Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

martes, 22 de mayo de 2012

Tocino frito a media noche




A la espalda del patio de "La Hermandad" había como un pequeño apartamento (servicio, cocina y un par de habitaciones) que llamábamos "La casa del guarda". Una época me dio por dormir en ella y he aquí que una noche (serían las dos o las tres) me despiertan desde la ventana. Era Luis Florit, "El Portero del Infierno", al que me faltó tiempo para mandarlo a paseo. Pero se oían otras voces hasta que distingo:



- Andrés, que soy yo, Rafael Romero, que venimos de Zambra a hacerte una visita.
De perdío al río, me levanté y me los encuentro a los dos en el patio junto a Perico del Lunar.
- Ná, tomamos una copita y nos vamos.
Como siempre teníamos vino tinto, por ahí no había problema pero al rato dice el de Castellón:
- Alguna tapilla tendrás, ¿no?
Con el ruido se había despertado mi compadre Salvador de Toro que se incorporó a la reunión. Como él era el experto en cocina, le consulto y me dice:
- Que no hay ná, que la nevera está vacía. ¿No te acuerdas que mañana nos tocaba compra? Lo único que hay es un taco de tocino y un pedazo de pan. Espera, que voy a hacer unos torreznos.
Así fue. Troceó el tocino, lo puso a freír y ¡plato servido! Plato que al momento quedó como una patena de limpio.
- Está bueno esto, decía Rafael con el asentimiento de los otros dos visitantes.
Charlamos un rato hasta que el de Andújar le pidió a Luis que los llevara a sus casas. Por mi parte, mientras volvía a domirme, me acordé que en algún lado había leído aquello de que "los flamencos no comen". Aquella noche, cuando menos, el dicho se hizo realidad.

sábado, 19 de mayo de 2012

Pepe "El Culturas"

Mis amigos en la afición flamenca me van a permitir que hoy hable de un personaje que, como su mote indica, estaba ligado al mundo de la cultura aunque para nada al flamenco. Terminaba la década de los sesenta cuando todas las noches montaba su tingladillo de librero ambulante allá por la acera derecha, conforme bajábamos hacia la Plaza de España, de la calle Princesa, un par de esquinas antes de llegar a la de Marqués de Urquijo. La clientela ya se puede suponer que eran los universitarios que tanto frecuentábamos el barrio de Argüelles. Una exposición mínima en una mesita y unos cajetones de cartón (su almacen) debajo de la misma. Generalmente vendía por encargo:
-Pepe, necesito que me busques la "Residencia en tierra" de Neruda.
Al día siguiente volvías, metía la mano en sus cajas, disimuladamente te ponía el libro en tu bolsillo y te cobraba:
-Setenta pesetas, por ser tú.
Naturalmente se trataba de libros prohibidos por la censura de la época, generalmente editados por "Losada" de Buenos Aires.
Gracias a este Pepe mucha gente de mi generación pudimos leer no sólo a Neruda sino también a César Vallejo, Nicolás Guillén, Pedro Garfias, León Felipe, etcétera, así como parte de la obra de Antonio Machado, Miguel Hernández o García Lorca. Su nombre volverá a aparecer en este blog.
Mientras tanto, amigos lectores, les dejo que escuchen unas inigualables granadinas de corte chaconiano que Morente había aprendido a través de Bernardo el de los Lobitos

martes, 15 de mayo de 2012

De cómo nació "La Hermandad"

Instalados desde septiembre de 1969 en nuestra nueva vivienda de Levante, 28, hay que decir que ésta se convirtió en polo de atracción para muchos de los excolegiales del San Juan, empezando por el que había sido nuestro director, don Jesús Cobeta, que nos visitaba con frecuencia y que, en su afán culturalista, nos decía que podíamos aprovechar la casa hasta para hacer pequeñas representaciones teatrales. Otros se nos convirtieron en "medio pensionistas", como era el caso de José Luis Ortiz Nuevo, detenido entonces por sus actividades políticas anti-régimen y que había logrado que le cambiasen la cárcel por una residencia siquiátrica en la que le permitían salir los fines de semana, días en que vivía con nosotros.  Otro asiduo era Luis Florit, castellonense y estudiante de Económicas, amante del jazz pero que se había aficionado al flamenco,  juerguista empedernido al que el cantaor Rafael Romero bautizó como "El Portero del Infierno".

Yo seguía siendo visitante asiduo del tablao Zambra. Conmigo se hicieron clientes del mismo casi todos los habitantes y visitantes del chalet. Muchos domingos, día en que los artistas descansaban, organizábamos comidas a las que solían acudir el nombrado Rafael Romero pero también Juan Varea, Perico el del Lunar (Hijo) y Enrique Morente, junto al periodista Paco Almazán, que escribía sobre flamenco en la revista "Triunfo", y el dibujante sevillano Juanito Martínez que vivía de hacer caricaturas.  No exagero si afirmo que todos ellos se encontraban a gusto en nuestra casa. Tanto que Morente empezó a nombrarla como La Hermandad y con ese remoquete se quedó.

Se me agolpan los recuerdos, pero quisiera hacer un esfuerzo por dosificarlos. Ocasión habrá de volver a ellos. Les dejo con un cante por tonás que había grabado Rafael Romero en el año 1957:

miércoles, 9 de mayo de 2012

Cantando por Fandangos (II), ¿Luisa Requejo o La Trinitaria?

En mi blog "Cantando por fandangos" incluí el pasado 14 de febrero uno de la cantaora jerezana Luisa Requejo. A través de Ivoox.com, programa en el que yo proceso las grabaciones que luego traslado al blog, me llegó el 29 de abril un comentario que dice literalmente
Andresito, la que canta es la Trinitaria, no Luisa Requejo.
La firma es anónima y hay algo que me choca: que me nombre en diminutivo, cosa inusual entre mis familiares y mis amigos. No tiene importancia, pero sí que no haya dado más datos ni haya dejado manera de contactar con él. Y lo digo porque me gustaría aclararme. En efecto, en otro artículo de este cuaderno, ya he comentado que la colección de discos compactos Cátedra del Cante está plagada de errores. Y fue de esta colección de la que yo cogí el fandango de Luisa Requejo. Podría, pues, ser un error más... 

De la gitana Luisa sabemos muy poco. También sabemos poco de la malagueña La Trinitaria. Ni siquiera su nombre exacto: ¿Emilia Cabello o Esperanza Cabello? Se sabe que fue hermana de la flamenca, pero sobre todo cupletista, Lola Cabello, así como que se casó con el guitarrista Alfonso Aguilera, que nació a principio del siglo XX y debió de morir por los años cuarenta. Sabemos que dejó grabaciones y, antes de seguir, vamos a oírla por fandangos, acompañada por su marido.


Para que comparen, vuelvo a insertar el cante que los responsables de la "Cátedra del Cante" atribuyen a Luisa Requejo:


Me consta que entre la gente que lee mis articulillos hay muchos cuyos merecimientos y, más todavía, conocimientos sobrepasan a los del simple aficionado que suscribe. Ayúdenme entre todos a clarificar estas dudas. La afición se lo merece y se lo aplaudirán. Ya vale con que la etapa de la historia flamenca comprendida entre 1750 y 1900 esté llena de lagunas (pese a los esfuerzos de "arqueólogos" como Blas Vega, Martín Barbadillo, Ortiz Nuevo, Bohórquez, Faustino Núñez, Antonio Barberán, Alberto Rodríguez y otros). Lo que no tiene perdón de Dios es que esas mismas lagunas las tengamos con artistas que nacieron y murieron en el siglo XX.

sábado, 5 de mayo de 2012

Con la música a otro lao

A mi compadre Salvador de Torro Ariza.

Después de tres años viviendo allí, en julio de 1969 (véase mi artículo Primera crisis en el San Juan Evangelista) abandoné el colegio mayor. ¿Cuál sería mi nueva residencia? A través de la novia de Tito conseguí que un pariente suyo nos alquilara un viejo chalet en la Colonia de la Paz del antiguo pueblo de Chamartín, muy cerca de la actual estación del mismo nombre y en zona limítrofe con el famoso colegio de los jesuítas. Calle Levante, número 28. Pequeño jardín, vivienda en dos plantas, patio posterior con unas habitaciones al fondo a las que llamaban "la casa del guarda".

Allí fui a parar con mi querido amigo y paisano Salvador de Toro Ariza, maestro en ejercicio y estudiante entonces de la recién creada Licenciatura en Sicología. También, desde el primer día, se estableció en la casa otro represaliado del San Juan: Francisco Gutiérrez Carbajo, cacereño que se había licenciado en Filosofía. Como disponíamos de bastantes habitaciones, se fueron incorporando otros que también procedían del Colegio Mayor: el matemático murciano Gabriel Vera Boti y los Ingenieros de Minas Paco Hidalgo Aznar, de Llerena (Badajoz), el aragonés José Mari Lanaja del Busto y el pamplonica Manolo Arana Oroquieta, además de otros que no reseño porque sólo vivieron allí temporadas cortas. Aquella pequeña sucursal de exiliados del San Juan funcionaba en plan de "comuna" y en tan buena armonía que en los dos años en que duró la experiencia no hubo entre nosotros ningún atisbo de desavenencia.

En el traslado ocurrió aquello que cantábamos en mi pueblo cuando niños: Vámonos de aquí, con la música a otro lao, vámonos de aquí, que aquí nos han espachao. Gabrielito Vera con su magnetófono Grundig y yo con mi tocadiscos. Clásica, jazz, pero, sobre todo, flamenco. Instalados los cacharros en el salón estaban a disposición de todos y prácticamente estaban sonando a todas horas. Por ejemplo, recién salida al mercado, no nos cansábamos de oír esta grabación con la que les dejo hasta otro ratillo: