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viernes, 1 de abril de 2016

Tonadas campesinas (XIX): Un documental en TVE

Entendemos por Tonadas campesinas aquellos cantos del folk-lore español, y, en especial (al menos para nuestro interés) los desarrollados en Andalucía (de algunos de los cuales hay versiones más o menos flamencas o aflamencadas), ligados a las labores del campo (fundamentalmente, la siembra, la siega y la trilla). Que el tema nos interesa, lo prueban los dieciocho artículos publicados anteriormente en este cuadernillo a los que hemos añadido esta etiqueta.

Hará unas semanas que estaba curioseando cosas en Facebook (ya saben, la tabernilla virtual de la esquina donde charlamos con los amigos de todo lo divino y a veces hasta de lo humano), cuando me tropecé con un vídeo cuyo título
FLAMENCO, CANTES DEL CAMPO
llamó enseguida mi atención. Lo vi, lo escuché, un par de veces o tres. Pero, ¿de dónde había salido esto?, ¿era una filmación original o un montaje, de esos que ahora se llevan tanto, realizado con materiales previos? Me voy a ver la información que muestra la persona que subió esto a Youtube y, como suele ser desgraciadamente habitual, no encuentro nada salvo los nombres de algunos cantaores intervinientes, lo cual, puestos a ser parcos, se lo podían haber ahorrado pues esos nombres los encontramos en los rótulos del propio vídeo. Como suelo hacer en estos casos, echo mano de mis contertulios de Facebook. De una u otra forma voy provocando a esas buenas gentes que son Antonio Ruiz Ramírez, Gregorio Valderrama, Miguel Ángel Jiménez, Paco Herrera Carmona, Porverita la Maña, Sergio García Sánchez. Entre unos y otros (¡qué bonito queda cuando, en lugar de pelear absurdamente, algo se estudia en equipo, aunque sea improvisado sobre la marcha!) creo que podemos dar por cierto que este documental formó parte de una serie de nombre
Flamenco, Antología del Cante y Baile
producida por TVE en 1964. La dirección, al menos en este capítulo, es de José Luis Monter. El gran actor Fernando Rey fue el locutor y como asesor en temas flamencos figuró Antonio Sánchez Pecino (padre como sabemos de Ramón de Algeciras, Pepe de Algeciras y Paco de Lucía).

Bueno, ¿y qué vamos a encontrarnos en tal documental? Pues miren, hasta 9 cantes que comentaremos, más abajo, uno a uno. De los 9, sólo 2 (las temporeras y las trilleras) se reconocen hoy en día como Tonadas Campesinas. Hay hasta 5 (Jaberas, Rondeñas, Fandangos de Lucena, Serranas y Verdiales), que son cantes del campo porque son pueblerinos y la cultura de nuestros pueblos siempre ha sido campesina, pero que no han estado ligados a las labores agrícolas. Quedan 2 (Arrieras y Caleseras) de cuya autenticidad como melodías tradicionales puede dudarse y nosotros lo dudamos.

Pienso que lo mejor es que cada uno de ustedes active el vídeo y, a la vez que va escuchando cantes, pueda ir leyendo los comentarios que inserto más abajo.


No sé quiénes son los guitarristas, aunque cabe suponer que uno de ellos sea Paco de Lucía. Vayamos a los cantes y a sus intérpretes:

1) Arrieras
Las canta Roque Montoya, Jarrito. Gregorio Valderrama dice que la melodía le recuerda a las asturianadas, opinión que comparto pues desde el primer momento que la oí me sonaba a algo parecido al garrotín. Que haya existido un cante propio de arrieros es muy posible, pero ni era lo que nos contó Manolo de la Ribera ni lo que aquí se nos ofrece. Por nuestra parte, tenemos pendiente el hablarles de otras posibles arrieras, éstas ligadas a Arcos de la Frontera. Lo haremos cualquier día de estos que el Buen Dios nos va regalando.

2) Temporeras
Aquí sí han puesto el clavo en su sitio. Las coplas de este cante de ara, en las voces de Los de Montefrío, son auténticas. En este cuadernillo, las temporeras de Montefrío merecieron nuestra atención más de una vez: por ejemplo el 2 de agosto de 2014 y al día siguiente.

3) ¿Sementeras o jaberas?
En el vídeo nos hablan de un cante de siembra pero lo que se oye es una jabera cantada por Pepe de Algeciras (o Pepe de Lucía), el componente cantaor del entonces dúo Los Chiquitos de Algeciras. Antonio Ruiz Ramírez bromea y dice que quizás le llamaran sementeras porque se cantase en la siembra de las "jabas"... La verdad es que el nombre de jabera es muy antiguo (Estébanez Calderón habla de "la malagueña de la jabera"), Se cuenta que estaba en el repertorio de Silverio y desde luego, en pleno siglo XX, nos la ofrecieron cantaores como El Mochuelo, El Chata de Vicálvaro o El Chato de las Ventas, todos ellos muy anteriores a la grabación del Niño de Málaga para la Antología de Hispavox (1954). Tengo una explicación para esta extraña conjunción "sementera = jabera". Se ve que los guionistas de este documental se habían creído al pie de la letra un texto, que referido a la jabera dice así:
... era un cante de sementera, es decir, campesino; un cante para decirlo cara al aire, mientras se otea el cielo para prevenir la tormenta o para asegurarse un sueño tranquilo a la vista del color de las nubes lejanas y en movimiento. El que se haya perdido no quiere decir, ni mucho menos, que fuese un cante tan difícil como para estar reservado a una minoría de eruditos ... (*)
Su autor, Manfredi Cano nació en Aznalcázar (Sevilla) en 1918 y murió el 23 de mayo de 1998 en Alicante. Miembro de la Falange, fue comisario de policía y periodista destacado en los medios del entonces llamado Régimen a secas. Aficionado al flamenco se convirtió en uno de los más reconocidos "flamencólogos" (¿?) de su época. Fue seguidor del ingeniero malagueño, político con cargos por cierto en los tiempos del Régimen, José Carlos de Luna. También lo fue del poeta (¿?) José María Pemán. Su obra flamencológica fue muy desigual y con frecuencia se excedió en sus fantasías. La descripción que hizo de la jabera es una prueba de lo que digo.

4) Rondeñas
¿Se acuerdan ustedes de un artículo que yo titulé Las Rondeñas de Juan Varea? Allí les invitaba a escuchar una grabación etiquetada como "Fandangos nuevos". Le acompañaba Paco Aguilera y, según supimos más tarde, se había registrado en el año 1952, es decir en fechas anteriores a que se hiciera la tan citada Antología de Hispavox. En ésta, como es sabido, Jacinto Almadén hizo un cante nombrado como "rondeña", el cual quedó para muchos como la primera grabación histórica de este estilo flamenco. Falso porque dos de los tres "fandangos nuevos" de Juan Varea llevan la mismísima melodía que usara Almadén. Sin que el nombre de "rondeña" apareciera por ninguna parte y con el acompañamiento más habitual del fandango, o, en otras palabras, sin acompañamiento de toque verdial. Pues mire usted por donde, en este documental Varea repite, hasta con las mismas letras, los dos fandangos aludidos. Ahora, ya instaurado el nombre de "rondeña" y, habida cuenta de que Manfredi, que sin duda influyó en los guionistas, era uno de los que defendían que era un "fandango de Ronda"(**), hacen que el toque lo "amalagueñen", o sea, que se haga por verdiales.

5) Trilleras
¡Exquisitas en la voz de Bernardo el de los Lobitos! Ya las había registrado en 1954 y en 1957. En esta ocasión, con leves variantes en las letras, repite las que hiciera en 1954 para la Antología de Hispavox.

6) Fandangos de Lucena
Con mucho "dejillo" local, como comenta Antonio Ruiz Ramírez, los canta Rafael López Algora, personaje del que no hemos logrado ninguna información.

7) Caleseras
Como vivimos en época de vehículos de automoción, habrá que aclarar (sobre todo para las nuevas generaciones) que la calesa era, según la Wikipedia,
un carruaje de cuatro y, más comúnmente, de dos ruedas, tirado por caballerías con taburete delantero para el conductor, por dentro con dos o cuatro asientos «cara a cara» de madera cubierto por capota de vaqueta, abierto por delante y resguardado parcialmente de la intemperie por detrás.
Naturalmente, calesero era la persona que conducía la calesa. Ahora, hablando de la calesera, Manfredi dixit (*):
Su nombre lo indica con claridad: es un cante popular andaluz creado por los caleseros para distraer las largas caminatas; la letra es una seguidilla sin estribillo. El compás de este cante no es otro que el del trote de las bestias de tiro, el campanillero son de las colleras y el restallido del látigo del mayoral animando a sus caballerías. Carlos de Luna sitúa este cante entre la serrana y la trillera, según su teoría de que la calesera es una serrana que bajó de la sierra al camino real, para hacerse en las ventas amiga de los caminantes; así como los cantes de trilla no son sino caleseras, sustituidos el camino por la era, y el mayoral por el zagal que gobierna el trillo desde un asiento muy parecido al puesto de mando de las viejas galeras y diligencias.
Estrofa de seguidilla (como las livianas, como las serranas, trilleras, nanas y otros cantes primitivos) con melodía a medio camino entre la serrana y la trillera. Cante al parecer perdido, por mi parte no recuerdo que ningún estudioso hable de él si exceptuamos a José Carlos de Luna y su discípulo Manfredi. Pero, si estaba perdido, ¿de dónde sale ese par de letras que nos canta Jacinto Almadén?  Gregorio Valderrama (sobrino del gran Juan Valderrama e hijo del también cantaor Ángel Valderrama) dice que lo que canta Almadén son unas temporeras de Jaén, conocidas como arjoneras, y nos señala que su padre y su tío Paco las cantaban muy bien. Pues sí, el aire es ese y no es de extrañar de que se trate de una de las muchas variantes de tonadas campesinas que se han cantado en las tierras jienenses.  

8) Serranas
Magnífica ejecución de Jarrito en su segunda intervención en este documental.

9) Verdiales
Versión preflamenca, versión para "panda". Incardinada en la variedad Verdiales de los Montes, una de las tres más habituales en la provincia de Málaga. Deliciosa intervención de la Panda de Verdiales de Povea, dirigida y así nombrada por su "alcalde" Antonio Fernández (Povea). Nos informa Porverita de que este hombre nació en el Lagar o Cortijo de Povea, en el término municipal de Málaga capital. Más tarde se vino a ésta y vivía en la barriada de Mangas Verdes en la cual reclutó a otros miembros de su panda, llegando a registrar un L. P. en los años setenta. En esa barriada murió el músico Povea en el año 1987.  


(*) Domingo Manfredi Cano. Geografía del Cante Jondo. Editorial Bullón, S. L. Madrid 1963. (Existía una primera edición publicada en 1955 por Gráficas C.I.O.)  

(**) Por nuestra parte, rechazamos la teoría de "rondeña = fandango de Ronda". En nuestras memorias hemos dedicado hasta 4 artículos al tema, que pueden encontrar en este blog, yendo  a las etiquetas y pulsando sobre la que pone "Rondeñas".

viernes, 1 de agosto de 2014

Tonadas campesinas (VIII). Temporeras de la Campiña de Córdoba

Pagos de Lucena, de Aguilar, de Cabra, de Montilla...! Se fue dejando la Serrana jirones de su capote de monte en vuestras viñas, en vuestros olivos; pero jirones chiquitos, porque las manos que a él se asieron ni fueron duras, ni porfiadas.

¡Lucena! En tu seno, más blanco que la nieve, oí el el airoso cantar que llamáis las Temporeras.

Yo anduve por tus calles y tus campos a caza de ellas.

Sabedor de que en este pedazo de tierra existió un cante, patrimonio de las gañanías, con el que acompañaban su trabajo en la besana, fui de Ceca en Meca sin poder atraparlo. Tal que cual gañán, salmodiaba, trincado a su manera, un cante sin color ni estilo propio, mixto del de la Trilla y la Taranta. Tenía tanto más interés en dar con las Temporeras, cuanto que sospechaba fuera el lazo de unión entre Trilleras y Caleseras, pues al ceñirse al paso desigual de la yunta de mulos en la era, no participaría ni del rechinante fragor de las diligencias ni de la galbana de la era agostiza.

Por matar la tarde, fui a la casa de un amigo, hidalga y acogedora, de señoril fachada y portalón que achata el peso de un escudo de armas de ampulosos labrequines, tallado en piedra.

El zaguán, recién regado, dibuja con menuditos guijos una cruz calatraveña; al fondo, una puerta de cuarterones patinosos que luce en su centro, y en él reluce un pomposi aldabón de "oro de Lucena".

¡De oro se me llenó la mano cuando llamé!

Después del consabido: "Gente de paz", me colé por el patio de mi amigo, detrás de cuyo nombre se atropellan qué sé yo cuántos apellidos ilustres.

Este amigo mío lo es también de la tradición, de la heráldica y de la zambra.

Le expuse mi desencanto, y, tras de hacer memoria, con ese reposo con que en los pueblo se hace memoria, dijo:

-¡Tal vez Perrilleja, quizá Tenazo!...

En el patio trasero de la casa hay una parra umbrosa, y bajo ella abre su bocaza fría un pozo de brocal enjalbegado, sobre el que florecen macetitas de albahaca, macecitas de espliego.

Una moza, guapa y limpia, que se llama Araceli, nos trae, en bandeja de cobre, unas copas grabadas con la cruz de Calatrava, y una botella con el marbete de Mora, llena de solera, de las "Bodegas de Nuestro Padre Jesús". Al descorcharla nos acaricia con un olor a manzana, a florecillas de la sierra; luego canta en las copas en las copas con gorgoritos de jilguero.

Esperamos, y, ya el sol traspuesto, se entró por el patizuelo el ansiado
Perrilleja, acompañado del aperador de mi amigo. Ambos sabían las Temporeras, y como araban en el mismo olivar, quise escucharlas al día siguiente en el mismo salsero donde se sazonaron.

Al olivar de "Los Dorados" me encaminé, y en él oí este cante, tan característico, y que me enorgulleció encontrar, porque se acoplaba. como preveía, al lugar designado en la escala que hemos recorrido.

Inicia el gañán la copla cantando un verso, y, al terminarlo, otro lo recoge, anunciando su decisión con un "Voy", y así se turnan hasta que uno grita : "¡Fuera!", y remata la estrofa. Más moderno es que la termine el que la comienza; verdad que tampoco abundan los que saben cantarla. Así, es indiscutible , pierde el matizado que le da la variedad de voces y la alegría de los gritos que piden la voz.


Dan escolta a este cante en la besana el piar de las pipitas, que brincan en los camellones del surco recién abierto, y lo aroma el fuerte vaho que sale de la tierra herida y que huele a búcaro.

Luego, cuando el sol traspone y los calados de los olivos transparentan la amoratada luz del crepúsculo; cuando las campanas y campanitas del pueblo cercano llenan la campiña tocando la oración; libre la yunta del arado que quedó en el surco, apuntando con el timón al lucero que afanoso parpadea en el horizonte; al emprender el apero la vuelta al caserío, llevando cada yunta, a lomo, el gañán que la gobierna, riman las Temporeras con el alegre trotecillo de la querencia, más vivas, confundiéndose casi con un Fandango.

La tierra, con la llovía,
ha tomao mejor tempero;
y esto lo agradece el amo,
los gañanes y el apero.

El Sota trae una yunta
de dos mulas alazanas,
que ellas solitas s´atreven
con toíta la besana.

Tós los mulos del cortijo
de don Juan Manué Carrasco,
no le llegan a los míos
a las coronas del casco.


Foto de la ciudad de Lucena y sus alrededores para ilustrar esta larga cita tomada del libro De Cante Grande y Cante Chico que escribiera el prolífico malagueño José Carlos de Luna allá en el año 1926, si bien nosotros hemos usado una reedición fechada en 1942. Aquí se nos describen por vez primera (que nosotros sepamos) los cantes de arar, los cantes de besana de la Campiña de Córdoba, cantes nombrados en nuestra tierra como temporeras. De la Campiña, sí. Domingo Manfredi Cano, seguidor en muchas cosas de José Carlos de Luna nos dejó escrito en su libro Geografía del Cante Jondo (1955, después reeditado en 1963), en un epígrafe dedicado a la Temporera, lo siguiente::

Es un cante de gañanías. Su situación geográfica podría deslindarse con una circunferencia que teneindo su centro en Cabra, de Córdoba, encerrase dentro de ella a todos los pueblos y tierras comprendidos entre Castro del Río, Fernán Núñez, La Rambla, Baena, Montilla, Doña Mencía, Aguilar, Montuque, Lucena, Priego, Puente Genil, Rute, etcétera.

Vuelve a repetir cosas del libro del malagueño y, al final, añade un par de letras:

Las uvitas de tu parra
están diciendo comerme,
pero los pámpanos dicen
que viene el guarda, que viene.

Los surcos de mi besana
están llenos de terrones,
y tu cabeza, serrana,
está llena de ilusiones,
pero de ilusiones vanas.


Tres comentarios a estos testimonios escritos:

1) En el relato de José Carlos de Luna aparece el personaje de Perrilleja. Creemos que será el mismo que nosotros conocíamos a través de una saeta popular lucentina.

2) Las letras que nos ofrecen uno y otro escritor son cuartetas o quintetas pero de versos octosílabos. Es decir, estrofas adaptables al cante por fandangos, al que alude Carlos de Luna al final de su texto. ¡Curioso!, igual que ocurría con el Canto del Güeyero de los canarios. También igual que ocurría con los cantos de arar de Málaga, tanto en la versión flamenca de El Niño de Bonela como en la grabación que la acompañaba, en la cual, por cierto, se hace la letra de Los surcos de mi besana, recordada por Manfredi. Versos octosílabos, rara avis en el mundo de las tonadas campesinas donde domina la estrofa de la seguidillan. Más aún: hay otra variedad de cantos de besana, como son las Pajaronas de Bujalance que sí usan la copla de seguidillas. Es decir, sin salir de la provincia de Córdoba, hay dos modalidades de cantes de besana: las Pajaronas de Bujalance y las Temporeras de la Campiña, con un punto común y es que se trata de cantos dialogados, pero una diferencia grande en cuanto a la métrica usada.

3) ¿No les suena de algo una de las letras que anota Carlos de Luna? Me refiero a la de Tós del mulos del cortijo... Agustín Gómez, siempre tan pespicaz, nos señala que esta letra de Temporera la hacía Antonio Ranchal como Carcelera. Sí, muy extraño lo de conjuntar cárcel con besana. Yo llego incluso a sospechar que lo que el cantaor lucentino grabó como Carceleras estaba más cercano a las tonadas campesinas que a lo que los flamencos conocen como tonás, martinetes, etcétera. Merece la pena que la oigamos:



En la bibliografía flamenca, tan dada a copiar lo ya escrito por otros, hablando de temporeras, se repite una y otra vez lo dicho por José Carlos de Luna y Manfredi Cano, con la honrosa excepción de Agustín Gómez que en su libro otras veces citado Cantes y Estilos del Flamenco, nos habla también de las pajaronas, de los cantos de arar malagueños y de las temporeras de Montefrío (Granada), a las que nosotros dedicaremos una entrada en breve.

Afortunadamente en Córdoba, nos quedó una prueba grabada en los años setenta de lo que fue la temporera que hoy comentamos. Primero en disco (con la firma RCA) y luego en una intervención en TVE, programa "Rito y Geografía del Cante Flamenco", el cantaor de Puente Genil Pedro Lavado nos dejó su testimonio. Reproducimos lo que cantó y dijo para TVE:


Ya ven que la descripción del cante coincide con la apuntada por Carlos de Luna en 1926. ¿Y la letra?

Aperaor del apero,
no me dejes el cornejal,
que mis mulas son nuevas
y me van a marear.

Pues mire usted por donde, y acabo, me encuentro una copla parecida en el folk-lore de la provincia hermana de Murcia:

Las penas que pasa un perro
cuando le cortan el rabo,
las mesmas que paso yo
en cá cornijal que saco.