuando el poeta se preparaba para volver de su largo exilio. Desconocido en España para la gran mayoría, con muchos libros publicados pero todos en México, confieso que era la primera vez que yo oía hablar de este hombre.

Poco tiempo pasó cuando dos jóvencillos universitarios de la rama de Lengua, Esteban Díaz y Miguel Ángel Toledano, se habían hecho con los libros del poeta pontanés y habían elaborado una extensa antología del mismo. Vinieron a mí para que la publicara en Ediciones Demófilo, cosa que acepté después de una lectura del original con la que disfruté mucho. El recordado psiquiatra y escritor Castilla del Pino me puso al habla con las hijas de Rejano, que vivían en Málaga, allá nos fuimos mi compadre Salvador de Toro y yo, firmamos contrato de edición y en marzo de 1977 ya estaba en librerías el volumen Juan Rejano, poesías.  

El libro fue muy bien acogido por la prensa y yo conservo recortes en los que se cita publicados en Diario Córdoba, El Correo de Andalucía, ABC, El País, Informaciones, Diario de Menorca, La Estafeta Literaria y varios más. Se presentó en Córdoba (Salón de Actos de la Caja Provincial de Ahorros), en Sevilla (Club Gorca) y se presentó en Madrid. Esto último ocurrió en Madrid, el día 22 de abril de 1977, en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, dentro de los actos de su II SEMANA DE ANDALUCÍA. Se planteó como un Homenaje Nacional y su convocatoria fue firmada por importantísimas figuras de la cultura española, de las cuales señalamos unas cuantas: Jorge Guillén, Rafael Alberti, José Luis Cano, Juan Bernier, Carlos Castilla del Pino, Rosa Chacel, Fernando Quiñones, Blas de Otero, Francisco Yndurain, Rafael Lapesa... Tras la lectura de abundantes telegramas de adhesión al homenaje, el acto fue abierto por el entonces colegial Miguel Ángel Toledano. La presentación del libro, propiamente dicha, corrió a cargo de  doña Aurora de Albornoz. Recitaron poemas los actores Juan Diego y Rosa Vicente. Bueno, se me olvidaba, también intervino, como presidente de Ediciones Demófilo, el cordobés Andrés Raya. La verdad es que en aquella tarde me encontré muy a gusto en un Colegio Mayor que diez años antes tanto había representado para mí. Acabé mi intervención con vivas a Rejano, al Colegio Mayor y, ¿cómo no?, rematé con un sentido y eufórico ¡Viva Andalucía Libre!.

Y se preguntarán ustedes a qué vienen estas historias en un cuadernillo de memorias flamencas. Pues trataré de justificarme. Juan Rejano nació en Puente Genil, tierra de mucho cante, y yo aseguraría que lo conoció desde pequeño. En su exilio mexicano, se acordaba de su tierra y lo hacía con estrofas idénticas  a las que los flamencos usan para cantar por soleá, por malagueñas, por fandangos, por livianas o serranas. Rejano, como en su momento hicieran Augusto Ferrán, Juan Ramón Jiménez o Manuel Machado, quiso escribir coplas y bien que lo consiguió. Coplas que aparecen por toda su obra, aunque de manera más abundante en su libro de 1944 titulado El Genil y los olivos. Otras canciones. Veamos algunos ejemplos:

En Loja eres la mañana,
el mediodía en la Puente, 
la tarde en Écija llana.

¡Aldea del Palomar!
Un ribera de huertas
y cuatro casas de cal.

Aquel olivo tenía
cien años en cada rama
y en la raíz una espina.

Los que van por el camino
se paran a ver mi llanto
a la sombra del olivo

En el agua, una alameda;
en la alameda, un jardín;
en el jardín una niña,
como la que yo perdí.
¡Ay, que nunca más la vi!

¿Por qué te llaman Estepa,
si eres como una paloma
en vuelo, junto a la sierra?

Yo también voy cantando,
rumbo al olvido
para que el hombre tenga
paz en su nido.
Hasta las penas
vestidas de esperanza
van por mis venas.

A veces glosaba las letras populares como lo prueba este fandango lucentino:

Entre Córdoba y Lucena
hay una laguna clara
Canta la copla 
por el olivar.
Llevaban
a la laguna
mis ojos su pena amarga
y las lágrimas salían
deslumbradas.
Al verme llegar, se abría 
el agua
y brotaban de su fondo.
los olivares de plata.
¡Laguna 
de tierra llana,
donde lloraba mis penas
cuando de ti me acordaba!

otras se acordaba de los pregoneros, como aquel de las piñas (*)

En la esquina
el vendedor.
Una voz con cascabeles
y un burrito de algodón.
-Niños y niñas,
¡llorad por piñas!
El pregón 
sube por la calle arriba.
Las puertas se llenan
de llantos y risas.
-¡Madre,
yo quiero una piña!
Cuando se aleja la voz,
algarabía
de gritos.
Sonríe el sol.

Sí, Juan Rejano, debe figurar en la relación de poetas cantados por los flamencos. Desde aquí animo, sobre todo a los jóvenes valores de Córdoba y su campiña, a que lean sus libros y canten sus textos. Claro que, como me contaba el pasado 23 de julio el amigo Leonardo Velasco, ya ha habido cantaores que han usado textos de Rejano. Vamos a escucharlos:

1) Alfredo Arrebola, en 1998 y con la guitarra de Andrés Cansino, cogió una estrofa del libro El Genil y los olivos y la adaptó para cantarla como serrana:

2) Vicente Soto, en el año 2006 acompañado por el guitarrista José María Molero, grabó por colombianas un texto tomado del libro El oscuro límite.


En fin, esto es cuanto puede deciros un simple aficionado al flamenco sobre el poeta Juan Rejano. En octubre, días 14 y 15, se celebra el XXXVIII Congreso Internacional de Arte Flamenco, precisamente en Puente Genil. Está prevista una ponencia de título Poesía y Literatura en el Flamenco: Juan Rejano, a cargo del flamencólogo y profesor jienense José Luis Buendía. Acudan ustedes, atiendan y aprendan. 


(*) Viejo debe ser ese pregón pues Rejano se exiló en 1939 y no volvió a pisar España. Yo lo oí en mi niñez (años cuarenta) en Fernán Núñez y el cantaor Juli Córdoba, natural de Cabra lo conocía y lo dejó grabado según pueden comprobar usando este enlace.

sábado, 11 de abril de 2015

Un libro de GONZÁLEZ CLIMENT que pudo haber sido pero no fue...

El quinto título de la colección ¿Llegaremos pronto a Sevilla? de Ediciones Demófilo era éste cuya portada ponemos a nuestra derecha: Pepe Marchena y la Ópera Flamenca ... Y otros ensayos. Publicación de 1975 con la firma de Anselmo González Climent, el autor del libro Flamencología que tanto dio de sí y sigue dando después de sesenta años de su publicación. Pepe Marchena creo que fue una obsesión para Climent, está presente en este libro de manera especial pero también en todos los que anteriormente había publicado el escritor argentino. Siempre me he quedado con la duda de si a la postre don Anselmo condena o absuelve al cantaor de Marchena.

Pero, dejando esto de lado, sí les digo que, como responsable principal de las citadas Ediciones Demófilo, a partir de la publicación de este libro, mantuve una constante relación epistolar con don Anselmo. Pasaron algunos años y él quería volver a publicar cosas. Me ofreció una "Antología" de sus textos que conservo y a la que tal vez me refiera otro día.. No me pareció lo más interesante y entonces me acordé de que en el libro arriba citado iban, bajo el epígrafe de "perfiles", unos cuantos ensayos breves en los que el maestro Climent nos hablaba por ejemplo de Palanca, de Tomás, de Varea, de Pepe Suárez y otros.

Le pregunté si tenía más material de ese estilo, le indiqué que podríamos hacer un libro con sus "perfiles" a cada uno de los cuales se le adosaría alguna nota biográfica que yo me encargaría de elaborar. Me contestó que sí y al poco tiempo llega un paquete con un buen puñado de folios mecanografiados. Les pongo a la izquierda la copia del que servía de portadilla. Don Anselmo le ponía título al libro: VIEJO CARNË  TAUROFLAMENCO (1949-1951) y en él se recogían entrevistas, análisis, comentarios, con las gentes del mundo taurino y del mundo flamenco con los que convivió en sus estancias españolas: Aurelio de Cádiz, Porrina de Badajoz, Pío Baroja, Mario Cabré, Caracol, Chicuelo, Rafael el Gallo, Emilio García Gómez, Luis Maravilla, Marchena, Niño Ricardo, Pepe Pinto, El Sevillano y un largo etcétera. Material muy valioso, de primerísima mano, el que don Anselmo me envió en 1984. Pero, ¡ay!, ¿para qué me habría yo comprometido a nada? La crisis en Ediciones Demófilo era prácticamente terminal y mis obligaciones, tanto profesionales como familiares, me dejaban muy poco margen de maniobra. Aquello se iba aplazando y finalmente tuve que comunicar a don Anselmo la imposibilidad de cumplir mi compromiso. ¡Pena de material que se quedaba en el baúl de los proyectos!

Afortunamente para los aficionados ese material,, con bastantes retoques y añadidos, se dio a conocer. Los gestores de la Peña Flamenca de Jaén llegaron a un acuerdo con González Climent para hacer una "publicación por entregas" en su revista  Candil. La primera se publicó en el número 58 (Julio-Agosto, 1988). Fue la única que vio don Anselmo porque moriría unos meses después. La revista llega a un acuerdo con su viuda y en el número 60 aparece la segunda entrega, continuando de forma ininterrumpida hasta el número 78 (Noviembre-Diciembre, 1991). Veinte entradas del maestro Climent que andan por ahí en las hemerotecas y las bibliotecas particulares., como es mi caso. ¡Lástima que la revista de la Peña de Jaén, valiosa por otras muchas razones y que llegó a alcanzar los 153 números, no esté digitalizada!  ¿Sirve para algo el llamado Instituto Andaluz del Flamenco? Señores mandamases, el flamenco requiere de ustedes para algo más que hacerse las fotos... 

martes, 31 de marzo de 2015

Lo nuestro se llama FLAMENCO

La primera vez que el CANTE FLAMENCO se constituyó en objeto de estudio, fue en torno a 1870. Se trató de una serie de artículos que bajo el epígrafe Apuntes para un artículo literario publicó la sevillana Revista de Literatura Filosofía y Ciencias. Su autor, el joven abogado Antonio Machado y Álvarez (Demófilo). Nueve artículos cuyos títulos rezaban así:
Introducción, Carceleras, Modismos populares,
Fonética andaluza, Coplas refranescas,
Coplas sentenciosas, Antinomia entre un refrán y una copla,
Coplas amorosas, Cantes flamencos.


El último de ellos, publicado en enero de 1871, se inicia con este párrafo:

Los llamados Cantes Flamencos constituyen un género especial de cantares sobre el cual no ha fijado aún sus ojos la distraída crítica de nuestros literatos. Al sacarlos a la escena , por vez primera, lo hacemos con cierta timidez; represéntasenos desde luego lo bajo y humilde su cuna, su tosca rudeza, sus formas poco cultas, y el desairado papel que acaso les aguarda entre las doloras de un Campoamor o las agudezas de un Selgas.

No está mal como carta de presentación, pero antes de seguir quiero aclarar que conseguí fotocopiar estos artículos después de peregrinar por bibliotecas hasta acabar en la que tiene el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en la madrileña calle de Serrano. Con ese material, publicamos en 1981, con el sello de Ediciones Demófilo, un librito cuya portada aparece en la imagen que hemos colocado arriba. Le pusimos el título de Primeros Escritos Flamencos  e insistimos en lo de "primeros" que se dedicaron al estudio del Cante Flamenco. La manera de nombrar a ese "género especial de cantares" que dice Machado ya era habitual en la prensa desde unos años antes.

Hasta no hace mucho se tenía como fecha en que aparece por vez primera el adjetivo flamenco referido a ciertos cantes andaluces el año 1853. Así se publicó en el libro Flamenco en el Madrid del XIX. Concretamente su autor, el hispanista holandés Arie Sneeuw, nos refiere tres notas de prensa firmadas por Eduardo Velaz de Medrano, para el diario La España, los días 18, 19 y 24 de febrero de ese 1853, en las que se hace eco de actuaciones en Madrid de artistas venidos del Sur como Santa María, Villegas, Juan de Dios, Farfán o Luis Alonso, adjetivando como flamenco su quehacer artístico. Más recientemente, esa primera noticia se ha matizado. Alberto Rodríguez Peñafuerte en su blog Flamenco de Papel publicó un artículo en el que se habla de un cantante flamenco en el año 1847.

Traigo a la consideración de mis posibles lectores todos estos datos para significar que desde el principio ese  género especial de cantares que crearon las clases populares andaluzas se conoció como FLAMENCO. Nada de Jondo (¿hallazgo de Falla y Lorca?), ni de Grande ni de Chico (¡dichoso José Carlos de Luna!), nada de Gitano-Andaluz (Mairena, dixit), nada de nada en cuantos nombres se han usado en la breve historia de nuestro arte. y que han traído más confusión que claridad. Imitando a los del Canal Sur con su atracón de coplerío, hay que difundirlo a los cuatro vientos: 
Lo nuestro se llama FLAMENCO.

Addenda: Después de publicado este artículo el amigo Faustino Núñez me recuerda que en su blog publicó en 2012 unas notas de prensa en las que también figuraba el término "flamenco". Estas notas estaban fechadas en el 6 de junio de 1847, o sea dos días antes de las citadas por Rodríguez Peñafuerte. Aquí tienen el correspondiente enlace: El Afinador de Noticias.

Segunda addenda. Alberto nos aclara que el recorte que incluye Faustino en su artículo ya había sido publicado, concretamente en su muro de Facebook el día 1 de febrero de 2012. Véase este enlace. Gracias a ambos. Lo que ellos no encuentren, es porque no existe... 

lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Playeras = Plañideras?




José María Sbarbi y Osuna (Cádiz, 10 de julio de 1834-Madrid, 24 de abril de 1910), filólogo y musicólogo. Ordenado sacerdote en 1857 gana la plaza de organista en la Catedral de Badajoz, puesto que pasa a desempeñar después en Sevilla y en Toledo hasta establecerse en 1871 en la capital del reino donde vivió el resto de su vida. 


Como filólogo se le considera el padre de la moderna paremiología española, llegando a publicar varios libros sobre este tema, sobresaliendo su monumental Refranero general español (1878). Muy interesado en el habla andaluza llegó a publicar un Diccionario de andalucismos. En cuanto a música, nos legó, entre otras obras, un Prontuario de definiciones musicales. Además de sus libros, Sbarbi también fue articulista llegando a fundar y dirigir la revista El Averiguador Universal.

Buen amigo del sevillano Antonio Machado y Álvarez (Demófilo), se intercambiaron en 1980 sendos artículos sobre las saetas. Aparecieron en la revista sevillana La Enciclopedia y fueron rescatados por las firmas Ediciones Demófilo y Virgilio Márquez, Editor, en un cuadernito publicado en 1982.

En la misma revista La Enciclopedia el día 25 de abril de 1879, Sbarbi había firmado un artículo, dedicado a Machado y Álvarez, con título Las Playeras. Se refería a ese estilo de cante que también se nombraba como seguidillas gitanas y que, con el paso del tiempo, se ha quedado como seguiriyas. Era la primera vez que planteaba la hipótesis de que el término playera, referido al cante, era una deformación fonética de plañidera. ¡Con lo fácil que es pensar que playera viene de playa! Es otra hipótesis y nuestro admirado Faustino Núñez ha estudiado una y otra en su blog El Afinador de Noticias. Lo ha hecho en varias entradas de las que les pongo enlace para la primera. Les recomiendo que lean al amigo vigués.

Yo no tomo parte pero sí quiero ofrecerles, para información de ustedes, el texto original que escribiera ese buen cura gaditano que se llamó José María Sbarbi. Aquí lo tienen.

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LAS PLAYERAS

A mi respetable amigo el Sr. D. Antonio Machado y Álvarez, gran conocedor de la poesía popular andaluza.
SEVILLA

Cuéntase de un mozolejo andaluz, que, hallándose en tierra extraña, dominado por el cansancio, ó tal vez por la nostalgia, se tendió en el suelo, y se puso á tatarear en voz bastante baja, si bien no tanto que no pudiera ser percibida de los transeúntes, unas playeras ó seguidillas gitanas, que por ambos nombres es conocido este canto. Acertaron á pasar cerca de él unos caballeros, y pensando éstos que se hallaba acometido de alguna dolencia, le preguntaron que por qué se quejaba. Como no les hiciera caso el rapaz una ni otra vez, y condolidos aquellos sujetos trataran de levantarlo, les dijo el mozo con notable desenfado: “¿Qué he de tener, cuerpo de tal?, que estoy ensayando aquí unas playeras de mi tierra, para que no se me olviden.”

El relato anterior, ora sea verdadero, ora inventado, puede asegurarse, sin temor a errar, que es la síntesis de la mitad del canto popular andaluz, y digo de la mitad, porque en el canto popular de mis paisanos no se da término medio. En efecto, á la manera que no lo conocen éstos en el órden afectivo, tampoco lo conocen en el poético-musical, porque el pueblo andaluz, ó ama hasta rayar en frenesí, ó aborrece de muerte; ó canta hasta el punto de hacer reir por los codos, ó hasta de hacer llorar á lágrima viva. ¡Propiedad característica de los pueblos meriodonales, el ser extremados en todo!

Una de las tonadas que participan más íntimamente del privilegio últimamente apuntado, es, sin linaje de duda, la playera. Siempre patética en la letra, y no ménos en la música, que reviste, derrama tierna melancolía en el corazón de los circunstantes. Cierto que todo concurre en ella á operar tan mágico influjo, pues lo sentimental de su tonalidad en modo menor, junto con la terminación de las cláusulas en la 4.ª inferior; la vaguedad ó ausencia casi absoluta de su ritmo; el estrecho círculo en que se modula su canto, lo cual comunica cierto aire monótono á su melodía ; y sobre todo, el sentimiento que, por punto general, respira la letra, son, á considerarlo bien, elementos que no pueden ménos de producir los efectos arriba indicados. Por ser singular en todo este género de poesía. Lo es hasta en la combinación de sus versos; pues constando el 1,º, 2.º y 4.º de seis piés, el 3.º es endecasílabo. Sirvan de ejemplo las siguientes:

A llorar mis penas
me fui á un olivar;
olivarito (1) más desgraciadito
en el mundo habrá.

Cuando yo me muera,
tan sólo te encargo
que, con la cinta de tu pelo negro,
me amarren las manos.

¡Permitan los cielos,
permítalo Dios,
que col (2) cuchillo que matarme quieres
te matara yo!

Todas las mañanas
me levanto y digo;
“El lucerito que a mí me alumbraba
ya no está conmigo”

Triste es separarse;
y triste también,
cuando la ausencia es casi una vida,
el volverse a ver.

Cuando viene el día
tengo algún consuelo;
pero en llegando á la nochecita,
ciego yo y no veo.

¡Orillas del río
sus penas lloraba!
Como eran fuentes sus ojitos negros,
crecieron las aguas.

 ¡Dentro del pechito
tengo yo su imagen!
Aunque lo lleven á la fin del mundo,
no hay quien me la arranque.

¡Contar los latidos
de mi corazón!...
Cuentas son esas que van á ponernos
tristes a los dos.

Ahora bien: ¿pueden darse ayes más lastimosos y desgarradores que los que acabamos de contemplar, exhalados al son de la guitarra, que es la lira del poeta pueblo andaluz?
 .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Una observación filológica, y concluyo.

El Diccionario de la Academia Española nada nos dice de las playeras, en tanto que concede su lugar respectivo á la cachucha. ¿Qué ha hecho la pobrecita playera á aquel docto Cuerpo para que así se haya olvidado éste de que existe ella en el mundo, y, lo que más es, de que existirá eternamente, mientras haya sangre en las venas de los andaluces ?... No lo sé. Algun que otro diccionario de la lengua castellana la ha recibido en sus brazos, digo en sus columnas, y definídola diciendo, poco más o menos. que es "una tonada ó canción propia de los marineros ó gente de playa"... Mucho me escamo. En mi pobre sentir, no debiendo á tal circunstancia su razón de ser.parece natural que tampoco le deberá el nombre que la distingue; yo creo, pues, salvo mejor opinión, que el nombre de playera es una corrupción de plañidera, introducida por el pueblo, de que tenemos hartos ejemplos en la infinidad de palabras de nuestra lengua (3), estimulándome á pensar así el carácter triste, melancólico, débil., lloroso, plañidero, para decirlo de una vez, que ditingue á este linaje de cancion y poesía popular andaluz.

Madrid y Abril 14 de 1879.

JOSÉ MARÍA SBARBI.

Notas:

(1) Observese aquí y en los casos análogos siguientes, siquiera sea de pasada, que la frecuencia con la que suelen ser usados los diminutivos por los andaluces, acrecienta muchas veces la afectuosa ternura de su diccion. En otras ocasiones tan sólo para hacer que conste el verso.

(2) Contraccion de con el.
Es lástima, ciertamente, que esta licencia poética, como otras muchas que emplea el pueblo andaluz, v. g., el uso del apóstrofo,no se hayan aclimatado entre nuestros poetas de levita y guantes. Algo ménos valdría el Parnaso italiano si no las tuviera; y algo más valdría el nuestro, en mi concepto, si las adoptara.


(3)  Si fuera á enumerar aquí todas y cada una de las palabras de nuestra lengua corrompidas por el vulgo, ni me sería dable, ni cabrían en ménos de un grueso volúmen; contentareme, pues, con recordar al más entendido lector la frase Ni por asomo. Ahora bien, de asomo y sombra, esto es, Ni por asomo y Ni por sombra, ha creado el vulgo aquella tercera locucion, bárbara, si las hay, y que, a pesar de eso, oimos á cada triquitraque en boca de personas más cultas. ¡Así es cómo se vician insensiblemente los idiomas todos! 
Volviendo á nuestro asunto principal, me obstino en creer que, para formar nuestro pueblo á playera de plañidera, debe de haber procedido por los siguientes términos.: De plañidera á plañiera no hay más que un paso (y todavía me parece mucho) en el territorio andaluz:: de plañiera á plañera, todavía hay menos;  la ñ y la ll ó la ye, sabido es por toda persona medianamente conocedora en achaque de etimología, que son letras de fácil y comun permutacion entre los andaluces, como acontece, v, g., con gañote y gallote, gañan y gayan, etc; resultado inmediato de todo esto; playera, por plañidera.  
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domingo, 22 de junio de 2014

Una de las muchas "historias" de Pericón de Cádiz

Ya he contado en este cuadernillo que en una reunión entre Ortiz Nuevo, Enrique Morente y servidor de ustedes celebrada en la Cervecería Alemana de la madrileña Plaza de Santa Ana, allá por el año 1971, surgió la idea de crear Ediciones Demófilo, empresa que fundamentalmente se dedicaría a publicar libros sobre el cante flamenco. Entre conformar una sociedad anónima que le diera soporte económico (sociedad de la que fui presidente desde el día en que se creó hasta el día de su extinción) y entre conseguir la licencia de editores que había que solicitar al franquista Ministerio de Información, pasaron algunos años. Por fin, casi acabado 1974, apareció nuestro primer libro, seguido en 1975 de varios más.. 

Uno de ellos era Las mil y una historias de Pericón de Cádiz, recogidas y ordenadas por José Luis Ortiz Nuevo. Fíjense que en el título dice "recogidas". por Ortiz Nuevo. Efectivamente, José Luis, al igual que unos meses antes hiciera con Pepe el de la Matrona, se pasó, entre 1972 y 1973, horas y horas hablando, siempre con su magnetófono de testigo, con don Juan Martínez Vilches, Pericón de Cádiz para la historia flamenca, tratando de sonsacarle todo cuanto fuera úlil para la reconstrucción de esa historia. Y así fue porque Pericón había vivido unos años fundamentales, Pero el libro (o sea, las conversaciones registradas en cintas magnetofónicas) nos pusieron de manifiesto la gran capacidad fabuladora de nuestro artista. De ahí vino lo de "Las mil y una historias..." que acertadamente Ortiz Nuevo puso en la cabecera. Historias que colocarían a don Juan Martinez Vilches, en mi humilde condición de simple lector, entre los grandes creadores de la literatura picaresca del mejor Siglo de Oro español.

¿Qué no se lo creen? ¿Que yo exagero? Oigan ustedes, en la propia voz de Pericón de Cádiz, la historia de un perro muy inteligente y que, además, hablaba:


(Esta historia y otras dos más se publicaron en un vinilo de 45 r,p,m. que acompañaba a sólo 500 ejemplares de los tres 3000 que hicimos del libro de Pericón, los reservados a los suscriptores o clientes fijos de la editorial. En cuanto al libro, existe reedición fechada en 2008 de la editorial "Barataria")

jueves, 14 de noviembre de 2013

De cómo nació la idea de fundar EDICIONES DEMÓFILO

Envío a José Luis Ortiz Nuevo, fiel testigo de lo que cuento. 

En este mi cuaderno de memorias se ha hablado mucho de La Hermandad. Quedan todavía sabrosas historias que contar pero hoy voy a dar un salto. Corría el año 1971. Salvador de Toro, que a su jornada laboral como maestro añadía su labor de estudiante en la Licenciatura de Sicología, había dejado de vivir en el viejo chalet. Gabrielito Vera había culminado su doctorado en Ciencias Matemáticas. Paco Hidalgo ya trabajaba como Ingeniero de Minas. Gutiérrez tenía empleo fijo en un Instituto de Enseñanza Media. Quien esto escribe aprobó en enero unas oposiciones (de las libres, de aquellas en las que tenías que enfrentarte a competidores de colmillo afilado) que lo convertirían en Catedrático de Matemáticas de la Escuela de Ingeniería Técnica Naval de El Ferrol, puesto al que debería incorporarse unos meses después. Total, que la continuidad de La Hermandad se presentaba imposible. 

Ortiz Nuevo, nunca habitante de la misma pero siempre visitante esporádico, se deja caer un fin de semana por Madrid y le pido que nos reunamos con Enrique Morente. Así lo hicimos en la habitual Cervecería Alemana de la Plaza de Santa Ana. Había un cuarto asistente que no recuerdo si era Vera, Hidalgo o Gutiérrez. 
-La Hermandad se acaba, hay que crear algo que nos mantenga unidos después de la desbandá que se avecina..  
Ortiz, el imaginativo, dice:
-Yo tengo una idea. ¿Por qué no fundamos una editorial y publicamos libros sobre flamenco?
-Coño, José Luis, ¡qué buena ocurrencia!
Dice Morente:
-Lo apoyo. Creo que habrá que contar con el amigo Blas Vega.
Y añade Ortiz
-Por supuesto. La llamaríamos EDICIONES DEMÓFILO como homenaje a don Antonio Machado y Álvarez y empezaríamos por publicar su "Colección de Cantes Flamencos" de 1881. Andrés, tú eres el que tiene que aglutinarnos y tirar del carro.
Tan seguro lo dijo Ortiz y tan seguro fue el asentimiento por parte de Enrique que no pude dudar ni un momento. 
-Joder, mañana mismo me pongo con el tema. Tendré que hablar con Cobeta que seguro que nos echa una mano. 
Cobeta, don Jesús, era nuestro antiguo director en el Colegio Mayor San Juan Evangelista. Yo lo seguía teniendo como un buen padre para toda suerte de cuestiones culturales.

Así de simple, de natural, fue como surgió esta iniciativa, este homenaje al Machado padre. De su desarrollo hablaremos en otro momento.

jueves, 17 de enero de 2013

¿Qué Macandé nació en Mérida y se crió en Madrid?


Leído por ahí:

... Pregones en la sabiduría del loco Francisco Gabriel Díaz Fernández "MACANDE" -"emeritense de nacimiento, madrileño de crianza y gaditano de afición", lo describe Andrés Raya- ...

- Pero vamos a ver, señor Raya, usted que se dedica a buscar "gazapos" a ciertos flamencólogos, ¿cómo se permitió escribir tamaño disparate?

- Es que no fuí yo. De verdad, a mí que me registren.

Déjenme que les cuente. Hacia 1978 la discográfica Zafiro lanzó una Antología del Cante Flamenco, primera que se vendió por entregas en los puestos de prensa: ocho en total, cada una compuesta de un vinilo L.P. y de un fascículo. El autor de los fascículos era el escritor sevillano Manuel Barrios. Precisamente en el primero de ellos y hablando de Cádiz, saca a colación a Macandé y el hombre se "casca" el texto citado más arriba. Claro que yo si había escrito lo de emeritense de nacimiento, madrileño de crianza y gaditano de afición, pero no referido al cantaor de Cádiz sino a Eugenio Cobo, autor del librito Pasión y muerte de Gabriel Macandé del que tuve el honor de ser prologuista, publicado en 1977 por Ediciones Demófilo. En un acto de evidente frivolidad, el señor Barrios tomó esa frase de mi prólogo y colocó al biografiado en el lugar de su biógrafo.




En fin, ¿qué más les voy a contar? Nada. Les dejo que escuchen al Carbonerillo en unos fandangos en los que incluye el estilo de Macandé. Que yo sepa, fue la primera vez en que se registró. Disfrútenlo ustedes

domingo, 15 de mayo de 2011

¿Compuso Juan Ramón Jiménez poesía flamenca?

Cuando ideé este cuaderno-blog, me propuse hacer entradas breves y en tono preferentemente coloquial. Nada de erudiciones, que eso queda para los académicos, los ensayistas y, en fin, para los escritores de oficio, especies entre las nunca pretendí estar. Sin embargo, cuando en 1981 iba a cumplirse el centenario del nacimiento de Juan Ramón Jiménez, le propuse a mi pariente Virgilio Márquez que indagara sobre la posible obra flamenca del moguereño. Así lo hizo y su trabajo dio lugar a la edición, en tirada no comercial, de un librito que publicamos en Ediciones Demófilo. Les dejo a continuación con el prólogo que Virgilio redactó. La obra del poeta, sus cantares, los dejamos para otro día...



Desde siempre, es decir, desde que alcanzamos nuestro uso de razón como aficionados al flamenco, y quizás porque llegamos a él a la vez que al gusto por la poesía, no ha dejado de interesarnos la relación entre cante y literatura. Poco ha sido lo que hemos podido leer al respecto: referencias sueltas de la época anterior o en torno a 1850, tópicos sobre que “el 98” no entendió nuestro arte o sobre los neopopulistas que se congregaron en la Granada de 1922 alrededor de Lorca y Falla –exegetas cultos de un arte nacido de un pueblo inculto-, y casi nada más. Ricardo Molina tan indiscutible poeta como desigual flamencólogo, dedicó varios artículos al tema (1), interesantes sin duda, pero insuficientes. El padre de la moderna flamencología, González Climent, nos lega una Antología (2), en la que, a decir verdad, faltan tantos autores como sobran entre los seleccionados. Ramón Solís publicó un librito de título pretencioso (3) que nos desencantó enseguida al comprobar que se limitaba a seleccionar unos cuantos poetas actuales y unos poemas que sí pero que no en bastantes casos. Ortiz Nuevo logró interesarnos con algún hallazgo, pero hoy por hoy da la impresión de que tiene abandonado el tema. Para acabar con este breve e incompleto recuento, es de justicia señalar la labor de un autor que, “golpe a golpe, verso a verso”, va metiéndose con fino olfato en materia desde su jienense tribuna de “Candil” (4): Manuel Urbano, a quien desde aquí animamos para que continúe con una labor que puede ser larga, pero indudablemente muy atractiva.
Cuando años atrás, nosotros mismos nos dedicábamos a hacer rastreo de esta cuestión, nos extrañábamos de que nunca apareciera el nombre del “andaluz universal”. ¿Había tocado Juan Ramón Jiménez el tema flamenco? No en la bibliografía flamenca, sino en otro tipo de obras, pudimos encontrar algunos indicios que nos inducían a pensar que sí:
… otras (de sus) fuentes son españolas: Bécquer (…) y el romancero y cancionero españoles, sobre todo el folklore andaluz” (5).
La musicalidad, el sentimiento y la magia popular y secular del octosílabo asonantado, que suena efusivamente en todo oído español, son sin duda los motivos de que esta poesía haya llegado, de un modo u otro, y superando la expectación del autor, no solo a la minoría o a la inmensa minoría, sino a un público tan vasto como pudiera tenerlo cualquiera de los poetas populares. ¿Y es que acaso Juan Ramón no lo era? ¿No sería la fórmula popularismo aristocrático la que mejor lo definiría? Lo más logrado de su poesía es siempre copla, canción del más noble cuño tradicional” (6)
Juan Ramón es el descubridor literario de Andalucía, como la generación del 98 lo fue de Castilla” (7)
Por otra parte, su biógrafa Graciela Palau nos cuenta que en el curso 1896-97, a sus quince años, marcha a Sevilla donde, a la vez que inicia estudios de Leyes, entra en una escuela de pintura –afición que arrastraba de años precedentes-, justamente la del gaditano Salvador Clemente, pintor colorista, enraizado en su tierra, donde, se nos dice
aprendió a pintar flamencas”(8)
La misma Sevilla y en el mismo año en que se mantenía vivo un Ateneo que albergaba una peña poética, y donde el joven Juan Ramón
podía pasar el día y la noche escuchando la animada discusión de un grupo de personas”(9)
entre las cuales, señala Graciela Palau, se encontraban Francisco Rodríguez Marín y Luis Montoto, para acabar diciendo
Oyéndoles hablar empezó a concebir la ilusión de llegar a ser como uno de ellos”(10)
Pero, ¿dónde estaba, si es que la había, la obra de Juan Ramón compuesta “a la manera popular de los flamencos”? ¿No sería, todo lo más, que “lo jondo” estaba en el sustrato de su creación poética? En el libro de los hermanos Caba hay unos párrafos muy sugestivos:
Juan Ramón Jiménez, ternura cerebral, sensibilidad desnuda, velada por un ramaje de ideas, alborozo púdico de manantial y sereno temblor de río, busca la intimidad de los rincones; un rincón geográfico para vivir, otro lírico en la sensibilidad para hablar bajo, y otro, inédito y goloso, en las palabras para sugerir. Lo jondo está en todo él; en su aristocraticismo hermético de Faraón, en su quietismo musulmánico y en su gozosa ternura, que es su ingrediente de la pena. No importa saber en qué poemas se ha herido con lo jondo”(11)
Y en el genial Darío se encuentran citas como éstas:
He aquí un lírico de la familia de Heine, de la familia de Verlaine, y que permanece, no solamente español, sino andaluz, andaluz de la triste Andalucía
Y hay allí en esos versos admirables y exquisitos las mismas visiones y las mismas ansias que en las coplas populares que cantan las mozas enamoradas, y los sonoros, duros y aullantes cantaores”(12)
Sin embargo, un día encontramos, en cita de Cansinos Assens(13), un par de soleares compuestas por el poeta de Moguer. ¡Sí había "obra flamenca" en Juan Ramón! Nos propusimos, entonces, buscarla, y, digámoslo en honor a la verdad, no fue fácil encontrarla. Pensemos que las publicaciones primerizas de Juan Ramón, y en ellas estaba la clave, eran casi inencontrables. El propio poeta, que solía calificarlas de "borradores silvestres", negaba insistentemente sus reediciones, y, cuando incluía en sus famosas "Antolojías" algunas de sus producciones juveniles, lo hacía bajo forma de auténticas reelaboraciones. Pero, por fin, llega a nuestras manos un ejemplar de "Almas de Violeta", el segundo de sus libros (Tipografía Moderna, Madrid, 1900), en el que, bajo el título de Cantares, aparece una serie de nueve coplas, entre las que figuraban las dos soleares citadas por Cansinos. Y, más adelante, en "Rimas" (Fernando Fe, Madrid, 1902), encontramos cuatro de estas mismas coplas, ahora aisladas, además de una nueva soleá.
Había más. Graciela Palau, en su libro ya citado, hablaba de unos Cantares publicados anteriormente por el joven poeta en un periódico sevillano. Empezó, entonces, nuestro deambular por bibliotecas y hemerotecas hasta encontrarlos. En efecto, diecisiete habían sido las coplas aparecidas en "El Programa" (Sevilla, número 18, 1 de junio de 1899); diecisiete de las cuales algunas se repetirían en "Almas de Violeta".
Eso es todo lo que hemos encontrado: veintiuna copla (repeticiones aparte) salidas de la pluma del más grande poeta andaluz del siglo, que hoy ponemos a disposición del público de EDICIONES DEMOFILO.
Debemos confesar que nos quedamos con la gana de hacer un análisis de su contenido poético y sentimental; coplas terriblemente tristes las de este adolescente, en cuya obra, se nos decía en la que podemos considerar como la primera crítica de su quehacer
"campeaba la nota del candor entre el fuego de la fantasía ardiente, arrebatada, con anhelos de escalar lo increado, para lo que le faltaba aire"(14)
No lo haremos, porque, a fin de cuentas, lo nuestro no es la crítica literaria. Nos limitaremos a señalar que fue éste un primer buceo por parte del moguereño en la tristeza del alma andaluza de que nos hablara más tarde Rubén Darío. Buceo que no podía hacerse sino a través de la copla, la más pura creación popular de nuestra tierra. Copla de la que el propio Juan Ramón, por esos mismos años(15), escribiría estas bellísimas estrofas:
"Aún palpita en el pecho el eco lastimero
de una guitarra lánguida..., el sollozo postrero
de una copla de amores..., de una copla de pena,
ahogada en una lágrima, igual que una azucena
rebosante de Sangre..., igual que un albo lirio
nadando en el espejo de un lago de Martirio...
...Los Amores gimientes, los pálidos Amores
que se elevan en el Alma cual suspiros de flores
enlutadas...; Amores que viven en la hirviente
flama de un sonriente Corazón que presiente
un negro soplo helado que con dulzura engaña...;
que divisa en la sombra una negra Guadaña...
Los pálidos Amores, pulsaron en la Lira
una canción amarga que sueña y que delira...
... Atrás queda flotante la triste Andalucía,
cual Visión sollozante de angustiosa Harmonía..."
Virgilio Márquez,
Córdoba, Noviembre de 1981.
(1) Ricardo Molina, Obra Flamenca, Ediciones Demófilo, Madrid, 1977. Ver el capítulo “Los Escritores y el Flamenco”, páginas 63 a 86. donde el autor trata a escritores como Cervantes, Pío Baroja, Bécquer, Lorca, Rubén Darío, Eloy Vaquero, Bergamín, y músicos como Falla, Yepes, Odón Alonso o Mauricio Ohana.
(2) Anselmo González Climent, Antología de Poesia Flamenca, Escelicer S. A., Madrid, 1961.
(3) Ramón Solís, Flamenco y Literatura, Libros Dante, Madrid, 1979.
(4) Candil, Revista de Flamenco, Peña Flamenca de Jaén. Entre sus dieciséis primeros números, pueden encontrarse, con firma de Manuel Urbano, estudios siempre en relación con lo “jondo”, sobre Bergamín, Villalón, Rueda, Sánchez Dragó, Blas Infante, Antonio Machado y otros.
(5) Juan Ramón Jiménez, Antología Poética, edición de Vicente Gaos, Ediciones Cátedra, 5ª tirada, Madrid 1979. La cita es de V. Gaos y se encuentra en la página 31.
(6) V. Gaos, obra citada, páginas 60 y 61.
(7) V. Gaos, obra citada, página 63.
(8) Graciela Palau de Nemes, Vida y obra de Juan Ramón Jiménez, tomo 1, 2ª edición, Editorial Gredos, Madrid, 1974. Ver la página 72.
(9) Graciela Palau, obra citada, página 73.
(10) Graciela Palau, obra citada, página 73. La autora señala la importancia de Rodríguez Marín como folklorista. En efecto, no debe olvidarse que, tanto él como Luis Montoto, habían sido fundadores, con Machado y Alvarez “Demófilo”, de la primera sociedad de estudios folklóricos y de la revista “El Folklore Andaluz” que les sirvió de portavoz.
(11) Carlos y Pedro Caba, Andalucía, su comunismo y su Cante Jondo, Biblioteca Atlántica, Madrid, 1933. Ver las páginas 67 y 68.
(12) Rubén Darío, La tristeza andaluza, artículo aparecido en la revista “Helios”, número XIII, 1904. Darío lo publica a manera de crítica del libro “Arias tristes” de Juan Ramón Jiménez, y fue recogido en sus “Tierras Solares”, Madrid, 1904.
(13) Rafael Cansinos Assens, La Copla Andaluza, Ediciones Demófilo, Madrid, 1976. Ver página 18.
(14) Francisco Ramos García, Galería de escritores y poetas sevillanos, D. Juan Ramón Jiménez, en el número 21 de "El Programa", Sevilla, 3 de septiembre de 1899.
(15) Juan Ramón Jiménez, Epilogal, publicado en el libro "Alma Andaluza" (Madrid, 1900) del poeta malagueño José Sánchez Rodríguez, recientemente rescatado en edición facsímil, y con una introducción de Antonio Sánchez Trigueros, por la Editorial Don Quijote de Granada. Es de los libros que no se comprende cómo han podido pasar tantos años ignorados.