Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Una confusión de Félix Grande

Cuando hace unos años publiqué mi artículo Los cantaores generales según Félix Grande (16 de agosto de 2011), recibí por vías diversas bastantes críticas. ¿Cómo es que yo me atrevía a cuestionar a tan importante escritor, poeta, ensayista y reconocido flamencólogo? Me llegaron a acusar de ser muy duro con él y yo me pregunto, ¿más injusto que fue el propio Félix con algún que otro personaje? Me referiré a un caso...

El grandísimo novelista don Juan Valera Alcalá-Galiano (Cabra, provincia de Córdoba, 1824. Madrid, 1905), también escribió poesía. Corría el año 1848 y nuestro paisano andaba por Nápoles como ayudante diplomático sin sueldo del también cordobés Duque de Rivas. Enamoradizo, a la vez que conocedor del coplerío popular, escribió un soneto a una mujer llamada Rojana. Como antesala, y para glosarla, puso la siguiente "copla de playera" (así figura literalmente en la edición de su poesía que preparó don Marcelino Menéndez Pelayo):


Cuando yo me muera
dejaré encargado
que con una trenza
de tu pelo negro
me amarren las manos.

y,  en el final de su soneto, pone don Juan Valera:

¡Cuán supremo deleite yo sintiera
si me amarrasen, al morir, las manos
con una trenza de tu pelo negro!

Si esto no es glosar, ¿que otra cosa puede ser? Pues ná, que el poeta Félix Grande, que solía repetirse más que el ajo que mis paisanos de Fernán Núñez le ponen al salmorejo blanco, en dos de sus libros y en muchas de sus celebradas conferencias, acusaba a Valera de "plagio". En su Memoria del Flamenco, volumen 1, página 316, dice el flamencólogo:

Juan Valera se enamorará de una siguiriya hasta perder por ella la cabeza: quiero decir que al tratar de imitarla no conseguirá otra cosa que resucitar malamente un procedimiento del barroco y perpetrar un remedo al que sólo el fervor por el modelo salvará del ridículo. 

Luego, en nota a pie de página, don Félix dice del egabrense:

La comparación puede ser inmisericorde, pero no innecesaria: si a Varela le sirvió para enamorar a Rojana, a nosotros puede servirnos para no perderle el respeto a la fuerza creadora de algunos artistas anónimos y, muy a menudo,  analfabetos.

Lo que nuestro poeta no quiso enterarse es que un siglo y pico antes que él, Valera reconocía el mérito de esos "artistas anónimos". Más explícito se manifestó Grande en su libro Agenda Flamenca, página 181, cuando, hablando de la copla flamenca,
Cuando yo me muera
te pido un encargo;
que con las trenzas de tu pelo negro
me amarren las manos
 nos dice:

En el año 1848, un escritor, don Juan Valera, compuso en Nápoles un  soneto a una mujer que se llamó Rojana, un soneto donde plagiaba aquella copla.

Que no, Félix, que no quisiste enterarte de qué iba el lío, que confundiste glosa con plagio. Pero bueno, me consta que eras un gran admirador de Manolo Caracol. Yo también lo he sido y lo sigo siendo. ¿Qué tal si, para que tú desde el Cielo y yo desde este Valle de Lágrimas en el que todavía deambulo, le escuchamos esa bendita copla a don Manuel Ortega Juárez?

2 comentarios:

  1. Importantes poetas han utilizado una estrofa o cita de otro, poeta o escritor, como “instalador” de algún poema, al principio del mismo. También es práctica común el uso de algún verso muy conocido, ajeno, insertado dentro del propio poema, como una virguería literaria. Eso está lejos del plagio. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, amigo José Luis, por tu acertado comentario.

      Eliminar