Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los primos portugueses de Paco Valdepeñas

Según el calendario católico, hoy es el Día de los Difuntos, día de duelo para todos los que hemos perdido seres queridos. En consonancia con la fecha, se me viene a la memoria, y se las voy a contar a ustedes, una historieta que viví hace muchos años.


Durante los cursos académicos 1969-70 y 1970-71, yo vivía en un viejo chalecillo (La Hermandad) cerca de la madrileña estación de Chamartín. Fueron dos años de mucha vivencia flamenca como tendré ocasión de ir contando otros días. Invitado frecuente en aquella casa era el flamenquísimo Paco Valdepeñas. Tanto que solía acudir a ella siempre que pasaba cerca del barrio. Un día tocan el timbre, abro y me encuentro a Paco con tres personajes vestidos de negro.
- Andrés, que vengo de la estación y he querío saludarte. Estos son mis primos, gitanos de Portugal.
Paco y yo no parábamos de hablar y sus parientes, tal que fueran convidaos de piedra, ni abrían la boca. En un momento, me voy pá el tocadiscos porque quería saber la opinión de Paco sobre un cante de Matrona, el viejo. Fue empezar la música y los portugueses se ponen de pie con aire de despedirse. Paco interviene de inmediato:
- Perdona, es que no te lo he advertío, pero mis primos están de luto y, claro, no pueden oír música.

miércoles, 20 de abril de 2011

De cómo Mairena me quitó a Camarón

En la primavera de 1968, me nombraron Subdirector del Colegio Mayor "San Juan Evangelista" de Madrid. Don Jesús Cobeta Aranda, el Director, me dice que era costumbre que cada directivo novel debía dar una cena para agasajar a los veteranos en el equipo, costumbre que no dejaba de ser curiosa. No tuve dificultad en montar el acto: iríamos a cenar pescadito frito y otros platos andaluces a la taberna “Los Camborios”, en una paralela a Gran Vía entre Santo Domingo y Plaza de España, bar que montó mi cuñado el abogado Cipriano Crespo; a continuación, en la misma taberna tendríamos una pequeña fiesta flamenca.

Para su organización recurrí al gitano Paco Valdepeñas al que conocía por su amistad con mi cuñado. Me habló de llevar a un guitarrista y a un cantaor, recién llegado a Madrid, del que todo el mundo hablaba y del que se esperaba mucho. Imaginen que les estoy hablando de Camarón de la Isla. Pues claro que sí: mi toma de posesión iba a ser una auténtica campanada.

Yo soñaba con que llegara el día, pero, he aquí, que desplazados todos a la taberna, aparece el de Valdepeñas un poco alterado:

-Andrés, que no va a ser posible. Que a Camarón se lo ha llevao, pá escucharlo cantar, Antonio Mairena que anda por Madrid pá hablar con el Conde Montarco, ese de Cultura Hispánica, de unas Reuniones de Flamenco que quieren organizar.

-Pero tú no te preocupes porque te traigo a un “cateto” de cerca de tu pueblo que anda estos días por aquí. Canta divinamente y te va gustar.

No se me iba el cabreo hasta que me dijo el nombre del cantaor sustituto: Pedro Lavado. ¡Dios mío!, el cantaor de Puente Genil al que yo ya conocía de años atrás y al que había oído cantar tanto en su pueblo como en el mío.

La cena salió muy bien y los cantes de Perico por soleares de Córdoba, serranas, malagueñas y fandangos de Lucena fueron sorprendentes. Entre uno y otro, Valdepeñas cantaba y bailaba por bulerías con un arte y una gracia de marca propia. Mis invitados volvieron al Colegio y yo seguí la fiesta, junto a mi cuñado y algún colegial como mi paisano Antonio Luna “El Cumaco” que se me adosaba siempre. Cuando dejamos Los Camborios era de día y yo acerqué a Pedro Lavado hasta Ciudad Lineal, donde paraba en casa de un pariente.

Pena que perdí a Camarón, pero alegría porque reencontré a Lavado. Después de todo, para conocer al de la Isla, había mucho tiempo por delante, tal como ocurrió después cuando lo oí por primera vez en mi vida cantar en el Tablao “Torres Bermejas”.