Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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miércoles, 11 de noviembre de 2015

La desconocida liviana del XIX

Cuando el pasado 3 de noviembre publicamos el artículo Del cante de la Liviana y de su estrofa, un experto en el flamenco del siglo XIX como es el amigo Alberto Rodríguez Peñafuerte, me decía en Facebook:
Me pregunto si habrá algún parecido entre la liviana que conocemos y la desconocida liviana del XIX.


En efecto, poco se habla en ese siglo del cante por livianas. El propio Alberto recoge en su blog Flamenco de papel alusiones en 1842 a las livianas de María de las Nieves por parte de El Solitario. Se nos habla también de que en 1846 en el madrileño diario El Español se cita a un cantaor, nombrado como el Granadino, del que se dice:
Es muchacho aventajado de persona, de mucho pecho, y de grande estilo.Las serranas, las livinas [sic], y las tonadas, las entona y lleva con mucho sabor a lo bueno...
Un tiempo antes, en el mismo blog y en el artículo titulado Concierto andaluz, 1858, nos cita al cantaor Francisco Hidalgo interpretando
tonadas labianas [sic]
Finalmente, en Livianas en los textos, encuentra Alberto una obrita de teatro, Un jaleo en Triana (1861), original del dramaturgo alcalareño José María Gutiérrez Alba, en la que figura esta estrofa:
… y los tres se han empeñao
en aprendé a la guitarra
er fandango y las rondeñas
y er jaleo y las livianas

Por su parte, Faustino Núñez, autor del blog El Afinador de Noticias,  también se muestra interesado por el tema y ya en Lázaro Quintana en 1927 por Livianas y la Petenera americana, da una noticia del Diario Mercantil de Cádiz, 5 de abril de 1827, en la que se dice que
el Sr. Lazaro Quintana cantará las seguidillas de Pedro La-Cambra, las que bailarán el Sr. Francisco Cevallos y el Sr. José López.
Faustino piensa que esas seguidillas de Pedro La-Cambra serían livianas. En Livianas, tonás, peteneras y seguidillas en 1847, vuelve a aparecer la palabra liviana ahora en un juguetillo cómico escrito por Fernando Gómez de Bedoya y titulado De Cádiz al PuertoEn Feria flamenca en Sevilla, 1874, Faustino nos relata que en un escrito de un tal José Navarrete se habla de las
livianas y tonadas de Molina.
En El ritmo de las tonás, Faustino nombra las livianas de María de las Nieves, también citadas por Rodríguez Peñafuerte, lo que le lleva, juntándolas a las seguidillas de Pedo Lacambra de 1827, a afirmar que
Hasta aquí una bailable y otra supuestamente a palo seco.

¿Dos clases de livianas y una de ellas para cantar a palo seco? Esto lo confirma don Antonio Machado y Álvarez (Demófilo) en su Colección de Cantes Flamencos (1881) cuando nos dice que
Las tonás y livianas, como los martinetes y las deblas, que son cante antiguo y apenas hay ya quien se atreva a meterles el diente, se cantan sin guitarra.
Recogidas por el cantaor Juanelo, Demófilo muestra a continuación letras de tales cantes, por ejemplo ésta:
Er desengaño del mundo
He conosío en mis tiempos:
Muchos suelen tener bista
Pero no conocimiento.
Cuarteta de versos octosílabos, similar a la que se sigue usando hoy en día para el cante de tonás, pero nada de estrofas de seguidillas que son las que solemos asociar con las livianas actuales.

Bien porque lo leyera en el libro de Machado, bien porque le llegara por cualquier otra vía, resulta que ya en el siglo XX don Manuel de Falla comparte la idea de que existe un cante de livianas que se hace sin guitarra. Así se desprende de las bases del Concurso de Cante Jondo que el músico gaditano y sus amigos promovieron en Granada en 1922. En ellas se establecen tres secciones de cantes, cada una con sus premios, y nos encontramos con que los cantes de la sección tercera eran
Martinetes-carceleras, tonás, livianas y saetas viejas,
es decir, cantes sin guitarra. Haciendo cierta la frase citada de Machado de que se trataba de cante antiguo y apenas hay ya quien se atreva a meterles el diente, no queda constancia de que ningún concursante cantara tales livianas. De hecho los tres premios de esta sección fueron declarados desiertos.

Volviendo a la frase de Alberto que poníamos al principio (Me pregunto si habrá algún parecido entre la liviana que conocemos y la desconocida liviana del XIX.) parece que va a quedar sin responder. Conocemos la del siglo XX pero, musicalmente, ignoramos todo de la liviana decimonónica. ¿Guillermo Castro, Faustino Núñez, Gregorio Valderrama, no habrá alguna partitura por ahí que pudiera darnos una idea?

miércoles, 16 de septiembre de 2015

De como la codicia de ciertos políticos no tiene fin: FUNDACIÓN MACHADO

Envío para Alberto Rodríguez Peñafuerte, Ángeles Cruzado, Antonio Barberán, David Pérez Merinero, Faustino Núñez, Javier Osuna, Manuel Bohórquez y otros amigos blogueros que sin apoyo institucional alguno estudian, investigan y difunden el Arte Flamenco.  

Es sabido que en 1881 se constituyó en Sevilla la llamada Sociedad El Folk-Lore Andaluz. Su principal promotor no podía ser otro que don Antonio Machado y Álvarez, (Demófilo) y su finalidad era impulsar el estudio del saber popular, así como divulgarlo a través de una revista de igual nombre que la Sociedad, cosa que se hizo durante los años 1882 y 1883. Cien años después, patrocinada por el Ayuntamiento de Sevilla, la editorial Tres-Catorce-Diecisiete, reedita dicha revista con un magnífico estudio preliminar que firman José Blas Vega y Eugenio Cobo. Vuelve a publicarse en 1986, ahora patrocinada por la Junta de Andalucía y bajo la responsabilidad de Editoriales Andaluzas Unidas, llevando un breve prólogo de Antonio Zoido. Pero esta edición de 1986 no es de la revista completa sino de los artículos que en la misma escribió Machado y Álvarez, con lo que se queda muy corta si las comparamos con la de 3-14-17.

Un año antes (1985) los políticos andaluces entonces en el poder, tan "cultistas" ellos (¿?), se habían acordado de la Sociedad y la Revista promovidas por Demófilo y deciden continuar con aquella labor. Crean una Fundación Machado para que se responsabilice de la revista en su 2ª Época. El primer número aparece en 1987. En sus páginas podemos encontrar los Estatutos de la Fundación, la cual, según leemos, será gobernada por un Patronato de 21 miembros, los cuales son nombrados bien de forma directa por la Junta de Andalucía, bien a propuesta de los fundadores. Cuando yo leía todo esto pensaba que habrían elegido a gente experta en los menesteres machadianos. Lo pensaba hasta que, más adelante, encuentro la relación de los fundadores (41 en total) y la relación de los 21 patronos. Ahí las llevan:

SOCIOS FUNDADORES:

Atero Burgos, Virtudes;  Briones Gómez, Rafael;  Buero Latorre, Bernardo;
Cabrera Bazán, José;  Campuzano, José Antonio;  Castillo Navarro, Manuel;
Castillo, Juan Manuel;  Cepero Molina, Manuel;  Del Valle Arévalo, Manuel;
Díaz Velázquez, Francisco;  Fernández Bañuls, Juan Alberto;  Frías Navarrete, Milagros;
Gala Velasco, Antonio;  González Merino, Juan Ignacio;  Gracia Navarro, Manuel;
Guerra González, Alfonso;  Jiménez Romero, Alfonso;  Lira Campos, Francisco;
López Estrada, Francico;   Martínez Nadal,  Rafael;  Moreno Tenor, Federico;
Palomino Romera, Francisco;  Peña Fernández, Juan;  Peña Fernández, Pedro;
Perales Pizarro, Alfonso;  Pérez Orozco, Alfonso Eduardo;  Pérez Orozco, José María;
Piñero Ramírez, Pedro Manuel;  Reyes Cano, Rogelio;  Rodríguez Becerra, Salvador;
Rodríguez de la Borbolla Camoyán, José María;  Rodríguez Valdés Paredes, Juan;
Romero Jiménez, José;  Romero López, Carmen;  Ruiz Solves, Lourdes;
Sánchez Caballos, María de Gracia;  Suárez Japón, Juan Manuel;  Torres Vela, Javier;
Troncoso del Arce, Carmen;  Vallecillo Pecino, Francisco;  Zoido Naranjo, Antonio.

MIEMBROS DEL PATRONATO:

Javier Torres Vela;  Francisco Vallecillo Pecino;  Manuel Rabina Martín;
José Manuel Caballero Bonald;  Fernando Quiñones;  Jesús Cantero Martínez;
Félix Grande Lara;  Pedro M. Piñero Ramírez;  Alberto Fernández Bañuls;
José María Pérez Orozco; Manuel Cepero Molina; Salvador Rodríguez Becerra;
Francisco Díaz Velázquez; Virtudes Atero Burgos; Antonio Zoido Naranjo;
Rafael Briones Gómez;  Pedro Peña Fernández;  Juan Manuel Suárez Japón;
Rogelio Reyes Cano;  Juan Ignacio González Merino;  Antonio Gala Velasco. 


¡Santo Dios!, ¡qué tufillo a Psoe en la lista de fundadores! Alfonso Guerra, Carmen Romero, Rodríguez de la Borbolla, Manuel Gracia, Alfonso Perales, Torres Vela, Manuel Del Valle, Suárez Japón, Paco Vallecillo...

Mucho sevillita (o cuando menos afincao en Sevilla), aunque haya también gaditanos y cordobeses (entre ellos González Merino, buen aficionao pero cuyo mayor mérito era ser el esposo de Carmen del Campo, diputada del Psoe muchos años por nuestra provincia). Hay nombres que no conozco pero, entre los localizados, ¿dónde hay gente de Almería, de Málaga, de Jaén...?

Claro que, si se les ocurrió a gente de la Junta, es lógico que llamaran a personal de su cuerda. Pero, digo yo, podían haber sido más objetivos al elegir a los patronos. ¡Qué va!, sólo se incorporan 5 no fundadores, dos de ellos desconocidos para mí y los otros tres (¿cómo no?) flamencólogos afines al felipismo y pertenecientes al sector más rancio (quizá deba exceptuar al amigo Quiñones) de la flamencología. Se olvidaron (entiendo que deliberadamente) de la persona que más había batallado, durante muchos años, para rescatar la persona y la obra de Machado y Álvarez, el madrileño Pepe Blas Vega. Se olvidaron de otro demofilista destacado (al que además lo tenían viviendo en Sevilla), con una importante obra flamenca ya publicada en aquellos años, como era José Luis Ortiz Nuevo.

Estos políticos iban a por todas. Como digo en el encabezamiento, su codicia de poder no tenía fin.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Algunas anotaciones en torno a "Demófilo", II (Su esposa e hijos)

Tal como reza en esta placa de auténticos azulejos sevillanos, colocada en diciembre de 2014 en la casa número 11 de la calle Orilla del Río (hoy calle Betis y número 47) del arrabal de Triana, en dicha casa nació doña Ana Ruiz Hernández el día 28 de febrero de 1854. Eso pone aunque en realidad había nacido el 25, tal como consta en su partida de bautismo, el cual sí se celebró en ese día 28. Su padre Rafael Ruiz, de oficio marinero y con negocio propio (al parecer la familia regentaba una pastelería), era de Ávila y su madre Isabel Hernández había nacido en la murciana localidad de Totana.

Cuentan que allá por el año 1873 un grupo de delfines habían llegado, río arriba, desde Sanlúcar hasta Sevilla. Los sevillanos se lanzaron en masa a las márgenes del río para poder avistarlos y fue en ese día y con tal motivo cuando el joven abogado Antonio Machado vio por primera vez a la trianera Ana Ruiz  Se conocieron, se enamoraron y enseguida llegó la boda, concretamente el día 22 de mayo de 1873 (aunque ya apareció en otra ocasión en este cuaderno, pongamos una foto de la feliz pareja). Instalados en la misma vivienda que los padres del novio, fueron viniendo los hijos:

Manuel (1874-1947)
Antonio (1875-1939)
José (1879-1958)
Joaquín (1881-1955)
Francisco (1884-1950)
Cipriana (1885-1900)

los cuatro primeros nacidos en Sevilla y los dos más jóvenes en Madrid. Hemos puesto a nuestra derecha un óleo fechado en 1879 en el que la abuela Cipriana Álvarez pinta a su nuera Ana con el pequeño Antonio y el recién nacido José, óleo que refleja la felicidad con que vivía la familia Machado por aquellos años.

Poco hay que decir que el lector no sepa de sus dos primeros hijos, los poetas Manuel y Antonio Machado. José fue dibujante y escritor. Joaquín (del que no he logrado encontrar ninguna foto), fue periodista. Francisco, también poeta, opositó para funcionario de justicia y llegó en la república a dirigir la cárcel para mujeres de Madrid. La pobre niña Cipriana enfermó de muerte demasiado pronto.


Muerto el padre (1893), muerto el abuelo Antonio (1896), muerta la pequeña (1900) y nuerta la abuela Cipriana (1904), doña Ana se queda a vivir en casa de su hijo José.  En la foto de al lado podemos a José con sus esposa y tres hijas, a su madre y su hermano Antonio que estaba de visita. 


Cuando llegó la rebelión militar del 18 de julio de 1936, Manuel estaba en Burgos visitando a la familia de su esposa Eulalia. Es detenido y liberado posteriormente gracias al apoyo de otros literatos. Pero quedó en zona rebelde y, temeroso, llegó a colaborar con los aparatos de propaganda de aquellos que a la postre ganaron la incivil guerra del 36-39. Por el contrario, Antonio puso todo su saber y prestigio al servicio de la República. Cuando el gobierno legal decidió dejar Madrid para trasladarse a Valencia, igual hicieron los otros cuatro hermanos Machado y su madre doña Ana. José y Joaquín se exilaron y llegaron a establecerse en Chile sin volver jamás a España. Francisco anduvo exiliado por Europa pero volvió, gracias a las gestiones de su hermano Manuel,  y fue readmitido como funcionario, si bien sin que le respetaran la alta escala que había alcanzado en su primera etapa. 

Lo que pasó con Antonio y con la madre también es historia muy contada: travesía a pie de los Pirineos camino de Francia, travesía que doña Ana creía que hacían para ir a su Sevilla (Antonio, ¿Llegaremos pronto a Sevilla?, nos contó Corpus Vargas que la anciana preguntaba al hijo). Llegada al pueblo francés de Colliure donde, muy enfermo, Antonio muere el 22 de febrero de 1939. Manuel se entera por la prensa y prepara inmediatamente su viaje para Francia. Cuando llegó, doña Ana (día 25 de febrero de 1939) también había muerto.

lunes, 18 de mayo de 2015

Algunas anotaciones en torno a "Demófilo", I (Sus padres)

Pues ná, que me avisa un amigo madrileño de que en un foro de Internet  un ponente anda despotricando de don Antonio Machado y Álvarez, el que firmaba como Demófilo, el que iniciara los estudios sobre el Cante Flamenco. Y,  por si el personal no está bien informado acerca de la vida y obra de tan importante escritor, yo voy a dedicar una serie de artículos a esta cuestión. No me pidan orden en las fechas, lo haré como siempre a mi manera: cada día lo que se ocurra, si es que algo se me viniera a la memoria, pero todo irá saliendo a relucir. A modo de inicio, veamos de quiénes venía nuestro protagonista.



Hijo de don Antonio Machado y Núñez y de doña Cipriana Álvarez Durán, nació en Santiago de Compostela un niño al que pusieron Antonio por nombre. Fue el día 6 de abril de 1846. Así, para la historia, se nos apareció don Antonio Machado y Álvarez.




Al igual que La Pepa, Machado y Núñez nació en Cádiz en 1812. Médico y naturalista obtiene en 1845 la cátedra de Física y Química en la Universidad Compostelana y al poco de nacer su hijo vuelva a opositar para hacerse catedrático de Historia Natural en la Universidad Hispalense. Asentado en Sevilla, se convirtió en el primer propagador y defensor en España de las ideas de Charles Darwin (1809-1882), fue fundador de los museos de Antropología y de Arqueología y contribuyó a la puesta en marcha de la Sociedad Antropológica de Sevilla en 1.871. De ideas muy avanzadas participó en la revolución de 1868 y se afilió al Partido Progresista. En 1870 lo nombran Gobernador de Sevilla y colabora intensamente con Julián Zugasti, su homólogo en la vecina provincia de Córdoba, en acabar con la lacra del bandolerismo. Cuando en 1875 el gobierno de Cánovas del Castillo aparta de sus cátedras a Francisco Giner de los Ríos, Nicolás Salmerón, Gumersindo de Azcárate y otros, Machado se solidariza con ellos y dimite de todos sus cargos. Desde su fundación, por parte de Laureano Figuerola en 1976, la Institución Libre de Enseñanza (que había acogido a los profesores represaliados antes citados). tuvo la simpatía y el apoyo de don Antonio. Corren los años y en 1883 obtiene cátedra en la universidad central de Madrid. Allí trabajó y vivió hasta su muerte acaecida en 1896, dejando una importante labor docente e investigadora como muestran los muchos artículos que publicó en revistas especializadas. A modo de curiosidad citamos uno sólo: Avifauna de Doñana, Catálogo de las aves observadas en algunas provincias andaluzas, escrito donde por primera vez se puso en valor la importancia estratégica del actual Parque de Doñana.

Sevillana de 1827 era la madre, si bien de ascendencia extremeña. Su padre José Álvarez Guerra fue filósofo y escritor. Hermano de su madre era Agustín Durán (1789-1862), primer director de la Biblioteca Nacional y recopilador del Romancero General. Otro de sus tíos, Luis María Durán, al parecer el bohemio de la familia, fue el instaurador de la costumbre de montar casetas en la Feria de Sevilla, o al menos así lo cuenta su descendiente el poeta Manuel Machado en su delicioso libro Estampas Sevillanas (Virgilio Márquez, Editor, Córdoba, 1982). La propia doña Cipriana tenía una esmerada formación artística y literaria. Pintaba óleos y fue recolectora de coplas que más tarde ofrecería a su hijo Antonio, así como de cuentos y otras narraciones populares. Tenía gran habilidad para contarlos según testimoniaron sus nietos. Murió en Madrid en el año 1904.

Padre y madre sobrevivieron a nuestro Antonio Machado Álvarez, el cual, lo mismo en Sevilla que en Madrid, siempre vivió con ellos llevando consigo a su esposa y sus seis hijos. 

martes, 31 de marzo de 2015

Lo nuestro se llama FLAMENCO

La primera vez que el CANTE FLAMENCO se constituyó en objeto de estudio, fue en torno a 1870. Se trató de una serie de artículos que bajo el epígrafe Apuntes para un artículo literario publicó la sevillana Revista de Literatura Filosofía y Ciencias. Su autor, el joven abogado Antonio Machado y Álvarez (Demófilo). Nueve artículos cuyos títulos rezaban así:
Introducción, Carceleras, Modismos populares,
Fonética andaluza, Coplas refranescas,
Coplas sentenciosas, Antinomia entre un refrán y una copla,
Coplas amorosas, Cantes flamencos.


El último de ellos, publicado en enero de 1871, se inicia con este párrafo:

Los llamados Cantes Flamencos constituyen un género especial de cantares sobre el cual no ha fijado aún sus ojos la distraída crítica de nuestros literatos. Al sacarlos a la escena , por vez primera, lo hacemos con cierta timidez; represéntasenos desde luego lo bajo y humilde su cuna, su tosca rudeza, sus formas poco cultas, y el desairado papel que acaso les aguarda entre las doloras de un Campoamor o las agudezas de un Selgas.

No está mal como carta de presentación, pero antes de seguir quiero aclarar que conseguí fotocopiar estos artículos después de peregrinar por bibliotecas hasta acabar en la que tiene el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en la madrileña calle de Serrano. Con ese material, publicamos en 1981, con el sello de Ediciones Demófilo, un librito cuya portada aparece en la imagen que hemos colocado arriba. Le pusimos el título de Primeros Escritos Flamencos  e insistimos en lo de "primeros" que se dedicaron al estudio del Cante Flamenco. La manera de nombrar a ese "género especial de cantares" que dice Machado ya era habitual en la prensa desde unos años antes.

Hasta no hace mucho se tenía como fecha en que aparece por vez primera el adjetivo flamenco referido a ciertos cantes andaluces el año 1853. Así se publicó en el libro Flamenco en el Madrid del XIX. Concretamente su autor, el hispanista holandés Arie Sneeuw, nos refiere tres notas de prensa firmadas por Eduardo Velaz de Medrano, para el diario La España, los días 18, 19 y 24 de febrero de ese 1853, en las que se hace eco de actuaciones en Madrid de artistas venidos del Sur como Santa María, Villegas, Juan de Dios, Farfán o Luis Alonso, adjetivando como flamenco su quehacer artístico. Más recientemente, esa primera noticia se ha matizado. Alberto Rodríguez Peñafuerte en su blog Flamenco de Papel publicó un artículo en el que se habla de un cantante flamenco en el año 1847.

Traigo a la consideración de mis posibles lectores todos estos datos para significar que desde el principio ese  género especial de cantares que crearon las clases populares andaluzas se conoció como FLAMENCO. Nada de Jondo (¿hallazgo de Falla y Lorca?), ni de Grande ni de Chico (¡dichoso José Carlos de Luna!), nada de Gitano-Andaluz (Mairena, dixit), nada de nada en cuantos nombres se han usado en la breve historia de nuestro arte. y que han traído más confusión que claridad. Imitando a los del Canal Sur con su atracón de coplerío, hay que difundirlo a los cuatro vientos: 
Lo nuestro se llama FLAMENCO.

Addenda: Después de publicado este artículo el amigo Faustino Núñez me recuerda que en su blog publicó en 2012 unas notas de prensa en las que también figuraba el término "flamenco". Estas notas estaban fechadas en el 6 de junio de 1847, o sea dos días antes de las citadas por Rodríguez Peñafuerte. Aquí tienen el correspondiente enlace: El Afinador de Noticias.

Segunda addenda. Alberto nos aclara que el recorte que incluye Faustino en su artículo ya había sido publicado, concretamente en su muro de Facebook el día 1 de febrero de 2012. Véase este enlace. Gracias a ambos. Lo que ellos no encuentren, es porque no existe... 

lunes, 8 de diciembre de 2014

¿Quién era Muley?

Les traigo hoy un breve texto que redacté en 1981. Aclarando de antemano que nunca me he dedicado a investigar nada que no fuera de mi campo del saber dentro del mundo universitario, resulta que también uno ha hecho algún que otro pequeñito hallazgo. Por ejemplo, averiguar, aunque fuera de chiripa, quién fue la persona que publicó artículos bajo el seudónimo de "Muley". A mi original solamente he añadido una foto en la que el susodicho Muley aparece junto a su esposa, la trianera señá doña Ana Ruiz.

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MULEY

En nuestro rastrear por archivos y bibliotecas, fuimos a parar un día a la que tiene el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en la madrileña calle de Serrano.

Después de muchos vanos intentos en otros doctos centros, encontramos la revista "La Enciclopedia" que se publicara en Sevilla alrededor de 1880. Íbamos tras los artículos sobre flamenco que en ella incluyera la firma de don Antonio Machado y Álvarez, de los que teníamos cumplida noticia a través de los escritos de ese incansable estudioso que es don Arcadio de Larrea en su libro "El Flamenco en su raíz".

El ejemplar que consultábamos había sido propiedad nada más y nada menos que de "Juan del Pueblo" o "Bachiller de Osuna", es decir, el famoso polígrafo don Francisco Rodríguez Marín. Muerto en los primeros años de la última década de los 40, no sabemos si por su voluntad o la de sus dignos herederos, es el caso que muchos de sus libros fueron a parar -hermoso ejemplo a seguir- a la biblioteca del mencionado Consejo.

Con encuadernación de encargo, don Francisco unió los diversos números de "La Enciclopedia -en la que él mismo había ya publicado- teniendo la feliz idea de confeccionar de su puño y letra un índice por autores y he aquí que al llegar a uno de nombre, con claras reminiscencias arabistas, "Muley", el propio Rodríguez Marín hacía una llamada a pie de página donde anotaba
"Otro de los seudónimos de don Antonio Machado y Álvarez".

Varios fueron los artículos de esa firma, todos ellos muy en la línea del creador de los estudios flok-lóricos. Así, el comentario a "Una docena de cuentos" que aparece en el número 54 (5 de enero de 1879) de la primera Época de la Revista, o el título "Un trabalenguas popular" publicado el 31 de enero de 1880 (nº 2 de la 3ª Época). ¿Usó don Antonio otras veces y en otras publicaciones este seudónimo? Lo ignoramos hoy por hoy, pero estudiosos de la filología y las letras en general podrán decirlo algún día. Nosotros, al fin, somos de otro campo y nos limitamos a "coquetear" con asuntos como éste. Quede, pues, este testimonio, que ya a nosotros nos basta.

Andrés Raya Saro, Primavera de 1981.

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lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Playeras = Plañideras?




José María Sbarbi y Osuna (Cádiz, 10 de julio de 1834-Madrid, 24 de abril de 1910), filólogo y musicólogo. Ordenado sacerdote en 1857 gana la plaza de organista en la Catedral de Badajoz, puesto que pasa a desempeñar después en Sevilla y en Toledo hasta establecerse en 1871 en la capital del reino donde vivió el resto de su vida. 


Como filólogo se le considera el padre de la moderna paremiología española, llegando a publicar varios libros sobre este tema, sobresaliendo su monumental Refranero general español (1878). Muy interesado en el habla andaluza llegó a publicar un Diccionario de andalucismos. En cuanto a música, nos legó, entre otras obras, un Prontuario de definiciones musicales. Además de sus libros, Sbarbi también fue articulista llegando a fundar y dirigir la revista El Averiguador Universal.

Buen amigo del sevillano Antonio Machado y Álvarez (Demófilo), se intercambiaron en 1980 sendos artículos sobre las saetas. Aparecieron en la revista sevillana La Enciclopedia y fueron rescatados por las firmas Ediciones Demófilo y Virgilio Márquez, Editor, en un cuadernito publicado en 1982.

En la misma revista La Enciclopedia el día 25 de abril de 1879, Sbarbi había firmado un artículo, dedicado a Machado y Álvarez, con título Las Playeras. Se refería a ese estilo de cante que también se nombraba como seguidillas gitanas y que, con el paso del tiempo, se ha quedado como seguiriyas. Era la primera vez que planteaba la hipótesis de que el término playera, referido al cante, era una deformación fonética de plañidera. ¡Con lo fácil que es pensar que playera viene de playa! Es otra hipótesis y nuestro admirado Faustino Núñez ha estudiado una y otra en su blog El Afinador de Noticias. Lo ha hecho en varias entradas de las que les pongo enlace para la primera. Les recomiendo que lean al amigo vigués.

Yo no tomo parte pero sí quiero ofrecerles, para información de ustedes, el texto original que escribiera ese buen cura gaditano que se llamó José María Sbarbi. Aquí lo tienen.

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LAS PLAYERAS

A mi respetable amigo el Sr. D. Antonio Machado y Álvarez, gran conocedor de la poesía popular andaluza.
SEVILLA

Cuéntase de un mozolejo andaluz, que, hallándose en tierra extraña, dominado por el cansancio, ó tal vez por la nostalgia, se tendió en el suelo, y se puso á tatarear en voz bastante baja, si bien no tanto que no pudiera ser percibida de los transeúntes, unas playeras ó seguidillas gitanas, que por ambos nombres es conocido este canto. Acertaron á pasar cerca de él unos caballeros, y pensando éstos que se hallaba acometido de alguna dolencia, le preguntaron que por qué se quejaba. Como no les hiciera caso el rapaz una ni otra vez, y condolidos aquellos sujetos trataran de levantarlo, les dijo el mozo con notable desenfado: “¿Qué he de tener, cuerpo de tal?, que estoy ensayando aquí unas playeras de mi tierra, para que no se me olviden.”

El relato anterior, ora sea verdadero, ora inventado, puede asegurarse, sin temor a errar, que es la síntesis de la mitad del canto popular andaluz, y digo de la mitad, porque en el canto popular de mis paisanos no se da término medio. En efecto, á la manera que no lo conocen éstos en el órden afectivo, tampoco lo conocen en el poético-musical, porque el pueblo andaluz, ó ama hasta rayar en frenesí, ó aborrece de muerte; ó canta hasta el punto de hacer reir por los codos, ó hasta de hacer llorar á lágrima viva. ¡Propiedad característica de los pueblos meriodonales, el ser extremados en todo!

Una de las tonadas que participan más íntimamente del privilegio últimamente apuntado, es, sin linaje de duda, la playera. Siempre patética en la letra, y no ménos en la música, que reviste, derrama tierna melancolía en el corazón de los circunstantes. Cierto que todo concurre en ella á operar tan mágico influjo, pues lo sentimental de su tonalidad en modo menor, junto con la terminación de las cláusulas en la 4.ª inferior; la vaguedad ó ausencia casi absoluta de su ritmo; el estrecho círculo en que se modula su canto, lo cual comunica cierto aire monótono á su melodía ; y sobre todo, el sentimiento que, por punto general, respira la letra, son, á considerarlo bien, elementos que no pueden ménos de producir los efectos arriba indicados. Por ser singular en todo este género de poesía. Lo es hasta en la combinación de sus versos; pues constando el 1,º, 2.º y 4.º de seis piés, el 3.º es endecasílabo. Sirvan de ejemplo las siguientes:

A llorar mis penas
me fui á un olivar;
olivarito (1) más desgraciadito
en el mundo habrá.

Cuando yo me muera,
tan sólo te encargo
que, con la cinta de tu pelo negro,
me amarren las manos.

¡Permitan los cielos,
permítalo Dios,
que col (2) cuchillo que matarme quieres
te matara yo!

Todas las mañanas
me levanto y digo;
“El lucerito que a mí me alumbraba
ya no está conmigo”

Triste es separarse;
y triste también,
cuando la ausencia es casi una vida,
el volverse a ver.

Cuando viene el día
tengo algún consuelo;
pero en llegando á la nochecita,
ciego yo y no veo.

¡Orillas del río
sus penas lloraba!
Como eran fuentes sus ojitos negros,
crecieron las aguas.

 ¡Dentro del pechito
tengo yo su imagen!
Aunque lo lleven á la fin del mundo,
no hay quien me la arranque.

¡Contar los latidos
de mi corazón!...
Cuentas son esas que van á ponernos
tristes a los dos.

Ahora bien: ¿pueden darse ayes más lastimosos y desgarradores que los que acabamos de contemplar, exhalados al son de la guitarra, que es la lira del poeta pueblo andaluz?
 .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Una observación filológica, y concluyo.

El Diccionario de la Academia Española nada nos dice de las playeras, en tanto que concede su lugar respectivo á la cachucha. ¿Qué ha hecho la pobrecita playera á aquel docto Cuerpo para que así se haya olvidado éste de que existe ella en el mundo, y, lo que más es, de que existirá eternamente, mientras haya sangre en las venas de los andaluces ?... No lo sé. Algun que otro diccionario de la lengua castellana la ha recibido en sus brazos, digo en sus columnas, y definídola diciendo, poco más o menos. que es "una tonada ó canción propia de los marineros ó gente de playa"... Mucho me escamo. En mi pobre sentir, no debiendo á tal circunstancia su razón de ser.parece natural que tampoco le deberá el nombre que la distingue; yo creo, pues, salvo mejor opinión, que el nombre de playera es una corrupción de plañidera, introducida por el pueblo, de que tenemos hartos ejemplos en la infinidad de palabras de nuestra lengua (3), estimulándome á pensar así el carácter triste, melancólico, débil., lloroso, plañidero, para decirlo de una vez, que ditingue á este linaje de cancion y poesía popular andaluz.

Madrid y Abril 14 de 1879.

JOSÉ MARÍA SBARBI.

Notas:

(1) Observese aquí y en los casos análogos siguientes, siquiera sea de pasada, que la frecuencia con la que suelen ser usados los diminutivos por los andaluces, acrecienta muchas veces la afectuosa ternura de su diccion. En otras ocasiones tan sólo para hacer que conste el verso.

(2) Contraccion de con el.
Es lástima, ciertamente, que esta licencia poética, como otras muchas que emplea el pueblo andaluz, v. g., el uso del apóstrofo,no se hayan aclimatado entre nuestros poetas de levita y guantes. Algo ménos valdría el Parnaso italiano si no las tuviera; y algo más valdría el nuestro, en mi concepto, si las adoptara.


(3)  Si fuera á enumerar aquí todas y cada una de las palabras de nuestra lengua corrompidas por el vulgo, ni me sería dable, ni cabrían en ménos de un grueso volúmen; contentareme, pues, con recordar al más entendido lector la frase Ni por asomo. Ahora bien, de asomo y sombra, esto es, Ni por asomo y Ni por sombra, ha creado el vulgo aquella tercera locucion, bárbara, si las hay, y que, a pesar de eso, oimos á cada triquitraque en boca de personas más cultas. ¡Así es cómo se vician insensiblemente los idiomas todos! 
Volviendo á nuestro asunto principal, me obstino en creer que, para formar nuestro pueblo á playera de plañidera, debe de haber procedido por los siguientes términos.: De plañidera á plañiera no hay más que un paso (y todavía me parece mucho) en el territorio andaluz:: de plañiera á plañera, todavía hay menos;  la ñ y la ll ó la ye, sabido es por toda persona medianamente conocedora en achaque de etimología, que son letras de fácil y comun permutacion entre los andaluces, como acontece, v, g., con gañote y gallote, gañan y gayan, etc; resultado inmediato de todo esto; playera, por plañidera.  
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martes, 11 de octubre de 2011

Transcripción de las letras flamencas



Entre el 24 y el 27 de noviembre de 2004, la Peña Flamenca de Córdoba celebró sus XXXII Semana Cultural Flamenca, esta vez en homenaje al poeta jerezano Manuel Ríos Ruiz. El día 25 y bajo el título Letristas, copleros y poetas flamencos, el conferenciante fue el aficionado Andrés Raya Saro. ¡Atrevío y temerario que es uno!

Como buenamente pude, desarrollé un tema que me apasiona. Estén los lectores tranquilos porque no voy a repetir mi perorata de aquella noche. Sí voy a detenerme a comentar una cuestión que toqué en la conferencia pero casi de pasada: la transcripción de las letras flamencas. Empecemos con el Diccionario de la Real Academia de España:
Transcripción = Acción de transcribir
Transcribir = Representar elementos fonéticos, fonológicos, léxicos o morfológicos de una lengua o dialecto mediante un sistema de escritura
(Hay otras acepciones para este verbo, pero la anterior responde perfectamente a nuestros fines).

Pionero en tantas cosas, Don Antonio Machado y Alvarez "Demófilo", fue uno de los primeros que usó un "sistema de escritura" para transcribir las coplas contenidas en su famosa Colección de Cantes Flamencos (1881) consistente en recoger lo más fielmente posible el lenguaje oral de los andaluces. Por eso, en su libro leemos coplas como éstas:

En er sementerio nuebo
la yebaron, la enterraron,
que mis sacais la bieron

Hijito e mala mare,
¿te acuerdas cuando isías
no te orbiaré por naide?

Estaba siego y no bía:
ya se me cayó la benda
que tan siego me tenía.

Es decir, desaparecen la uve, la elle, nos comemos un montón de letras de, cambiamos la ele intersilábica por la erre, adoptamos el seseo, etcétera, etcétera. Este sistema fue imitado por muchos copleros y por muchos recolectores de letras y ha llegado casi como único hasta nuestros días. Pues, ¿qué quieren ustedes que les diga? Servidor, ha vivido muchos años fuera de Andalucía y, por su profesión, ha gastado mucha saliva hablando en público sin que jamás haya renegado de la forma en que aprendió el castellano en su niñez (ironizando un poco, suelo decir que yo hablo castellano-andaluz-cordobés de campiña). Pero uno cree que una cosa es el habla y otra la escritura. Por ejemplo, la copla

A Undebé l'estoy pidiendo
de beras que benga'l arba,
por bé si esta pena mía
ar sueño se sujetaba.

yo la habría escrito así:

A Undebel le estoy pidiendo
de veras que venga al alba,
por ver si esta pena mía
al sueño se sujetaba.

Es decir, de la mismita manera que lo hiciera uno de Valladolid. Hay muchas razones para ello, aunque me limite a señalar dos:

1) No existe una sola fonética en Andalucía (uno de mi pueblo diría siensia en lugar de ciencia, pero en Montemayor, pueblo que está tan sólo a tres kilómetros de Fernán Núñez, en lugar de soso dirían zozo).

2) Hay mucho lector no andaluz al que esta presentación de las letras se le hace cuesta arriba. Y hay cantaores nacidos por encima de Despeñaperros. ¿O es que les vamos a obligar a que aprendan nuestros modismos? (Espero que no me lea ningún mandamás de los que están en la Junta de Andalucía porque éstos, si se lo proponen, obligan a hablar en andaluz hasta a los múos).

Y no pasa nada. Los cantaores, con su gran sabiduría, serán los encargados de adaptar la letra a su propia fonética, a su propio dejillo. Hay muchas coplas de poetas cultos, Manuel Machado principalmente, que han sido alteradas al caer en manos de los cantaores y hay que reconocer que algunas incluso mejoran.

Tenemos, sin embargo, un caso en que es ineludible la licencia de fonetizar la copla: cuando al ponerla en castellano ordinario se altere la rima o la medida del verso. Así pasaría en la copla

Anda, que estás más tocá
que una guitarriya e siego
o sambomba en Nabidá

si escribimos tocada en lugar de tocá. Yo la dejaría así:

Anda, que estás más tocá
que la guitarra de un ciego
o zambomba en Navidad.

Soy consciente de que cuanto he escrito hoy es polémico. De hecho he pasado horas de mi vida discutiendo este tema con aficionados y estudiosos del cante. Es mi postura y ahí queda.

Cambiando el tercio, les diré que es costumbre complementar con un recital las conferencias de la Peña Flamenca de Córdoba. En la noche de ésta mía, tuve la suerte de estar acompañado por mi paisano Pedro Obregón y por la guitarra del cordobés Gabriel Expósito, ambos en la foto de la izquierda. Les dejo con un registro que uno y otro habían hecho en disco, desarrollando por Alegrías de Córdoba el tema "Puente de San Rafael".