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sábado, 7 de noviembre de 2015

Hablando de livianas, El Mochuelo nos trae una sorpresa.

Mira que uno es precavido y, cuando hace unos días, en mi artículo Del cante de la Liviana y de su estrofadecía en referencia a las grabaciones discográficas del cante por livianas
Que yo recuerde y salvo sorpresas que siempre pueden surgir, no fue grabada antes de los años 50,
presumía que iba a ser pillado, tal como ocurrió de inmediato. En efecto, el gran experto en temas flamencos (y generoso amigo) Ramón Soler Díaz me escribe para decirme que había sido grabada en la muy temprana fecha de 1902 (¿o 1907?). Además, no como cante de introducción, afirmación que nos hemos creído casi todos desde Pepe el de la Matrona hasta hoy, sino como remate de un par de seguidillas gitanas (o sea, lo que ahora llamamos seguiriyas).

¿Quién lo hizo? Pues no podía ser otro que el cantaor sevillano Antonio Pozo Rodríguez, El Mochuelo (1868-1937), personaje cuya extensísima discografía está pendiente de una recopilación exhaustiva para ponerla al alcance de los aficionados y sobre todo de los estudiosos que quieren saber como fue la transición del flamenco decimonónico al del siglo XX. Para labores como ésta debiera de estar el Instituto Andaluz de Flamenco (IAF), digo yo, y no para acciones "dirigistas" o para que su directora acuda allá donde puedan hacerle una foto. Pero bueno, oigamos al Mochuelo. Mostramos en primer lugar la Liviana por separado:
Esta es la letra que hace:
A San Agustín tú vayas,
por Dios te vean
aquellos angelitos
de la Alamea.
Bueno, como me consta que hay lectores a los que no les gusta que las grabaciones se mutilen, volvemos a oírla pero ahora con las dos seguidilllas gitanas que la preceden:
(Nos comunica el buen amigo Gregorio Valderrama que el guitarrista es Joaquín El Hijo del Ciego).

También Ramón Soler me recuerda que en 1959 Antonio El Chaqueta dejó una grabación de las livianas:
Hace tres letras: las dos primeras (Ventanas a la calle y De quién son esos machos) son idénticas a las que grabó El Matrona en 1954 e idéntico es el aire campero que les imprime, pero en la tercera:
Una vez me dijiste
que me querías,
dijeron toa la gente
que tú eras mía.
señala Ramón que Chaqueta se acerca más a la seguiriya, acercamiento que de hecho se dio por obra y gracia de don Antonio Mairena, pero ese es otro tema del que hace tiempo quería escribir y que finalmente lo haré un día de éstos.

domingo, 2 de agosto de 2015

1958: Año en que se publicó la "Antología del Cante Flamenco"

Envío a Ramona de Castellón y a Porverita de Teruel que me animaron desde que inicié este blog/cuadernillo. 

Contábamos el otro día cómo se fraguó la idea de grabar la Antología que con el pasó de los años se acabó llamando Antología de Hispavox. Iniciativa de Roger Wild, suizo-francés de madre española, trabajador de la multinacional canadiense The Thomson Corporation, destinado en su sección de librería (Éditions du Tambourinaire) y de discografía (Ducretet-Thomson). Contactó con el guitarrista Perico el del Lunar, quien sería director de la Antología, y con el Catedrático de Conservatorio don Tomás Andrade de Silva. También con el empresario Ezequiel Selgas, propietario de una discográfica llamada Hispavox. En los estudios de ésta se realizaron las grabaciones a finales de 1953 y la antología se publicó en París, con sello Ducretet-Thomson en el año 1954. A la vez, y como complementos a la obra sonora, Éditions du Tambourinaire publica dos libros: Initiation Flamenca, de Georde Hilaire, y Anthologie du Cante Flamenco, de Andrade de Silva. Este segundo, con igual título que la obra discográfica, era en realidad una guía de la misma. Llevaba prólogo y dibujos de Roger Wild, se acabó de imprimir el 27 de abril de 1954 y tuvo una tirada de 1000 ejemplares. Discos y libros tuvieron muy buena acogida tanto en emisoras de radio como en periódicos. Como ya dijimos los discos recibieron un premio de la Academia Francesa del Disco.

Todo eso ocurría en Francia. Al parecer, la cesión de los estudios de Hispavox se hizo a cambio de que esta discográfica, entonces en ciernes, fuese la encargada de la comercialización en España la cual tardó, por razones que desconocemos, algunos años en hacerlo. Exportadas directamente de París sí llegaron copias a nuestro país, algunas adquiridas por bares que ofrecían la audición a su clientela. No logro recomponer la cita exacta, pero no hace mucho leí que un bar, junto a la Mezquita de Córdoba, la tenía y que allí se pasó muchas horas nuestro admirado Antonio Fosforito oyendo esos cantes añejos algunos de los cuales los usó en su preparación para el Concurso Nacional de 1956, donde fue ganador absoluto.


Por fin, en 1958, cuatro años después que en París, Hispavox pone al público la ya famosa antología. Lo hizo de dos formas: en varios vinilos pequeños, de 45 r.p.m. (uno de ellos, por cierto, el que contenía el cante de El Mirabrás, fue adquirido por un grupo de aficionados de mi pueblo y tuvo mucho que ver con la fundación y el nombre de la Peña Flamenca El Mirabrás).

La otra forma fue la de un álbum que contenía tres vinilos de 33 r.p.m. y un libreto-guía firmado por Andrade de Silva. El libro era el mismo publicado en 1954 por Éditions du Tambourinaire, pero curiosamente (¿¿??) sin el prólogo de Roger Wild y sin sus dibujos.  El prólogo se cambió por otro que firma HISPAVOX, S.A. y que, en contra de cuanto venimos contando siguiendo el guión de Pierre Lefranc, viene a decir que fue una idea española aunque tuvieron que acudir a técnicos e ingenieros de sonido franceses de la firma Ducretet-Thomson. Insisto en que a Wild ni se le nombra, como tampoco se habla de la tirada francesa, aunque eso sí se cita el premio de la Academia Francesa del Disco. Con tales huecos, digo yo, no deja de sorprender que en 1954 se premiara en París una obra aparecida en Madrid en 1958. Absurdos que, sumados a otros muchos, han contribuido a que los amantes del flamenco hayamos navegado durante décadas y décadas sobre historias mal contadas, cuando no directamente falsas.

Mal contadas, sí. ¿Se acuerdan de las cuentas que hacíamos el otro día acerca de la edad de los cantaores en el momento en que se grabó la Antología? Ahora ya sabemos que el texto se redactó en 1953, luego siguiendo la igualdad
Año de nacimiento + Edad según libreto = Año de escritura del libreto,
tomando el primer dato del DEIF y el segundo de Andrade de Silva de los ocho resultados
Pepe el de la Matrona: 1887 + 76 = 1963
Bernardo el de los Lobitos: 1887 + 65 = 1952
Jacinto Almadén: 1899 + 53 = 1952
Pericón de Cádiz: 1901 + 50 = 1951
El Niño de Málaga: 1907 + 48 = 1955
Rafael Romero: 1910 + 42 = 1952
El Chaqueta: 1918 + 33 = 1951
Jarrito: 1925 + 27 = 1952
no salió ni uno certero. Como curiosidad, rehagamos las cuentas, dando por fijo que el libro se escribió en 1953 y dándole credibilidad a los datos del DEIF, para obtener la edad con la que cada cantaor grabó. La fórmula sería
1953 - Año de nacimiento = Edad con que grabó
y los números cantan así:
Pepe el de la Matrona: 1953 - 1887 = 66
Bernardo el de los Lobitos: 1953 - 1887 = 66
Jacinto Almadén: 1953 - 1899 = 54
Pericón de Cádiz: 1953 - 1901 = 52
El Niño de Málaga: 1953 - 1907 = 46
Rafael Romero: 1953 - 1910 = 43
El Chaqueta: 1953 - 1918 = 35
Jarrito: 1953 - 1925 = 28
Habida cuenta de que, al no tener los datos de los meses, el resultado podría cambiar en una unidad, Andrade podría haber acertado alguna de las edades. En fin, ¡menos da una piedra! Pero, bueno, estos errores carecen de gravedad si los comparamos con el hecho de que en el álbum de Hispavox no se nombre a Roger Wild, padre en definitiva de la criatura, ni se aluda a la previa publicación en París. ¿Qué pudo pasar?,  ¿qué se ganaba con la ocultación de esos datos? No lo sabemos ni creemos que vayamos saberlo alguna vez...

Nos consolamos con lo positivo, que fue alguna que otra joya que nos trajo esta recopilación flamenco-discográfica. Por ejemplo, el cante por Romeras que grabó Antonio El Chaqueta. Dejo que lo presente, con sus propias palabras, el escritor Pierre Lefranc:
Basándose en un cante al parecer nacido en Sanlúcar de Barrameda, El Chaqueta hace aquí, con el sostén endiablado de la guitarra de Perico tocada a contratiempo, una recreación o creación que sienta escuela. Por "negra" y dura que sea la voz del cantaor, su modo inflexible de reimpulsar el cante ligando los tercios, y sin jamás perder su mando sobre él, deja estupefacto en cada escucha: esas romeras son probablemente insuperables. 
Para darle la razón, basta escuchar:

jueves, 27 de octubre de 2011

Cela en Triana

Ya hemos hablado del paso de Cela en su “Primer viaje andaluz” por las provincias de Jaén, Córdoba y Huelva. Nos habíamos saltado la de Sevilla y hoy la recuperamos. Tal vez lo más bello, literariamente hablando, de este libro se encuentre en el capítulo donde el vagabundo narra su entrada en Sevilla. No se pueden decir tantos piropos y tan bien dichos como el novelista gallego escribió de la capital andaluza.

Pero nuestro interés va por otro lado. Es la cuestión que el viajero convive en su estancia sevillana con una curiosa tribu: la señorita Gracita Garrobo, Manuela la de Gerena de "tez morena , el cabello endrino, los ojos profundos y ágiles y el pescuezo sucio", madre de un hijo que tuvo que llevar a las monjas para ejercer su profesión de venta de favores. Su hermana mayor, Soledad Garrobo, Niña de Gelves, "mujer con mucha disposición para el cante chico: bulerías, tarantas y fandanguillos", madre de dos niñas "desnutridillas", fruto de su relación con José María Palomares, Chato de las Escuelas Pías, "lustrador de botas de oficio, ex banderillero". Estaba el padre de las señoritas Garrobo, enfermo de tisis, y estaba un hermano tonto que "quiso ser torero y, claro es, no pudo". "Para ayudarse, las señoritas Garrobo alquilaban, a veces, una alcoba que tenían a alguien que fuese de confianza". Y ese fue nuestro viajero quien previamente había conocido al Chato de las Escuelas Pías.

El viajero andurrea por nuestra capital y una tarde queda citado con Gracita Garrobo en el bar Altozano. “Triana es barrio vivo y latidor, barrio poblado por humildes gentes que cantan para espantar el hambre y beben vino, si cae, para ver el mundo con sus buenos ojos”. Cuando ésta llega le dice que también se encontrarán con su hermana. “Ar finá, a ve si hay suerte y nos metemos en un poquitiyo e juerga. ¿Tú eres aficionao ar cante y ar baile?” “Pues, sí… Entiendo poco, pero más bien sí…” En el bar el Chache efectivamente se encuentran con la hermana, el Chato y otro amigo: “Aquí Gregorio Morales, Finito, cantaor de lo caro. Aquí un amigo forastero”. El grupo se pasea por el barrio “bebiendo donde daban de beber”. En uno de los establecimientos el vagabundo comió un queso “que se conoce que estaba venenoso”. Un día de cama en casa de una amiga de la señorita Gracita y varios días más en el barrio sevillano, en el cual nos dice que “aprendió a distinguir algunos cantes y a gustar las esencias del jondo y del flamenco”.

Buen aprendizaje el de Don Camilo, quien, a lo largo de unas dieciocho páginas de su libro parece darnos una lección sobre este arte. Nos habla de cante “jondo, o grande, o caro”: la caña, el polo, la seguiriya gitana, la soleá, la debla y el martinete. Luego habla de la serrana, la toná, las malagueñas y las mineras, la saeta, los fandangos (destacando los de Lucena, El Breva y Huelva), la petenera, la trillera, la mariana, la nana, la granaína, la jabera, la rondeña, los verdiales. Uno a uno va glosando estos cantes, añadiendo algunas letras, preciosas y bien elegidas todas. Salen a relucir nombres históricos: Paco la Luz, la Parrala, Manuel Torre, Chacón, Silverio, Curro Dulce, el Nitri, el Mellizo, la Serneta, Joaquín el de la Paula, el Mochuelo, la Niña de los Peines…También varios coetáneos: Mairena, Caracol, Rafael Romero, Jarrito, el Chaqueta, Pepe el de la Matrona, Lolita Triana, Niño de Almacén, Pericón de Cádiz, Bernardo el de los Lobitos…

En mi primera entrega sobre el libro de Cela expresé una duda: ¿es cierto que este genial gallego anduvo todo lo que dice que anduvo? Miren ustedes la última lista de cantaores. De Mairena dice que “en la venta de Antequera canta –cuando le da la gana y hace bien- el martinete, la caña, la soleá y todo lo que le echen”. Cita a Caracol para decir que es nieto de Curro Dulce (en realidad, es bisnieto). ¿Y los demás? Son los intérpretes de la famosa “Antología de Hispavox”, aparecida en España en 1958. Además, de esta Antología son bastantes de las letras que Cela cita. No cabe duda: al redactar el libro, Cela tenía sobre la mesa los discos y el folleto que los acompañan. Escribe el novelista: “Las siguiriyas al cambio –cabales les dicen algunos- suenan con el sonar del arpa en la voz del Chaqueta, gitano respetuoso con los estilos y con la tradición”. A continuación transcribe dos coplas:

Desde la Polverita
hasta Santiago,
las fatiguitas de la muerte
m'arrodearon.

No digas que no,
que tú habías sío
la causa más grande
de mi perdición.

Escuchen ustedes esta grabación donde se reproducen las cabales que El Chaqueta grabó para la Antología. Por favor, saquen sus propias conclusiones.


Yo insisto más: hace citas muy tópicas en los libros como, por ejemplo, ésta: “La primera piedra de la resurrección del cante jondo la puso Manuel de Falla, ayudado por Lorca, Ignacio Zuloaga y otros amigos”, referida, aunque Cela no lo diga, al Concurso Granadino de 1922. También es esclarecedor cuando teoriza sobre el término "flamenco", rechazando que tenga algo que ver con Flandes y defendiendo que procede del "fallah mencus", traducido más o menos como "campesino huído", teoría que ya expuso en los años treinta el padre del andalucismo don Blas Infante, a quien Cela tampoco nombra.

Mucho hablar de flamenco, pero uno echa en falta alguna fiesta concreta. Sí la hay, pero viene al final del capítulo. Estaba el vagabundo con las señoritas Garrobo y con Palomares El Chato, cuando aparece el cantaor Finito y se los lleva al “patio del señor José Torres, Zurraque, anfitrión de forasteros de rango”. “Veníos, que hay parné”, había dicho Finito. Allí estaba Tomás Pizarro, Niño de la Almadraba, templando su guitarra. Se arranca al cante Soledad Garrobo, Niña de Gelves, y lo hace por bulerías:

Mariquilla María,
la de mi barrio,
que hasta el agua bendita
toma con garbo.

Su hermana Gracita, Manuela la de Gerena, le hace el baile. Sigue Soledad por alegrías…

Más esgraciaíta que yo,
creo que no ha nacío e mare,
yo me encuentro en un camino
con dos veredas iguales

baile con el que Gracita no se atreve. Alternando con Finito, la Niña de Gelves recorre el flamenco a través de las solearillas, farrucas, el mirabrás, tangos, caracoles y para acabar, ¿cómo no?, sevillanas:

En el río de amores
nada la dama
y su amante, a la orilla ,
llora y la llama.

¡Ay, que te quiero,
y como no me pagas
de pena muero.

El vagabundo dice no guardar memoria de lo que sucedió después, salvo que, aprovechando la jumera de la señorita Gracita, y “para no hacerla sufrir inútilmente con la despedida, que siempre es dolorosa, se largó a la francesa y fue a despertarse, ya el día crecidito, en una cuneta y a la vista de Castilleja de la Cuesta”. Allí iniciaría, como contamos en nuestra anterior entrega, su camino hacia Huelva.