Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

sábado, 3 de diciembre de 2016

De peones, oficiales y MAESTROS en el cante

En todos los gremios había personas experimentadas, conocedores de su parcela laboral, que enseñaban a nuevas generaciones para perpetuar su oficio. Maestro albañil, maestro herrero, talabartero, carpintero, confitero, músico... Los demás, eran sus oficiales o sus peones, con la excepción de los maestros por antonomasia, "los maestros de escuela" que no tenían ni oficialillos ni peoncillos a su alrededor sino chiquillería en calidad de alumnos.

¿Y en el cante flamenco también existe esa figura? Claro que sí, aunque el proceso de trasmisión de saberes no se haga de la misma forma que en los artesanos tradicionales. Aquí puede darse el caso de que alguien aprenda escuchando a otro, en directo o en grabaciones, sin que medie contacto directo alguno. Y a mí se me ocurre distinguir dos clases distintas de maestros:

1) Los que lo son sin pretenderlo. Que sí, que esta figura ha sido y es frecuente en la Historia del Flamenco. Cantaores que gustan tanto al personal que provocan que muchos quieran seguirlos, ser como ellos, cantar como ellos cantan. Hay muchos nombres pero por dar solamente dos, lean ustedes: Manolo Caracol y Camarón de la Isla.











2) Los que intencionadamente quieren propagar sus saberes y sus formas de entender el cante. ¡Cómo disfrutaba ese viejo Matrona cuando se le acercaban en Casa Gayango (la taberna que para él era oficina) artistas más jóvenes sedientos de saberes!
-Mira, muchacho, esto era así, a este cante hay que ponerle un detalle que pocos conocen, pá ese remate hay que...
Otros maestros incluso han montado toda una filosofía en torno a su arte. Claro que estoy pensando, como imagino que ustedes también, en el gran don Antonio Mairena.











Hay más maestros, pero no muchos. Los demás pueden ser grandísimos cantaores, "oficiales" del cante, o simples "peones", jornaleros del cante, pero nada de llamarles "Maestro". Y lo digo porque observo que últimamente se abusa muchísimo de esa palabra (también pasa con la de "genio" pero ese es otro asunto) y califican de maestro a quien, por mucho y bien que haya cantao, no ha dejao, no tiene escuela. Se me ocurren, ¿cómo no?, bastantes nombres pero, sin que nadie lo tome a mal ni vea torcidas intenciones en mí, ahora mismo pensaba en José Menese y pensaba en José Mercé.














(Perdonen que hoy no les haya invitao a ustedes a escuchar nada de esas cosas que tanto nos gustan. Ea, que me he puesto peripatético, que uno también es de los que piensan y opinan.)  

jueves, 1 de diciembre de 2016

Eugenio Cobo: VIDA Y CANTE DEL NIÑO DE MARCHENA

Envío a Chemi López que, desde su Droguería Music en Écija, se dedica a editar discos y libros de cante.

Alguna ventaja habríamos de tener, digo yo, los que no somos "escritores de oficio" y mucho menos "escritores de beneficio". Publicamos lo que nos apetece, cuando buenamente nos viene en gana, sin sujeción  a guión previo ni a calendario alguno,
- Yo mando en mi hambre
dicen que dijo algún flamenco, no recuerdo ni quién, ni dónde, ni cuándo. Pues eso,
- En mi desorden literario mando yo.

Viene todo esto a cuenta porque una vez me propuse el hablarles de los cinco libritos que compusieron la llamada Biblioteca Virgilio Márquez de Temas Flamencos de la que fue único responsable como editor. Y así, publiqué hasta cuatro artículos:

1) El 22 de febrero de 2013 lo hice para presentar el título De cómo el Duende Flamenco se hizo Matemático, publicado en 1987, original del francés, experto en flamenco, Philippe Donnier.
2)  Dos días después, comenté algo del libro La Copla Flamenca y el Formalismo Ruso, también de 1987, cuyo autor era un viejo conocido mío convertido en flamencólogo desde su campo que era la Filología.
3) Pasados otros dos días, ya vamos por el 26 de febrero, les hablo del Flamenco decimonónico en Madrid, un tomito muy importante, publicado en 1989, bien acogido por los buenos investigadores flamencos actuales, del hispanista holandés Arie Sneeuw.
4) El día 20 de marzo del mismo 2013, en mi artículo Alcalá la Flamenca, les hablo del cuarto título de la referida Biblioteca, publicado en 1990.  Su autor no era del mundo académico, como los tres anteriores, sino un aficionado de base, un gitano alcalareño, amigo Manolo Ríos Vargas, al que la vida nos arrebató antes de tiempo.

Luego resultó que me paré antes de decirles a ustedes algo del quinto y último título de la citada Biblioteca y que parao sigo después de casi cuatro años. A lo peor mi parada fue porque entraba en liza la controvertida figura de Pepe Marchena. Les conté en una ocasión que, como consecuencia de mi bisoñez, en remotas épocas me hice "antimarchenista" e incluso llegué a manifestarlo por escrito(*). Luego, aconsejado por aficionados diversos de mi pueblo, fui rectificando progresivamente hasta convertirme en "marchenista" acérrimo. En este blog ha aparecido como mucha frecuencia el nombre del cantaor sevillano y siempre para glosarlo y reivindicarlo.

Pero, volviendo a mi labor editorial, situémosnos en los últimos meses del año 1990 para asistir al final de la misma. Ediciones Demófilo ya estaba desaparecida y mis circunstancias personales no me permitían prolongar la vida de Virgilio Márquez, Editor. Había que despedirse y yo quise hacerlo responsabilizándome de la edición de un precioso libro que me había mandado mi apreciado amigo Eugenio Cobo, saldando así mi deuda con don José Tejada Martín, brindando a todos sus seguidores esta
VIDA Y CANTE DEL NIÑO DE MARCHENA.
El prólogo lo firmó el recordado José Blas Vega y la cubierta, como las cuatro anteriores, la realizó Jacinto Lara.

Estamos a punto de cumplir los cuarenta años de la muerte de nuestro cantaor (4 de diciembre de 1976) y no he querido que pase la fecha sin que les hablara de este quinto y último título de la Biblioteca Virgilio Márquez de Temas Flamencos, último también de una etapa de mi vida en la que me dediqué a editar libros sobre Cante Flamenco.


(*) Véase el artículo Mi antimarchenismo: pecado de juventud que publiqué el 6 de junio de 2013. 

domingo, 27 de noviembre de 2016

1929: Los flamencos homenajean a los poetas MANUEL y ANTONIO MACHADO

¡Buenos poetas los dos hermanos! Les hablo de Manuel Machado Ruiz (Sevilla, 1874-Madrid, 1947) y Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875-Colliure, 1939), los mayores de los hijos de don Antonio Machado y Álvarez (Demófilo), el pionero en la difusión escrita de nuestros Cantes Flamencos. Grandes poetas, digo, que también se dedicaron, con firma conjunta, a escribir obras de teatro, una de ellas dedicada al flamenco, tema que tan bien conocían. Me refiero a La Lola se va los Puertos, que fue estrenada en el madrileño Teatro Fontalba el 8 de noviembre de 1929, figurando en su reparto la famosa Lola Membrives, Ricardo Puga, Luis Roses, Esperanza Ortiz y Amparo Astort (1).

La obra debió de caer bien entre los profesionales del flamenco, tanto que el día 27 de noviembre, hace hoy 87 años, le ofrecen en el Hotel Ritz un agradecido homenaje a los dos hermanos. El acto quedó fijado en esta foto que es una auténtica joya:
Bien arropados don Manuel y don Antonio por gente, entre otros, como Isabelita de Jerez, Mariquilla Ortega, Manolo de Badajoz, Guerrita, Ramón Montoya, Angelillo, Perico el del Lunar, Rengel, El Tupa, Acha Rovira, El Niño del Museo o Juanito Mojama (2). Con todos ellos les dejo, despidiéndome hoy con mis mejores saludos.


(1) Como tal obra teatral se siguió representando en múltiples ocasiones. En 1947 fue llevada al cine bajo dirección de Juan de Orduña y la participación de Juanita Reina, Manuel de Luna, María Isbert y Conrado Sanmartín. En 1993 vuelve a las pantallas, esta vez dirigida por la cordobesa Josefina Molina y Rocío Jurado, Paco Rabal y Sancho Gracia en el reparto. Por supuesto en libro existen muchas ediciones y entre las últimas debe estar la que yo mismo promoví en 1989 con un estudio/prólogo de Ortiz Nuevo y sello editorial de Virgilio Márquez.  

(2) Casi  todos los nombrados son tan conocidos que no precisan presentación. Mariquilla Ortega debe ser una cantaora, gaditana, de la misma saga que Caracol, que llegó a grabar con Manolo de Badajoz. Del Tupa lo ignoramos todo. Acha Rovira es el nombre artístico de Esmeraldo Acha, bailaor bilbaíno que emigró a Buenos Aires donde le nació un hijo que, con el mismo remoquete de Acha Rovira, triunfó como torero.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Luto en la Peña EL MIRABRÁS



Ayer mismo me enteré de que estaba muy malito, hoy me llama el común amigo Salvador Miranda para decirme que Juan Velasco se nos ha marchado. Gran aficionado y conversador polemista, buen poeta y buen orador, fue (hace cincuenta años) uno de los fundadores de la Peña El Mirabrás (1). En ella ejerció como presentador de todo tipo de eventos durante décadas, en ella disfrutó de tantos y tantos momentos flamencos siempre junto a sus amigos inseparables Manolo del Rosal y Salvador Miranda.  


He dicho que era poeta y en efecto, dejó varios libros publicados. Además, Juan componía letras de cante, algunas de las cuales las registró en disco el también peñista Pedro Obregón (2). Delicado en los gustos, veneraba entre otros cantaores al exquisito Bernardo el de los Lobitos. Nuestro mejor homenaje a Juan es seguir oyendo una y muchas veces al cantaor de Alcalá. Hasta siempre, amigo.

Malagueña de Gayarrito con Luis Maravilla (Los peces mueran de pena)

Alegrías con Manolo el Sevillano (Sale mi niña al balcón)

Soleares de Utrera con Luis Maravilla (Hice candela en un cerro)

Bulerías de Jerez co Manolo el Sevillano (Qué gustito yo he tenío)
Seguiriya con Ramón Montoya (Como sé que contigo)


(1) Así lo conté en mi artículo del día 4 de agosto de 2011. Además, fue quien le puso el nombre a la peña, como publiqué el 10 de agosto de 2011

(2) Por ejemplo, pulsen aquí y escucharán una de ellas.

viernes, 18 de noviembre de 2016

De nuevo EL BARBERO DE SEVILLA

El pasado 23 de octubre hablábamos de El Barbero de Sevilla, cantaor olvidado del gran público flamenco. Pedíamos datos sobre él, fotos, grabaciones. Poco hemos avanzado: un anónimo comentarista nos dice que había grabado dos vinilos de 45 r.p.m. en 1959 junto a Melchor de Marchena; un pariente y paisano suyo me dice que vive actualmente en Sevilla. Por los datos que tenemos, debe rondar los 80 años y parece que hace tiempo que se retiró del público. Consultado el experto en discografía flamenca, nuestro amigo Sergio García, éste me envía uno de los dos discos que antes cité. La portada del mismo está a nuestra izquierda y en ella podemos ver a Antonio Núñez Torres ataviado con traje de barbero. En la parte trasera podemos leer el contenido del otro disco:  
Soleares, Alegrías, Fandangos, Bulerías.
Si alguien lo tiene o sabe de otras grabaciones, tome contacto con nosotros. También insistimos en la búsqueda de datos biográficos y de fotografías. Mientras tanto, aquí tienen el disco que nos mandó Sergio:

01) Fandangos de Huelva (Con su vestío blanco y grana)


02) Tangos (El río Guadalquivir) (1)


03) Bulerías (Tú tienes sangre de moro)


04) Seguirillas (Como me muero) (2)



(1) El Barbero hace aquí una adaptación de la famosa Baladilla de los tres ríos de Federico García Lorca, poema que también fue musicado por Pepe Albaicín.

(2) La primera letra es una variante de la famosa copla decimonónica Cuando yo me muera, te dejo un encargo..., la misma que fue glosada por el entonces joven Juan Valera y que no supo interpretar el bueno de Félix Grande

jueves, 17 de noviembre de 2016

¿Comercializar el Flamenco supone necesariamente pérdida de pureza?

Un tema tópico en el mundillo flamenco (flamencólogos, artistas, aficionados) es la comercialización de nuestro arte y las supuestas consecuencias que ésta conlleva en la pérdida de pureza. En otra ocasión (10 de agosto de 2014) pusimos en nuestro blog una frase (para mí terrible) de un famoso escritor cordobés:
cualquier fuente de emoción se transforma en una fuente de ingresos y eso siempre amenazó el flamenco.
En ese mismo artículo, yo objetaba:
¿por qué esa condena tan frecuente a un flamenco comercial? ¿Es que quieren que los flamencos sigan analfabetos, nazcan en la pobreza y vivan con ella?


Pero, como decía al principio, esta cuestión se ha convertido en tópica. Son bastantes los tratadistas que de una u otro forma se han planteado un dilema para mí falso. Y hasta resultan repetitivos los adjetivos que esos autores dedican a los artistas que según ellos se han vendido a lo comercial.. Un ejemplo de cuanto digo es el texto que les ofrezco a continuación. Se habla de un gran artista flamenco y lo escribió hacia el año 2002 un reconocido flamencólogo. Advierto que he podado el texto para evitar nombrar al artista a que se refiere, a la vez que he omitido el nombre de su autor y el medio en que se publicó. Si, por casualidad, estas líneas que ahora escribo llegaran a dicho autor y éste me manifiesta que quiere que se dé su nombre, yo lo haré con sumo gusto. De momento, lean ustedes y saquen sus propias conclusiones:

Seguramente a él, como a otros intérpretes de su generación (nació en ...) la tentación del dinero fácil a cambio de pachangueo a destiempo y falsetas histéricas para consumo de turistas, le corrió por el cuerpo. Eran tiempos difíciles para el Flamenco. En realidad siempre lo ha sido, lo sigue siendo, para este arte tan justo y delicado, tan auténtico como revestido de dignidad, que cuenta la historia triste de un pueblo maltratado, el gitano-andaluz, que come un pan amargo por el que incluso le piden cuentas los planificadores de su desdicha: ""Desgraciaíto de aquel / que come el pan de mano ajena / siempre mirando a la cara / si la ponen mala o buena"".
La mayoría de ellos cedieron ante el empujón brutal del hambre y el desamparo, y abandonaron ese patrimonio jondo, que se llama así porque viene de lo más profundo del acontecer de nuestras gentes, para embarcarse en la historia de unas músicas facilonas y unas letras serviles y aduladoras, cuando no en la tarea de vestir a nuestro arte con unos faralaes de guardarropía a base de cuplés amañados y de fáciles calas en la sensibilidad gimoteante de una pequeña burguesía que disfrutó abrevando en las aguas turbulentas de aquel arte, a cambio de hacerlas más llevaderas para sus pesadas digestiones.
Pero hubo algunos que no. Al contrario, respondieron con orgullo al grito desgarrado de Tomás: ""En mi hambre mando yo"", para no someterse y continuar, a compás, narrando con el cante, el baile o la guitarra la verdadera historia de sus antepasados. Estos, los que resistieron, a pesar de ser más pobres, y menos valorados en su momento que aquella legión de ""Niños"", endomingados de lunares, que cantaban fandanguillos inconsistentes a los que le echaban de comer, son nuestros héroes, los ídolos a los que veneramos un grupo de aficionados que sabemos distinguir las voces verdaderas de los ecos mentirosos. Entre ellos destaca (...), a quien la (...) acaba de conceder (...) en un  acto en el cual (...) estuvo acompañado por un grupo reducido pero vigoroso, de flamencos de verdad.
Han estado ausentes los cantamañanas de los discos fáciles y la gestualidad impostada. Tampoco estaban sus mentores, esos que dicen sin el menor recato que el Flamenco, tal como lo hace (...) y algún otro loco, es un anacronismo. Pero daba igual. Ya lo dijo con emoción (...). Él llevaba colgado un escapulario que sus antepasados le impusieron, con un mensaje muy claro: ser transmisor de ese arte centenario, no dejar que los lobos que manejan el parné devoren el calcañar a los que que cabalgan sobre el flaco Rocinante de ilusiones y vivencias familiares. Sobre el pecho de (...) ese escapulario inexistente, sobre el que se instaló (...) el escudo más seguro para protegernos de tanta desvergüenza.    

lunes, 14 de noviembre de 2016

Escuchemos a CHOCOLATE

Envío al amigo almeriense Pedro Segura López que ayer llevó esta foto a las redes. .

Viendo la foto colocada a la derecha, tomada en uno de los conciertos flamencos que se celebraban en el madrileño Colegio Mayor San Juan Evangelista, se han agolpado en mi mente los recuerdos de las muchísimas veces que yo he disfrurado con el cante de Antonio Núñez Montoya, Chocolate (Jerez de la Frontera, 1930-Sevilla, 2005).


Mi primer recuerdo se remonta a la primavera de 1962, cuando en esta Córdoba de mis amores, se celebró el Concurso de la Llave de Oro (La 'Llave' que abrió la historia, según la hiperbólica expresión del crítico Manuel Martín Martín). Entonces, en la Plaza de la Corredera, tuve ocasión de escuchar a Platerito de Alcalá, Fosforito, Chocolate, Juan Varea y Antonio Mairena. El vencedor, como todos ustedes saben y ya lo sabíamos todos en Córdoba semanas antes del concurso, fue don Antonio Mairena, cantaor que, junto a Platerito y Chocolate, escuchaba por vez primera en mi vida. Si les digo la verdad, quien más me impactó de los cinco fue el renegrío gitano de Jerez, tanto que desde entonces se convirtió en uno de mis artistas favoritos.

No voy a hacer para ustedes ningún bosquejo biográfico ni ningún panegírico. Simplemente les voy a invitar a que me acompañen escuchando algunas de sus grabaciones (1).

01) Año 1963, Seguirillas acompañadas por Paco Aguilera (Dios mandó el remedio)


02) Año 1964, Soleares con Melchor de Marchena (Tengo una Virgen en mi casa)


03) Año 1968, Fandangos con Antonio de Sanlúcar (Que presume de saber


04) Año 1969, Seguirillas con Melchor de Marchena (A clavo y canela


05) Año 1969, Serranas con Melchor de Marchena (Está nevando)

06) Año 1969, Tarantos con Melchor de Marchena (El alcalde Guadix)


07) Año 1972, Soleares de Triana con Eduardo el de la Malena (Ni tu pare ni tu mare)


08) Año 1972, Bulerías con Eduardo el de la Malena (Yo se pedí a Undebel)


09) Año 1973, Martinetes con El Poeta (El anillo que me diste)


10) Año 1975, Malagueña y Verdial con Rafael Mendiola (En mi pecho un corazón)

11) Año 1989, Seguirillas con Juan Habichuela (Llamadme a mi Dios)


(1) Si pulsan en esta fecha (21-enero-2014) podrán oírle otras soleares. También otros fandangos pulsando aquí (27-enero-2012)

domingo, 13 de noviembre de 2016

MORENTE cantando a COHEN

El viernes día 11 nos despertamos con la triste noticia de la muerte de Leonard Cohen,  poeta y cantante,  nacido en Montreal el 21 de septiembre de 1934. Unas horas después supimos que en realidad había muerto el lunes (o sea, el 7 de noviembre de 2016) en su casa de Los Ángeles (Estados Unidos) y que ya había sido enterrado en Canadá en su ciudad natal.

Hace años, en uno de mis encuentros con mi amigo Enrique Morente, éste me habló de él y me recomendó que buscara sus discos. La verdad es que ya lo había oído pero en una sola canción incluida en un vinilo colectivo (1) y me bastaron las palabras de Enrique para que buscara tres o cuatro álbumes del cantante canadiense. No me decepcionaron y desde entonces he sido amante y seguidor de su música.

Cuando el día 21 de octubre de 2011 le entregaron el premio Príncipe de Asturias de las Letras, Leonard Cohen hizo un discurso precioso. A muchos nos sorprendió esto que contó: Estaba preparando su viaje a España para recoger el premio y ...

Mientras hacía el equipaje, cogí mi guitarra. Tengo una guitarra Conde (2) que está hecha en el gran taller de la calle Gravina, 7, en España. Es un instrumento que adquirí hace más de 40 años. La saqué de la caja, la alcé, y era como si estuviera llena de helio, era muy ligera. Y me la acerqué a la cara, miré de cerca el rosetón, tan bellamente diseñado, y aspiré la fragancia de la madera viva. Ya saben que la madera nunca llega a morir. Y olí la fragancia del cedro, tan fresco como si fuera el primer día, cuando la compré. Y una voz parecía decirme: «Eres un hombre viejo y no has dado las gracias, no has devuelto tu gratitud a la tierra de donde surgió esta fragancia». Así que vengo hoy, aquí, esta noche, a agradecer a la tierra y al alma de este pueblo que me ha dado tanto. Porque sé que un hombre no es un carnet de identidad y un país no es solo la calificación de su deuda.

Ustedes saben de mi profunda conexión y confraternización con el poeta Federico García Lorca. Puedo decir que cuando era joven, un adolescente, y buscaba una voz en mí, estudié a los poetas ingleses y conocí bien su obra y copié sus estilos, pero no encontraba mi voz. Solamente cuando leí, aunque traducidas, las obras de Federico García Lorca, comprendí que tenía una voz. No es que haya copiado su voz, yo no me atrevería a hacer eso. Pero me dio permiso para encontrar una voz, para ubicar una voz, es decir, para ubicar el yo, un yo que no está del todo terminado, que lucha por su propia existencia. Y conforme me iba haciendo mayor comprendí que con esa voz venían enseñanzas. ¿Qué enseñanzas eran esas? Nunca lamentarnos gratuitamente. Y si uno quiere expresar la grande e inevitable derrota que nos espera a todos, tiene que hacerlo dentro de los límites estrictos de la dignidad y de la belleza.

Y entonces ya tenía una voz, pero no tenía el instrumento para expresarla, no tenía una canción.

Y ahora voy a contarles muy brevemente la historia de cómo conseguí mi canción.

Porque era un guitarrista mediocre, aporreaba la guitarra, solo sabía unos cuantos acordes. Me sentaba con mis amigos, mis colegas, bebiendo y cantando canciones, pero en mil años nunca me vi a mí mismo como músico o como cantante.

Pero un día, a principios de los 60, estaba de visita en casa de mi madre en Montreal. Su casa está junto a un parque y en el parque hay una pista de tenis y allí va mucha gente a ver a los jóvenes tenistas disfrutar de su deporte. Fui a ese parque, que conocía de mi infancia, y había un joven tocando la guitarra. Tocaba una guitarra flamenca y estaba rodeado de dos o tres chicas y chicos que le escuchaban. Y me encantó cómo tocaba. Había algo en su manera de tocar que me cautivó. Yo quería tocar así y sabía que nunca sería capaz.

Así que me senté allí un rato con los que le escuchaban y cuando se hizo un silencio, un silencio apropiado, le pregunté si me daría clases de guitarra. Era un joven de España, y solo podíamos entendernos en un poquito de francés, él no hablaba inglés. Y accedió a darme clases de guitarra. Le señalé la casa de mi madre, que se veía desde las pistas de tenis, quedamos y establecimos el precio de las clases.

Vino a casa de mi madre al día siguiente y dijo: «Déjame oírte tocar algo». Yo intenté tocar algo, y él dijo: «No tienes ni idea de cómo tocar, ¿verdad?». Yo le dije: «No, la verdad es que no sé tocar». «En primer lugar déjame que afine la guitarra, porque está desafinada», dijo él. Cogió la guitarra y la afinó. Y dijo: «No es una mala guitarra». No era la Conde, pero no era una guitarra mala. Me la devolvió y dijo: «Toca ahora». No pude tocar mejor, la verdad.

Me dijo: «Deja que te enseñe algunos acordes». Y cogió la guitarra y produjo un sonido con aquella guitarra que yo jamás había oído. Y tocó una secuencia de acordes en trémolo, y dijo: «Ahora hazlo tú». Yo respondí: «No hay duda alguna de que no sé hacerlo». Y él dijo: «Déjame que ponga tus dedos en los trastes», y lo hizo «y ahora toca», volvió a decir. Fue un desastre. «Volveré mañana», me dijo.

Volvió al día siguiente, me puso las manos en la guitarra, la colocó en mi regazo, de manera adecuada, y empecé otra vez con esos seis acordes –una progresión de seis acordes en la que se basan muchas canciones flamencas–. Lo hice un poco mejor ese día. Al tercer día la cosa, de alguna, manera mejoró. Yo ya sabía los acordes. Y sabía que aunque no podía coordinar los dedos para producir el trémolo correcto, conocía los acordes, los sabía muy, muy bien.

Al día siguiente no vino, él no vino. Yo tenía el número de la pensión en la que se hospedaba en Montreal. Llamé por teléfono para ver por qué no había venido a la cita y me dijeron que se había quitado la vida, que se había suicidado. 

Yo no sabía nada de aquel hombre. No sabía de qué parte de España procedía. Desconocía porqué había venido a Montreal, porqué se quedó allí. No sabía porqué estaba en aquella pista de tenis. No tenía ni idea de porqué se había quitado la vida. Estaba muy triste, evidentemente.

Pero ahora desvelo algo que nunca había contado en público. Esos seis acordes, esa pauta de sonido de la guitarra han sido la base de todas mis canciones y de toda mi música. Y ahora podrán comenzar a entender las dimensiones de mi gratitud a este país.

Todo lo que han encontrado de bueno en mi trabajo, en mi obra, viene de este lugar. Todo lo que ustedes han encontrado de bueno en mis canciones y en mi poesía está inspirado por esta tierra.

 Y, por tanto, les agradezco enormemente esta cálida hospitalidad que han mostrado a mi obra, porque es realmente suya, y ustedes me han permitido añadir mi firma al final de la página. 

Volvamos a mi conversación con Morente para añadir que me había dicho que estaba interesado en grabar alguna cosa de Cohen. Así ocurrió y cuando en 1996 salió al mercado su monumental álbum titulado Omega (3) nos encontramos conque cuatro de los trece temas registrados llevaban música de Leonard Cohen. Naturalmente, Enrique los canta en lengua castellana para lo que se valió del traductor catalán, especialista en Cohen, Alberto Manzano. Con tales temas os dejo hasta otra día.

1) Pequeño vals vienés

2) Manhattan

3) Sacerdotes

4) Hallelujah nº 2


(1) Sea trata del disco Poetas en Nueva York, editado en 1986, donde se recogen textos de García Lorca musicados por diversos canta-autores. Cohen participaba con la canción Take this walz, versión del poema Pequeño vals vienés.

(2) Se refiere al taller que había montado el constructor de guitarras Domingo Esteso, dos de cuyos discípulos y sobrinos, Faustino y Mariano Conde, continuaron su labor, a su vez mantenida por Felipe Conde, hijo de Mariano. De ese taller han salido guitarras para Manolo de Huelva, Melchor de Marchena, Sabicas, Niño Ricardo, Paco de Lucía, Rafael Riqueni y muchos guitarristas flamencos más a los que se unen artistas de otros géneros como Regino Sáinz de la Maza, Ad Di Meola, Bob Dylan, John Williams, Cat Stevens o el propio Leonard Cohen.

(3) Obra hecha en colaboración con el grupo de rock Lagartija Nick. Aparecen guitarristas como Isidro Muñoz, Cañizares, Tomatito, Montoyita o Vicente Amigo. La familia Morente interviene como segunda voz, coros o palmas.

martes, 8 de noviembre de 2016

Noche Flamenca en EL MIRABRÁS (27 de junio de 1998)

Hace unos días les comentaba en qué consistían las Noches Flamencas de la Peña El Mirabrás y les recordaba la acaecida en el día 26 de julio de 2008. La primera de las dos que se celebraron diez años antes, o sea en 1998, contó sólo con dos cantaores, José Fuentes (1) y Cancanilla de Marbella (2), acompañados por el guitarrista José María Molero. Ambos cantaron fandangos aquella noche, los mismos que recogí para mi Museo del Fandango: los de Fuentes los publiqué el día 19 de marzo de 2012  y los de Cancanilla el 16 de febrero de 2012.

Me limito ahora a dejarles algunos cantes más de los que se oyeron aquella noche:

1) Seguirillas por José Fuentes:

2) Cancanilla por cantiñas:
3) Cantes mineros por José Fuentes:

4) Cancanilla canta soleá por bulerías:



(1) José María Fuentes Luna nació en Fernán Núñez (Córdoba) el 8 de enero de 1952. Nos dejó el 16 de enero de 2011.

(2) Sebastián Heredia Santiago nació en Marbella (Málaga) en el año 1951. De unos años a esta parte se hace nombrar como Cancanilla de Málaga.

lunes, 7 de noviembre de 2016

María de GRACIA Jiménez Zayas, una cantaora DE TRIANA

Trasteando por estos mundos de las redes cibernéticas, me encuentro con una cita del novelista Álvaro Retana (1) referida a la cupletista Gracia de Triana (2). Fue en 1964 y dice literalmente:



La estrella folklórica más enterada de lo que es el cante jondo. Domina todos los estilos, porque los fue aprendiendo desde los diez años, en que, según declaración suya, empezó a ganarse la vida cantando flamenco para los buenos aficionados. De tasca en tasca, de colmao en colmao, que es donde puede hallarse alternando a los pontífices del género. Gracita, niña, hubo de ir en busca del pan cotidiano, y oyendo a los grandes maestros, llegó a serlo también ella.


Estas afirmaciones parecen chocar con la idea muy generalizada que la ubican únicamente en la órbita de las cupletistas, opinión que es la que yo conservo de mi niñez. Sin embargo, en años recientes tuvimos ocasión (vean mi artículo del 4 de marzo de 2014) de escucharle unos fandangos, acompañados por Manolo de Badajoz, que no importa repetir ahora:

¿Fandangos? Sí, fandangos camperos, la misma melodía que debió de aprender de Pepe Pinto quien la había grabado en 1935 con el nombre de Pinteras, o, si se quiere, la melodía que años después registró Pastora Pavón con el rótulo de bamberas. Después de este cante, también la escuchamos el día 10 de febrero de 2016 cantando por saetas y, finalmente, el 15 de marzo de 2016 haciendo unas tarantas de Linares.  Son tres muestras para demostrar que efectivamente Gracia de Triana era cantaora, por mucho que la flamencología al uso prácticamente la haya ignorado. En nuestro afán de reivindicar su voz, hemos buscado y hemos encontrado material para ofrecerles a ustedes un pequeño recital flamenco

1) Fandangos acompañados por Miguel Borrull, La gente se me reía:

2) Malagueña con la guitarra de Niño Ricardo en 1946, Pero más te quiero a ti:

3) Cuplé por Bulerías, Cómo reluce Triana (3):

4) Alegrías acompañadas en 1944 por Paco Aguilera, El agua y no la aminoro:

5) Caracoles con la guitarra de Antonio Linares en 1957, La gran calle de Alcalá:

6) Soleares de Triana de 1957 con Antonio Linares: Me lo crucificó el río:



(1) Álvaro Retana Ramírez de Arellano, nacido en Filipinas en 1890, de familia noble, fue novelista, dibujante, músico, modisto y letrista de cuplés. Homosexual y libertino, auténtico maestro de la literatura ambigua, fue un adelantado en muchas cosas. Procesado durante la dictadura de Primo de Rivera, en la guerra del 36-39 se unió a la causa obrera y al final de la contienda fue detenido por rojo y mariquita, siendo condenado a muerte, si bien la pena se le conmutó por cárcel gracias a la intervención nada más y nada menos que del Papa Pío XII. En 1948 salió de la cárcel aunque perdiendo su plaza de funcionario en el Tribunal de Cuentas. Murió en Torrejón de Ardoz en 1970.

(2) María de Gracia Jiménez Zayas, nacida en Sevilla el 26 de enero de 1919. Murió en Madrid el 13 de enero de 1989.

(3) Este tema es original del letrista Hermenegildo Montes quien lo compuso expresamente para Gracia de Triana, poniéndole la música Benito Ulecia. Algo después fue grabado por el reconocido maestro Antonio Mairena.