Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

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domingo, 13 de septiembre de 2015

Cantaores cordobeses: CHACONCITO

He aquí otro cantaor, popular en su momento, en una cierta etapa de la historia del Flamenco, pero que después ha sido arrasado por el viento del olvido. Cantaor del que hoy por hoy sabemos muy poco. Les hablo de José Cabello Luque, aficionado desde muy niño al cante y tan admirador de don Antonio Chacón que llegó a cambiar su nombre de pila por el de Antonio García Chacón y usó como nombre artístico el de Chaconcito. Dicen que nació en el año 1915 en la bella localidad cordobesa de Aguilar de la Frontera, la de la Plaza Octogonal y la de la Torre del Reloj, torre cuya fotografía hemos colocado a nuestra derecha.  Muy niño marchó a Madrid donde se dio a conocer, llegando a grabar hasta 12 cantes en compañía de Ramón Montoya en el 1928 cuando sólo contaba con trece años. A partir de entonces, su nombre aparece en muchos carteles de los espectáculos entonces conocidos como de Ópera Flamenca. Y así hasta que llega la cruel contienda que siguió a la rebelión militar del 18 de julio de 1936, contienda a la que me negaré siempre a nombrar como guerra civil. Hay quienes, según indicaciones dadas por don Juan Valderrama, dicen que Chaconcito murió en el frente. Sin embargo, otros, parece que recogiendo datos proporcionados por un hermano del cantaor, afirman que lo vieron herido en Barcelona de donde huyó al final de la guerra estableciéndose en Francia. Estas mismas fuentes dicen que José Cabello, Chaconcito, murió en el año 1985 en la localidad gala de Peage de Roussillon. Lo cierto, en todo caso, es que no se tiene noticia alguna de actividad flamenca de Chaconcito posterior a 1936. Por nuestra parte no sabemos más, pero nos queda el hacer una invitación a los aficionados flamencos de Aguilar (muchos y muy buenos, eso me consta) a que investiguen más cosas sobre su paisano...

Porque, cantar bien, sí que cantaba. Así lo hemos podido comprobar gracias al C.D. publicado por la discográfica Pasarela en el cual se recogen los 12 cantes citados más arriba:
 Fandangos por Granadinas, Malagueña de Chacón, Seguirillas de Manuel Torre y Curro Dulce, Soleares del Mellizo, Taranta de Linares, Malagueña de Ojana y Verdial del Breva, Seguirillas de Paco La Luz y Manuel Molina, Granadina de Vallejo, Taranta del Cojo de Málaga, Milonga, Malagueña del Mellizo, Media Granadina de Chacón. 

¡No está mal el repertorio! Además, todo él ejecutado a la perfección. Me despido por hoy dejándoles algunas muestras.

1) Fandangos por Granadinas


2) Taranta de Linares

3) Granadina de Vallejo

4) Malagueña de Chacón


5) Soleares del Mellizo


6) Seguirillas de Manuel Torre y Curro Dulce


Addendum: Me aclara el amigo Manuel Bohórquez que la foto que aparece en la portada del disco que he puesto más arriba no es de Chaconcito sino que corresponde a Manuel Escacena. Fue hecha en 1897 cuando el cantaor sevillano tenía 12 años.

jueves, 25 de junio de 2015

Cante Grande, Cante Chico y Cante Ínfimo

El polifacético escritor don José Carlos de Luna Sánchez (Málaga, 1890; Madrid, 1964) publicó en el año 1926 su libro De Cante Grande y Cante Chico. Obra muy popular y leída durante varias décadas, parece que fue echada a un lado con el desembarco en la bibliografía flamenca de González Climent y de la pareja Ricardo Molina-Antonio Mairena. La verdad es que el libro tiene su gracia pero no deja de ser un poquito endeble. Es curioso que lo más llamativo fuese el título. Mucho se ha teorizado después sobre la existencia o no de cantes grandes y cantes chicos, división a toda luz artificial que se ha resuelto y resumido con una frase ya tópica: "No hay cantes grandes y cantes chicos, sino cantaores grandes y cantaores chicos".




Muchos años más tarde, ya en pleno año 2009, los hermanos Antonio y David Hurtado Torres publican La llave de la música flamenca, libro polémico del que puedo decirles muy poco por mi ignorancia total de la musicología. ¡Demasiado técnico para mí el libro de estos dos profesores! De algunas cosas sí me entero y, a título más bien anecdótico, me voy a detener en una. Hablando del cante de la Milonga dicen los autores:


Y volviendo de nuevo a la cuestión del Cante grande y cante chico, si consideramos esas categorías cualitativas de los cantes en función de su contenido emocional, poético, y de las cualidades interpretativas de la persona que cante (o toque) una pieza musical, diremos respecto a las milongas (que por algunos flamencólogos son consideradas no ya como cante chico, sino como cante ínfimo) que tanto las argentinas como sus homónimas flamencas pueden alcanzar cotas poéticas tan altas -a veces cargadas de una melancolía desoladora- que pueden llegar a ser tan profundas como la mejor de las seguirillas o de las soleares. Cada cosa alcanza su valor según el contexto y las circunstancias donde se de.

¡Pues no está mal la cosa! Flamencólogos que tildan a las milongas de cante ínfimo, ¡casi ná! Y defensores, como los autores del libro, que dicen que las milongas pueden alcanzar la profundidad de la seguiriya o la soleá. ¿No estarán exagerando unos y otros? Por mi parte confieso que soy muy amante de la milonga pampeana que hacen los argentinos pero no tan entusiasta de la flamenca, salvo alguna excepción. Entre ellas un tema popularísimo: La hija de Juan Simón que, desde Manuel Escacena hasta Antonio Molina, fue pasando por voces como las de Angelillo, Marchena o Valderrama. Yo les traigo otra versión menos conocida. Canta La Niña de Linares y toca Ramón Montoya.

domingo, 1 de febrero de 2015

Los fandanguillos de Almodóvar

Abro la página XXX del libro titulado YYY, cuyo autor es ZZZ, y me encuentro con lo siguiente:

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FANDANGUILLOS DE ALMODÓVAR

A más de gran estilista del cante jondo, el Niño de Marchena (José Tejada) es entusiasta investigador de cantos olvidados, que merced a él renacen para las generaciones presentes y venideras.
Entre los cantos que incorporó a su repertorio hay dos fandanguillos de Almodóvar. No se trata del pueblo así llamado, sino de la vega del río Almodóvar, que nace en la Sierra de la Sima, cruza la comarca de Algeciras y desemboca en la laguna de la Janda, junto a la cual se dio la batalla que luego se llamó de Guadalete, que abrió la Península a los invasores sarracenos.
El Niño de Marchena denomina a estos fandangos de modo sugestivo: "En los lagos de Almodóvar" y "Aires de la Sierra de Almodóvar".
El de la Laguna tiene escaso interés musical. Sus letras dicen:

En el agua cristalina
que llevaba un arroyuelo
se reflejaba la imagen
de tu cara tan divina,
y al verla me tiré al suelo.

Cuando alguien a ti te quiera
como yo a ti te he querío
-aunque sea una cualquiera-,
dispón del corazón mío
aunque de pena me muera.

El serrano tiene más empaque, letra y música, y es más clásico, más fandango.
Canto de contrabandista o de salteador, de huido a la Sierra por sabe Dios qué delito; porque la sangre moza se calienta en la rivalidad y los celos, la navaja está pronta y la Justicia castiga al que se la toma por su mano.

Yo vivo en la serranía
por culpa de una serrana;
y tengo por compañía 
a mi jaca la Sultana,
que es mi mayor alegría.

La jaca acompaña al huido en sus correrías por riscos y breñas y le consuela del mal pago de la causante de que ese hombre se perdiera por haber castigado por su mano a quien verdad le decía, creyéndole difamador.

La gente me aconsejaba
que yo a ti no te quisiera;
pero no me figuraba
que tanta razón tuviera
el que mal de ti me hablaba.

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En efecto, el río Almodóvar va a parar a un embalse-laguna para unirse después al río Guadalete, todo ello cerca de la localidad de Facinas, la cual, por cierto, tiene una modalidad de fandango que nos dio a conocer Flores el Gaditano. Pero, oigamos a Pepe Marchena, junto a Ramón Montoya (1934) en sus fandangos de los lagos de Almodóvar:



Exquisitos, como todo lo de Marchena, pese a que al autor del libro le parezcan de "escaso interés musical".



Del mismo año 1934 y de nuevo con Ramón Montoya, nos vamos a la Sierra de Almodóvar:



Si no se han percatado ustedes, vuelvan a escuchar esta grabación y comprueben como en su comienzo Pepe Marchena dice literalmente "Aires de la Sierra de Almodóvar de Córdoba", detalle que debió de pasar desapercibido al señor
ZZZ = Hipólito Rossy
al escribir lo que escribió en la página XXX  = 243 de su libro
YYY = Teoría del Cante Jondo.
Sí, el cordobés pueblo de Almodóvar del Río, además de quedar abrazado por nuestro padre-río Guadalquivir y dejar a su izquierda, conforme bajamos, a la Campiña de Córdoba, tiene una agreste sierra compartida con los municipios de Posadas y de Hornachuelos. Lo que no tiene la localidad cordobesa, ni tampoco la vega gaditana del río Almodóvar, es fandango propio como parece que creyó el reconocido musicólogo Hipólito Rossy. Marchena no investigó nada, simplemente dio "nombres sugestivos" a sus creaciones fandangueriles, con melodías que fue repitiendo en otras grabaciones con distintos, pero igualmente sugestivos nombres. En otra ocasión ya señalamos un error similar al que hoy comentamos, refiriéndose a los fandanguillos de Osuna. Menos mal que don Hipólito no siguió tirando de las investigaciones de cantos olvidados debidas al Niño de Marchena. Nos habríamos encontrado, por ejemplo, con fandanguillos del valle de la pena, de la ribera de Cazorla, de Fuente Palmera, de la sierra de Alcázar, de la campiña de Andújar, de la sierra de Baena y un larguísimo etcétera que incluiría a los fandanguillos de de los montes de Zoco el Hamma. ¿Qué habría puesto Rossy en su libro sobre tan enigmáticos fandangos?

domingo, 6 de julio de 2014

Menese el tarantero

El pasado de 28 junio, en el Teatro Español de Madrid y dentro del programa del Festival "Suma Flamenca" de la Comunidad de Madrid,  se celebró  el acto de título
50 años de cante, José Menese, Rancapino, Fernando de la Morena.

Días antes (15 de junio) el diario "El País" entrevistaba a los tres veteranos cantaores y, desde luego, hubiera sido mejor que hubiesen cerrado la boquita. ¡Rara vez se pueden leer tanta tontería junta! Parece que competían en ver quien soltaba el disparate más grande. Allá ellos.

Leímos un par de crónicas de este triple recital En una de ellas, la periodista catalana Silvia Cruz Lapeña nos decía:
Porque José Menese salió al más puro estilo Menese, es decir, embistiendo, dijo que no repetiría palos por respeto a sus compañeros y empezó por tarantas y rondeñas
En el blog "Crónicas Flamencas" se incide en lo mismo::
El "proscrito en Sevilla", como así se hizo llamar (...),  comenzó dejando claro que él es un cantaor "seguiriyero" y "solearero", pero que por respeto a sus compañeros no iba a repetir esos cantes. Así, se dispuso para comenzar con un cante "desaparecido" por tarantas y levantica.


¿Cante desaparecido? Se ve que el cantaor de La Puebla no es muy aficionado a escuchar cantes de otros, sobre todo de los más jóvenes. Podría ponerle ahora mismo muchas, pero que muchas, grabaciones de tarantas realizadas por cantaores que como mucho tengan 35 años. Baste con esta muestra donde la niña onubense Rocío Márquez, junto al guitarrista Niño de Brenes y con un texto de Juan Ramón Jiménez, borda el cante por tarantas de Linares:


No hemos logrado hacernos con la grabación de lo que esa noche José Menese hiciera por tarantas y levantica, pero hemos recogido en las redes esta grabación, acompañado por Antonio Carrión, el mismo que estuvo con él en Madrid, rotulada en Youtube como "tarantas":



Desde luego no sé si las tarantas tendrán un "soniquete" propio, pero sea el que fuera lo que está claro es que Menese no lo posee. ¡Qué manera de devaluar el cante de "la tortolica" del Cojo de Málaga! ¡Qué lisura tan apartada del cante tarantero, qué pesadez, con tres letras además, cuando la taranta con dos ya va más que cumplida! Por lo demás, no deja de ser paradójico que Menese se las quiera dar de rescatador de la taranta cuando él, como todos los mairenistas, la ignoraron durante años. En la época en que ellos dominaban el panorama de los festivales, estaba casi prohibido hablar de las tarantas de Escacena, de Vallejo, de Marchena, de Guerrita o de Fanegas. 

No tengo más remedio que curarme el mal sabor de boca y escuchar una taranta de las de verdad. El maestro Juan Valderrama, año 1939, acompañado por Ramón Montoya.


(Quiero aclarar que la foto de Menese fue hecha por Rafael Manjavacas y que la he tomado de la aludida crónica de Silvia Cruz) 

sábado, 1 de marzo de 2014

Ramón Montoya y Fernando Vilches: guitarra y saxofón


Pues ahora resulta que el padre de la guitarra más clásica, el madrileño Ramón Montoya, también fue el padre de lo que ahora llaman fusión. Sí, estaba recién paridita la Colombiana de Pepe Marchena y un año después (1932) don Ramón la acompaña pero no a un cantaor sino al saxofonista Fernando Vilches.


Que escuchen los pureros de la cosa para convencerse. Los aficionados de verdad la oímos para disfrutarla.

sábado, 25 de enero de 2014

El Chata de Vicálvaro cantando una jabera


Cuando en este cuaderno de memorias les hablé de la jabera grabada por El Chato de las Ventas en 1930, les decía que había dos grabaciones de este cante anteriores en el tiempo a la del Chato. Una de ellas fue realizada un año antes, en 1929, con la guitarra acompañante de don Ramón Montoya. La voz la ponía Eduardo García-Ruiz Espejo, conocido como El Chata de Vicálvaro. Había nacido en el pueblo de tal nombre, hoy integrado como barriada de Madrid, ciudad en la que murió el 8 de diciembre de 1975. Etiquetado como Jabera del Negro, oigamos su cante:


Posdata:: Por supuesto no soy el primero en traer a las redes esta singular grabación. Que yo sepa, la públicó en su Quejío Flamenco el cacereño Pedro Delgado el día 24 de febrero de 2013. Antes lo había hecho desde Madrid Carlos Martín Ballester, el día  10 de mayo de 2012, en su cuaderno El Arqueólogo Musical.  Mi reconocimiento a estos dos buenos amigos.

viernes, 17 de enero de 2014

La rondeña de don Ramón Montoya

Decir cante es decir voz, pero todos tenemos claro que en el Flamenco la voz sola se limita a unos cuantos estilos, siendo imprescindible en el resto el acompañamiento de la guitarra, de manera que para nosotros decir cante es decir voz pero también es decir guitarra. Por esa razón, lo mismo que hablamos del cante nuestro de cada día, en alguna ocasión traeremos a colación la guitarra nuestra de cada día.

Para empezar, nos vamos al encuentro de don Ramón Montoya (Ramón Montoya Salazar, Madrid, 1880-1949) figura indiscutible de su época y maestro al que siguieron prácticamente todos los que, tras de él, han llegado a ser algo en el arte de la sonanta. Creador de muchas falsetas para acompañar el cante (labor que hizo con todos los cantaores importantes con los que convivió, empezando por don Antonio Chacón), también fue compositor para la guitarra de concierto. Como solista hizo dos tandas de grabaciones, una en 1923, otra en 1936. Les dejo con una de sus obras maestras: la rondeña.

jueves, 16 de enero de 2014

Cantaores cordobeses: EL SOTA

Antonio Santos Tapia (Belmez, 1895-1979), conocido como El Sota, desarrolló su trabajo de comerciante y tabernero tanto en su pueblo como en Córdoba. Muy unido a los Onofre, hacía sus cantes, especialmente las Alegrías y las Soleares de Córdoba. Las oímos junto a la guitarra de Ramón Montoya: