Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

martes, 26 de marzo de 2019

Antonio Villarejo, sepa usted que los jóvenes flamencos también entienden de quejíos



Antonio Villarejo Perujo es un Ingeniero Agrónomo nacido a mediados del siglo XX en el seno de una familia de labradores en el malagueño pueblo de Cuevas del Becerro, próximo a la ciudad de Ronda. Titulación y herencia familiar, le han llevado a dedicar su vida al campo y de manera especial a la ganadería, llegando a montar una factoría de elaboración de quesos de cabra comercializados bajo el nombre de Rey Cabra.




Cursó su carrera entre las Escuelas de Agrónomos de Córdoba y de Madrid. En la primera cuajó como aficionado al Arte Flamenco, llegando a promover varios recitales de cante. A uno de ellos, en el que cantaba El Lebrijano, pude asistir porque me cogió de paso por mi ciudad. Cuando Antonio se marchó a Madrid, se hizo residente del Colegio Mayor San Juan Evangelista. Allí ya funcionaba el Club de Música, promovido por el almeriense Alejandro Reyes Domenech-Rodríguez, y Villarejo se integra en él con la función de organizar recitales flamencos.


Buscaba por Madrid a las mejores figuras y lograba convencerlos para que acudieran a cantar en el Colegio por la módica cantidad de 5000 pesetillas. De esta forma, por el salón de actos del San Juan fueron desfilando todos aquellos que eran alguien en el mundillo Flamenco. Cuando Antonio acabó sus estudios y volvió a su tierra, esta labor tuvo continuidad y podemos afirmar que el Colegio se convirtió en un templo sagrado del cante, destacando la presencia frecuente de dos figuras irrepetibles: Camarón y Enrique Morente.


Debo añadir que Antonio Villarejo también ejerció la crítica flamenca en prensa, concretamente en el desaparecido diario Informaciones de Madrid, quedando en su haber la última entrevista concedida por el genial Pepe Marchena.

De vuelta a su pueblo malagueño, Antonio se dedicó, como hemos señalado arriba, a ejercer su profesión de Agrónomo en sus propias tierras. Tan intensa debió de ser su dedicación que Villarejo dejó de lado su faceta de aficionado flamenco. A instancias mías, apareció por Madrid el 17 de octubre de 2008, en un recital de Enrique Morente y Pepe Habichuela presentado por cuatro viejas glorias del estudiantado entre las que estaba él y estaba yo, precisamente los dos colocados a derecha e izquierda de Habichuela en la foto del lateral.

Pasaron 6 o 7 años de este evento y un buen día nuestro Antonio Villarejo aparece por las redes queriendo hablar de Flamenco. Le di la bienvenida y lo presenté en foros donde se trataba el tema. A las pocas semanas detecté que venía con unas ideas de renovación un tanto extremas. Por ejemplo, recuerdo que redactó un documento sobre concursos flamencos en los que se exigiría a  cada aspirante presentar un cante de su creación. ¡Por Dios!, eso era desconocer del todo el terreno que Antonio había dejado de pisar casi 40 años antes. En ese afán renovador estaba cuando amaneció en el firmamento flamenco el fenómeno Rosalía. A Villarejo le vino como anillo al dedo para explayar su visión de un nuevo flamenco en el que la catalana jugaría papel de primerísima figura. Tal fue su fijación rosaliana que lo apartó de mi amistad y hoy por hoy jugamos en equipos con más rivalidad que la histórica entre Sevilla y Betis.

La cosa es que mi viejo amigo Antonio no está solo en este empeño de considerar como cantaora a la cantante Rosalía. Él secunda a gente famosa en este mundillo como pueden serlo la cantaora Rocío Márquez o los flamencólicos Faustino y su Guitarra, Ortiz el Viejo, etc. En la actualidad parece que mucha de esta gente defiende un cante más de fiesta que el añejo cante jondo. Y afirman que eso es lo que busca la juventud actual. "Las nuevas generaciones son alérgicas al sufrimiento", viene a decir Villarejo hablando de la nacional fiesta de toros y, saltando enseguida al flamenco, dice que los jóvenes esperan  que el flamenco les "traiga más luz y menos quejío".

Como es natural, los aficionados de siempre (ahora nos llaman de todo) sabemos que eso es falso y que el Flamenco se sigue sustentando en el dolor y el gozo, en la pena y la alegría. ¿La gente joven?  Creo que los que predicen la muerte del quejío debieran de oír cosas como éstas:


1) El Boleco, 17 años (Fandangos)





2) El Toto Hijo, 22 años (Soleares de Alcalá)





3) Ángeles Toledano, 23 años (Soleares)





4) Belén Vega, 24 años (Tarantas de Linares)






5) Enrique Afanador, 34 años (Malagueñas del Mellizo)








6) Alicia Morales, 37 años (Seguiriyas)






Sí, debieran de oír estas muestras y tantas otras similares que son cantes de hoy hechos por gente joven de hoy. ¿Quién se atreve a decir que el quejío va a perderse? Lo que sí que debiera de perderse definitivamente es la manía de los moderneros talibanes de la flamencólicofilia de querernos hacer que comulguemos con ruedas de molino pretendidamente flamencas como las de las siguientes grabaciones:



7) Rocío Márquez, 33 años (El último organito)






8) Niño de Elche, 33 (Soledad de la Pereza)







9) Rosalía, 25 años (Disputa, De aquí no sales)




jueves, 14 de marzo de 2019

Flamenco en pequeñas dosis (III): Una fandanguera llamada PASTORA PAVÓN

En las décadas de los sesenta y de los setenta, cuando en las noches veraniegas de calor y de cante imperaba por los pueblos de mi Andalucía el llamado Canon Mairena, cuando se celebraban festivales organizados por gente muy docta en quejíos y en toda suerte de duendes, en aquel tiempo, digo, estaba muy mal visto el cantar por fandangos, en algún caso incluso estaba prohibido por cláusulas contractuales. No se tenía por cante serio y el pobre fandanguillo se quedaba solamente para gente borrachuza en tabernas de vino barato.

Por haber sido grandísimos fandangueros, en aquellos años se habían borrado los nombres de gente como José Cepero o Manuel Vallejo, ya fallecidos. Y los vivos, como Pepe Marchena o Juan Valderrama, no existían para los cabales servidores de la causa jonda. Pensarán algunos, los más jóvenes, que estoy delirando o cuando menos exagerando, pero no es así ni mucho menos. Quedan vivos bastantes hornadas de aficionados que conocieron estas cosas que les cuento, que saben como yo que los ídolos se llamaban Antonio Mairena, se llamaban Juan Talega. Y que en la Historia, don Antonio Chacón o El Cojo de Málaga, no merecían más de dos líneas cada uno. Por contra, los maestros llevaban los nombres de Joaquín el de la Paula o Manuel Torre, figuras a las que también solían unir a la sevillana Pastora Pavón, La Niña de los Peines.
    


¿He nombrado a La Niña de los Peines?, ¿he hablado de cantar por fandangos? Pues bien, llamemos a Niño Ricardo y retrocedamos al año 1932. ¿Qué les parece este cantecito?

lunes, 11 de marzo de 2019

GABRIEL MORENO en los Cielos



Como un jarro de agua helada arrojado sobre mi cabeza fue el conocer que ayer tarde acababa de morir en Madrid el cantaor Gabriel Moreno Carrillo. Nacido en Linares (Jaén) el 12 de abril de 1941, le faltaba un mes para cumplir los 78 años de edad. Figuraba entre mis flamencos muy predilectos, esos que puedo cantar con los dedos de mis manos.



Cantaor general con aprendizaje familiar, enamorado de la escuela de los Pavones, especialista y creador en los géneros taranteros y fandangueros, querido y respetado en su gremio, este gitano no ha conseguido, a pesar de lo que acabo de decir, el lugar de honor que merecía, la fama y popularidad de otros de su generación que, a nuestro entender, no le alcanzaban en flamencura. Esperemos que la Historia lo repare y tenga siempre presente. Nuestro homenaje será no dejar de escuchar sus cantes y yo quedo comprometido con ustedes a traerles otro día una buena selección de sus grabaciones. Por hoy vamos a limitarnos a unos fandangos personales (Con tu forma de mirarme, Los celos son tonterías) que grabó en 1966 con Víctor Monge Serranito:

viernes, 8 de marzo de 2019

8 de marzo, 12 MUJERES FLAMENCAS cantando por SOLEÁ

Envío a La Balaustra, cordobesa de Adamuz.

No soy persona de muchas celebraciones pero hoy, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, me ha dado por poner mi granito de arena y lo hago señalando el insustituible papel que la mujer ha jugado en la Historia del Flamenco, papel si cabe engrandecido en los revueltos primeros años del siglo XXI de la era de Nuestro Señor Jesucristo. Como prueba de lo que digo, he tenido la ocurrencia de elegir 12 mujeres cantaoras, desde la histórica Niña de los Peines hasta la joven granadina Ana Mochón, y hacer que canten para todos ustedes uno de los géneros más genuínamente flamenco: el cante por soleá. Con estas 12 voces les dejo. Saludos desde Córdoba.      


01) La Niña de los Peines-Ramón Montoya, 1910 (Soleares, Castillitos grandes de visto)




02) La Niña de Linares-Ramón Montoya,1929 (Soleares, De pura bayeta negra)

 





03) Isabelita de Jerez-Manolo de Badajoz, 1933 (Soleares, Si te casas me caso)




04) La Niña de la Puebla-Sabicas, 1933 (Soleares, Qué grandes son mis dolores)




05) La Paquera de Jerez-Juanito Serrano, 1967 (Soleares, Crespones por las esquinas)




06) Fernanda de Utrera-Marote-Enrique Escudero, 1967 (Soleares, Tengo una pena muy grande)




07) La Perla de Cádiz-Manuel Morao, 1972 (Soleares, Dios mío dadme paciencia)








08) La Sallago-Ramón de Algeciras, 1972 (Soleares, Ni a contemplarte me atrevo)





09) Carmen Linares-Paco Cortés, 1988 (Soleares, Cuidao se me da a mí)





10)  La Macanita-Manuel Valencia, 2017 (Soleares, Esto que me está pasando)




11) Mayte Martín-Alejandro Hurtado, 2019 (Soleares, A mi me sigue)




12) Ana Mochón-Luis Mariano, 2017 (Soleares, Permita Dios que si vienes)

miércoles, 13 de febrero de 2019

ANTONIO MAIRENA en la Antología del Cante Flamenco y Cante Gitano


Buscando algo que no logré encontrar, me topé de pronto con la cubierta de un disquito de vinilo de los de 45 r.p.m., de la firma Columbia y publicado en 1959. Dos cantes de Manuel Centeno y uno de Antonio Mairena que yo había comprado en mi época de estudiante universitario. Como en aquel tiempo tenía pocos discos, los escuchaba muchas veces. Más aún éste porque la verdad es que me gustaba muchísimo y me llamaba la atención la complementariedad de dos voces, flamenquísimas ambas pero de ecos muy diferentes. Exquisitas las dos malagueñas de Centeno, densas y dramáticas las seguiriyas de Mairena siguiendo los estilos de El Marrurro y de Curro Dulce.


Más adelante supe que este disquito era uno de los avances del álbum Antología del Cante Flamenco y Cante Gitano, la cual adquirí bastantes años después cuando mi economía personal empezaba a consentirme mayores caprichos. De esa Antología ya se ha hablado varias veces en este diario y les he ofrecido a ustedes algunas grabaciones de la misma(*). Hoy vamos a detenernos en la aportación de quien fue su director: Antonio Mairena. El maestro nos canta

Saeta gitana, La Caña, El Polo, Mirabrás, Seguiriyas cabales de Silverio, Liviana, serranas y seguiriya, Seguiriyas de El Marrurro y Curro Dulce, Debla y Tonás(**) 

y yo, para terminar, les invito a ustedes a que escuchen algunos de estos registros:

1) El Polo y Soleá (Yo no te obligo gitana, Ni Veracuz es vera cruz), con Manuel Moreno


2) La Caña y Soleá (El pensamiento me anima, Compañera de mi alma), con Manuel Moreno


3) Liviana, Serranas y Seguiriya (A la Sierra Morena, Esta gitana me está poniendo, Doblen las campanas), con Melchor de Marchena

4) Seguiriyas cabales de Silverio (De la huerta de Murcia, Ábrase la tierra), con Manuel Moreno

5) Seguiriyas de El Marrurro y Curro Dulce (Si esta pena mía, Yo salí de la Breña), con Melchor de Marchena


(*) Pueden consultar los siguientes enlaces:
2018-01-18: Manuel Centeno

(**) Nosotros hemos publicado anteriormente tanto la saeta como el mirabrás. La primera la pueden escuchar con este enlace
El cante del Mirabrás, junto a versiones de otros cantaores, pueden encontrarlo en

sábado, 9 de febrero de 2019

Flamenco en pequeñas dosis (II): EL COJO LUQUE




Ya hablamos en otra ocasión de un cantaor prácticamente olvidado, de nombre artístico El Cojo Luque(*). Hacíamos una llamada de atención a su persona que, tres años y medio después, comprobamos que no sirvió de nada. Y es una pena porque este gitano, de nombre Juan García Luque o Juan Luque Torres según otros, cantaba una miajita mejor que bien.



Nacido a principios de siglo, debió de morir en los años setenta u ochenta. Grabó de joven y volvió a grabar en su madurez. Concretamente en 1967 lo hizo junto al guitarrista Luis Maravilla en un disco de 45 r.p.m., el cual incluye un cante por tarantas que, al menos en mi criterio, tiene la belleza de las mejores joyas. Aquí lo tienen ustedes:



(Al cielo raso ponerse nublo,/ yo he visto raso llover/ y raso ponerse nublo/ y retirarse de un querer/ que cuando lo tenía más seguro,/ que no se podía ni valer)


(*) Para ver ese artículo, pulse aquí

lunes, 28 de enero de 2019

DOLORES DE CÓRDOBA: Rancheras por Bulerías

Envío a Sergio García Sánchez a quien tantas cosas debo.

¿Se acuerdan ustedes de una vuelta, allá por el año 1947, en la que a La Niña de los Peines le dió por grabar lo del Cielito lindo, aquella canción mexicana tan popular? Pues parece ser que a eso se refería, hace unos meses, un cierto escribidor de libros sobre Flamenco (un flamencólogo, suele decir el personal) para justificar las mezcolanzas que hace del Flamenco con otros géneros musicales  una cantatriz catalana muy en boga de un año a esta parte (Rosalía es su nombre artístico). Más o menos, nuestro flamencólico venía a decir que, si Pastora se permitió estos enjuagues, ¿por qué se lo vamos a negar a la principiante Rosalía? La cuestión, en opinión de muchos aficionados y mía también, es que Pastora sonaba flamenco, hacía flamenco de cualquier cosa que cantase, mientras que la muchacha de Barcelona tiene un sonío flamenco plano, o sea, nulo.

Claro que se pueden coger cosas de otros géneros musicales y cantarlos a la manera flamenca siempre que el que ponga la voz sea flamenco de ley. La discografía está llena de ejemplos que no vamos a citar ahora. Me voy a limitar a recordar, a modo de ilustración, a la cantaora festera Dolores de Córdoba, de la cual hablamos hará unas tres semanas. Esta señora, si se lo hubieran propuesto, habría sido capaz de aflamencar, metiéndolo en compás de bulerías, hasta el mismísimo "Capital " de Carlos Marx.




Pues fue la cosa que, en 1966, la discográfica Hispavox le encargó un disco de los de 45 r.p.m. con algunas rancheras mexicanas entonces populares. Grabó, junto a los guitarristas Félix de Utrera y Aquilino Duque, cuatro temas por bulerías. El resultado, para mí, es muy flamenco. Para que ustedes, si no las conocen, puedan opinar, aquí tienen los cuatro registros.



1) Échame a mí la culpa
   

2) La fe perdida

3) Paloma sin nido

4) Pa que sientas lo que siento

viernes, 18 de enero de 2019

Últimas grabaciones de MANUEL CENTENO



Es conocido que la marca Columbia publicó en 1960 una Antología del Cante Flamenco y Cante Gitano. Su filosofía (una miajita tendenciosa por aquello de separar en bloques disjuntos lo de cante flamenco y cante gitano) era la entonces defendida por el director, además de intérprete principal, de la misma. Me refiero, está claro, al maestro don Antonio Cruz García, Antonio Mairena.


En este mi cuadernillo de memorias me he referido cuatro veces a esta antología y ha sido precisamente para comentar la presencia de las cuatro mujeres que intervinieron en ella. Para los que estén interesados, les coloco aquí los respectivos enlaces:

Hoy me he acordado de un cantaor no gitano de los que participaron en la Antología. Me refiero a Manuel Jiménez Centeno (Sevilla, 11-10-1885; Cartagena,14-08-1961), de nombre artístico Manuel Centeno. Muy afamado como saetero de la escuela sevillana, visitó en muchas ocasiones los estudios de grabación desde que en 1922 dejara una buena serie de placas junto al legendario guitarrista Manolo de Huelva. Conocedor y divulgador de las creaciones de don Antonio Chacón, se le tenía por un experto en los llamados Cantes de Levante, razones por las cuales, con muy buen ojo, Antonio Mairena contara con él. 

Dejando de lado su saeta sevillana(*), éstos fueron los cantes que interpretó:

Cartagenera (Porque olvidarte quería), con la guitarra de Manuel Morao

Malagueña de Chacón (Serrana y no has comprendío), con la guitarra de Manuel Morao


Malagueñas de Juan Breva (Creyendo que ya eras buena), con la guitarra de Manuel Morao

Caracoles (Cómo reluce), con la guitarra de Juan Morao


(*) Si quieren oírla, pulsen aquí.

martes, 8 de enero de 2019

¿Ha visto usted al bichito correor? (I)

Este artículo está presentado en formato de diálogo de un posible lector conmigo mismo.

-Oiga, señor Andrés, ¿de qué bicho habla?

-El de aquella copla que decía salía de la cueva el loro. Vamos a verlo, y mientras escuchamos una cosita:










- ¿Y esta bulería, también sale de la cueva?

-Bueno, en realidad se trata de un fandango por bulerías. Lo he cortao de una grabación que se llama Córdoba dormía incluída en este disco del año 1967. Vamos a escucharlo:





   






-Anda, pues es verdad: un par de fandangos y luego un famoso cuplé sobre Julio Romero de Torres, todo acompasado por bulerías. Y, ¿quién es esa Dolores de Córdoba?

-Yo ya la presenté en mi Museo del Fandango. Ni se llama Dolores ni es de Córdoba. Su nombre es Ana Salazar Hernández y nació en Alicante en el año 1932. Cantaora festera muy popular en los años sesenta y setenta, trabajadora habitual de los tablaos madrileños.

-La cosa es que a mí el segundo fandango, el que oímos más arriba, tanto en su letra como en su melodía, me recuerda a algo conocido. ¡Ah, claro!, esa es la rondeña de Rafael Romero.

-Pues sí, y ahí quería yo que llegara usted, mi amable lector. Un fandango-rondeña que grabó Rafael Romero en París, año 1955 y del que ya hablamos en mi artículo ¿Rondeña de Ronda? (IV y final). Respeto a su origen, se habla de El Bizco Heredia y del propio Rafael Romero,  pero no termina de estar claro.

-Le recuerdo, Andrés, que José Manuel Gamboa habló del tema y citó unas frases de Fosforito.

-Efectivamente. Se las voy a recordar:

Pero esa rondeña que hacía El Gallina a mí no me suena a rondeña. Eso se cantaba en los tablaos. Lo cantaban las niñas a coro, como uno de los jaleos de animación del cuadro: "Sardinitas que no sé cuánto"... Y decían, "Salgo de la cueva el loro...". Entre otras cosas metían esto. ¡Pero de toda la vida! Desde que yo tengo prácticamente uso de razón, desde que yo estoy cantando. Lo he escuchado toda la vida, pero nunca relacionado con un cante por rondeña.(1) 
 
-O sea que, al huerto que usted quería llevarnos con este artículo es que Fosforito estaba pensando en cosas como las que ha hecho Dolores de Córdoba en el disco que hemos oído.

-Así es. Yo mismo, que durante la década 1966-1975 asistí a muchos tablaos madrileños y en todos ellos había un cuadro donde casi todas eran mujeres, las cuales te cantaban y bailaban, a veces de forma individual, a veces en coro y corro. Eran las jornaleras del flamenco, figuras secundarias que lo mismo te cantaban cosas clásicas que te metían cualquier otro género (boleros, rancheras o canciones de moda pasajera) convintiéndolo en rumbas, en tangos o en bulerías. Algunas destacaron con brillo propio: Mariquilla Heredia, Adela La Chaqueta o la propia Dolores de Córdoba.

-Pues, entonces, igual que cogían de todo, ¿por qué Dolores de Córdoba no iba a coger la rondeña de Rafael? O sea, no hemos avanzado, flamencológicamente hablando, nada.

-Efectivamente, lector, seguimos con la duda de si de Heredia, de si Romero o de cualquier otro origen. Pero algo hemos avanzado: sacar del olvido y escuchar a esta gran Dolores de Córdoba, la que, como ya sabemos, ni se llamaba Dolores ni nació en Córdoba.


(1) José Manuel Gamboa. Perico el del Lunar. Un flamenco de Antología, Ediciones La Posada, Córdoba, 2001.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Y la Mezquita de Córdoba se llenó de Flamenco

A la memoria de Enrique Morente, fallecido en Madrid hace hoy ocho años

Es sabido que, a mediados de los años sesenta, Enrique Morente recorrió varios países europeos participando como actor-cantaor en la versión musical de la famosa comedia española La Celestina. Ésta fue compuesta por el alemán Armin Janssen para la compañía de José y Susana. De entonces proviene la amistad de Enrique con este músico, el cual castellanizó su nombre pasando a firmar sus obras como Antonio Robledo

Bien entrados los años ochenta, el siempre inquieto Morente pensó en hacer un flamenco sinfónico. Elaboró un boceto, se fue en busca del músico alemán y entre ambos le dieron forma a lo que se llamaría
Fantasía de Cante Jondo para Voz Flamenca y Orquesta,
con cuatro movimientos rotulados como 
Seguiriyas, Fandangos, Zambra, Tangos-Bulerías.
La obra iba dedicada al alcalde madrileño don Enrique Tierno Galván, el cual no pudo disfrutarla ya que falleció unos meses antes de su estreno. Éste tuvo lugar en el Teatro Real de Madrid el 16 de mayo de 1986 y lo  ejecutó la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la dirección de Luis Izquierdo.

Conocedores de este evento madrileño, los amigos cordobeses de Enrique quisieron que la obra viniese a nuestra ciudad. El entonces Concejal de Cultura, el recordado amigo José Luis Villegas Zea (Córdoba,1954-2009), hizo todas las gestiones, consiguiendo que el cabildo catedralicio autorizara la celebración del concierto en el inigualable recinto de la MEZQUITA. Así ocurrió en la noche del 25 de abril de 1987. Morente estuvo arropado por la Orquesta Ciudad de Córdoba, dirigida por don Luis Bedmar y con el compositor Antonio Robledo al piano.


No sé qué aforo se había calculado pero la verdad es que estuvo al completo, con un público entregado al que también Morente y los suyos se entregaron. Al día siguiente el Diario Córdoba hacía crónica que acababa con estas palabras: "La ovación final fue realmente de gala, con todo el público puesto en pie". No exageraba el periódico pues yo mismo, asistente junto a mi compadre Salvador de Toro, pude presenciarlo.



Ignoro si se hizo grabación de aquella noche. La obra si apareció en disco en 1995, incluyendo además Alegro Soleá, composición también de la pareja Antonio Robledo-Enrique Morente. Tomados de este cedé, les dejo a ustedes que escuchen los cuatro mismos movimientos que pudimos oír en la Mezquita:










Nota: En el tercer movimiento Enrique canta el poema Yo poeta decadente, del muy flamenco don Manuel Machado.