Hace tres días les decía que mi primer conocimiento de La Repompa de Málaga fue a través de la radio. Luego me acordé que era con un tanguillo que ella popularizó mucho, el que decía aquello de ponme la mano, cariá, que yo me muero de un dolor. A la gente de mi edad debe sonarle.
También a través de la radio descubrí a la cantaora Francisca Méndez Garrido,
La Paquera de Jerez (1934-2004), hija de gitano y castellana, que tuvo que dejar la escuela siendo muy chiquita para ganarse la vida en la calle, haciendo lo que ella mekor sabía: cantar flamenco.
Artista de mucho temperamento, personalísima, conocía (todos lo sabemos) muchos estilos de cante y los grabó casi todos. Pero sin duda donde más brilló fue en sus
bulerías, dejando a la posteridad varias decenas de registros. A mí había uno que me gustaba mucho y que voy a compartir con ustedes.
Acompañada por Manuel Morao, nos hace tres letras por bulerías:
Esta rubia panaera
que con la calor del horno
se está poniendo morena.
mándame pinicilina
pá curar este desengaño.
Yo tengo un reloj de plata
que se atrasa si no vienes
y si vienes se adelanta.
La segunda, es una prueba más de la presencia del surrealismo en el Flamenco. La tercera es perfecta. ¿La primera, la de la rubia panaera, de qué me suena? Sí, claro, acudo al "Cancioneiro Popular Galego", de Ramón Cabanillas, que traje a este blog con motivo de la soleá
Al paño fino en la tienda de Manolito María. Leo en este libro:
Eu namoréime da noite
dunha branca panadeira,
pero con fume do forno
fóise trocando morena.
Lo que les decía del intercambio de letras entre los diversos cancioneros peninsulares. Pero, en este caso hay más: en los créditos del disco, al referirse a las bulerías que hemos escuchado puede leerse "Compuesta por J. Carlos de Luna".
¿En qué quedamos? Como soy tan ingenuo, me inclino a pensar que algún folklorista gallego pasó por Málaga y le copió la letra al ingeniero industrial, político, preflamencólogo y poeta don José Carlos. Ya en su tierra se limitó a traducirla y adaptarla, todo lo cual debió de suceder antes de 1950, año de publicación del "Cancioneiro". Claro que, entonces, ¿cómo curar los desengaños con penicilina, si su uso generalizado en España se inició en 1951?
¡Qué lío, Buen Dios! Y es lo que yo digo, con esto de la autoría de las letras, te llevas cada chasco...