Visitando mi cuaderno Cantando por Fandangos, ahora convertido en EL MUSEO DEL FANDANGO, podrán elegir entre doscientos cincuenta (250) artistas distintos para escuchar este estilo de cante.

martes, 31 de enero de 2012

Rosalía de Triana

Gracias a la gran afición del maestro don Antonio Mairena, bastantes artistas flamencos fueron rescatados de "habitar en el olvido", dejando su voz registrada en disco. El otro día hablábamos de Tía Anica la Periñaca. Vamos hoy con una segunda figura.

Gitana y cantaora, Rosalía Ortiz Aguado nace y muere en Sevilla en 1905 y 1973, respectivamente. De su barrio natal toma el nombre artístico y pasa a la historia como Rosalía de Triana. Se inició en los cafés cantantes de Sevilla donde cantó para bailaoras de la talla de una Macarrona o de una Malena. También anduvo por los cafés de Madrid y Barcelona. Sin embargo y sobre todo, Rosalía fue artista de reuniones privadas en su propia ciudad. Antonio Mairena la llamó para participar en su Antología del Cante Flamenco y del Cante Gitano (Columbia, 1965). Junto a Pepe Torres y al propio Mairena, grabó cantes sin guitarra. Acompañada por Juan Moreno hizo Bulerías al Golpe; con su hermano mayor, Manuel Morao, registró Tangos de Triana y Bulerías por Soleá. Particularmente siento predilección por éstas. Oigan qué maravilla de cante.

miércoles, 25 de enero de 2012

Manuel Ávila


Envío al granaíno Arturo Fernández Maldonado.

En octubre de 1963 me incorporo como alumno a la Universidad Complutense de Madrid. Matriculado en el segundo año de la Licenciatura en Ciencias Matemáticas, llegué sin conocer la ciudad y sin conocer a nadie, salvo un par de compañeros que ya lo habían sido el curso anterior en la Universidad de Sevilla. Bastaron unas semanas para que trabara bastantes amistades, entre ellas la del donostiarra Pepe Ugarte, algo mayor pues ya antes había hecho los estudios de Profesor Mercantil, el cual había participado durante el verano en unas "Campañas de Alfabetización" que organizaba el SEU teniendo como destino el pueblo granadino de Montefrío. Conocedor de mi afición al cante, un día me cuenta:
-Mira, Andrés, a mí no me gustaba el flamenco pero en ese pueblo le cogí afición. Había un carnicero que se pasaba los días enteros cantando, lo mismo en el trabajo que luego en las tabernas. Se llamaba Manuel Ávila.
Fue la primera vez en mi vida que oí el nombre de este cantaor. En efecto, Manuel Ávila Rodríguez nació en el pueblo citado el día 2 de septiembre de 1912. También moriría en él el 12 de mayo de 1993.


Dicen que se crió entre su casa y la de una tía suya que cantaba malagueñas. Su padre y los hermanos de éste también cantaban. Con ellos se iba al campo y aprendía sus cantes. Sus primeras actuaciones fueron en bodas. Asistía a cuanto espectáculo pasaba por su pueblo: la Niña de los Peines, Pepe Pinto, Valderrama y el Niño de la Huerta. Oyéndolos se impregnaba de su arte, fundamentalmente del último citado con el que llegó a a cantar más adelante. En 1949, 1950 y 1951 queda finalista del concurso "Fiesta en el aire" de Radio Nacional de España. A raíz de ello le ofertaron contratos, pero el de Montefrío prefirió su libertad antes que someterse a estas obligaciones. Lo que sí hizo fue seguir concursando y, todavía en 1951, encontramos su nombre en una competición celebrada en la capital granadina, consiguiendo un segundo premio. Es curioso que junto a él concursaron varios cantaores que después llegaron a grabar, como, por ejemplo, "El Niño de las Almendras", "El Niño de Osuna" o Victorino de Pinos Puente. Esa misma noche, como complemento al concurso, hubo baile, actuando entre otros un jovencísimo Juanito Carmona "El Habichuela". Les suena el nombre, ¿verdad?

A la vez que trabajaba bien en el campo, bien en la carnicería de su pueblo, siguió frecuentando concursos y cosechando triunfos. Cabe señalar, por su importancia, que fue uno de los premiados en Jerez en 1962, reconocido en el Nacional de Córdoba de 1965 con el premio por granaínas y varias veces finalista en La Unión, donde recibió la "Lámpara Minera" en 1983. Para mí experiencia personal, porque lo escuché en directo, quedan los concursos de Cabra, de Montilla y de Fernán Núñez. En mi pueblo nos cantó unas serranas cuyo recuerdo aún me sigue estremeciendo. Hombre enjuto, nervioso, Manuel era un apasionado del cante, un enamorao. No vivía del cante, pero sí vivía para el cante. Sabía y disfrutaba con todos los estilos, no sólo con los levantinos como algunos han dicho de él.

Durante unos años vivió la emigración en Cataluña, en cuyas peñas dejó muy buen recuerdo, pero volvió a su pueblo donde en 1984 recibió un justo y multitudinario homenaje. Dejó bastantes grabaciones y, para terminar, yo les traigo unas mineras donde le acompaña el guitarrista Francisco Manuel Díaz. Como decimos en mi tierra: Que ustedes, vosotros, lo disfrutéis.

martes, 24 de enero de 2012

Poniéndole el año a "Un baile en Triana"


En los años ochenta del siglo pasado, buscando hueco entre mis obligaciones, tanto familiares como profesionales, yo aún me dedicaba a editar libros sobre Flamenco. Contaba con el apoyo de mi pariente Virgilio Márquez y mi querido vecino Ricardo Sánchez para atender todo: seleccionar textos, buscar imprentas, hacer publicidad y vender...

En 1984 decidimos editar por suelto dos de las "Escenas Andaluzas" que en 1847 publicara Serafín Estébanez Calderón, El Solitario, nacido en Málaga el 27 de diciembre de 1799 y muerto en Madrid el 5 de febrero de 1867. Se trataba de aquéllas en que aparecían dos de los patriarcas del que poco después fue bautizado como "Cante Flamenco". Los títulos eran Un baile en Triana y Asamblea General; los cantaores se llamaban El Planeta y El Fillo.

El librito se publicó con mi sello "Virgilio Márquez, Editor" y el prólogo salió de mi pluma. En él se deslizó un error que aún hoy no me perdono. Me dio por escribir lo siguiente:

Porque en el débil sustento de la historia del flamenco matizar una fecha puede aportar alguna luz, debemos señalar, no obstante, que una y otra fueron escritas con anterioridad. Concretamente, Un baile en Triana, se publicó en Cartas Españolas en la temprana fecha de 1831; Asamblea General, la segunda de nuestras escenas, aparece en las páginas de El siglo pintoresco en noviembre de 1845.

José Blas Vega, autoridad reconocida en esta materia, aclaró en 1995 que Un baile en Triana se publicó por primera vez en el Álbum del Imparcial en 1842 y que Asamblea General lo hizo en El siglo pintoresco en 1845. Es decir, que yo había equivocado la primera fecha, adelantándola en 11 años. El error se propagó (parece paradójico pero es así: los errores corren más que las verdades...) y todavía en 2001, en un epílogo al libro Recuerdos y confesiones del cantaor Rafael Pareja de Triana, Romualdo Molina me adjudica la fecha de 1831, si bien más adelante dice que la mayoría de autores se inclinan por otra cercana a 1847.

Les cuento de dónde provenía mi error. En la página 127 del libro Teoría Romántica del Cante Flamenco (Editora Nacional, Madrid, 1976) de Luis Lavaur, puede leerse lo siguiente:

"Estos bailes andaluces siempre mueven y fijan la atención del extrangero."
S. ESTÉBANEZ CALDERÓN, "Escenas andaluzas", 1831 (Un baile en Triana).

Y yo me lo creí. Ahora cabe preguntarse cómo Lavaur, generalmente bien informado y cuyo citado libro recomiendo a todos, erró a su vez. En 1831, Estébanez, junto a Mesonero Romanos, fundan la revista Cartas Españolas, dedicada a la literatura costumbrista, y en ella el malagueño publicó varios relatos, como "Pulpete y Balbeja", "La rifa", "El bolero", que después se recogerían en su libro Escenas Andaluzas de 1847. Posiblemente Lavaur creyese que entre las publicadas figuraba Un baile en Triana.

Releyendo el texto, vemos que, cuando se celebró esta fiesta en Triana, Estébanez vivía en Sevilla. Esto no pudo ser antes de 1838 y sí en este año en que don Serafín ejerció en ella el cargo de Jefe Político, vamos de lo que después se llamó Gobernador Civil, o sea que era el Poncio del momento. Y sólo en ese año porque en diciembre las convulsiones políticas en Madrid obligaron a Estébanez a salir de la ciudad poco menos "a la estampía...", y, en el resto de su vida, no volvió a vivir en la capital bética.

Queda, pues, claro que, aunque se publicara por primera vez en 1842, la fiesta que dio lugar a este escrito se celebró en 1838. Fijar esta fecha es importante porque ayudará a dilucidar una cuestión ahora candente relativa a quién era el tan nombrado Fillo. Los investigadores hablan de dos posibles Fillos, hermanos entre sí, y se trata de averiguar cuál de los dos estuvo en esa fiesta con el Planeta y pasó a la historia con tal nombre.

Fuere el que fuere, la tradición sigue hablando de un Planeta y de un Fillo. Nosotros vamos a recordar lo que se tiene por cantes que ellos crearon. Pepe Torres, acompañado por Melchor de Marchena, hace la siguiriya del Planeta, mientras que José Menese, con Perico del Lunar, nos recuerda la del Fillo.

miércoles, 18 de enero de 2012

La "Historia" de Álvarez Caballero

Los que, para conformar su cerebro, tuvieron que mamar de la teta de la Ciencia, siempre fueron hostiles a las frases categóricas, a las afirmaciones superlativas. Por eso, este escribidor, que ejerció largo tiempo como pinche de la Matemática, manifestó en este mismo blog sus críticas al poeta Félix Grande o al periodista Alfredo Grimaldos (véanse mis artículos Los cantaores generales según Félix Grande y Caballero Bonald, ¿el más completo de nuestros escritores actuales?, publicados, respectivamente, el 16-8-2011 y el 2-1-2012).


Hoy tengo en mis manos el libro Historia del Cante Flamenco (Alianza Editorial, Madrid, 1981) de Ángel Álvarez Caballero (Valladolid, 1928), quien durante muchos años hizo la crítica flamenca para el diario El País. Cuando lo leí por primera vez, recién aparecido en el mercado, me quedé tal cual, quiero decir, que no tuve conciencia de haber aprendido nada nuevo. Si acaso, el libro me pareció un buen "refrito" de lo que en años anteriores nos habían contado los pontífices de la flamencología: Ricardo Molina, Fernando Quiñones, Caballero Bonald, Félix Grande... Gitanista, como todos los nombrados, arrastró los muchos errores de sus antecesores. Efectivamente, la Historia de Álvarez Caballero no dejaba de ser su particular Historia.

Aplazamos para otro día el comentar ciertos capítulos de este libro y volvemos a lo de las "frases categóricas" o las "afirmaciones superlativas". En la página 232, hablando de Anica la Piriñaca, don Ángel nos dice:

Puede asegurarse sin la menor vacilación: en la historia del cante no ha habido una voz de mujer que mejor haya sabido expresar y transmitir la siguiriya gitana.

Hace poco hablaba yo en este cuaderno de la cantaora de Jerez, para la que tengo todo mi respeto y toda mi simpatía pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Claro que uno ya no se asusta de ná: hace poco me contaba en un correo un amigo sevillano, que sabe y mucho de cante, que el madrileño Alfredo Grimaldos le había dicho que la Piriñaca estaba por encima de la Niña de los Peines. Tía Anica, ¿a que, tú, desde el cielo, serías la primera en asustarte de estas afirmaciones?

El colofón a mi anterior artículo fue un cante por siguiriyas de la jerezana. Hoy lo hacemos con el mismo estilo, pero en la voz de Pastora Pavón, acompañada por Antonio Moreno. No, no es para que comparen (nunca fui maniqueo). Me intención es que disfruten con ambos.

jueves, 12 de enero de 2012

Recordando a la Piriñaca


Ana Blanco Soto, "Tía Anica la Piriñaca", nació el 11 de abril de 1899 en el flamenquísimo Barrio de Santiago de Jerez de la Frontera (Cádiz). En la misma ciudad falleció en 1987. Gitana sólo a la mitad, como su paisana "La Paquera", trabajó desde muy chica en los cortijos de la zona. En ellos y en su barrio se impregnó de flamenco. Era la "cultura" de una mujer que no aprendió ni a leer ni a escribir pero sí a cantar. Casó a los veinte años y tuvo hasta diez partos, aunque sólo le sobrevivieron siete hijos. Viuda joven, se dedica, con la ayuda de un borriquillo, a comprar y vender verdura hasta que se decide a cantar, junto al "Tío Borrico" y Sernita, en casamientos y en bautizos, pero también en las fiestas que se organizaban en ventas como la del Moro o la de San José. Gracias a ello, en su casa nunca faltó un guiso y pudo ir criando a su larga prole.

Entre sus mentores estaban "Tío José de Paula" y "Juaniquín de Lebrija". También aprendió de sus paisanos Manuel Torre y "El Gloria", asentados en Sevilla, pero que acudían con frecuencia a Jerez. Sus cantes: bulerías, soleares, seguiriyas y martinetes, ¿pá qué más? Su nombre iba sonando cada vez más y el maestro Antonio Mairena se acerca a Jerez para conocerla. La invitó a participar en la obra discográfica Antología del Cante Flamenco y del Cante Gitano (Columbia, 1965), donde Anica registró dos soleares y una seguiriya. Más tarde participa en el Archivo del Cante Flamenco (Vergara, 1968) que dirigió Caballero Bonald. Gracias a unas y otras grabaciones, Anica fue conocida por toda la afición flamenca.

Experto -o, más bien, mago- en transcripciones del andaluz hablado, José Luis Ortiz Nuevo, recogió sus memorias bajo el título Anica la Periñaca, Libros Hiperión, 1987. Por supuesto que recomiendo la lectura de este libro a los que no lo conozcan.

Y terminamos con un cante por seguiriyas de la Periñaca. Le acompaña Manuel "El Morao" y entre los testigos vemos a un atentísimo Fernando "Terremoto".

lunes, 9 de enero de 2012

Si la fusión es esto, yo digo que sí

Dicen los entendíos en gramáticas que "fundir" es "reducir a una sola dos o más cosas diferentes". Por ejemplo, juntar a un cantaor flamenco, a un guitarrista, a una bailaora, a un saxo solista y a una banda sinfónica (director incluido) para que salga algo así como esto:


El evento ocurrió el 14 de diciembre de 2010 y se celebró en el Teatro-Palacio de Erisana de la ciudad cordobesa de Lucena. Dirigida por Pedro Yuste Reyes, actuó la Banda Sinfónica del Conservatorio Profesional lucentino. El saxofonista fue el cordobés Juan Diego Sáez. Finalmente, tres personajes de Fernán Núñez ligados a la peña "El Mirabrás": Laura Ariza bailó, Juani Marín tocó la guitarra y Bernardo Miranda cantó.

Los "pureros" de la cosa flamenca suelen rechazar este tipo de fusiones. Muchos de ellos ya lo hicieron antaño cuando a la real gana de un Caracol, de un Marchena o de un Valderrama, le dio por cantar con orquesta. Lo repetirían cuando el de la Isla nos cantó y contó aquello de la "Leyenda del tiempo". Se escandalizaron del tó cuando el más libre de los artistas flamencos, Enrique el de Graná, grabó su obra "Omega".

¿Qué les voy a decir yo que ando de vuelta de tantos asuntos? Que ellos se lo pierden y añado que, si fusión es lo que hay en el vídeo que acabamos de ver, ¡viva la fusión!

martes, 3 de enero de 2012

Enrique de Melchor en la Gloria


Hoy, 3 de enero de 2012, en la ciudad de Madrid, se ha marchado al cielo Enrique Jiménez Ramírez, nacido en Marchena (Sevilla) el día 15 de julio de 1950. Enrique de Melchor, "El Niño de Melchor", como me lo presentó una noche Enrique Morente en el tablao Torres Bermejas, porque al que conocíamos todos en aquella época (1968) era a su padre Melchor de Marchena. No tengo palabras para despedirlo porque quiero seguir teniéndolo presente. Y su presencia es su música. Oigámosle este toque por granadinas.

lunes, 2 de enero de 2012

Caballero Bonald, ¿el más completo de nuestros escritores actuales?

Este artículo ha sido levemente modificado a instancias de don Alfredo Grimaldos.
(15 de septiembre de 2013)



Ya les conté que, entre los regalos que recibí en la última festividad de san Andrés, estaba el libro "Historia social del Flamenco" del periodista Alfredo Grimaldos Feito (Madrid, 1956). Desde el primer momento tuve la sensación, como ya escribí el pasado 3 de diciembre, de que se trataba de un texto "un pelín sesgado hacia el gitanismo y el mairenismo". Leído más despacio, concluyo que en efecto el libro es algo tendencioso y poco objetivo. Para que no se me mal interprete, debo advertir que no tengo nada contra el gitanismo ni contra el mairenismo, pese a lo cual sí quiero manifestar mi desacuerdo con los gitanistas y los mairenistas que pretenden elevar su doctrina a única o, cuando menos, considerarla superior a otras posibles versiones del mundo flamenco. Entre estos personajes, dogmáticos y unidimensionales, creo que habría que situar a don Alfredo Grimaldos.

En el capítulo 5 de su libro, cuyo título reza como "Cantar para distraer el hambre", se nos cuentan siniestras, y desgraciadamente verídicas, historias de los años que siguieron a la incivil guerra del 36-39. Años de penalidades, que yo alcancé a vivir en mi infancia, fundamentalmente para las clases humildes y trabajadoras, incluidos grandes de núcleos de gitanos y flamencos en general. En un apartado de este capítulo dedicado a la obra discográfica "Archivo del Cante Flamenco" (Vergara, 1968), Grimaldos escribe:


José Manuel Caballero Bonald es el escritor actual más completo de este país y una figura muy importante en la tarea de recuperación del flamenco auténtico durante los duros años de la noche franquista.


Siempre he sido contrario a afirmaciones absolutas como esta de "es el escritor más completo de este país". ¡Ahí es ná! Y los jurados del Nóbel, del Príncipe de Asturias, del Cervantes, sin enterarse. Admito que Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 11 de noviembre de 1926) haya escrito buena poesía y buena novela, que haya sido justamente reconocido por ello, pero no podemos ignorar que entre sus contemporáneos, e incluso más jóvenes, hay muchos escritores de su misma o superior categoría y, desde luego, bastantes que lo aventajan en eso de la completitud. No, Grimaldos, no se puede ser tan categórico, hay que dejar siempre un resquicio para la duda.

Al hilo de la cita copiada más arriba del libro de Grimaldos, imaginamos que la "completitud" que éste adjudica a Caballero Bonald va ligada a su faceta de flamencólogo y, en especial, a su tarea de "recuperación del flamenco auténtico durante los duros años de la noche franquista". ¿Cómo es esto? ¿Es que en esa época se instauró un flamenco falso? Mire usted, Grimaldos, un "flamenco falso" no sería flamenco y la verdad es que éste se perpetuó incluso en la larguísima y negrísima noche del franquismo. La cuestión está, para entender lo que usted quiere decir, en el dogmatismo y en la unidimensionalidad en la que incurrió Caballero, siendo secundado, según he señalado ya, por usted mismo. El poeta jerezano era seguidor de las teorías de Ricardo Molina y Antonio Mairena según las cuales el cante nació en unas cuantas familias gitanas de la Baja Andalucía y, tras vivir una "etapa hermética", fue sacado a la luz, para su mixtificación y degeneración por gentes como Silverio Franconetti , labor continuada y ampliada más tarde por Antonio Chacón y rematada por "herejes" como Pepe Marchena y, no digamos, Juan Valderrama. No exagero: basta con leer cuantos textos ha escrito Caballero sobre flamenco. Más: me permito recordar que el estudioso Manuel Bohórquez en su blog "La Gazapera", el 16 de marzo de 2011, nos informaba de que, en una conferencia del jerezano en la Universidad de Sevilla, éste trató a Silverio y a Chacón poco menos que de "copleros".

La actual flamencología, impulsada fundamentalmente por José Blas Vega y desarrollada por Eugenio Cobo, Ortiz Nuevo, Faustino Núñez, Bohórquez y Gamboa, entre otros, ha desmontado con pruebas fehacientes y no con afirmaciones gratuitas todo el embrollo a que nos llevaron Molina y Mairena con su cohorte de seguidores.

Pero, volviendo a nuestro tema de hoy, leyendo a Grimaldos parece como si ese "flamenco auténtico", el de las pocas familias gitanas bajo-andaluzas, mantuviera una existencia soterrada hasta que Caballero lo recuperara con su famoso "Archivo". Por mi parte, aunque deje de lado esa exagerada interpretación, quiero agradecer al poeta de Jerez su aportación con esta antología. Rescates como el de Manolito de María, Diego del Gastor, Joselero o la Piriñaca, no tienen precio. En resumen: del Archivo respeto a cuantos intérpretes aparecen en él, pero rechazo la filosofía e intencionalidad que José Manuel Caballero le quiso imprimir. Acabemos, por hoy, oyendo a Manolito de María, el encantador flamenco de Alcalá de los Panaeros, cantando por bulerías: